viernes, 31 de diciembre de 2021

“TERMINAMOS EL AÑO… ¿CONSTRUYENDO PUENTES O LEVANTANDO MUROS?”

La alta incidencia de positivos por COVID junto con las fiestas navideñas, consiguen sacar lo mejor pero también lo peor de nosotros mismos pero ¿qué hacemos con todo ello?

Me da tristeza ver cómo surgen los malos entendidos, se defienden los puntos de vista personales (unos priorizan la diversión, otros la responsabilidad y el bien común… unos el interés propio, otros el bienestar general… unos la economía y otros la salud… unos toman decisiones desde sus caprichos, otros desde lo que es mejor para todos), se agravan los conflictos en las familias, se ensanchan las distancias…  En estas fechas vuelven a florecer aquellas heridas que no habíamos sanado, se hacen manifiestas nuestras necesidades insatisfechas… y en lugar de aprovechar todo esto como una oportunidad de crecimiento, buscamos culpables y asumimos el rol de víctimas porque “los malos son siempre los otros, por supuesto”

Feliz 2022

¿Cuáles son nuestras heridas? ¿Abandono, rechazo, humillación…? ¿Por qué no buscamos la manera de aceptarlas, acogerlas y abrazarlas en lugar de enojarnos con los otros, con la vida o con Dios?

¿Cuáles son nuestras necesidades? ¿Qué me acepten, que me quieran, que me valoren, que estén conmigo…? ¿Por qué hacemos responsables a los otros de lo que nos toca? ¿Por qué les exigimos que satisfagan nuestras carencias?

¡Qué difícil resulta relacionarnos cuando lo hacemos desde nuestras heridas y necesidades! De esta forma es inevitable el conflicto y creamos muros que nos separan de los otros y nos aíslan de ellos. Todo ello, lejos de aliviarnos, intensifica nuestro sufrimiento

A punto de comenzar un nuevo año sería bueno que nos miráramos al espejo y encaráramos todo aquello de pobreza, fragilidad, miseria y limitación que hay en el propio haber para poderlo integrar y comenzar a construir puentes.


jueves, 30 de diciembre de 2021

“¿ERES DE LOS QUE CREE QUE TODO ESTÁ ESCRITO?”

 

Hablando sobre el alto índice de contagios por COVID con una persona, me decía que no había que tener miedo, que todos íbamos a pasarlo tarde o temprano. Le contesté que muchos que lo han pasado lo han vivido muy mal, otros han quedado con secuelas y millones de personas, desgraciadamente, ya no están con nosotros. A mi comentario respondió: “¡Va! Pensando así vamos a necesitar todos un psicólogo o un psiquiatra. De todas formas, todo está escrito.”

Respeto la opinión de quienes creen que “todo está escrito” pero no la comparto. Creo en un Dios que ha soñado algo bello para mí pero no me condiciona, no me exige y mucho menos me maneja a su antojo. Creo en un Dios que me da libertad para tomar decisiones cada día y escoger el camino que deseo recorrer.

Creer que “todo está escrito” es no asumir la responsabilidad de la propia vida… cierto que es más cómodo pensar así… pero es ser esclavo del destino, de las circunstancias… es ser una marioneta manejada por la vida, por un “dios” manipulador… ¿Para qué preocuparme de los otros? Si todo está escrito mejor me preocupo de mí, de buscar lo que me gusta, lo que me satisface, lo que me da placer… Mejor disfruto del hoy que para lo que dura esta vida… ¿Qué necesidad tengo de cuidarme? ¿Acaso no me voy a morir igual? ¿No tengo ya mi día señalado?...

Leía el otro día un cuento de Miguel Márquez, general de los Carmelitas, sobre dos borrachos que ahogaban sus penas en una cantina. Uno de ellos había sido dotado por Dios para ser un político renombrado en la Francia de ese momento, llamado a influir en los destinos de su país. Tenía todas las virtudes que otros políticos envidiarían y hubiera hecho mucho bien pero… algo pasó en el camino ¿un desamor?, ¿un tropiezo inesperado?, ¿una equivocación?...

Su amigo, dotado por Dios para ser un santo famoso, y testigo para las gentes de la ternura y el amor de Dios. Un hombre de corazón sensible y transparente, de mirada despierta y cálida, de alma limpia pero… algo no funcionó… ¿una decisión equivocada?, ¿un fracaso?, ¿una situación adversa?, ¿algo que le dijeron?...

Y así continuaron sus vidas y sus días… extenuados por el cansancio, el alcohol, la soledad… Tal vez nunca encontraron a alguien que les ayudara a descubrir sus fortalezas y reorientar de nuevo sus historias, a levantarse… o quizás eran de los que creían que todo estaba escrito y estaban condenados a terminar así

miércoles, 29 de diciembre de 2021

“¿EN QUÉ VIAJAS?”

 

No quiero viajar en barco con timón y mucho menos con motor. Porque para dejarme llevar, para abandonarme a Él, para confiar plenamente en Él… necesito ir en velero. Si soy yo la que dirijo: Andaré perdida, me buscaré y difícilmente le hallaré, surcaré mares y llegaré a puertos que nada tendrán que ver con su voluntad.

