martes, 31 de marzo de 2026
“TODAVÍA ESTAMOS A TIEMPO”
Ya estamos en Semana Santa. Revivimos en estos días cómo Jesús entregó
voluntariamente su vida hasta el final. Como cristianos se nos invita a
identificarnos con Él haciendo en todo momento la voluntad del Padre, siguiendo
sus pasos. ¿Somos conscientes de ello?.
Corremos el riesgo de acudir a las celebraciones o a las procesiones como
meros espectadores de un suceso que ocurrió hace dos mil años, y evitar así que
nos toque, interpele o transforme nuestras vidas. Quizás nos mueve la
costumbre, o el querer, o el gusto… El olor del incienso, el ruido de los
tambores o las representaciones puede que distraigan nuestra atención de lo
verdaderamente importante.
Revisemos qué es lo que nos motiva a la hora de participar de los
distintos actos, o al escoger entre varias opciones. ¿Responden nuestras
elecciones al querer de Dios o al propio gusto, apetencia, costumbre…?
En la vida espiritual no podemos ser eternamente niños caprichosos. Llega
un momento en el que hay que dejar lo que gusta, lo que apetece, lo que atrae,
lo que hace sentir bien… No se puede estar eternamente en el Tabor. Ahí abajo
hay una realidad que nos espera, que requiere nuestra respuesta y es donde Jesús
nos invita a ir. Es allá abajo donde se hace la voluntad del Padre, no haciendo
tres chozas para permanecer entre experiencias gratificantes o buscando eternamente
lo que gusta, lo que da paz, lo que hace sentir bien o lo que se quiere.
¿Qué es lo que la vida y pasión de Cristo dice a mi vida en este momento?.
¿Estoy entregando mi vida por amor a Él?. ¿Busco en todo su gloria o complacer
mis apetitos, satisfacer mis necesidades y responder a mis quereres?. ¿Opto por
su voluntad a la hora de tomar una decisión?. ¿Me refugio en las celebraciones
y procesiones para huir de mi realidad y no enfrentar?. ¿Evito el silencio y
parar para no cuestionarme dónde estoy y hacia dónde debo ir?. ¿Dónde y en qué
me quiere el Señor realmente?. ¿Es eso que elijo lo que realmente quiere de mí?.
Esta Semana Santa puede rozarme la piel o tocar y transformar mi corazón.
Todo dependerá de si permito o no que interpele mi vida, de si me abro o no al Amor,
de si respondo a su voluntad o a mi querer. Todavía estamos a tiempo.
miércoles, 25 de marzo de 2026
“BRILLAR O LUCIRSE”
Todos tenemos luz propia pero, desconociendo esta verdad, podemos buscar,
consciente o inconscientemente, lucirnos.
Quien reconoce la luz que le habita, tiene su centro en Dios. Allá donde
esté, haga lo que haga o incluso sin hacer… brilla. Aunque quiera pasar
desapercibido, todos se percatan de su presencia. Tampoco se da cuenta del
efecto que esa luz tiene en los otros, y cuando se lo hacen ver, no se
vanagoria ni se engrandece por ello, porque sabe que la luz no es suya, no le
pertenece.
Quien desconoce la existencia de esa luz en sí, envidia la luz que otros irradian, y se afana por
imitarlos “luciéndose”. Se convierte así en protagonista de una luz artificial
por medio de acciones o con su forma de ser o estar. Para ello necesita
sobresalir, pasar al frente, escalar, estar a la vista de todos. A veces se
sirve de las cosas más santas para tratar de lucir. Lo peor es que el efecto
que se quiere conseguir no se obtiene. Los otros solo ven a la persona, así que
ésta se acaba decepcionando, tirando la toalla y buscando otros espacios donde
sea tenida en cuenta y pueda “lucirse”.
No perdamos el tiempo en lucirnos ante los ojos de los hombres. Si así lo
hacemos, nos estancaremos, bloquearemos la verdadera luz.
