lunes, 20 de abril de 2026

“POBRE PERO MUY AMADA”

 

Encuentro mi verdad cuando estoy a solas con Él, cuando acallo los ruidos, cuando me contemplo bajo su mirada.

Todo un Dios fija la mirada en su pobre y pequeña criatura, en su frágil y limitada criatura.

Todo un Dios se abaja hasta su pobre criatura.

Todo un Dios no quiere que se pierda su pobre criatura.

Todo un Dios protege, cuida y sostiene a su pobre criatura.

Todo un Dios ama con ternura a su pobre criatura.

Y la pobre, pequeña, frágil y limitada criatura, encuentra la paz y el amor que tanto ansía y busca ahí afuera sin lograr encontrarlos.

Y la pobre, pequeña, frágil y limitada criatura, se siente segura, confiada, protegida.

Cuando la pobre criatura se contempla bajo la mirada de su creador nada hay que pueda perturbarla. Las preocupaciones, los miedos, las pruebas… pasan a ser ruidos que logran acallarse.

Cuando la pobre criatura se contempla bajo la mirada de su creador: Nada le falta, nada teme, nada desea… porque todo lo tiene.

Y es entonces cuando ya no hay nada que hacer, nada por conquistar… Dos amores se han encontrado y descansan el uno en el otro. Y en ese lugar, en ese momento, en ese silencio habitado, se experimenta la paz y solo queda: “ESTAR”


domingo, 19 de abril de 2026

“TODOS SOMOS PEREGRINOS”

 

Todos somos peregrinos en esta tierra y sin embargo vivimos como si fuésemos a ser eternos. Abortamos palabras o acciones por el qué dirán o por comodidad. Otras veces esperando el momento ideal, o a encontrarnos bien, o a estar preparados para tomar determinadas decisiones.

Evitar las oportunidades de crecer en el amor nos encierra en nosotros mismos e impide que se despliegue todo ese potencial que llevamos dentro.

No sabemos qué puerta se puede abrir o qué puede suceder si damos ese paso que se nos pide, o si nos lanzamos a proclamar aquello en lo que creemos, o si dejamos aquello de lo que somos esclavos, o si vivimos esa experiencia, o si ponemos límites, o si… Lo cierto es que si no nos arriesgamos: “Nunca lo sabremos”.

Como peregrinos debemos seguir las indicaciones para llegar a la meta: la unión con Dios. Y todas las flechas apuntan, mientras estamos en esta tierra, a crecer en el amor así que… si hablas o callas, si haces o no haces, si respondes o no, recuerda que el criterio de discernimiento no puede ser: “Lo que más me gusta”, “Lo que más me apetece”, “Lo que quiero”… sino “lo que más me lleve a amar” que en definitiva es la voluntad de Dios en nuestras vidas.

En estos días se nos recuerda que Jesús ha resucitado, que está entre nosotros y con nosotros pero seguimos sin reconocerle por estar enredados, entretenidos, afanados. Lo buscamos en lo extraordinario, en lo novedoso, en lo que nos gusta… incluso en lo espiritual podemos andar detrás de ese abanico de ofertas que nos resulten placenteras y gratificantes, escogiendo o desechando en función de lo que nos puedan aportar.

La realidad es que Jesús resucitado se sigue cruzando con nosotros en el camino. Nos expresa su amor a través de todo lo que nos regala. Nos hace continuas invitaciones a crecer en el amor para estar más unidos a Él. Se hace presente en lo cotidiano, en las tareas de todos los días, en las calles por las que transitamos ordinariamente, en el trabajo... No esperemos un acontecimiento espectacular con luces de colores. Nuestras ideas de dónde, en qué momento y cómo tiene que ser el encuentro, nos impiden reconocerlo en lo ordinario, verlo o escuchar su voz, es por esto que los de Emaús no le reconocieron: “Nosotros esperábamos…”. Afortunadamente tenemos un Dios que, como Buen Pastor, no se cansa de buscarnos y lo intenta de mil y una maneras. Ojalá no lleguemos a la vejez, como Simeón o Ana, para poder descubrirle. Abramos los ojos y el corazón para reconocerle en los otros, en la Palabra, en los Sacramentos, en los acontecimientos, en lo de todos los días... Y lo más importante: “Respondamos al AMOR con amor”.

sábado, 11 de abril de 2026

“LA IMPORTANCIA DE LOS PEQUEÑOS SÍES”

 

Hoy me regalaron un libro… Solo las primeras páginas leí pero suficiente para quedarme resonando el responder con nuestro “Sí” a las invitaciones que el Señor nos hace a lo largo del día a través de los otros, de los acontecimientos, de su Palabra…

Ese “SÍ” en mayúsculas es la suma de esa innumerable cantidad de “síes” pequeñitos. Quien dice “SÍ” pero no responde a las pequeñas insinuaciones de cada día se engaña a sí mismo.