Por experiencia conozco algunas de las dificultades de navegar en velero: tiempos en los que todo se detiene, no hay avance ni retroceso, se hace el silencio, parece que no pasa nada y toca tan solo esperar… vientos fuertes que requieren la pericia y destreza en el manejo de las velas para no naufragar (paciencia, confianza, fe…)… vientos suaves que permiten avanzar con rapidez (se goza de paz, alegría, pareciera que se cuenta con mucha gracia pero que pueden llevarnos a caer en la tentación de creernos privilegiados, juzgar a otros, crecer en orgullo y autosuficiencia,  pensar que contamos con mucha gracia de Dios…)

¿Y a dónde conduce el velero? Si no fuerzo, si verdaderamente le dejo ser, si me permito ser llevada… y oriento las velas hábilmente para no naufragar, es más que seguro que ni iré por la ruta que creía la mejor y más conveniente pensando que esa era su voluntad, ni llegaré al puerto soñado. Si realmente me abandono, puedo surcar mares jamás imaginados en los que encontraré otras oportunidades y también dificultades, en los que me iluminarán rayos de luz y esperanza pero en los que no faltarán noches oscuras, muy oscuras… Pero y entonces ¿cuál es la diferencia con otras rutas? Si nos dejamos llevar llegaremos al mejor puerto, al que nos va a dar la verdadera felicidad y una vida plena.

Ir en velero, y ceder entera y totalmente el control, no me va a evitar tormentas, vientos huracanados o incluso el que no haya viento pero siempre me podré agarrar de certezas que guardo en mi corazón: Que todo, TODO, es para bien (aunque a veces no entienda, no vea, desee cambiar de embarcación, me enoje, me duela…) y que estoy en buenas manos… Porque un día me dijo: “Todo es para bien de los que aman a Dios” y “No temas, estaré contigo todos los días hasta el fin del mundo”. Con tan buen capitán y tan buena compañía ¿Qué nos impide lanzarnos a la aventura?

martes, 28 de diciembre de 2021

“TENEMOS QUE…”

 

Creo que hay acciones muy buenas y santas pero que se convierten en tentación cuando van precedidas por el “tenemos que…”. Y es que puede que contemos en nuestro haber con un “ego espiritual” que quiera realizar grandes hazañas, emular a los santos, sacrificarse, hacer costosas penitencias, comprometerse en muchos grupos, ser reconocido por las buenas obras… Y además no hay que olvidar que existe algo que se llama soberbia espiritual que nos puede hacer creer que por “eso”: Somos imprescindibles, mejores que los otros y además contamos con más gracia de Dios.

“Tenemos que…”. Sí, estoy de acuerdo, “tenemos que”, pero “tenemos que…” soltar el control, abandonarnos, abrirnos a la sorpresa y a la novedad, aceptar sus caminos y su forma aunque no correspondan con lo que pensábamos, asumir nuestra condición débil y pecadora, acoger nuestra fragilidad y pobreza, hacer su voluntad y no la nuestra, salir de nuestro amor propio… para que pueda ser y obrar en nosotros.

Cuando “tengo que…” el/la protagonista soy yo, quien lleva el control soy yo, quien hace soy yo. ¿Acaso no hago mi propia voluntad cuando vivo en función del “tengo que…”?


Cuando nos convertimos: Los “tengo que” desaparecen… porque el amor lo mueve todo, porque el amor se da gratuitamente, porque el amor no se siente obligado a entregarse. Ya no se siente esa imposición, esa pesadez, esa carga… El centro pasa a ser el amar porque sí. El amar por el hecho de amar no responde a ningún “tengo que” ¿o se puede amar a la fuerza?

Mientras sigamos pensando, creyendo y viviendo desde el “tenemos que” y miremos a los otros de menos o creyéndonos los salvadores imprescindibles y elegidos… será porque nos falta mucho camino por recorrer en nuestra propia conversión.

sábado, 25 de diciembre de 2021

“PARA AMARTE SOLO TENGO EL DÍA DE HOY”

 

Este es uno de los pensamientos de Santa Teresita del Niño Jesús que lo hizo vida. Sus deseos de amar al Señor eran muy grandes pero conocía bien su pequeñez, su limitación y su finitud, y era muy consciente de que solo existe el presente.

Nos lo recuerda el dicho: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. ¿Quién tiene la certeza de tener mañana vida? No demoremos el amar al Señor en todo lo que acontece en el día y en todos los que se cruzan en nuestro camino, en todo lo que hacemos y vivimos.

Feliz Navidad

Que cuando caiga la noche y vayamos a descansar, como decía una amiga misionera en el retiro de adviento, nos preguntemos: “¿Qué tanto he amado hoy?”. Porque podemos llegar al final del día agotados y exhaustos de tanta actividad, ruido y trabajo, y hayamos olvidado lo más importante: Amar al Señor en todo lo que se iba presentando. Afanados por el hacer, centrados y enfocados en nuestros proyectos o planes, descuidamos lo único que tiene valor. Y así se pasan los días, las semanas, los meses…

Es Navidad y estamos a las puertas de comenzar un nuevo año. Quizás sea ésta una buena oportunidad de recordar cada día al levantarnos que “para amar al Señor solo tenemos el día de hoy” y por supuesto hacerlo vida. Que así sea.

miércoles, 22 de diciembre de 2021

“NO TEMAS ACOGER…”

 

¿Qué es aquello que te resistes a acoger en este momento en tu vida: una persona, una situación adversa, una actitud, un cambio de planes, una separación, una pérdida, una enfermedad, la incertidumbre ante el futuro…?