Hoy recordamos el “Sí” de María, un “Sí” que da a Dios el papel
protagonista sobre su propia vida, dejando que Él haga en ella. Siempre estuvo
detrás de Jesús. Pasando desapercibida por muchos, brilló en lo escondido
porque supo aceptar, acoger y abrazar la voluntad de Dios aun cuando dolió.
Amar a Dios no es lucirse haciendo cosas, es dejarle ser y hacer en
nuestras vidas, permitir que su luz brille. Quien así lo hace es fiel a la
verdad, es coherente con su vida, sabe quién es el rey de su corazón, no busca
reconocimiento, no necesita que le vean.
Todos contamos con esa luz. Dejemos a Dios ser Dios, a la Luz ser Luz,
permitirle ser el centro y el protagonista de nuestra vida y no usurparle el
puesto.
Tenemos luz propia. No necesitamos lucirnos para poder brillar.
viernes, 20 de marzo de 2026
“¿QUÉ CLASE DE TIERRA ERES?”
El otro día pensaba en cuanta gente hay que hace cosas buenas, que está
comprometida, que reza, que presta sus servicios y sus talentos en la iglesia…
pero también en qué pocas almas encuentra el Señor dispuestas para poder
realizar su obra. En el afán por hacer no le dejamos hacer a Él.
Jesús nos decía el otro día: “Mi
Padre sigue actuando, y yo también actúo”. Se sirve muchas veces de los
acontecimientos para actuar porque en su afán por respetar nuestra libertad, impedimos
que haga su obra a través nuestro.
Todo un Dios se sigue abajando deseoso de hallar tierra que se abra a su
acción, tierra dispuesta a ser removida, purificada… tierra que acoja su
semilla para un día cosechar frutos para su propia gloria.
A la tierra le toca disponerse, acoger y abrazar la semilla, aceptar el
agua y el abono, sufrir las inclemencias del tiempo (unas veces la sequedad,
otras el exceso de agua…).
No somos la semilla ni el agua, ni el abono, ni el fruto… no podemos
hacer porque crezca la semilla… Tan solo somos tierra, quizá llena de piedras y
abrojos, a lo mejor tierra reseca y dura… pero tierra amada, capaz de dar fruto
si dejamos actuar al sembrador y no le ponemos obstáculos ni resistencias.
¿Qué clase de tierra eres?. ¿Qué clase de tierra quieres ser?. No es sencilla
la respuesta. Es más fácil hacer que dejarse hacer. Aparentemente da más
seguridad llevar el control que abandonarse. Es más gratificante ser
protagonista por las compensaciones que te reporta que ceder el lugar a otro.
¿Qué clase de tierra eres?. ¿Qué clase de tierra quieres ser?. Sé
consciente de lo que respondes porque Dios todo lo escucha y te va a tomar la
palabra.
La madre de Santiago y Juan deseaba los primeros puestos para sus hijos,
que estuvieran sentados a la derecha del Padre… Sí , sí, claro, casi nada pero “¿estáis
dispuestos a beber el cáliz que yo he de beber?”. De esto se trata el ser
tierra disponible y dejarse trabajar por Dios: “Estar preparados para vivir lo
mismo que su Hijo, con la seguridad y la confianza de que estará con nosotros
hasta el final, tal y como lo prometió”.
sábado, 14 de marzo de 2026
"SE ENTREGÓ POR MÍ"
RETIRO DE CUARESMA
PARROQUIA “NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN”
“SE ENTREGÓ POR MÍ”
(Sábado 14 de marzo de 2026)
MOMENTO INTRODUCTORIO
Buenos días. Bienvenidos a este retiro de Cuaresma. En esta mañana haremos un recorrido con Jesús desde Jerusalén hasta la cruz. Te ayudará a ubicar en qué momento estás en tu camino espiritual y qué pasos puedes dar para seguir avanzando.
