jueves, 29 de octubre de 2026

“YA NO VOY A PODER IR…”

 

Se lamentaba el otro día una persona porque no iba a poder acompañarnos los miércoles a la adoración por tema de trabajo. Le dije: “La adoración está muy bien pero no deja de ser un encuentro con el Señor en un lugar concreto y en un momento de la semana. Nuestra misión como cristianos es adorar al Señor en espíritu y en verdad, en todo momento y lugar, allá donde nos encontremos e independientemente de la actividad que realicemos”.

A veces confundimos a Dios con los medios, o hacemos de los medios el fin. El fin es Dios, todo lo demás (adoración, rosario, retiro, novena, curso, personas, grupos, compromisos, responsabilidades…) son medios que nos pueden acercar a Dios o alejarnos cuando los anteponemos a su voluntad, al amor.

Tenemos que ser libres frente a los medios. Nos damos cuenta de si somos esclavos por lo que nos cuesta desprendernos o renunciar a ellos cuando la voluntad de Dios se impone.

Los medios nos pueden ayudar  y facilitar el crecimiento y el encuentro y para eso están pero no hay que convertirlos en fines porque eso supone apego, dependencia de ellos, estancamiento y obstáculo a la acción de Dios y al encuentro con Él. Tenemos que tener en cuenta también que…

No todo medio es válido para todos. Todos tenemos una meta, pero el camino de cada uno es distinto. Quien ha de escalar una montaña necesitará unos medios distintos que quien ha de avanzar por un terreno con nieve o quien ha de avanzar a nado. De ahí que cada uno se provea de los medios que mejor se ajusten al camino que quiere el Señor que se recorra.

Si un día faltan, o tengo que renunciar a ellos porque el Señor quiere otra cosa de mí… porque la travesía ha cambiado… no pasa nada, no cabe el enojo, la culpa, la tristeza... Se deja lo que ya no sirve (sin mirar atrás, sin lamentos, sin miedo…) y se asume lo que se va encontrando y más va ayudando a acercarse a la meta.

No hay que responder a los medios sino a Dios. Los medios son solo medios y hay que servirse de ellos para avanzar, no permitamos que ellos se sirvan de nosotros. Agradezcámoslos y vivámoslos con desprendimiento.

No perdamos de vista hacia dónde vamos y sigamos caminando sin mirar atrás, soltando lo que ya no nos toca, dejando ir lo que no nos ayude a avanzar, asumiendo y abrazando los nuevos retos... libres de todo... cueste lo que cueste. Y la mirada siempre fija en Aquel que está al final del camino. 

sábado, 24 de octubre de 2026

“TODO ESTÁ SOSTENIDO”

 

Salí el otro día a darme un paseo por el parque del Ebro, quedan pocas tardes de calorcito así que no era de perder la oportunidad. Tras caminar un rato me senté a contemplar lo que me rodeaba. Resonaba en mi corazón la palabra “sostenido” escuchada el día anterior unas cuantas veces. “Todo está sostenido por Dios. Tú y yo estamos sostenidos por Dios”.

Saqué el móvil y comencé a escribir lo que ahora te voy a compartir. 

Tengo enfrente la montaña, los árboles. Unos niños juegan con una pelota, una señora pasa en este momento delante de mí, el aire acaricia mi rostro. Se escucha un avión que no alcanzo a ver, el río, los pájaros cantando. Siento agradable el clima y mi corazón sereno. Hago silencio y me digo: “Todo está sostenido por Dios, tu vida y la mía también”.

Si todo está sostenido por Dios: “¿Hacia dónde caminar?", "¿Por qué correr?", "¿Para qué tanto afán?", "¿Qué buscamos tan ansiosamente?"...

Lo que tiene que pasar… pasa. Lo que tiene que llegar… llega. Todo a su momento, al tiempo de Dios. Qué cierto lo que dice el refrán: “No por mucho madrugar amanece más temprano”.

“Todo está sostenido por Dios y por medio de todo habla”. Nuestra tarea es estar presentes en el presente, ser conscientes de su Presencia y de su Amor en lo que vivimos y hacemos, en lo que acontece… escuchar su voz… dejar que Él nos lleve. Cero control, ninguna expectativa, tan solo dejarse llevar. Todo esto implica estar abiertos a la sorpresa, seguir las indicaciones que nos va dando. Y no buscar explicaciones, tampoco tratar de entender, tan solo dejarse hacer por Aquel que nos sostiene porque puede obrar maravillas por medio de las almas que se entregan, que lo entregan todo.