Creo que el bueno de José nos puede enseñar mucho sobre esto. El escuchó: “José, hijo de David, no temas acoger a María”. Nos puede sonar muy bonito y todo un detalle por parte de José pero ¡hay tanto trasfondo en tan pocas palabras…!. Y es que acoger a María suponía tener que romper con sus esquemas, con lo que creía hasta ese momento que era la voluntad de Dios para su vida… para abrirse a la novedad y a la sorpresa y cambiar de rumbo… Él, que era un hombre justo y cumplidor de la ley, se encontró cuestionado en la forma de responder a su Dios e invitado a acoger una situación que le hacía tambalear todas sus seguridades, todos sus proyectos.

Acoger la fragilidad, la cruz...

Y es que sus caminos no son nuestros caminos. Y podemos creer que hacemos su voluntad y vamos dirigiendo nuestra vida según nuestros esquemas. Y cuando llega un acontecimiento a nuestras vidas que no estaba en nuestro programa porque nos desvía del camino que nos habíamos fijado: nos cuesta acogerlo, nos resistimos, nos negamos a aceptarlo, sufrimos… ¡Cuánto que aprender de todos aquellos que han sabido dejarse llevar, que se han abierto a la novedad, que han reconocido su amor propio y se han dejado hacer, que han acogido lo que iba aconteciendo y se les iba ofreciendo abandonándose a su creador, que han…

A un día de celebrar el nacimiento de Jesús, se nos invita a acogerle. Acoge con Él aquello que todavía no has abrazado y aceptado en tu vida, aunque no veas o no entiendas… sin miedo… porque: La invitación a “acoger” va precedida del “no temas”, porque aunque te cueste admitirlo todo forma parte de su plan misterioso de amor… Como hicieron José, María, Jesús, Ignacio, Edith Stein, Pablo… Y como lo viven hoy Laura,  Noelia, Piluca, Belinda… y tantas otras personas que están entre nosotros.

martes, 21 de diciembre de 2021

“¿DE QUÉ EQUIPO ERES?”

 

Los políticos hacen sus campañas de gobierno cuando se acercan las elecciones. Cada uno se identifica con unos u otros en función de la tradición heredada, de su escala de valores, de intereses particulares… Y con nuestro voto damos nuestro apoyo, depositamos nuestra confianza.

Hay demasiadas ofertas que nos seducen hoy queriendo que participemos en otros equipos pero ¿Acaso alguno de ellos nos asegura la verdadera felicidad y una vida plena? ¿No se trata de espejismos que tratan de deslumbrarnos y nos conducen a perdernos?

Jesús llegó un día también a presentarnos su plan, su proyecto de amor. Ser parte de él no es tan sencillo como dar un voto, no es cuestión de un acto externo y puntual. Formar parte de su equipo es involucrarse en él con la vida


Ser parte del equipo de Jesús implica dejarle ser y hacer, ceder el control, obediencia y humildad, renunciar, abandonarse, confiar, perdonar, amar… No es tan simple como decir sí un día y ya… es necesario morir a sí mismo. En este mundo, en el que de tantas maneras se nos invita a lo contrario, no es fácil pero sí posible. Es necesario desearlo y permitir que la gracia haga el resto.

Que existan tantas personas participando y entregadas en el equipo de Jesús haciendo realidad su proyecto de amor, construyendo el Reino… y que además tengan esa paz en su corazón y estén alegres a pesar de las dificultades y pruebas que vivan, a pesar muchas veces de no ver, de no entender… y que sigan confiando en que todo es para bien, y se rindan y se entreguen convencidas de que todo forma parte de su proyecto de amor…¿No son razones más que suficientes para reconocer que merece la pena formar parte de este plan? ¿No crees que todos tenemos cabida? ¿Tienes todavía dudas de que la invitación también es para ti? ¿Desconfías de qué tu aportación es valiosa e importante?

Y el “jefe”… ¿qué decir del “jefe”?. Se preocupa de sus colaborador@s, sostiene y cuida sus vidas, les provee de todo lo que les conviene, les escucha y consuela en sus desolaciones, les piensa cada segundo y les asegura que no les dejará sino que siempre estará con ell@s. ¿Se puede soñar otro jefe mejor?

lunes, 20 de diciembre de 2021

“NO ENTENDÍ NADA”

 

Participé el otro día en una eucaristía en euskera de principio a fin y… no entendí “ni papa” pero me encantó

Recordé las veces que escucho, y me escucho, quejándome de la homilía del sacerdote, o de lo lento o rápido que es celebrando, de lo aburrida que ha sido la eucaristía, del coro desafinado, de cómo andan vestidos los servidores, de si los laicos que dan de comulgar no son los más indicados… Las formas… nos quedamos en las formas y no vamos a lo esencial

Volviendo al entender o no entender, ¿es necesario entender? ¿no será nuestro ego insatisfecho o necesitado el que anhela entender?. Con palabras, sin palabras, o incluso con palabras desconocidas, se puede dar el encuentro. Es más, en ocasiones las palabras son un obstáculo para que se produzca el encuentro porque se convierten en ruido. Otras veces pueden ayudar pero lo cierto es que en el silencio y en el no entender puede suceder lo inimaginable

Fue una eucaristía preciosa, no puedo describirlo con palabras porque sé que me quedaría muy corta. Duró una hora y ni la sentí. Era tal mi paz y mi alegría que bien podía haber durado dos o tres horas de no ser por el friíto.

