“COMO LA VIDA MISMA”
La verdad es que de
todo podemos sacar enseñanzas. En mis ejercicios espirituales compartía los
ratos de comida con tres religiosas y una laica. Eran ejercicios de silencio,
tampoco podíamos hablar mientras comíamos. A una de las religiosas se le hacía
difícil estar sin decir palabra. Pasaba
pendiente de lo que hacíamos, comíamos o dejábamos de comer… y no recuerdo rato
que no dijera algo en la mesa.
Un día en el desayuno
se percató de que en la mesa de al lado se habían quedado sin café. Ni corta ni
perezosa agarró la jarra de café de nuestra mesa y se fue a ofrecerlo. (Tengo
que confesar que había mucha “Marta” en los ejercicios y yo estuve encantada de
asumir el rol de “María”, hasta me hacía sonreír esta situación). Volviendo a lo
que iba… Regresó a la mesa con la jarra vacía. Una compañera que no había
estado al tanto “de la jugada” se fue a echar café y se encontró con que no
quedaba ni una gota. Y yo, que al final siempre me echo otro poco, me tuve que
aguantar ese día sin tomar más.
Trayendo este ejemplo
a nuestras vidas, ilustra muy bien como muchas veces por ir a “salvar” a otros,
dejamos que se ahoguen nuestros prójimos. En ese afán de ayudar, de que todos
estén bien, al final olvidamos a los que tenemos cerca. No solo eso sino que en
ese impulso compulsivo por servir podemos dañar a los otros al inutilizarlos
impidiéndoles ser o hacer, que sean ellos mismos quienes busquen la ayuda y
resuelvan por si mismos sus dificultades. ¿O es que las de la otra mesa no podían
haber ido a buscar café si se les había terminado?.
Busquemos el sano
equilibrio en el servicio al otro y no descuidemos a nuestro prójimo en aras de
otros que no están tan próximos y que no son los que nos toca atender, o al
menos en este momento.
"En ese impulso compulsivo por servir podemos dañar a los otros al inutilizarlos impidiéndoles ser o hacer, que sean ellos mismos quienes busquen la ayuda y resuelvan por si mismos sus dificultades". Así es Gloria. Yo lo llamo "la soberbia del servicio", que (inconscientemente) no preguntamos para no ser rechazados y así la ayuda se puede convertir en imposición.
ResponderEliminarSon cosas de la personalidad.
ResponderEliminarObservemos cómo y cuándo actuaba Jesús