jueves, 5 de noviembre de 2026

“CUANDO TE OCUPAS DE LAS COSAS DE DIOS…”

 

Mi móvil no daba mucho más de sí, llevaba conmigo desde la pandemia y era de segunda mano cuando llegó a mí. Hace unas semanas comenzó a fallar. Pensé en buscar solución pero tras consultar en tres tiendas me convencí de que era momento de cambiar de aparato.

He caído en la cuenta de que es una de mis herramientas de evangelización pues por medio de él envío los escritos de este blog además de las canciones de la adoración y de la eucaristía así que se imponía el conseguir otro. Tras el agobio del primer momento opté por dejarlo en manos de Dios y no darle más vueltas hasta salir a comprar uno el fin de semana. Quedé con mi sobrina para que me pudiera asesorar porque no estoy muy al día en tecnología.

La adoración de ese miércoles en la parroquia estuvo centrada en el DOMUND e insistimos en el mensaje de la canción de este año: “Envíame a mí”. Determinarnos en silenciar los ruidos externos e internos, dejar caer las máscaras que nos separan para mirarnos de corazón a corazón, tratar de escuchar la voz de Dios que habla en lo profundo y responder cada uno según su realidad y la voluntad del Señor. Al terminar ese día la adoración había alguien a la salida esperándome con un paquete. Llegué a casa lo abrí y… ahí estaba… el móvil que necesitaba. Le mandé foto a mi sobrina. No entendía nada porque le había dicho de ir con ella a comprarlo. Le expliqué cómo había sido todo y terminó diciendo: “Jo, tía, a mi no me pasan esas cosas”. La respuesta que me surgió fue: "Cuando te ocupas de las cosas de Dios, Dios se ocupa de tus cosas”. Para mí fue muy significativo que fuera justo ese día en que celebrábamos la jornada del DOMUND de este año, lo sentí como un guiño de Dios.

Me hizo sonreir la anécdota, me recuerda a tantas otras cosas que me han sucedido así. ¿Cómo no creer en la providencia?. Cuando Dios quiere algo sabe de quien y de que valerse para que se de… y todo se da con suavidad, sin esfuerzo… 

Hay quien llama a estos acontecimientos sorprendentes: Casualidad, o suerte, o "diosidencia". Precisamente esta mañana un sacerdote, que entró en la librería, leyó en un cojín: "Tú eres mi mejor diosidencia". Nos preguntó qué quería decir aquello. Se lo explicamos y acabó diciéndonos: "Si ya decía yo que los dos tenéis una pedrada...". Sonriendo le respondí: "Pues debemos ser alguno más porque el cojín no lo hemos hecho nosotros". Y añadí: "Mejor vete haciéndote a este vocabulario para que se lo cuentes o se lo expliques a los feligreses que te pregunten".

Benditos todos los que se mueven por los impulsos del Espíritu y que permiten que la providencia de Dios sea, que las "diosidencias" acontezcan. Ojalá nosotros también estemos atentos a esos “toques” y respondamos para ser providencia del Señor para los otros.