En cualquier caso conviene ir siempre sin expectativas, abrirse a la sorpresa, dejar que pase lo que tenga que pasar… Cada eucaristía es distinta, es única, es un nuevo encuentro con quien desea dárnoslo TODO. El hace su obra aunque no sintamos, aunque nos hayamos despistado, aunque no entendamos… Y es que no es lo principal entender pero sí responder a la invitación… El Señor se encarga de lo demás

domingo, 19 de diciembre de 2021

“NADIE HAY TAN POBRE…”

 

Un hombre, que pide en la puerta de una iglesia, me compartió esta mañana que su hermano le había invitado a cenar a casa el día de Navidad y le iba a dar 50 euros. ¡Imaginad mi sorpresa!. Y continuó diciendo: “Es lo menos que puedo hacer ya que me invita, no lo va a poner todo él, si no me lo quiere recibir pues nada pero de mí está el darle ese dinero”. No pude evitar sonreír. ¡Qué generosidad!. Una persona que vive de la limosna de otros. No dejaba de resonar  en mi interior “Nadie hay tan pobre como para no compartir”. Y es que pobre es más bien el que no comparte por miedo a que le falte, o por dudar de en qué se terminará empleando eso que podría dar

Y hay una segunda parte: “Nadie hay tan rico como para no recibir”. ¡No se moleste!, ¡No por favor, le agradezco pero no!, “No necesito, muy amable”… No abrirnos a los regalos, gestos y muestras de afecto de los otros solo habla de orgullo, autosuficiencia, prepotencia…

Y es que ni somos tan pobres como para no compartir algo de lo que tengamos (dinero, cosas, cualidades, dones, tiempo, escucha, consuelo…), ni tan ricos como para rechazar el amor de los otros expresado de tantas y tantas formas.

sábado, 18 de diciembre de 2021

“SÍ… TODO NOS HABLA”


“Todo nos habla”, así titulé el libro que publiqué en digital el año pasado con escritos del blog. Algo en lo que creo y que además lo vivo. Y si quiero compartir esta anécdota no es para vanagloriarme sino para animarte a estar atent@, a mirar y a escuchar más allá de lo que tus ojos ven y tus oídos pueden oír, a descubrir el amor de Dios en todo lo que sucede, en cada persona con la que compartes o te cruzas en el camino… Porque Dios está vivo y se manifiesta de mil maneras para regalarnos todo lo bueno que nace de Él. Decía hoy el padre en la homilía cómo muchas veces le pedimos señales para sentir su presencia, para tomar una decisión, para hacer frente a una prueba… pero es que la mayoría de las veces se experimenta tan clara su voz, su querer, su consuelo, su paz y alegría que solo cabe dar gracias

Hoy tenía que dar un retiro. Hace dos días pasé por la parroquia para ver dónde lo íbamos a ofrecer, cómo funcionaba el equipo… y en un momento me dijo el sacerdote: “No te preocupes, yo voy a estar contigo”. No fue él… esa frase me dejó sin palabras y todavía resuena en mi corazón y me llena de un gran gozo. Esta mañana, mientras caminaba a cumplir mi misión, sonreía al escuchar en mi interior lo que el Señor me recordó el otro día: “No te preocupes, yo voy a estar contigo”. Y lo ha estado, como tantas otras veces, como en todo momento, como lo va a estar siempre… lo sé, lo siento, lo vivo, me lo ha dicho

Si todo hubiese quedado acá, habría sido más que suficiente pero el Señor me tenía otro regalo, algo más quería decirme antes del retiro. Una religiosa de más de 90 años acudió también a la cita. Tras darle un fuerte abrazo de bienvenida abrió su bolso, sacó un sobre y me dijo: “Toma, esto es todo lo que tengo”. Me faltó muy poquito para ponerme a llorar pero, no tenía tiempo, me quedaban dos minutos para comenzar. No fue tanto el sobre y el contenido… Esas palabras resonaron en mi corazón como a música celestial… y es que no era ella, era el Señor que por medio de ella me estaba diciendo que todo lo suyo me lo da, que todo lo de Él es mío. No puedo explicar la paz y alegría que tuve en el retiro y que todavía siento en mi interior. ¿Cómo dudar de su amor, de su cercanía… de Él?

¿Qué más puedo decir? Sólo me queda seguir dando GRACIAS POR TANTO Y TODO


miércoles, 15 de diciembre de 2021

“TODO PASA, TODO ES TEMPORAL”

 

Nos apegamos a lo que tenemos como si nos perteneciera, y nos apropiamos de lo que se nos regala como si fuese un derecho merecido. Por esto corremos el riesgo de no agradecerlo, y cuando lo perdemos somos capaces de todo por recuperar lo que se nos ha quitado o al menos ponemos los medios para tratar de llenar el vacío que nos dejó.

Y en todo esto… ¿Hay algo que nos pertenezca realmente? ¿Poseemos algo que no lleguemos a perder algún día? ¿Qué tan conscientes somos de que hoy está y mañana puede que no? ¿Agradecemos lo que tenemos ahora? ¿Sabemos dejar ir con la misma facilidad con que llega a nuestras vidas? ¿Qué sentimientos surgen antes las pérdidas?


