martes, 10 de marzo de 2026

“HAY MILAGROS Y MILAGROS”

 

Esta mañana subía para la eucaristía, antes de entrar al trabajo, pensando en todo lo que está haciendo Dios en mi vida desde la experiencia de la caída. Cada día estoy más agradecida con todo esto porque, aunque a nivel físico esté “tocada”, a nivel espiritual me está ayudando a crecer.

Caminando pensaba en los milagros del Señor (Abro paréntesis porque me acabo de acordar de algo que me decía una amiga hondureña: “Gloria ¿por qué no eres una niña normal?” ja, ja, ja, ciertamente no es un tema en el que se repare todos los días). Caía en la cuenta de que hay milagros y milagros. En unos milagros somos instrumentos del Señor, y a veces nos percatamos porque los implicados nos lo dicen. Es bueno agradecer al Señor haberse servido de nuestras vidas pero conviene dejar ir cuanto antes esta clase de milagros. Si nos quedamos en ellos, si nos vanagloriamos con ellos, corremos el peligro de estancarnos y no crecer.

Hoy fui consciente de otro tipo de milagros que el Señor hace. Estos son mis preferidos. Son los milagros que realiza tocando y transformando directamente nuestro corazón, sanándolo y agrandándolo. De repente te sorprendes del perdón concedido a una persona que se te había enquistado, o teniendo un gesto con alguien que no es santo de tu devoción, o de la paz tan profunda sentida a pesar de la adversidad, o…

En cualquier milagro el protagonista es Dios. El problema es que en el primer tipo de milagros podemos caer en la tentación de atribuirnos el mérito. En el segundo tipo de milagros es más complicado asumir el papel principal porque humanamente te das cuenta de que por las propias fuerzas es imposible crecer en el amor o en la misericordia, crecer en humildad o en paciencia, sentir su paz, sentirse consolado…

Ojalá puedas ser consciente del montón de milagros que se suceden a lo largo del día, en la vida de los otros y en la tuya. Y no te canses de dar gracias a Dios por tanto y por todo… porque la obra es suya, porque es Él quien realiza cada milagro. De nuestra parte sólo queda disponer nuestro corazón y dejarle hacer y ser.