Para dar esos “síes” hay que abajarse, hacerse chiquito, ser humilde… Esto nos hace crecer en amor y ganar libertad. Cada “sí” es una batalla ganada contra nuestro ego permitiendo que Cristo reine en nuestro corazón.

El otro día sucedió algo. Me encontré entre dos personas, una gritando a otra. Pensé en cómo me bloqueó la situación y me transportó al cole. Durante tres años me dio clase una religiosa que siempre gritaba en el aula. Me quitó muchos días el sueño y cinco minutos antes de que sonara el timbre anunciando su clase yo ya estaba atacada de los nervios. La perdoné hace tiempo pero es cierto que he tenido oportunidades de visitarla en la residencia donde ahora se encuentra y no lo he hecho nunca porque no quería verla. Hoy fui a la residencia y, a diferencia de otras veces, iba con idea de encontrarme con ella. No quería reclamarle nada, tampoco esperaba algo, quizás solo necesitaba terminar de cerrar ese episodio que tanto ha marcado mi vida. Subimos a la segunda planta de la residencia, estaba sentada en un sillón, no hizo el menor gesto de levantarse, ni siquiera se si se acordaba de mí pero eso no era importante. La tarea era mía. Me acerqué, le di dos besos, le pregunté cómo se encontraba, me contestó como si hablara a una extraña. Sentí que mi visita no le dio ni frío ni calor. Saludé a las demás religiosas y antes de irme me volví a acercar y me despedí de ella con otros dos besos. No sentí ni consolación, ni liberación, nada… pero tengo paz en mi corazón y se que el Señor ha hecho su parte. ¡Qué bueno que poco después a mi querida hermana María Jesús de 95 años le tocaba turno de adoración en la capilla!. Ahí aproveché para pedir a Dios que perdonara a la profe en nombre de tantas niñas que, como yo, la sufrieron. 

En la tarde compartí la anécdota con mi amiga Lupita, mientras nos tomábamos un rico café, y me decía: “Ya te sacaste la espinita, ahora el Señor terminará de sanar tu herida”.

Y volviendo a los “síes”, esto es uno de los “síes” de hoy. Y como todo “sí” requiere el deseo, el abajarse y el dar el paso. Por supuesto que cuesta pero el Señor da la gracia, sólo tenemos que poner de nuestra parte.

Te invito a estar atent@ a todas esas invitaciones que el Señor te hace a lo largo del día. Seguir a Jesús es decir “sí” desde lo más sencillito, desde lo menos vistoso y escondido, desde lo más silencioso. Ánimo… si nos pide algo es porque nos va a dar lo necesario para responder. Ese “sí” es con Él.

jueves, 9 de abril de 2026

“NOSOTROS SOMOS TU CRUZ”

 

El otro día me encontré un Cristo sin cruz y junto a Él un letrero que decía: “Nosotros somos tu cruz”. Me quedé impactada por la frase hasta el punto de que sigo dándole vueltas una y otra vez.

Pienso en la persona que tomó la decisión de escribirla y plasmarla en ese lugar. No sé si será hombre o mujer, adulta o joven, pero seguramente ha pasado tiempo contemplando la pasión hasta el punto de vivirse como cruz. Y me preguntaba: ¿Qué le habrá sucedido o que estará padeciendo?. ¿Cuál será el mensaje que desea transmitir?. De cualquier forma, estoy segura de que sabía que a más de alguno le iba a cuestionar.

Habrá quien llegue al lugar y ni repare en la frase, otros simplemente la leerán (estamos tan bombardeados de estímulos visuales y auditivos que no somos capaces de absorber y procesar, o gustar como decía San Ignacio, todo lo que nuestros sentidos son capaces de percibir). Y seguramente unos pocos se quedarán atrapados con esas cuatro palabras preguntándose: “¿Y a mí que me está queriendo decir?”. Antes de que sigas leyendo, te invito a que hagas tu propia reflexión. ¿Qué te dice a ti?.

Contemplando la Pasión muchas veces me he sentido invitada a ser consciente de mis cruces, a mirar la cruz, acogerla, aceptarla, abrazarla. También a mirar a Jesús en la cruz.

