domingo, 27 de septiembre de 2026

“REZA POR NOSOTRAS”

 

El otro día dos religiosas mayores me pedían que rezara por ellas cuando se murieran. Estaban muy afectadas por el fallecimiento de otras dos religiosas en pocos días. En ese compartir de cómo estaban surgió el hacerme una pregunta: “Gloria, ¿Qué pasará después de morir?, ¿Cómo será?, ¿Cuánto tiempo habrá que esperar para el encuentro definitivo con el Señor”. Me dio mucha ternura escucharlas y me sentí muy chiquita, pero a la vez también como una mamá delante de dos niñitas esperando una palabra de consuelo, una respuesta a sus interrogantes.

No lo pensé y, ante la mirada expectante de las dos, les dije: “No tengo respuesta, es un misterio, pero en medio de todo y por pura fe creo en dos cosas:

  1. Una que no hay que tener miedo. En la Biblia se nos dice por activa y por pasiva que no temamos.  Si se nos insiste en no tener miedo mientras somos peregrinos, si Jesús nos prometió que estaría con nosotros hasta el final ¿por qué tener miedo a lo que haya o suceda después?.
  2. Y dos… si Dios nos ama gratuitamente, incondicionalmente… si Dios no se cansa de bajar a nuestra miseria, de perdonarnos, de abrazarnos tal y como somos y estamos, de regalarnos su amor… ¿por qué después de esta vida va a tratarnos de forma distinta, como el Amor podría volvernos la espalda?”. Y continué diciéndoles: “A nosotras solo nos queda abandonarnos en sus manos con total confianza en su infinito amor y en su infinita misericordia”.

Ocupémonos en amar hoy en todo lo que hagamos, en todo lo que vivamos. Cada día tiene su afán, ahí es donde se nos da todo lo que necesitamos y donde podemos responder con lo que somos y tenemos.

Nadie sabe el día o la hora a la que partirá a la casa del Padre pero no vivamos angustiados por el mañana, o por el más allá. Que nuestra fortaleza sea el sabernos amados, y nuestra única preocupación sea amar. Solo por hoy…

viernes, 18 de septiembre de 2026

“NOS FALTA EL VINO”

 

El fin de semana pasado celebramos, en nuestra diócesis, la fiesta de nuestra patrona la Virgen de Valvanera. Tanto el sábado en la mañana como en las eucaristías del domingo escuchamos otras lecturas. La lectura del evangelio fue la de las bodas de Caná.

El lunes desperté a eso de las 3am y surgió lo que a continuación te voy a compartir.

Veo a mi alrededor cómo muchos han perdido la alegría, la esperanza… viven en noches oscuras esperando un rayito de luz en medio de la espesura. Y miro a María y me uno a ella suplicando a Jesús porque a muchos ya no les queda vino. Las situaciones de la vida les abruman hasta asfixiarles, otros están al límite… Aparecen la tristeza, la impotencia, la frustración, el miedo al futuro, el dolor, la ansiedad… Y no siempre se tienen recursos para salir, para volverse a poner en pie y seguir caminando.

Definitivamente necesitamos el vino para que la fiesta continúe, el vino que hace nuevas todas las cosas, el vino que devuelve la ilusión, el vino que anima a seguir celebrando y agradeciendo la vida.

Van a comenzar las fiestas de la vendimia en nuestra comunidad. Las calles y plazas se llenarán de gente buscando el vino, pero no el vino que hace crecer la fe, la esperanza y la caridad. No es el vino de la uva el que necesitamos, tampoco el vino que nos ofrece la sociedad y nos embriaga para no ver, para no pensar, para actuar en función del bienestar y el placer personal.

El alma busca a Dios y en su desesperación y confusión emprende caminos cortos, equivocados, agarra atajos, que terminan llevándonos a callejones sin salida, que nos hacen huir de la realidad que no queremos ver y que no queremos enfrentar pero con la que nos encontramos cara a cara una vez que regresamos a casa.

El vino se termina, a algunos ya se les acabó…

¿Qué vino es el que realmente necesito?.

¿Qué vino es el que realmente puede transformar y saciar mi vida?.

Tengo mi cuota de responsabilidad en disponer de ese vino que tanto desea mi alma. ¿Dónde lo busco?, ¿Qué medios pongo?.

domingo, 13 de septiembre de 2026

“NADA PUEDE SEPARARME DE SU AMOR”

 

Ni mi egoísmo, ni la envidia, ni mis apegos, ni mis defectos, ni mis cosas, ni mis caídas, ni mis errores, ni… pueden separarme del amor de Dios.

