Salí el otro día a darme un
paseo por el parque del Ebro, quedan pocas tardes de calorcito así que no era de perder la oportunidad. Tras caminar un rato me senté a contemplar lo
que me rodeaba. Resonaba en mi corazón la palabra “sostenido” escuchada el día anterior unas
cuantas veces. “Todo está sostenido por
Dios. Tú y yo estamos sostenidos por Dios”.
Saqué el móvil y comencé a escribir lo que ahora te voy a compartir.
Tengo enfrente la montaña, los árboles. Unos niños juegan con una pelota, una señora pasa en este momento delante de mí, el aire acaricia mi rostro. Se escucha un avión que no alcanzo a ver, el río, los pájaros cantando. Siento agradable el clima y mi corazón sereno. Hago silencio y me digo: “Todo está sostenido por Dios, tu vida y la mía también”.
Si todo está sostenido
por Dios: “¿Hacia dónde caminar?", "¿Por qué correr?", "¿Para qué tanto afán?", "¿Qué
buscamos tan ansiosamente?"...
Lo que tiene que pasar…
pasa. Lo que tiene que llegar… llega. Todo a su momento, al tiempo de Dios. Qué
cierto lo que dice el refrán: “No por mucho madrugar amanece más temprano”.
“Todo está sostenido por Dios y por medio de todo
habla”.
Nuestra tarea es estar presentes en el presente, ser conscientes de su
Presencia y de su Amor en lo que vivimos y hacemos, en lo que acontece…
escuchar su voz… dejar que Él nos lleve. Cero control, ninguna expectativa, tan
solo dejarse llevar. Todo esto implica estar abiertos a la sorpresa, seguir las
indicaciones que nos va dando. Y no buscar explicaciones, tampoco tratar de
entender, tan solo dejarse hacer por Aquel que nos sostiene porque puede obrar
maravillas por medio de las almas que se entregan, que lo entregan todo.
“Todo está sostenido por Dios, tu vida y la mía
también”. ¿De
qué preocuparse?, ¿Por qué afanarse?. ¡Qué paz da saberse en tan buenas manos!. El paisaje que
tengo delante lo sabe, y sin proponérselo lo vive y lo transmite.
