VUELA Y SÉ FELIZ
lunes, 2 de marzo de 2026
“ME CREO INDIGNO DE…”
Me decía esta mañana un amigo que se consideraba indigno al verse ante
los ojos de Dios y acogido en sus manos. A lo que le respondí: “Yo tampoco me creo digna de estar donde
estoy, de hacer lo que hago, de recibir tantas muestras de cariño, de contar
con tantas oportunidades y de habérseme regalado tantos dones… pues reconozco
mi pecado. Pero con humildad me enfoco en la mirada misericordiosa de Jesús y
sigo adelante tratando de devolver un poco de amor a quien tanto me ama”.
Cada uno se conoce, cada uno sabe lo pérdido que ha estado, lo que ha
podido llegar a hacer en su vida. Quien, siendo consciente de lo que hay en su
haber, se pone delante de Jesús en la cruz es inevitable que se sienta: Pequeño,
muy pequeño… Miserable, muy miserable… Ingrato, muy ingrato. Y a pesar de conocer
nuestra naturaleza, ha salido a buscarnos, nos ha rescatado en más de una ocasión,
nos ha perdonado y no se cansa de amarnos.
Caemos en la falsa humildad cuando enfocándonos en nuestra miseria nos
culpabilizamos llegando a apartarnos o a abandonar definitivamente el camino. Es
falsa humildad, si enfocándonos en nuestra pequeñez y miseria: Dejamos la
oración o de participar en la eucaristía, dejamos un grupo cristiano o no nos
integramos en él, no pasamos al frente o no nos comprometemos…
Humilde es quien reconociéndose pecador, y aún viéndose peor que los
demás: Permanece, sigue dando pasos, camina desde la mirada de su Dios que le
ama con locura y le anima a seguir adelante.
Tanto perdón inmerecido, tantos gestos de amor, solo pueden ser motivo de
agradecimiento. ¿Y cómo responder a quién tanto nos ama sino con amor?. ¿Y cómo
manifestarle nuestro amor si no es siendo reflejo de lo que Él es con
nosotros?. “Sed misericordiosos como
vuestro Padre es misericordioso”.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)