Dios es presente, se nos
está dando en este momento. A mí mientras estoy escribiendo, a ti mientras
estás leyendo.
Al Amor solo se le puede
responder amando y es ahora cuando puedo responder.
A veces vivimos anotando
tantos para un día recibir la recompensa, para que un día Dios se nos de. Es
como si no hubiésemos comprendido la gratuidad de Dios (da sin esperar). Nos
regala su amor ahí donde estamos y tal y como estamos.
Para regalarnos su Amor,
el Dios de Jesús, no espera sacrificios, no exige méritos o penitencias. Su
Amor se está derramando continuamente, tan solo espera encontrar tierra buena,
corazones dispuestos, receptivos, vacíos de sí y de todo apego humano y
material.
¡Si conocieras el don de
Dios!.
¡Si conocieras lo que Él
ahora te está regalando!.
Aquello
a lo que no estoy dispuesto a renunciar, endurece y bloquea mi corazón al amor
de Dios. Si no me desprendo de “eso”, estoy cerrando al puerta al AMOR. Todo no
cabe, hay que decidir de qué quiero que esté repleto mi corazón: De mí (mi
razón, mi forma, mis gustos, mi control, mis recuerdos, mis expectativas, mi
culpa, lo que creo… mis cosas… personas… aficiones…) o del Amor de Dios.
¿Necesito
“eso” en mi vida para ser feliz (murmurar, quejarme, pertenecer a ese grupo,
tener ese compromiso, recibir ese aplauso, pasar al frente a la vista de todos,
tener éxito, el afecto de alguien o que esté a mi lado, la admiración o el
aplauso de esa persona que para mi es importante, hablar de lo que hago, de lo
que me quieren, de lo que me extrañan…)?. Nada de todo “eso” necesitamos,
realmente no necesitamos nada salvo a Dios, como dicen San Juan de la Cruz, o Santa
Teresa o tantos otros santos. Tan complicado y tan sencillo a la vez como decir
a “eso” que nos esclaviza: “No te
necesito”, porque si le seguimos dando espacio en nuestro corazón, el Amor
de Dios no encontrará donde derramarse.
Dice
también San Juan de la Cruz: “Tan solo un
hilillo es suficiente para no ser libre, por muy finito que sea”. Y si no
soy libre, la tierra no estará dispuesta para acoger la semilla. Y si no soy
libre, el corazón no estará abierto para acoger y abrazar el AMOR que se le
regala.
¿Soy
capaz de decir: “Esto no lo necesito”?. ¿Me atrevo a intentarlo?.
¿Soy
capaz de renunciar a “eso” por Él?.
¿Acaso
necesito algo que no sea Él, su AMOR?.
¿Qué
es “eso” que me endurece, que me oprime, que me impide vivir desde mi centro,
que no me permite amar?
Jesús
ha venido para que tengamos vida hoy. Su Amor es presente. Se nos da y se nos
regala hoy, ahora. Todo un Dios se nos está dando, y no encuentra corazones que
se hagan capacidad porque están llenos de sí. Entretenidos en hacer, en cumplir,
en quedar bien, en ganar puntos, en buscar ser reconocidos, en conquistar su
corazón… se nos olvida que lo que buscamos lo tenemos de gratis y al alcance, aquí
y ahora.
¿Y cómo respondemos a ese AMOR?. No se trata de hacer planes ni quebrarse la cabeza. Si el AMOR se me da ahora, es ahora cuando tengo que responderle, en la realidad presente que me toca vivir y con los dones y recursos con los que cuento. No hay que inventar nada. Ahora, en este momento, Dios se me está dando y es el momento de regresarle todo lo mejor de mi.