Que sea una mañana de
encuentro con quien lo sigue dando todo por ti, con quien te ama, y no se cansa
de buscarte y de atraerte hacia Él de mil y una maneras.
Ábrete y acoge el Amor
que en este retiro quiere derramar en tu corazón. Sé valiente, déjate hacer y
tu vida cambiará. Con este deseo comenzamos este retiro.
¯ Canción: Yo canto a mi Señor
Yo
canto a mi Señor con todo mi ser
y
proclamaré su misericordia, alabaré su nombre
Yo canto
a mi Señor con todo mi ser
con un
gozo inmenso le alabaré, aleluya.
PRIMER MOMENTO:
“Entrada a Jerusalén” – Encuentro y fiesta
1.- Del Evangelio según San Mateo (Mt.
21, 8-11)
“Había muchísima gente; extendían sus mantos
en el camino, o bien cortaban ramas de árboles, con las que cubrían el suelo. Y
el gentío que iba delante de Jesús, así como los que le seguían, empezaron a
gritar: “Hosanna al hijo de David, bendito sea el que viene en el nombre del
Señor!.¡Hosanna en lo más alto de los cielos!.
Cuando Jesús entró en Jerusalén toda la ciudad se alborotó y preguntaban: ¿Quién es éste?”. Y la muchedumbre respondía: “¡Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea!”
2.- Meditación. “Los que te alaban”
Entraste
en Jerusalén entre vítores, aclamaciones, aplausos. Muchos de ellos habían
tenido un encuentro contigo, habían sido sanados por ti y no podían dejar de
alabarte, de agradecerte.
Esto es
lo que pasa en muchos procesos de conversión. El encuentro contigo transforma y
cambia la vida. En esa euforia uno se quiere comer el mundo, se siente
dispuesto a todo, dice que sí a todo, todo le parece poco para responder a
tanto amor.
Unos días después de tu entrada triunfal en Jerusalén, los que te aclamaban con palmas te dieron la espalda. De la noche a la mañana pasaste a ser poco más que un criminal, alguien peligroso para sus vidas, lo más sensato era acabar contigo y volver todos a lo de antes.
La
euforia sentida en los primeros momentos o en los procesos de conversión
estridentes, se acaba pasando. Es como la botella de champange que cuando la
abres tiene montón de burbujitas pero cuando lleva una semana abierta ya no
encuentras ni una burbuja. Se pasó el efecto de las burbujas. Quien se sentía
atraído por ti porque en ti hallaba gustos, consuelos, satisfacción, euforia,
paz… comienza a desanimarse o incluso a alejarse porque ya no encuentra todo
eso. Llega la aridez, la sequedad… se hace la noche del sentido… Comienzan las
dudas: “Esto no tiene sentido”, “Me ha abandonado”, “No merece la pena
continuar”, “¿Por qué me pasa esto?”, “¿Por qué no vuelve a ser todo como
antes?”… Quizás lo hayas vivido ya, o estés en este momento o tal vez estés a
punto de experimentarlo.
La realidad es que nos quitas todos los consuelos y gustos para que nos centremos más en Ti por lo que eres, y no por los “dulces” que nos ofreces.
No
crecemos si nos servimos de ti para estar mejor y si te buscamos como
salvavidas de nuestros problemas.
Esperas
que te amemos por ti mismo, quieres que te amemos gratuitamente más allá de los
consuelos que puedas darnos, quieres que nos acerquemos a ti solo por pura fe.
Hago silencio y me pregunto: ¿Qué busco cuando te busco?
3.- Meditación. El camino: “La identificación con Cristo”.