“Todo está sostenido por Dios, tu vida y la mía también”. ¿De qué preocuparse?, ¿Por qué afanarse?. ¡Qué paz da saberse en tan buenas manos!. El paisaje que tengo delante lo sabe, y sin proponérselo lo vive y lo transmite.

domingo, 18 de octubre de 2026

“HAY UNO QUE NO DESCANSA”

 

Hay uno que no descansa y “como león rugiente busca a quien devorar”. Con quien anda de mal en peor no pierde el tiempo pero cuando andas queriendo responder solo a Dios ahí si que busca cómo meterse por algún rincón.

A veces se le ve venir de larguito pero otras veces es más sutil y ahí es donde hay que estar “más vivo”. Le fascina encandilarnos con palabras bonitas, seducirnos con reinos aparentemente santos, desquiciarnos alabando nuestros talentos y buscando la manera de reventarnos.

En ocasiones nos susurra al oído: “Venga, tú puedes hacerlo”, “Eres el mejor”, “Vas a hacer mucho bien a otros”, “No lo dudes, esto es de Dios”, “No te supone mucho esfuerzo y te lo van a agradecer”, “Si no lo haces tú se quedará sin hacer”, “El Señor va a estar muy contento contigo”… En otros momentos se sirve de personas, incluso muy santas, para despistarte aún más.

No todo lo bueno y santo que se nos ofrece es de Dios de ahí que sea necesario orarlo y discernirlo. Podemos responder a muchas invitaciones pero no lo que el Señor quiere en este momento de nosotros. Santo, como decía el otro día un carmelita en la homilía de la festividad de Santa Teresa de Jesús, no es el que hace muchas cosas buenas ni extraordinarias, tampoco el que reza mucho o es muy piadoso, sino el que hace la voluntad de Dios en todo momento.


Es importante tener en cuenta la realidad (actividades, compromisos, familia, trabajo…) y lo que se mueve en el interior: “¿Te turba?”, “¿Te quita la paz de raíz?”, “¿Te tensa?”, “¿Te entristece?”, ¿o todo lo contrario?. Lo de Dios siempre deja paz profunda en el corazón.

No temas decir que no si ves que no es de Dios. El “no” se lo dices al mal que trata de desviar tu mirada del único al que debes responder.

jueves, 15 de octubre de 2026

“PERO YO ESTOY DESPIERTA…”

 

Al día siguiente de publicar “Dejamos dormir a Jesús” me dice una religiosa: “Sí Gloria, dejemos dormir a Jesús, pero yo estoy despierta y lo necesito”. Nos reímos juntas. Ahí está la clave, ese es el camino: “Estar despiertos, saber y sentir nuestra necesidad y dependencia de Él. Reconocer nuestra pequeñez e impotencia y a la vez su grandeza”.

Todos necesitamos a Dios. Unos y otros, consciente o inconscientemente, acertada o desacertadamente, lo necesitamos y buscamos.

Necesitamos a Dios para todo, para respirar, pensar, sentir, movernos…

Lo que creemos necesitar, lo que tanto anhelamos y que es objeto de muchas peticiones, no es tal. Lo que real, lo que verdaderamente necesitamos y tanto buscamos ya lo tenemos. Está aquí y ahora, de no ser así no podría estar escribiendo y tú leyendo. Él es quien hace posible este momento. Él es quien inspira, quien toca el corazón, quien da movimiento a mis manos, quien mantiene abiertos tus ojos y te ha dotado de voluntad y libertad para leer estas líneas.

Por supuesto que lo necesitamos, tú y yo, de otra forma no existiríamos. Él es quien nos sostiene, nos da la vida y nos mantiene despiertos.

lunes, 12 de octubre de 2026

“DEJEMOS DORMIR A JESÚS”

 

Hay quien no sabe qué hacer en su tiempo de oración, hay quien habla y habla y habla, hay quien llena su rato con oraciones hechas o leyendo o cantando, hay quien pide y pide… Nos decía un carmelita en un curso: “Dejemos dormir a Jesús”.