Nada es obstáculo o impedimento para que su amor se desborde en mí, para que todo un Dios se me entregue.

Su amor sigue tocando mi puerta, se abaja una y otra vez hasta mi miseria, hasta mi pobreza…

Está en mí la respuesta, la apertura de la puerta, la acogida del don, el dejar que se encarne en mí, el permitirle abrazarme.

Y se abaja no para hacerme sentir culpable, no para reclamarme, no por lástima, no por mis obras, no por… sino por puro amor.

Y se abaja porque es en las almas que tocan y reconocen su nada donde puede morar, y ser, y obrar maravillas con su gracia.

Sólo un alma que se siente pobre es consciente de su verdad y de la grandeza de su Dios.

Sólo un alma que se siente pobre puede comprender a quienes se sienten y saben pobres.

Sólo un alma que se siente pobre puede ser utilizada por todo un Dios como instrumento de amor para otros.

Reconocer la nada.

Acoger la pobreza.

Confiar en el amor de Dios y esperarlo todo de Él.

Abrir la puerta al amor y acogerlo.

Amar al Amor amando a los otros, para que otros le conozcan, le amen y contagien a otros.

domingo, 6 de septiembre de 2026

“BENDITA PEQUEÑEZ”

 

Reconocer y acoger mi pequeñez, mis emociones, mis defectos, mis limitaciones y mis imperfecciones, generan la oportunidad para que la gracia de Dios opere en mí.

Negar mi propia verdad, convenciéndome de que estoy en lo correcto, o de que los demás se equivocan, o queriéndome justificar, o creyéndome lo que no soy, o culpando a los otros de lo que me pasa o de lo que siento, habla de mi soberbia y crea una armadura en torno a mi que impide que la gracia de Dios haga su obra.

Bendito sea Dios por esos “toques” o “caricias” que nos regala a través de los otros, o de las circunstancias, y que nos ayudan a volver a situarnos en nuestro verdadero lugar.

Bendito sea Dios por esos “toques” o “caricias” que duelen porque golpean la imagen que hemos fabricado de nosotros. Bendito sea Dios porque si sabemos acogerlos nos hacen sentirnos chiquititos y a la vez dependientes y necesitados de Él.

No nos cansemos de dar gracias a Dios por todas esas oportunidades que nos brinda y que nos hacen recordar nuestra pequeñez.



Alegrémonos y demos gracias porque cuanto más pequeñitos menos pesamos, cuanto menos pesamos más fácilmente puede atraernos hacia Él. ¿Acaso no es el deseo de toda alma el de unirse a su Dios?.

martes, 1 de septiembre de 2026

“CUANDO LAS COSAS NO SUCEDEN COMO HABÍAS DESEADO”

 

Seguro que alguna vez has hecho planes y no han resultado como habías deseado. ¿Qué sientes?. Yo no sé tú, yo rápidamente trato de darle vuelta y decirme que lo que sobreviene es lo que más conviene, que esa es la voluntad de Dios pero mentiría si dijera que no me cabrea y que no siento fastidio. Por esto vuelvo atrás y comienzo el proceso hasta llegar a lo que quiero alcanzar de primeras.

Para mí lo más honesto es comenzar siendo consciente de mis sentimientos: enojo, rabia, tristeza… Si cuento con alguien cerca con quien poder hablarlo mucho mejor porque eso me permite sacar ese malestar. Escucharme también me ayuda a bajar la intensidad de las emociones que me enredan.

  • Una vez que reconozco qué siento tengo dos opciones:
  • Seguir dando vueltas sobre ello o sobre mi

Acogerme así como estoy y mirar hacia adelante con optimismo. Esto último supone: “Confiar en que definitivamente será lo mejor y lo que más necesitaba aunque en ese momento no lo vea” y “Agradecer porque este Dios que me ama incondicionalmente ha considerado que esto era lo que más me convenía”. ¿Para qué resistirme entonces? ¿Por qué enredarme en mis emociones o abrazar mi rol de víctima de las circunstancias o de los otros?.

El mejor remedio contra todos los “males”: Fijar los ojos en el gran amor que Dios me tiene, que me regala lo que más necesito en cada momento aunque algunas veces me resulte amargo, y agradecer, agradecer, agradecer, por tanto y por todo, por lo que me beneficia, por lo que me da alegría, por lo que… pero también por lo que me duele, por lo que no entiendo, por lo que…

La mejor forma de responder al Amor es amando.

La única forma de hacer su voluntad es acogiéndola… sea lo que sea, y así como venga.