Seamos realistas, amar a Jesús implica avanzar en el camino, un camino empinado que termina en una cruz que da paso a una vida en plenitud. Amar a Jesús supone acompañarlo en todas las etapas de ese camino. Si queremos avanzar tendremos que asumir la realidad de Jesús, experimentar lo que Él sintió y sufrió… No es un camino de rosas, ni de alabanzas, ni de “subidones”… pero si apostamos por él sabemos que no lo recorreremos solos, Él va a nuestro lado y nos dará en cada momento lo necesario para realizarlo y llegar a la cima, a la cumbre. Por supuesto que este camino no tiene nada que ver con los caminos que nos ofrece el mundo donde se nos invita a lo fácil, a lo divertido, a lo cómodo, a lo bonito, a lo que da consuelo…
Hago silencio y me pregunto: ¿Qué camino es el que quiero seguir?
Canción: “He decidido seguir a Cristo”
Si te decides por seguir a Cristo, adelante, no vuelvas atrás.
Si ya no sientes los consuelos de los primeros momentos, no te
detengas, adelante.
Si ves que otros se retiran y abandonan, tú sigue adelante.
Mantén tu mirada y tu corazón fijos en Jesús y decídete por Él, síguele a Él.
SEGUNDO MOMENTO. “Monte de los olivos” – Abandonado por todos. Abandono en los brazos del Padre.
1. Introducción.
Hemos cantado, porque así lo deseamos, que queremos seguir a
Cristo. Vamos a situarnos en este segundo momento en el monte de los olivos. Y
vamos a dividir este momento en dos utilizando la misma palabra: Abandono.
-
Jesús abandonado por todos, Jesús
con su soledad.
- Jesús que se abandona en los brazos de su Padre acogiendo su voluntad.
2.- “Quédense aquí conmigo y
permanezcan despiertos”
Mateo 26, 36-39. “Llegó
Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos:
“Siéntense aquí, mientras yo voy más allá a orar”. Tomó consigo a Pedro y a los
dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. Y les dijo:
“Siento una tristeza de muerte. Quédense aquí conmigo y permanezcan
despiertos”.
Fue un poco más adelante y,
postrándose hasta tocar la tierra con su cara oró así: “Padre, si es posible
que esta copa se aleje de mí.”
Meditación.
Aquellos a los que elegiste, que decían quererte, aquellos que te
seguían, aquellos que aprendieron tanto de ti, en los que confiabas, aquellos
que estaban dispuestos a todo por ti… se quedaron dormidos cuando más los
necesitabas.
Seguro que alguna vez has experimentado como Jesús el rechazo, la
incomprensión, la burla, la crítica, el abandono, el miedo, la tristeza, la
enfermedad, el dolor, la soledad… Quizás estás viviendo en este momento algo de
esto. Tengo una buena noticia: No estás sol@, Jesús lo está sufriendo contigo. Es
ahí, en el dolor, donde Jesús está más cerca, donde te llama, donde te tiende
la mano para unirse más a ti. Él te conoce, sabe lo que te sucede, conoce tus
luchas, no es ajeno a tus preocupaciones, te acompaña en tu proceso, entiende
tus miedos, tus dudas, tu frustración, tu impotencia…
Silencio. Te invito a cerrar los ojos. Toma conciencia de la presencia de Jesús a tu lado y en ti. Permite que te acompañe en eso que estás viviendo y te hace sufrir tanto, y déjate alcanzar por su mirada de amor.
Canción.
“Sólo en Dios descansa mi alma”
“Nos
has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en
Ti” decía San Agustín.
Descansemos nuestro corazón y nuestra alma sólo en Dios.
Sólo en
Dios descansa mi alma porque de Él viene mi salvación,
sólo Él
es mi roca y mi alcázar, junto a Él no vacilaré
Meditación. Ya le has dejado a Jesús acompañarte, sabes que siempre puedes contar con Él, pero Él también necesita que le acompañes. En esa soledad en el huerto de los olivos requiere tu presencia. Se siente incapaz de hacer frente a lo que se le viene encima, hasta el punto de clamar al Padre: “Padre, si es posible que esta copa se aleje de mí”.
