Seguro que alguna vez has
hecho planes y no han resultado como habías deseado. ¿Qué sientes?. Yo no sé
tú, yo rápidamente trato de darle vuelta y decirme que lo que sobreviene es lo
que más conviene, que esa es la voluntad de Dios pero mentiría si dijera que no
me cabrea y que no siento fastidio. Por esto vuelvo atrás y comienzo el proceso
hasta llegar a lo que quiero alcanzar de primeras.
Para mí lo más honesto es comenzar siendo consciente de mis sentimientos: enojo, rabia, tristeza… Si cuento con alguien cerca con quien poder hablarlo mucho mejor porque eso me permite sacar ese malestar. Escucharme también me ayuda a bajar la intensidad de las emociones que me enredan.
- Una vez que reconozco qué siento tengo dos opciones:
- Seguir dando vueltas sobre ello o sobre mi
Acogerme así como estoy y
mirar hacia adelante con optimismo. Esto último supone: “Confiar en que
definitivamente será lo mejor y lo que más necesitaba aunque en ese momento no
lo vea” y “Agradecer porque este Dios que me ama incondicionalmente ha
considerado que esto era lo que más me convenía”. ¿Para qué resistirme
entonces? ¿Por qué enredarme en mis emociones o abrazar mi rol de víctima de
las circunstancias o de los otros?.
El mejor remedio contra
todos los “males”: Fijar los ojos en el gran amor que Dios me tiene, que me
regala lo que más necesito en cada momento aunque algunas veces me resulte
amargo, y agradecer, agradecer, agradecer, por tanto y por todo, por lo que me
beneficia, por lo que me da alegría, por lo que… pero también por lo que me
duele, por lo que no entiendo, por lo que…
La mejor forma de
responder al Amor es amando.
La única forma de hacer
su voluntad es acogiéndola… sea lo que sea, y así como venga.