Hay quien no sabe qué hacer en su tiempo de
oración, hay quien habla y habla y habla, hay quien llena su rato con oraciones
hechas o leyendo o cantando, hay quien pide y pide… Nos decía un carmelita en
un curso: “Dejemos dormir a Jesús”.
Todo es ruido, todo es movimiento, incluso en
nuestros tiempos de oración. Nos cuesta hacer silencio, en algunos casos aterra
el silencio, en otros no sabemos qué hacer en él, y la mayor parte de las veces
huimos de él justificándolo con más actividad.
La tormenta se agita y no sabemos qué hacer, ¿Cómo
detener el viento?, ¿Cómo mantener la barca en equilibrio para que no se hunda?.
Sobreviene la incomodidad, la angustia, el miedo, necesitamos despertar a Jesús
para que todo vuelva a la calma.
Vamos a la oración con nuestra realidad, con
nuestras cosas, centramos nuestra atención en lo externo, en lo que nos ahoga, y
nos convertimos en el eje sobre el que todo gira queriendo que el Señor responda a todos
nuestros quereres.
Hoy la invitación es a acompañar a Jesús en la
oración. Jesús entiende todo eso que te pasa, sabe lo que sientes y vives… Está
pendiente de tus necesidades y responde en cada momento según lo que más te
conviene porque te AMA. Ahora te toca a ti, acompaña a Jesús: En su soledad, en
su sentirse incomprendido, rechazado, abandonado, humillado, solo…
No busques tanto su consuelo, su compañía, sino
consolarle, acompañarle.
No busques tanto tus intereses o la solución a
tus problemas sino el acoger su voluntad.
No busques tanto el sentir sino el estar.
No busques tanto que todo cambie sino el dejar que te vaya transformando.
No busques tanto que haga por ti sino el preguntarle:
“Y tú ¿qué quieres de mí? ¿cómo te puedo ayudar?.”
Que Jesús encuentre muchos corazones en los que
se pueda apoyar y descansar. “Dejemos
dormir a Jesús”.