Silencio. Te
invito de nuevo a cerrar los ojos y en el silencio de tu corazón acompaña a
Jesús, abandonado por los otros, en su soledad en el huerto de los olivos.
3.- “Que no se haga lo que yo quiero sino lo que Tú quieres”. Jesús se abandona en los brazos del Padre acogiendo su voluntad.
¡Cómo nos cuesta eso del abandono!. Al rezar el padrenuestro
decimos “Hágase tu voluntad” pero la
realidad es que no siempre la aceptamos.
Cuando todo se tuerce y aparecen las adversidades podemos llegar a
preguntarte: ¿Dónde estás? ¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho para merecer esto?.
¡Cuánto nos queda por recorrer y por crecer para llegar a lo que
otros vivieron antes que nosotros!.
Recordemos la oración de abandono de Carlos de Foucauld
Padre me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras
¿estamos dispuestos a dejarnos hacer por Dios?
Sea lo que sea te doy gracias
¿le damos gracias siempre y en todo momento y por todo?
Todo es todo… no solo por lo que calificamos como bueno sino
también por aquello que no es tan bueno. Si Dios lo permite es porque puede
sacar de ello un bien mayor. ¿Lo creemos?
Acción de gracias. Os invito a dar gracias en voz alta al Señor y a unirnos todos a la acción de gracias de cada uno en particular.
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Recordemos
también la santa indiferencia a la que nos invita San Ignacio de Loyola.
Que no desee más salud que
enfermedad
Riqueza que pobreza
Honor que deshonor
Vida larga que corta
Y así en todo lo demás
Solo desear aquello que más me
conduzca al fin para el que he sido creado: La gloria de Dios
Estamos invitados a ese grado de indiferencia, de abandono, de
confianza, de creer que estamos en sus manos y nadie mejor que Él para saber
qué es lo que más conviene para que sea conocido, amado, glorificado.
Estamos invitados a no desear más una cosa que otra, a acoger,
aceptar, abrazar y agradecer lo que el Señor nos presenta en cada momento
(personas, situaciones adversas, oportunidades…)
Silencio. Nos preguntamos: ¿Qué pedimos en nuestras oraciones? ¿Lo que
creemos mejor para los otros y para nosotros o realmente nos abandonamos a Dios
ofreciendo que tome las riendas de nuestras vidas mientras le decimos: “Haz con
mi vida lo que Tú quieras”?
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Nuestra entrega será perfecta y nuestra vida será plena cuando
aceptemos todo lo que acontece (consuelos o aflicciones, honores o desprecios,
salud o enfermedad, éxitos o fracasos).
Abandonarse en las manos de Dios es tener la certeza de que cualquier
contrariedad que podamos sufrir ha sido prevista por nuestro Padre Dios. Si
enfocamos nuestra mirada en eso que estamos viviendo (un comentario escuchado,
algo que nos han hecho, algo que ha sucedido, un dolor que tenemos, un
sufrimiento…) será muy difícil abandonarnos. Tenemos que trascenderlo y esto solo
es posible alzando o elevando nuestra mirada y nuestro corazón a Dios. Nuestro
amor propio nos enreda y nos impide trascender. Si se nos hace difícil pidamos
al Padre que tome posesión de nuestra alma y de nuestro corazón, como hacía
Santa Teresita, para que sea Él quien vaya llenándonos de su amor.
Silencio.
La prueba de que nos hemos abandonado es el experimentar la paz y
alegría en esa situación que estamos viviendo. Si en esa situación difícil no
sientes la paz y la alegría es porque quizás haya resistencias… pide al Señor
que te ayude a abandonarte (ábrete y acoge “eso” que te quita la paz y te tiene
triste).
Silencio.
Aunque en ocasiones no lo entendamos, “Dios siempre quiere lo
mejor para nosotros”. Ahí es donde se prueba nuestra fe, nuestra esperanza,
nuestra confianza.
