Al día siguiente de
publicar “Dejamos dormir a Jesús” me
dice una religiosa: “Sí Gloria, dejemos
dormir a Jesús, pero yo estoy despierta y lo necesito”. Nos reímos juntas. Ahí
está la clave, ese es el camino: “Estar despiertos, saber y sentir nuestra
necesidad y dependencia de Él. Reconocer nuestra pequeñez e impotencia y a la
vez su grandeza”.
Todos necesitamos a Dios.
Unos y otros, consciente o inconscientemente, acertada o desacertadamente, lo
necesitamos y buscamos.
Necesitamos a Dios para
todo, para respirar, pensar, sentir, movernos…
Lo que creemos necesitar,
lo que tanto anhelamos y que es objeto de muchas peticiones, no es tal. Lo que
real, lo que verdaderamente necesitamos y tanto buscamos ya lo tenemos. Está
aquí y ahora, de no ser así no podría estar escribiendo y tú leyendo. Él es
quien hace posible este momento. Él es quien inspira, quien toca el corazón,
quien da movimiento a mis manos, quien mantiene abiertos tus ojos y te ha dotado
de voluntad y libertad para leer estas líneas.
Por supuesto que lo
necesitamos, tú y yo, de otra forma no existiríamos. Él es quien nos sostiene,
nos da la vida y nos mantiene despiertos.
