Ajay es un carmelita de la India que ha estado destinado en Logroño
durante diez años. Hace unos días nos comunicó que Santander sería su próximo
lugar de misión.
Conocí a Ajay una de las veces que vine de vacaciones a casa. Me habían
hablado de él y me habían sugerido conocerle porque me podría ayudar mucho en
mi tarea de acompañar a otros. Recuerdo que era una mañana fría. De camino a la
parroquia me encontré con mi madre y mi sobrina que entonces tendría unos 12
años. Les dije que iba para carmelitas y Lucía me pidió que la llevara. Tras un
rato de estar los tres en un despacho y haberme recomendado unos libros, Lucía
se metió en medio de la conversación. “Yo
a ti te conozco” - le dijo. Yo la quedé viendo pensando: “Lucía te tienes que estar confundiendo”.
Y volvió a repetir: “Yo a ti te conozco. Tú
has estado en mi colegio”. Era cierto. Lucía estudiaba en adoratrices y Ajay
había estado por allá celebrando alguna eucaristía. Tras el encuentro nos dimos
el número de teléfono y no volvimos a vernos hasta las siguientes vacaciones
pero eso sí, cada vez que escribía en el blog, Ajay recibía el escrito y lo subía
a su estado.
Cuando llegó la pandemia, en los más de cinco meses de encierro en un
apartamento y sola, entre otras cosas y por insistencia de varias personas
queridas, edité mi primer intento de libro con ayuda de una aplicación de
internet. Agrupé un montón de escritos por temas y pedí, entre otros a Ajay,
que escribiera unas líneas para el prólogo, no tardaron en llegar. Ahí dejó ya
su huella pero es aún mayor la huella que ha dejado en muchos corazones de esta
ciudad de Logroño así que es justo que tenga su espacio en uno de los escritos
del blog.
Quiero compartir las palabras que le hemos dedicado, los habituales de la
eucaristía de las 8 de la mañana, el día de hoy. Seguro que nos hemos quedado
cortos pero lo cierto es van cargadas de mucho cariño:
“Hace dos años
en la iglesia de San Bartolomé, en la
vigilia de oración por las vocaciones, diste tu testimonio. En él nos
compartiste que tu estar aquí entre nosotros era tu respuesta agradecida a
tantos misioneros españoles que en su día fueron hasta la India a dar a conocer
a Cristo.
Esta pequeña
comunidad que a diario nos reunimos en la eucaristía de las 8 de la mañana, no
queremos dejarte ir sin antes darte las gracias por el tiempo compartido, pero
sobre todo GRACIAS por tu Sí al Señor, por tu entrega generosa y sin reserva,
por dejarlo todo, y por dejar que Él haga su obra en ti trayéndote hasta
nosotros para que, conociendo más a Jesús, le amemos más y le sigamos.
El viernes, Jesús nos decía en el evangelio: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Lo tuyo tiene mucho mérito porque ni siquiera éramos tus amigos y entregaste tu vida por nosotros. Te lanzaste al vacío y has tocado muchos corazones con tu sencillez, con tu suavidad, con tu saber estar y tu disponibilidad, con tu escucha atenta siempre dispuesto a ayudar, con tu dar nuevas oportunidades, con la confianza puesta en nosotros…
Y no queremos
terminar sin dar las gracias a Dios por el regalo de cada sacerdote en nuestras
vidas. Más allá de cómo viste, cómo o cuánto habla… más allá de su
nacionalidad, de su edad, de su carácter… es un hombre elegido por el Señor.
Sigamos orando por todos ellos, y para que quienes son llamados: Escuchen su
voz y le sigan.
Ajay desde la
distancia te tendremos presente en nuestras oraciones y en nuestro corazón para
que nuestro amado Padre termine de hacer en ti su obra y sea de mucha bendición
para todos.
Gracias Ajay.
Te queremos”.