Presentémonos ante el Señor con las manos vacías para acoger todo
lo que nos quiera dar y colaborar así en su plan de salvación para toda la
humanidad.
Canción. “Manos vacías”.
Manos vacías eso es lo que
espera en mí
Él me ha
mandado dejarlo todo a sus pies
hasta que no tenga nada en mi poder
para que Él pueda llenar mi vida hasta rebosar.
1.- Evangelio (Mateo 27, 35-38)
“Allí lo crucificaron y después se
repartieron entre ellos la ropa de Jesús, echándola a suertes. Luego se
sentaron a vigilarlo. Encima de su cabeza habían puesto un letrero con el
motivo de su condena, en el que se leía: “Este es Jesús el rey de los judíos”.
También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su
izquierda”.
2.- Introducción.
Jesús ya lo había anunciado, cuando invita, cuando
llama, es a recorrer su mismo camino. “El
que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me
siga”.
A veces no entendemos o no queremos entender eso de
negarse a sí mismo. Negarse a sí mismo supone renuncias: Renunciar a nuestros
gustos, quereres, apetencias… a buscar reconocimiento, valoración, estima… a la
vanagloria, a la vanidad… Son pequeñas muertes que tenemos que ir realizando. A
más “yo y mis cosas, intereses y caprichos” menos espacio le dejo a Él. Y cuanto
menos amor propio haya en mí, más permitiré a Dios llenar mi corazón. Será la
puerta para vivir en plenitud. Para vivir hay que morir.
San Juan de la Cruz nos invita a imitar a Cristo en todo y para eso es necesario renunciar a los gustos si no es para honra de Dios. Morir a nuestro yo para vivir.
Inclinarnos a lo más dificultoso, a lo más
desabrido, a lo que da menos gusto, a lo más trabajoso, a lo que me va a dar
desconsuelo, a lo menos, a lo más bajo y despreciado…
·
Hago
silencio y me pregunto: Si
en lo pequeño no soy capaz de asumir esas pequeñas muertes ¿cómo voy a seguir a
Jesús hasta el final?
En el camino de Jesús ni lo mucho es más, ni lo poco es menos. Los criterios evangélicos son contrarios a los del mundo
“Si quieres
ser el más grande tienes que ser el más pequeño”; “Si quieres ser el primero,
sé el último”; “Para vivir hay que morir”; “Para tenerlo TODO hay que dejarlo
todo”; “Si te abofetean en una mejilla, pon la otra”…
No es de
extrañar que motive tan poco el camino de Jesús cuando el mundo ofrece: éxito,
fama, honores, placer, cosas…
Y sin embargo, la felicidad que ofrece Jesús es profunda. Los medios: deja, confía, sal de ti, entra por la puerta estrecha, muere, sirve, permanece, perdona, ten compasión, entrega tu vida…
La entrega de la vida no
consiste en hacer muchas cosas santas, estar horas rezando, tener muchos
compromisos en la iglesia… Puedes hacer todo eso y no estar dando ni un ápice
de tu vida. No damos gloria a Dios haciendo muchas cosas
sino haciendo esas cosas que tenemos entre manos con paz y mucho amor.
El amor es la vocación
universal a la que todos estamos llamados, nos lo recuerda nuestra querida
Santa Teresita. Jesús es nuestro Maestro en el arte de amar y entregar su vida.
Eso es lo que hizo al permitir ser clavado en una cruz y al pedir al Padre que
perdonara a los que estaban colaborando en su muerte.
Canción. “Ubi caritas”. Donde hay caridad y amor ahí está el Señor.
·
¿Te cuesta verlo,
escucharlo…? Abre los ojos, abre tus oídos y contempla la realidad que te
rodea.
· ¿Quieres ser reflejo y testimonio de amor?. Ama
Todo un Dios se hace criatura humana para acabar
muriendo en una cruz para darnos a conocer su amor. Se entregó por ti y por mí.