Todo pasa, todo es temporal, todo llega y se va. ¿Qué tan necesitados y dependientes nos sentimos, que tan humildes somos, para recibir lo que viene? ¿Qué tan soberbios para no acoger o rechazar lo que se nos regala? ¿Qué tan generosos y desprendidos para soltar aquellas realidades que ya “no tocan”, que ya cumplieron su misión en nuestra vida, o que consideramos que nos son “arrebatadas”?

Solo hay una realidad que permanece pero ¿A dónde agarrarse, cuando no se tiene fe, si todo se desvanece? ¿De qué sirve aferrarse si en cualquier momento “eso”, que creía mío o que era para siempre, desaparece?

Saber acoger, abrazar, recibir… Saber soltar, dejar ir…

Y dar gracias siempre y por todo porque todo forma parte de un plan misterioso de Amor

domingo, 12 de diciembre de 2021

“¿DE QUIÉN ES LA INICIATIVA?”

 



Todo lo bueno, lo bello, lo perfecto… tiene su origen en Él, nace de Él… nos guste o no, seamos conscientes o no…

¿Hay razón para gloriarse por algo?, ¿Hay algo que sea obra nuestra si antes no se nos ha regalado la gracia para realizarlo? ¿Qué tenemos que no se nos haya dado? ¿De quién es pues la iniciativa?

La iniciativa siempre es de Él...

  • si amamos o le amamos es porque Él nos ha amado primero
  • si hacemos algo por otros, aunque nos suponga un gran esfuerzo, es porque Él nos ha atraído, nos ha empujado, a ello
  • si vencemos nuestro amor propio no es por mérito personal sino porque nos ha dado la gracia para que así sea
  • si perdonamos de corazón es porque hemos tenido experiencia de su perdón
  • si le buscamos es porque ya salió a nuestro encuentro hace tiempo
  • si vemos y tratamos a los demás con misericordia, es porque habita en nuestro corazón y obra en nosotros
  • si ayudamos a otros, aunque no seamos creyentes, es porque sabe cómo colarse y valerse de todos para seguir construyendo su Reino
  • si...

Tal vez seríamos más agradecidos y humildes si fuésemos conscientes y aceptásemos que nada nos pertenece, que todo es gracia, que solo somos instrumentos… que la iniciativa siempre es suya

viernes, 10 de diciembre de 2021

“¿SANDWICH O CAFÉ CON PAN?”

 

Imagina que todos los días, de camino al trabajo, te encuentras al mismo joven pidiendo en la calle. De pronto decides asumir el compromiso de llevarle un sándwich de jamón y queso todas las mañanas. Lo que al principio te llena de satisfacción y alegría se convierte en un jarro de agua fría cuando, tras unas semanas, te dice: “Ya me cansé del sándwich, ¿por qué no me da mañana un café calentito con algo dulce?”. ¿Cuál sería tu reacción ante un hecho así?. ¿Con cuál de estos supuestos te identificas?:

  • “Pero ¿de qué va?”; “Encima con exigencias”, “¡Qué aprovechado!”; “Se está riendo de mí a la cara”; “Pero ¿es qué no valora el esfuerzo, el tiempo y el dinero que me supone?”…
  • “Que le den… se acabó… mañana ya no paso por acá”
  • “Está bien, si eso es lo que quiere, mañana le traeré su café con pan”

Más allá del mendigo y del sándwich, esta historia es tan real que a todos nos ha sucedido una, dos, tres y un montón de veces. Ante reacciones de los otros que nos descolocan, en las que nos podemos sentir afectados, atacados, ninguneados… surgen infinidad de emociones y sentimientos encontrados. Y en medio de esa tempestad interior se nos pide dar una respuesta

Que todos sufrimos esas tempestades interiores es una realidad. Que ahí no hay diferencias entre nosotros es una verdad. Somos demasiado iguales en miseria y fragilidad pero eso no nos determina. Lo que realmente nos determina no son nuestras emociones sino la respuesta que damos a las situaciones a pesar de “eso” que sentimos. Lo que marca la diferencia entre unos y otros son los hechos, nuestra forma de resolver, reaccionar y actuar. Lo que el otro piense o diga, sus intereses, sus intenciones… no tienen que condicionar mi actuar. No podemos perder de vista a quien queremos seguir, a quien queremos servir, a quien queremos responder.

Mañana tengo la oportunidad de pasar por la misma calle ¿lo haré?. Y si decido tomar el mismo camino ¿qué llevaré al mendigo?. Puede que se esté riendo de mí, quizás es un aprovechado, tal vez tiene más que yo, a lo mejor… Si no le llevo algo me auto engañaré queriendo creer que gané la batalla pero en realidad sé que la habré perdido. Sólo triunfaré si le preparo un buen café y le regalo un delicioso dulce. Lo grande a los ojos humanos es “basura”. Solo lo pequeño, lo despreciado, lo silencioso, lo insignificante, lo humilde es “un gran tesoro” que pocos reconocen, valoran y desean.

jueves, 9 de diciembre de 2021

“¿QUÉ CRITERIOS SEGUIMOS A LA HORA DE TOMAR DECISIONES”

 

