Esto
del fútbol y el mundial me da mucho qué pensar: La inversión en camisetas,
cenas compartidas, entradas, viajes… No digo que el deporte sea algo negativo,
todo lo contrario. Lo que no es bueno es la dependencia, el hacer de eso el
centro de nuestra vida o lo primero.
Pienso
en nosotros creyentes. Si siguiésemos a Cristo con la misma pasión que a
nuestra selección ¡Qué distinto sería todo!. Si saliéramos a las calles a
anunciar y celebrar que Cristo vive con la misma euforia que a celebrar un
triunfo del equipo… ¡Qué distinto sería todo!. Si portáramos un crucifijo o una
medalla de la Virgen en nuestro cuello con el mismo orgullo que la camiseta…¡Qué
distinto sería todo!.
Si
tuviésemos el valor de colgar en las redes frases o imágenes que hablen de
nuestra fe así como publicamos las de “nuestros otros amores”… ¡Qué distinto
sería todo!.
Si
fuésemos capaces de renunciar a “nuestros pequeños quereres” por amor a Cristo…
¡Qué distinto sería todo!.
Si hiciésemos
silencio y escuchásemos el querer de Dios… ¡Qué distinto sería todo!.
Si
nos moviésemos desde lo que Dios espera de nosotros y no desde lo que la
sociedad nos ofrece… ¡Qué distinto sería todo!.
Si
tuviésemos el valor de dar un paso al frente pese a lo que los otros pudieran
pensar en vez de hacer lo que la mayoría… ¡Qué distinto sería todo!.
Estamos
en tiempo de vacaciones, momento para hacer un alto en medio del trajín de cada
día, de la rutina. Podemos llenarlo de actividades y de ruido para seguir en lo
mismo de siempre o detenernos para ver dónde estamos, hacia dónde vamos, a
quién seguimos, qué debemos dejar ya atrás, qué necesitamos, cómo vamos a
distribuir nuestro tiempo, a qué queremos dar prioridad en nuestra vida…
Si
tan solo dejara algo, si tan solo asumiera algo, si tan solo cambiara algo en
mí, si tan solo hiciera más silencio, si tan solo parara un momento, si tan
solo pidiera perdón, si tan solo orara por quien no me quiere, si tan solo escuchara un poco más, si tan solo pensara menos en mí… ¡Qué distinto sería todo!.
Una
sola decisión puede cambiar el rumbo de mi vida y la de quienes me rodean y… ¡Qué
distinto sería todo si esa decisión está orientada al amor a Dios, a los
hermanos y a mi mismo.