Judas
le traicionó, también Pedro con sus negaciones, los otros con esconderse…
Los más cercanos, aquellos a los que llamaba amigos, los que tanto habían
aprendido, recorrido y vivido con Él, aquello en los que confiaba, los que
decían que iban a seguirle hasta el final, los que un día lo dejaron todo… le
dieron la espalda.
Es
iluso, inconsciente y atrevido asegurar no caer, confiar en las propias
fuerzas. Nos pasa y nos puede pasar: Tarde o temprano le traicionamos.
En
el día a día encontramos un montón de infidelidades a Jesús, traiciones a su
amor. La Buena Noticia es que siempre podemos, como Pedro, reconocer nuestra
pequeñez, fragilidad, error… pedir perdón y volvernos a poner en pie para
intentarlo de nuevo.
Jesús
necesita amigos que le acompañen, que entreguen su vida como Él y no se
reserven nada para sí, que carguen con Él la cruz con generosidad y por amor,
que mueran a sí mismos y busquen en todo la voluntad del Padre.
Jesús
necesita testigos de su amor y de su misericordia, no busca corazones perfectos
sino corazones dispuestos a abrirse a su amor y dejarle ser y hacer.
Sabe de tu humanidad, fragilidad, limitaciones, y a pesar de eso o por eso te elige, te llama y cuenta contigo:
- ¿Qué respondes a quien te lo da todo?
- ¿Cómo puedes amarle en tu realidad presente?
- ¿Qué necesitas restaurar en tu relación con los otros?
- ¿Qué tienes que dejar?
- ¿Qué es aquello que todavía no has aceptado, acogido y abrazado?
- ¿A qué has de morir?
A
pesar de tus traiciones pasadas y presentes: “Jesús cuenta contigo y confía en
ti, créelo”. La respuesta depende de ti.