Todos, en muchos momentos de nuestra vida, llegamos a un tramo del camino en el que se nos presentan varias opciones para continuar. ¿Qué hacer? ¿Qué rumbo tomar? Abrimos nuestra maleta, sacamos nuestro mapa, vemos nuestros recursos, tenemos en cuenta nuestros objetivos, tomamos la decisión y seguimos avanzando

Ante una situación así podemos responder de maneras diversas en función de nuestra escala de valores, miedos, creencias, ideologías, intereses personales…

Sería bueno cuestionarnos sobre quién gobierna nuestras vidas, nuestras decisiones y para ello nos ayudaría identificar el criterio que seguimos al valorar diversas opciones: ¿Respondemos al “dios” dinero, al “dios” tener y acumular, al “dios” éxito, fama y prestigio o soy mi propio “dios” al que procuro satisfacer sus necesidades y caprichos? ¿Antepongo el bien común o mis intereses particulares? ¿Priorizo “lo del mundo”, la seguridad, la comodidad, lo que me va bien… o el amor? ¿Tengo en cuenta  a cómo pueda afectar a otros o qué es lo que realmente me importa y pesa?



No podemos servir a dos señores y a veces nos sorprendemos queriendo servir a tres: al Dios de Jesús, al “dios” del mundo y a nosotros mismos cuando nos creemos “dios”. Quizás decimos creer en Dios y querer hacer su voluntad y a la hora de la verdad nos buscamos sin tener en cuenta a los otros. ¿Por qué no reconocemos nuestra miseria, apegos, incoherencia, impotencia… y pedimos sin cesar, al buen Dios, que cambie nuestro corazón de piedra en uno que solo entienda y se rija por el amor?

Se nos va la vida queriendo cambiar el mundo, a los otros… pensamos que son los otros los que necesitan conversión porque nosotros estamos bien y al menos vamos a misa y no hacemos daño a nadie. La realidad es que no queremos o nos cuesta ver la podedumbre que hay dentro de nuestra casa y por esta razón se convierte en nuestra dueña y señora haciendo que tomemos decisiones que tarde o temprano nos pesarán.

¿A quién estamos sirviendo? ¿A quién queremos servir?

domingo, 5 de diciembre de 2021

“SEA LO QUE SEA TE DOY GRACIAS”


Hay una oración preciosa de abandono de Carlos de Foucauld que comienza así: “Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, sea lo que sea te doy gracias…”. ¡Qué fácil recitarla pero que complicado vivirla! Y es que a la primera de cambio: cuando los planes no se cumplen según lo esperado, cuando sucede algo inesperado, cuando nos sentimos atacados o ninguneados, cuando… lo que humanamente nos sale, lejos de dar gracias y aceptar lo que nos toca vivir, es: enojarnos, quejarnos, defendernos, huir…


¡Qué bueno sería que cayéramos en la cuenta de las veces que, lejos de dar gracias, nos rebelamos contra todo lo que nos pasa!. Es una oportunidad de crecer, de descubrir la propia pequeñez, fragilidad e impotencia… Y de caer en la cuenta de tantos sentimientos que surgen en nuestro interior que, lejos de ayudarnos, nos envenenan y a su vez dañan a otros.

¿Dónde queda el “sea lo que sea te doy gracias” si…

… A nada que me dicen o hacen, que afecte mi amor propio: me enojo, me lamento, ataco…?

… Protesto y no acepto lo que me sucede?

… Quiero imponer: Lo que pienso y creo, mis intereses particulares, mi voluntad?

¡Cuánto por aprender! ¡Cómo necesitamos su gracia para poder abandonarnos y confiar en Él! ¡Qué lejos de dar gracias por tanto y todo!


martes, 30 de noviembre de 2021

“A VUELTAS CON EL AMOR PROPIO”

 

Es curioso pero desde pequeños se nos enseña a tener amor propio, y se insiste en esto en muchos cursos de crecimiento personal, pero ¡qué lejos todo esto de aquello a lo que nos invita Jesús!. Y es que, precisamente, su camino va orientado a vencer ese amor propio, los intereses y quereres personales, y eso no es fácil.

Tener amor propio no está relacionado con una buena autoestima. Precisamente quien tiene una buena autoestima sabe poner al amor propio en su lugar, no se deja manipular por él, es libre frente a él. Quien tiene una buena autoestima es capaz de abajarse, es humilde.


Si con algo está relacionado el amor propio es con el orgullo y la soberbia. Cuanto mayor sea el amor propio: más me enojará que no me valoren, que no me consideren, que me desprecien, que me critiquen… y seguramente mi respuesta será: quejarme y, atacar o  alejarme de quien percibo como una amenaza a mi persona, abandonar. Habrá voces que me digan: “No te dejes aplastar”, “Haz valer tus derechos”, “Que no se rían de ti”, “Demuéstrales quien eres”… pero una voz en lo más profundo de mi me susurrará: “Yo todo lo veo”, “No tienes que demostrar nada a nadie”, “Sé de tu esfuerzo, de tus deseos, de tu sufrimiento, de tus dudas, de tus miedos…”, “Estoy contigo”, “Para mi eres importante”… La voluntad decidirá a que voz dar respuesta: Si dejarse llevar por el amor propio demostrando a los demás, con palabras y actitudes, el propio orgullo… o abajarse para vencer el amor propio.

