jueves, 25 de junio de 2026

“NO TE AGOBIES”

 

El pasado sábado el sacerdote nos compartía una anécdota de cuando era seminarista a cuenta del evangelio que se proclamaba ese día. Mateo 6, 24-34 “Mirad los pájaros del cielo: no siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta ¿No valéis vosotros más que ellos? (…) ¿Por qué os agobíais…? (…) No andéis agobiados…”

Eran jóvenes, tenían unos cuantos exámenes, y el rector les dijo de ir a unas charlas que había organizado el obispo. Todos protestaron porque “estaban agobiados” y veían más razonable dedicar ese tiempo a estudiar. Entonces el rector les reclamó diciendo: “Podéis estar cansados pero nunca agobiados. Quien se agobia es porque pone la confianza y la seguridad en sí mismo (capacidad, cualidades, dones, manera de cómo tienen que ser las cosas…), en los otros o en las cosas”.

Sencilla la enseñanza de Jesús. Tras recordarnos que donde está nuestro tesoro está nuestro corazón e invitarnos a poner a Dios en el centro de nuestra vida, subraya la importancia de poner toda nuestra seguridad y confianza solo en Dios.

Cuando las cosas, los otros o yo, somos el centro… Cuando en algo de todo esto está puesta nuestra seguridad o confianza… todo se tambalea surgiendo en algún momento la  inquietud, el miedo, el enojo, la frustración… Perdemos la paz del corazón.

Solo Dios permanece, solo Él es el único apoyo firme, la roca, el cimiento que permite mantener o recobrar la calma cuando se pierde.

“Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta”. ¡Qué descanso cuando haciendo todo lo que está en las propias manos se deja todo en las suyas!. ¡Qué humildad reconocer que hasta lo que ponemos de nuestra parte es obra suya!. Todo depende de Él. Él sabe y lo dispone todo según nos conviene, de nosotros está el aceptarlo, acogerlo y abrazarlo. De ello depende la paz interior o la turbación de nuestra alma.

Si hay algo en este momento que turba tu alma, detente, revisa quién o qué es el centro y resitúate para colocar a Dios en el centro. En esa realidad que estás viviendo Dios te habla, Dios te ama y quiere que acojas su voluntad y respondas al Amor con amor.

Quien se siente en las manos de Dios no se agobia porque se confía a su divina providencia y acepta su voluntad.