Una
de las frases que quedó resonando en mí hace unos días fue: “Amar a los otros según su necesidad”.
No según lo que me parece que el otro necesita, o según me conviene, o en
función de lo que creo que es mejor para la otra persona… En el afán de querer ayudar
podemos hacer daño a los otros si los volvemos dependientes de nosotros y no
les proporcionamos las herramientas para que se levanten por si solos y sigan
caminando, podemos asfixiarlos...
“Amar a los otros según su
necesidad”. Para no caer en errores, la manera más segura de
acertar sería preguntar: “Y tú ¿qué necesitas de mi?”, “¿En qué te puedo
ayudar?”. Quizás nos sorprendamos de lo que escuchemos. Nuestra respuesta
también dependerá de nuestra realidad. No a todos podremos responder como
necesitan y eso no nos puede hacer caer en la culpa, quizás esa misión la
tengan que realizar otros.
Volviendo
al tema… Vamos más allá. Si Jesús me pide amar a los otros según su necesidad
es porque así me ama Él. Me da lo que necesito en cada momento. Esto puede
chirriarle a más de uno si se compara con otros y se mira con menos talentos, o
que a los otros les pasan cosas mejores, o son más queridos, o tienen más
éxito… Dios es un Padre bueno y como bueno que es, sólo sabe dar cosas buenas a
sus hijos. Tú tienes lo que necesitas, yo tengo lo que necesito. Si enfocas tu
mirada en el gran amor que Dios te tiene no hay cabida para la envidia, el
resentimiento, el odio… El problema es cuando nos descentramos y dejamos de
mirar al Amor, ahí es cuando surgen las quejas, las críticas, los desprecios, la
tristeza…
En
nuestro diario vivir pueden surgir situaciones difíciles, acontecimientos
inesperados, pruebas… “¿Por qué a mi?”.
¿Y por qué no?. Las cosas pasan, que Dios me ame y yo le ame no quiere decir
que no puedan suceder desgracias en mi
vida. La diferencia es que quien tiene fe y vive confiado en el Señor no duda
de que le proveerá de lo necesario para afrontarlo.
El
Dios de Jesús que nos ama incondicionalmente está pendiente de nuestras
necesidades, conoce qué es lo que nos falta, qué es lo que más nos puede ayudar
a crecer en el amor, y responde dándonos a cada uno lo que más nos conviene.
Ante
todo esto sólo cabe el agradecimiento y la confianza de sabernos en las mejores
manos. Como buen padre y buena madre: Da o quita según convenga, pone límites,
soluciona o facilita los medios para que encontremos la salida o la
respuesta…Unas veces habla, otras se queda en silencio, pero nunca deja de
amar, de estar, de sostener, de dar.
Agradecer
y confiar porque aun en las peores situaciones que vivamos, nunca nos faltará su
consuelo, su paz, su fortaleza…
A
tanto amor recibido según nuestra necesidad, solo podemos responder de la misma
manera: “Amando a los otros según su necesidad”. Que así sea.