Lo dio todo y lo sigue dando. Sigue ofreciendo su Amor y su Misericordia a
quien abra sus brazos y su corazón para acogerlos.
Y desde la cruz también tiene mucho que decirnos. Podemos
encontrarnos con Él en la cruz. La cruz no es un pedazo de madera, en ella está
el mismo Jesús. Abrazar la cruz es abrazar a Jesús. Abraza y acepta con amor
las cruces cotidianas como instrumentos de gracia que purifican tu corazón, que
vacían tu corazón y lo hacen capacidad para que él pueda llenarlo.
Silencio.
Mirar la cruz es mirar a Jesús. Mira y abraza la
cruz y ahí encontrarás todo lo que necesitas para seguir caminando y llegar a
la meta, ahí puedes hallar esperanza, consuelo, fortaleza, misericordia,
amor...
Te invito en este momento a mirar la cruz, a mirar a Jesús en la cruz.
·
Ante el Misterio de
la Cruz. ¿Qué se puede pedir?.
·
Ante el Misterio de
la Cruz solo cabe abandonarse y confiar.
Ofrécele tu vida y ponla a sus pies con todo lo que en ella hay en este momento, Él conoce tu realidad, tu presente, lo que guardas en tu corazón (tristeza, miseria, pobreza, limitación, fracasos, talentos, alegrías, esperanzas, sueños, deseos…).
Hoy como entonces, todo esto puede ser iluminado,
recolocado, transformado...
El corazón herido puede ser sanado, el corazón roto
puede ser restaurado, el corazón endurecido puede recuperar su esencia y volver
a ser compasivo y misericordioso.
Y ahora te voy a invitar a que mires la cruz, mira a Jesús en la cruz y graba en tu alma la frase que resuene en tu corazón.
Cuando te sientas sin fuerza o creas haber tocado fondo… mira la cruz
Cuando te quejes por tu mala
suerte… mírale en la cruz
Cuando
te enfermes… mira la cruz
Cuando tengas problemas
económicos o laborales… mírale en la cruz
Cuando
pierdas a un familiar o una amistad… mira la cruz
Cuando sientas la soledad…
mírale en la cruz
Cuando
la angustia y le preocupación por el mañana te ahoguen… mira la cruz
Cuando necesites un abrazo…
mírale en la cruz
Cuando
pierdas la esperanza… mira la cruz
Cuando creas que Dios no te
escucha… mírale en la cruz
Cuando
todos te abandonen… mira la cruz
Cuando tus heridas te
duelan… mírale en la cruz
Cuando
tus deseos no se cumplan… mira la cruz
Cuando estés triste… mírale
en la cruz
Cuando
no te puedas perdonar… mira la cruz
Cuando no puedas perdonar a
otros… mírale en la cruz
Mira
la cruz… porque la cruz no es el final sino el inicio de algo nuevo
Mírale la cruz porque nadie como Él para
comprender lo que estás pasando y abrazarte también en tu desolación
Porque
tú eres su hijo/a amado/a
Canción. “En momentos así” solo podemos alabarte y darte gracias por tanto y por todo.
En momentos así levanto mi voz, levanto mi canto a Cristo
En momentos así levantó mi ser, levanto mis manos a Él
Cuánto te amo Dios, cuánto te amo Dios,
cuánto te amo, Dios te amo
¯ Canción final: “NADA NOS SEPARARÁ”
martes, 10 de marzo de 2026
“HAY MILAGROS Y MILAGROS”
Esta mañana subía para la eucaristía, antes de entrar al trabajo,
pensando en todo lo que está haciendo Dios en mi vida desde la experiencia de
la caída. Cada día estoy más agradecida con todo esto porque, aunque a nivel
físico esté “tocada”, a nivel espiritual me está ayudando a crecer.
