miércoles, 13 de mayo de 2026

“¡HASTA PRONTO AJAY!”

 

Ajay es un carmelita de la India que ha estado destinado en Logroño durante diez años. Hace unos días nos comunicó que Santander sería su próximo lugar de misión.

Conocí a Ajay una de las veces que vine de vacaciones a casa. Me habían hablado de él y me habían sugerido conocerle porque me podría ayudar mucho en mi tarea de acompañar a otros. Recuerdo que era una mañana fría. De camino a la parroquia me encontré con mi madre y mi sobrina que entonces tendría unos 12 años. Les dije que iba para carmelitas y Lucía me pidió que la llevara. Tras un rato de estar los tres en un despacho y haberme recomendado unos libros, Lucía se metió en medio de la conversación. “Yo a ti te conozco” - le dijo. Yo la quedé viendo pensando: “Lucía te tienes que estar confundiendo”. Y volvió a repetir: “Yo a ti te conozco. Tú has estado en mi colegio”. Era cierto. Lucía estudiaba en adoratrices y Ajay había estado por allá celebrando alguna eucaristía. Tras el encuentro nos dimos el número de teléfono y no volvimos a vernos hasta las siguientes vacaciones pero eso sí, cada vez que escribía en el blog, Ajay recibía el escrito y lo subía a su estado.

Cuando llegó la pandemia, en los más de cinco meses de encierro en un apartamento y sola, entre otras cosas y por insistencia de varias personas queridas, edité mi primer intento de libro con ayuda de una aplicación de internet. Agrupé un montón de escritos por temas y pedí, entre otros a Ajay, que escribiera unas líneas para el prólogo, no tardaron en llegar. Ahí dejó ya su huella pero es aún mayor la huella que ha dejado en muchos corazones de esta ciudad de Logroño así que es justo que tenga su espacio en uno de los escritos del blog.

Quiero compartir las palabras que le hemos dedicado, los habituales de la eucaristía de las 8 de la mañana, el día de hoy. Seguro que nos hemos quedado cortos pero lo cierto es van cargadas de mucho cariño:

“Hace dos años en la iglesia de San  Bartolomé, en la vigilia de oración por las vocaciones, diste tu testimonio. En él nos compartiste que tu estar aquí entre nosotros era tu respuesta agradecida a tantos misioneros españoles que en su día fueron hasta la India a dar a conocer a Cristo.

Esta pequeña comunidad que a diario nos reunimos en la eucaristía de las 8 de la mañana, no queremos dejarte ir sin antes darte las gracias por el tiempo compartido, pero sobre todo GRACIAS por tu Sí al Señor, por tu entrega generosa y sin reserva, por dejarlo todo, y por dejar que Él haga su obra en ti trayéndote hasta nosotros para que, conociendo más a Jesús, le amemos más y le sigamos.


El viernes, Jesús nos decía en el evangelio: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Lo tuyo tiene mucho mérito porque ni siquiera éramos tus amigos y entregaste tu vida por nosotros. Te lanzaste al vacío y has tocado muchos corazones con tu sencillez, con tu suavidad, con tu saber estar y tu disponibilidad, con tu escucha atenta siempre dispuesto a ayudar, con tu dar nuevas oportunidades, con la confianza puesta en nosotros…

Y no queremos terminar sin dar las gracias a Dios por el regalo de cada sacerdote en nuestras vidas. Más allá de cómo viste, cómo o cuánto habla… más allá de su nacionalidad, de su edad, de su carácter… es un hombre elegido por el Señor. Sigamos orando por todos ellos, y para que quienes son llamados: Escuchen su voz y le sigan.

Ajay desde la distancia te tendremos presente en nuestras oraciones y en nuestro corazón para que nuestro amado Padre termine de hacer en ti su obra y sea de mucha bendición para todos.

Gracias Ajay. Te queremos”.