Revisando mi pecado, mis caídas, mis idas y venidas… he sentido clavar a Jesús en la cruz pero ¿vivirme como la propia cruz, identificarme con élla?. No había reparado hasta ahora en ello.

Veo la cruz como instrumento de dolor y de muerte porque ahí expiró Jesús. Esta cara de la cruz no me atrae así que opto por escoger la parte “amable” de la cruz. Jesús estaba “pegado” a la cruz, “sostenido” a la cruz. Ahí sí que me apunto a ser la cruz de Jesús, porque puedo permanecer unida a Él en su dolor, en su sufrimiento, en su soledad, en su impotencia. Son muchas las realidades de fragilidad, de limitación, de soledad, de… por medio de las cuales podemos sostener a Jesús y colaborar en su plan de redención. ¡Cuánto bien le hacemos a Jesús con permitirle apoyarse en nosotros y participar con Él en su misión!.

La cruz no está sola, Jesús está unido a ella.

Lo dejo aquí para que termines de hacer tu propia reflexión y la apliques a tu vida.

sábado, 4 de abril de 2026

“¿SILENCIO?”

 

Eran las 3.30h., me levanté y comenzó mi oración. En un momento pensé en el día que teníamos por delante y me dije: “Día de silencio”. Y escribí: “¡Todo está en silencio pero… qué complicado hacerme a la idea de que no estás cuando mi mente y mi corazón me hacen saber que estás conmigo, que me habitas!”.


Y pensé: “¡Qué difícil ese silencio, esa noche de la fe, cuando aparecen las dudas, la desesperanza, el sin sentido, la sensación de haber perdido el tiempo, la soledad profunda…!”. Tiene que ser tan horroroso que, si no se sufre confiando en Dios y no se buscan “Cirineos” que ayuden a llevar la cruz, no es de extrañar que haya quien opte hasta por quitarse la vida.

Recordé a la hermana Yuris (Carmelita de San José) cuando un día dando un paseo por la montaña me preguntó si había pasado por la noche oscura del espíritu. Le contesté que no. Y me dije y seguí escribiendo: “Debe de ser que no estoy preparada para una experiencia tan fuerte y por eso no me haces experimentarlo”. Él sabe de qué arcilla estamos cada uno hecho y quién puede resistir cada prueba en función de las gracias que le da.

Hoy lo que tengo es el gozo de sentirle presente en mi vida y por eso le doy gracias. Por eso esta noche podré gritar con mis herman@s “Verdaderamente ha resucitado”.

Si llega el día en que se haga el silencio, y la noche quiera devorarme, espero contar con su gracia para, con paciencia, soportar la prueba y heredar la corona de gloria que tiene preparada a los que le aman. Ese es mi deseo también para ti.

miércoles, 1 de abril de 2026

“CUENTA CONTIGO Y CONFÍA EN TI”

 

Judas le traicionó, también Pedro con sus negaciones, los otros con esconderse… Los más cercanos, aquellos a los que llamaba amigos, los que tanto habían aprendido, recorrido y vivido con Él, aquello en los que confiaba, los que decían que iban a seguirle hasta el final, los que un día lo dejaron todo… le dieron la espalda.

Es iluso, inconsciente y atrevido asegurar no caer, confiar en las propias fuerzas. Nos pasa y nos puede pasar: Tarde o temprano le traicionamos.

En el día a día encontramos un montón de infidelidades a Jesús, traiciones a su amor. La Buena Noticia es que siempre podemos, como Pedro, reconocer nuestra pequeñez, fragilidad, error… pedir perdón y volvernos a poner en pie para intentarlo de nuevo.

Jesús necesita amigos que le acompañen, que entreguen su vida como Él y no se reserven nada para sí, que carguen con Él la cruz con generosidad y por amor, que mueran a sí mismos y busquen en todo la voluntad del Padre.

Jesús necesita testigos de su amor y de su misericordia, no busca corazones perfectos sino corazones dispuestos a abrirse a su amor y dejarle ser y hacer.

Sabe de tu humanidad, fragilidad, limitaciones, y a pesar de eso o por eso te elige, te llama y cuenta contigo:

  • ¿Qué respondes a quien te lo da todo?
  • ¿Cómo puedes amarle en tu realidad presente?
  • ¿Qué necesitas restaurar en tu relación con los otros?
  • ¿Qué tienes que dejar?
  • ¿Qué es aquello que todavía no has aceptado, acogido y abrazado?
  • ¿A qué has de morir?

A pesar de tus traiciones pasadas y presentes: “Jesús cuenta contigo y confía en ti, créelo”. La respuesta depende de ti.