Humanamente es más fácil defender el amor propio, incluso da la sensación de que quedas por encima y ganas la batalla pero la realidad es que, quien obedece a su amor propio, tiene la derrota asegurada en cada combate. Únicamente triunfa quien es capaz de trascender su amor propio, quien tiene autoridad para poner a su ego en su lugar, quien tiene poder sobre su voluntad y no se deja llevar por intereses personales sino que se rige únicamente por el Amor. A los ojos de los otros se le juzgará “tonto”, será objeto de burlas, pero no le importará porque actúa y vive bajo la mirada de quien considera de gran valor lo que el mundo desprecia y considera necio o inútil.

¿Cómo podríamos decirnos seguidores de Cristo si es el amor propio quien guía nuestra vida, si tratamos de imponer nuestra voluntad? ¿Fácil? No. ¿Imposible? Humanamente sí, por eso es tan importante que pidamos sin cansarnos la gracia de ser humildes y poder vencernos una y otra vez. Oportunidades de ejercitarnos no faltan cada día.

lunes, 29 de noviembre de 2021

“¿CÓMO ES NUESTRA MIRADA?”

 

¿Quién no se ha sorprendido alguna vez criticando a alguien? ¿En qué se basan nuestros juicios? ¿Cuáles son nuestros parámetros sobre lo que está bien o no, lo que es justo o no…? ¿En qué nos centramos a la hora de hablar: en lo que ha hecho o dicho esa persona, en su forma de estar, en su comportamiento…?

Tristemente la mayoría de las veces por no decir todas, y mientras andamos como ciegos por el camino, nos quedamos con lo externo y nos olvidamos de la persona.

Una cosa es el pecado, la falta, el error, la confusión, la mala intención, lo que hace o dice… otra cosa es la persona. Y a veces nos pasa que nuestra mirada se enfoca en lo que no consideramos normal o no responde a nuestros criterios, y se nos olvida ver la dignidad, la fragilidad y pequeñez de quien acribillamos con comentarios despectivos e incluso venenosos.

A los fariseos les encantaba señalar las faltas, obsesionados por los errores y caídas de los demás. Para ellos su centro era la norma, el cumplimiento, las leyes… Jesús mira más allá, para Él lo que importa es la persona, sus necesidades, su sufrimiento…

Nuestra forma de mirar a los otros también nos habla de la imagen que tenemos de Dios. Si somos críticos y fácilmente sentenciamos según nuestro barómetro, el “dios” en el que creemos es un juez muy humano y poco divino. Si nos enfocamos en las faltas y pecados y se convierten en un tormento, nuestro “dios” es aquel que premia a los buenos y castiga a los malos. Si juzgamos a los otros en función de lo que hacen o dejan de hacer, nuestro “dios” es aquel que nos exige méritos, sacrificios y caemos en el activismo y en el estar comprometidos en todo… Si vemos en el otro a un ser vulnerable, limitado, necesitado… “a pesar de…”, es porque creemos en el Dios de Jesús que es capaz de “ver más allá” porque le importa y ama a cada persona

Esos otros, a quienes señalamos, están hechos de la misma materia que nosotros. No vamos a justificar comportamientos que van en contra de la dignidad y la vida de las personas pero si mirar y actuar con compasión y misericordia, más allá de los hechos, a cada uno que se cruce en nuestro camino… como Jesús miraría, como Jesús haría.

viernes, 26 de noviembre de 2021

“¿POR QUÉ NO IR MÁS ALLÁ?”

 

¿Por qué nos quedamos mirando el dedo que señala el sol pudiendo ver el sol? ¿Por qué detenernos ante la piedra del camino pudiendo continuar y contemplar el maravilloso paisaje que se nos regala?

La invitación de hoy es a ser capaces de trascender cualquier situación por negativa o fatal que la califiquemos, de lo contrario no pasaremos de quejarnos o lamentarnos.

Todo puede ser trascendido: el frío o el calor, la espera, los cambios, la soledad, el fracaso, las críticas, los dolores, el insomnio, la enfermedad, la vejez, la incapacidad, las restricciones a la movilidad, la pérdida de seres queridos, de un trabajo, de bienes…

Mientras te quedes en lo que te enoja, te preocupa, te asusta, te entristece… no pararás de dar vueltas sobre ti, te harás daño, incrementarás tu sufrimiento, te harás esclavo de “eso”

Si eres capaz  de encontrar y dar sentido a lo que te sucede, podrás vivirlo con serenidad porque te habrás liberado de ello.

La clave entonces es lograr trascender cada situación difícil, incómoda, dolorosa, molesta… De ti depende mirar el dedo o el sol, contemplar la piedra o enfocarte en tu destino

jueves, 25 de noviembre de 2021

“¿TODO ES PARA BIEN DE LOS QUE AMAN A DIOS?”