Caminando pensaba en los milagros del Señor (Abro paréntesis porque me
acabo de acordar de algo que me decía una amiga hondureña: “Gloria ¿por qué no eres una niña normal?” ja, ja, ja, ciertamente
no es un tema en el que se repare todos los días). Caía en la cuenta de que hay
milagros y milagros. En unos milagros somos instrumentos del Señor, y a veces
nos percatamos porque los implicados nos lo dicen. Es bueno agradecer al Señor haberse
servido de nuestras vidas pero conviene dejar ir cuanto antes esta clase de
milagros. Si nos quedamos en ellos, si nos vanagloriamos con ellos, corremos el
peligro de estancarnos y no crecer.
Hoy fui consciente de otro tipo de milagros que el Señor hace. Estos son
mis preferidos. Son los milagros que realiza tocando y transformando
directamente nuestro corazón, sanándolo y agrandándolo. De repente te sorprendes
del perdón concedido a una persona que se te había enquistado, o teniendo un
gesto con alguien que no es santo de tu devoción, o de la paz tan profunda
sentida a pesar de la adversidad, o…
En cualquier milagro el protagonista es Dios. El problema es que en el
primer tipo de milagros podemos caer en la tentación de atribuirnos el mérito.
En el segundo tipo de milagros es más complicado asumir el papel principal
porque humanamente te das cuenta de que por las propias fuerzas es imposible
crecer en el amor o en la misericordia, crecer en humildad o en paciencia, sentir
su paz, sentirse consolado…
Ojalá puedas ser consciente del montón de milagros que se suceden a lo
largo del día, en la vida de los otros y en la tuya. Y no te canses de dar
gracias a Dios por tanto y por todo… porque la obra es suya, porque es Él quien realiza cada milagro. De nuestra parte sólo
queda disponer nuestro corazón y dejarle hacer y ser.
lunes, 2 de marzo de 2026
“ME CREO INDIGNO DE…”
Me decía esta mañana un amigo que se consideraba indigno al verse ante
los ojos de Dios y acogido en sus manos. A lo que le respondí: “Yo tampoco me creo digna de estar donde
estoy, de hacer lo que hago, de recibir tantas muestras de cariño, de contar
con tantas oportunidades y de habérseme regalado tantos dones… pues reconozco
mi pecado. Pero con humildad me enfoco en la mirada misericordiosa de Jesús y
sigo adelante tratando de devolver un poco de amor a quien tanto me ama”.
Cada uno se conoce, cada uno sabe lo pérdido que ha estado, lo que ha
podido llegar a hacer en su vida. Quien, siendo consciente de lo que hay en su
haber, se pone delante de Jesús en la cruz es inevitable que se sienta: Pequeño,
muy pequeño… Miserable, muy miserable… Ingrato, muy ingrato. Y a pesar de conocer
nuestra naturaleza, ha salido a buscarnos, nos ha rescatado en más de una ocasión,
nos ha perdonado y no se cansa de amarnos.
Caemos en la falsa humildad cuando enfocándonos en nuestra miseria nos
culpabilizamos llegando a apartarnos o a abandonar definitivamente el camino. Es
falsa humildad, si enfocándonos en nuestra pequeñez y miseria: Dejamos la
oración o de participar en la eucaristía, dejamos un grupo cristiano o no nos
integramos en él, no pasamos al frente o no nos comprometemos…
Humilde es quien reconociéndose pecador, y aún viéndose peor que los
demás: Permanece, sigue dando pasos, camina desde la mirada de su Dios que le
ama con locura y le anima a seguir adelante.
Tanto perdón inmerecido, tantos gestos de amor, solo pueden ser motivo de
agradecimiento. ¿Y cómo responder a quién tanto nos ama sino con amor?. ¿Y cómo
manifestarle nuestro amor si no es siendo reflejo de lo que Él es con
nosotros?. “Sed misericordiosos como
vuestro Padre es misericordioso”.
domingo, 1 de marzo de 2026
“¿QUÉ ES LO QUE TENGO QUE HACER?”