VUELA Y SÉ FELIZ
sábado, 14 de febrero de 2026
“HÁGASE TU VOLUNTAD”
Así
rezamos en el Padre Nuestro: “Hágase tu
voluntad”. La realidad es que muchas veces entendemos el “hacer su
voluntad” como el realizar algo y creyendo “hacer su voluntad” hacemos la
nuestra.
“Hacer su
voluntad” implica un movimiento de mí hacia Él. Estos días que he experimentado
el abandonarme, he entendido esto de otra manera totalmente diferente. He
comprendido el “hágase tu voluntad” como el acoger y el abrazar todo lo que se
nos va presentando: situaciones, personas, invitaciones, desprecios, alabanzas,
humillaciones, éxitos, fracasos… Acoger y aceptar lo que sucede (buenas o malas
noticias, triunfos o éxitos, encuentros, sorpresas, situaciones adversas) y a
los otros (así como son, respetando su ritmo y sus procesos, sin ni siquiera
tratar de entender el por qué de sus palabras, actos o reacciones) con paz, con
alegría, algo que solo es posible si nuestra mirada y nuestro corazón están
fijos en Él.
Hacer su
voluntad implica que yo tomo la iniciativa y me puedo estar equivocando.
Pensando que es su voluntad me puedo estar buscando e incluso hacer cosas muy
santas creyendo que le agrado con ello cuando en realidad no es lo que espera
de mi.
En el
dejarse hacer, en el acoger y abrazar su voluntad, no somos nosotros quienes
tomamos la iniciativa. Nuestra actitud es activa en cuanto nos abrimos a
recibir lo que se nos da. Ahí no nos perdemos, así podemos estar seguros de que
realmente se cumple en nosotros lo que espera y desea. Ahí es donde se da la
unión con Él porque en la medida que acoges la realidad y a los otros, tal y
como son y están, amas. ¿Y qué nos une a Él si no es el amor?.
Y en ese
acoger la realidad tal y como se presenta, y a los otros tal y como son,
morimos a nosotros mismos porque ni las circunstancias responden muchas veces a
nuestros quereres o deseos, ni las personas en ocasiones son o responden como
nos gustaría. ¿Puede haber mayor y mejor prueba de ser ese el camino?.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)