lunes, 29 de junio de 2026

“¿POR QUÉ TE HAS TARDADO TANTO?”

 

Hoy te invito a hacer un ejercicio de imaginación. Algo así como lo que recomienda San Ignacio de meterte en la escena pero esta vez vas a ocupar el lugar de la persona que llega al lugar que te voy a indicar.

Supón que te levantas y piensas en ir a confesarte. Llegas a la iglesia y te encaminas a donde sabes que puedes encontrarte con el sacerdote. Entras, sin mediar palabra le das un abrazo y mientras te tiene en sus brazos y sientes su cariño, le escuchas un reclamo lleno de amor desde lo más profundo de su corazón: “¿Por qué te has tardado tanto?”. ¿Qué haces: Lloras, sonríes, le das un beso, te apartas…?. ¿Qué dices: te justificas, reclamas, te callas…?.

Y ahora vamos a dar un paso más. Imagínate que es Jesús quien al acercarte es el que, también con mucho amor, te pregunta: “¿Por qué te has tardado tanto?”. ¿Cómo reaccionas?. Quizás lo más fácil es lo de siempre: Buscar justificaciones  para no asumir la propia responsabilidad (es que pensaba… es que tenía que… es que no sabía que…). O puedes optar por culpar a los otros, a las circunstancias o a Él mismo. O quizás decidas permanecer en silencio. O… No te doy más ideas porque quiero que seas tú quien reaccione y responda a Jesús pero ¡Cuidado con caer en la culpa, en la tristeza, en el lamento… por el tiempo perdido, por no haberlo sabido hacer mejor, por…!.  Todavía no es tarde, es hoy y ahora que te hace la pregunta para que seas consciente de su amor paciente, un amor que siempre ha respetado tu libertad y no se ha cansado de esperar. ¿Qué tienes tú que decirle?.