Todo es ruido, todo es movimiento, incluso en nuestros tiempos de oración. Nos cuesta hacer silencio, en algunos casos aterra el silencio, en otros no sabemos qué hacer en él, y la mayor parte de las veces huimos de él justificándolo con más actividad.

La tormenta se agita y no sabemos qué hacer, ¿Cómo detener el viento?, ¿Cómo mantener la barca en equilibrio para que no se hunda?. Sobreviene la incomodidad, la angustia, el miedo, necesitamos despertar a Jesús para que todo vuelva a la calma.

Vamos a la oración con nuestra realidad, con nuestras cosas, centramos nuestra atención en lo externo, en lo que nos ahoga, y nos convertimos en el eje sobre el que todo gira queriendo que el Señor responda a todos nuestros quereres.

Hoy la invitación es a acompañar a Jesús en la oración. Jesús entiende todo eso que te pasa, sabe lo que sientes y vives… Está pendiente de tus necesidades y responde en cada momento según lo que más te conviene porque te AMA. Ahora te toca a ti, acompaña a Jesús: En su soledad, en su sentirse incomprendido, rechazado, abandonado, humillado, solo…

No busques tanto su consuelo, su compañía, sino consolarle, acompañarle.

No busques tanto tus intereses o la solución a tus problemas sino el acoger su voluntad.

No busques tanto el sentir sino el estar.

No busques tanto que todo cambie sino el dejar que te vaya transformando.

No busques tanto que haga por ti sino el preguntarle: “Y tú ¿qué quieres de mí? ¿cómo te puedo ayudar?.”

Que Jesús encuentre muchos corazones en los que se pueda apoyar y descansar. “Dejemos dormir a Jesús”.

jueves, 1 de octubre de 2026

“¿QUÉ HE HECHO YO…?”

 

Al volver del trabajo el otro día me encontré con una señora conocida, hacía días que no la veía y me paré a saludarla. Me contó “todo lo que está pasando con su marido”. Se preguntaba por qué le ocurriría a ella todo eso cuando nunca había hecho mal a otros. Incluso las amigas le refuerzan la idea cuestionándole “por qué Dios le paga así con lo buena que ha sido siempre con todos”.

Me da mucha tristeza que todavía muchos creyentes tengamos una imagen de Dios distorsionada, un “dios” que castiga o premia según las obras o la conducta. ¿Murió su Hijo en una cruz por ser “malo”?.

Lo bueno o lo malo que nos sucede lo valoramos normalmente desde nuestros criterios humanos, desde nuestro corto entendimiento y nuestro no saber. Lo que creemos bueno puede, desde la fe, no ser tan bueno y al revés. La percepción de todo cambia en función de nuestra mirada. Donde unos ven una desgracia, otros ven una oportunidad. Donde unos ven carencia, otros ven riqueza.

Como humanos que somos, y quizás por inseguridad, tendemos a apegarnos a las cosas, a las personas, a nuestros talentos, al éxito, a los títulos, a la salud... Nos cuesta vivir desprendidos de todo ello. Se nos invita a la libertad y preferimos encadenarnos. Y si perdemos algo buscamos culpables. Lamentablemente, en muchos casos, al primero que señalamos como responsable de todos nuestros “males” es a Dios.

Todo es regalo de Dios pero no para poseerlo apegándonos a ello. Nada ni nadie nos pertenece, ni siquiera nuestra propia vida. Todo pasa. Si ponemos nuestra seguridad en lo pasajero, todo se tambalea cuando nos amenaza con irse o nos falta. Nuestra seguridad y confianza ha de estar cimentada en Dios, en su Amor y en su Misericordia. Ser consciente de esto y vivirlo nos hace personas agradecidas, desprendidas, libres. Caer en la cuenta de esto, nos permite estar continuamente con los brazos abiertos. Los brazos abiertos no acaparan, no aprisionan, dejan ir, y a la vez están preparados para recibir lo que llega en cada momento. Los brazos abiertos no se apegan, no se encadenan.

Todo, absolutamente todo lo que tenemos o creemos tener, es pasajero. ¿Qué tan libres somos para acoger lo que llega a nuestra vida?, ¿y para soltar?.