 

En ocasiones a quienes lo aman no les va bien y, a aquellos que no lo aman les va de maravilla… por supuesto visto desde los criterios de nuestro mundo porque leída e interpretada desde la fe, esta frase siempre se cumple: “Todo es para “Bien”  de los que lo aman”

En la vida se dan situaciones que surgen sin esperar, no estaban en nuestros planes… puede que ni sean de nuestro agrado, no es lo que queremos, las rechazamos, nos quejamos de ellas… más no llegamos a entender su alcance. Y es que de todo se sirve y aprovecha el Señor para despertar todo lo bueno que somos y permanece dormido en nuestro interior


Aquello que puedo valorar como una catástrofe o una situación adversa, puede ayudarme a cuestionarme o cuestionar la vida de quienes están cerca, puede cambiar mi forma de mirar las cosas, la realidad, a las personas… puede hacerme replantear el sentido de mi vida y hacia dónde voy, puede volverme más human@

¿Por qué quienes aman al Señor sufren mayores dificultades y experiencias más duras? Porque se prestan a ser medio, instrumento, para que los otros le conozcan y amen. Porque ellos no se buscan, lo que desean es darle gloria con su vida. Porque el “Bien” no está relacionado con que vayan las cosas “viento en popa” así como lo interpretamos según nuestros pobres esquemas… sino en que hay un “Bien” mayor:

- que está por encima de nuestros intereses, planes, caprichos, quereres personales…

- al que aspira todo aquel que desea hacer la voluntad de Dios, y por eso es capaz de ponerse en sus manos aunque no entienda, aunque se sienta pequeño, aunque la situación le sobrepase

- que forma parte de un plan misterioso de amor

Todo es para “Bien” de los que aman a Dios…

… porque con su vida son instrumentos en sus manos, construyen el Reino, dan gloria a Dios

… porque lo que realmente desean es que se le conozca y se le ame

Que nunca nos falte la confianza de que todo es para “Bien”

martes, 23 de noviembre de 2021

“ESPERAR EN MEDIO DE LA PRUEBA”

 

¡Qué difícil se hace esperar cuando vivimos en una sociedad en la que todo es “para ya”, que nos exige rendimiento, que nos impone plazos, que…!

A veces somos nosotros quienes sometemos a otros a la presión de hacer las tareas de forma rápida, de tomar decisiones, a rendir cuentas, a obtener resultados…

Y en ocasiones el flagelo es contra nosotros mismos al imponernos plazos, los tiempos para sacar adelante proyectos, responder a una propuesta, conseguir algo que anhelamos, recuperarnos de una enfermedad…


Es otoño, los árboles poco a poco van perdiendo sus hojas. Cada vez hace más frío y  el invierno ya se hace sentir. Los árboles no tienen prisa, todo en la naturaleza sigue su ritmo, su proceso. No se estresan, nadie les presiona, aceptan el momento presente con todo lo que éste les ofrece, se dejan hacer… Ahora es tiempo de desprenderse, de soltar, de dejar ir… ya llegará el momento de los brotes, de las hojas verdes, de los frutos.

Pero, ¡Ay de nosotros!. Nos cuesta esperar. Y en el mejor de los casos buscamos justificaciones para encontrar la paz que necesitamos: ¡Seguro que es por algo!, ¡Algún día lo entenderé!... Estoy convencida de lo primero: “Todo tiene su razón de ser” y quien se sabe en buenas manos no tiene de qué preocuparse pero lo de que algún día entenderemos… A veces nunca llegamos a entender por qué sucedió esto o aquello pero ¿Acaso es necesario dar respuesta a todo, querer comprender todo lo que vivimos?. ¿Qué queda si no es abandonarse y confiar en que todo forma parte de un plan misterioso de amor?

lunes, 22 de noviembre de 2021

“¡BIENVENIDO, JESÚS!”

 

Hace unos años me contó una amiga-hermana lo que le pasó a su hija el día de su Primera Comunión. Parece ser que el catequista pasó un detalle por alto. No les dijo a los niños qué tenían que responder cuando se acercaran al sacerdote y éste les dijera “El Cuerpo de Cristo”. Así que podéis imaginar lo que sucedió. Ellos y su espontaneidad. Unos dijeron lo primero que se les ocurrió y otros perplejos, por no saber o por el susto, se quedaron callados. Reímos mucho cuando me compartió las ocurrencias de los niños y estoy más que segura que también hicieron reír al Señor ese día

Recordé esta anécdota porque hay una señora en mi parroquia que cuando se acerca a comulgar (a pesar de que por la pandemia se nos repite hasta la saciedad que no respondamos en voz alta), siempre dice: “¡Bienvenido, Jesús!”. La primera vez que la escuché, me impactó. La quedé viendo y ella a mí, le sonreí, me sonrió… nuestras miradas se quedaron clavadas unos segundos. ¡Me pareció tan bonito, tan profundo…!. Pero lo que más toca mi corazón es el cómo ella vive lo que dice… realmente es muy consciente del gran acontecimiento del que es partícipe. No puedo evitar, desde ese día, seguirle con mi mirada cada vez que alguien le acerca en su silla de ruedas hasta el altar. Y me encanta, si no alcanzo a escucharle, ver como sus labios exclaman sonriendo: “¡Bienvenido, Jesús!”

Providencialmente, el otro día en un grupo, una mujer se preguntaba y nos preguntaba para qué va la gente a la Eucaristía: ¿Para celebrar? ¿Para escuchar?... Esta anciana en silla de ruedas de la que te he hablado seguramente respondería: “Para recibir a Jesús en mi vida, en mi corazón”

Que nos abramos a su amor, que le dejemos morar en nuestro interior y transformar nuestras pobres vidas, que le acojamos siempre con la alegría de quien recibe a un buen amigo al que se ama.

jueves, 18 de noviembre de 2021

“¿PARA QUÉ SEGUIR VIVIENDO?”



 


Son muchas las personas que con 100, 90, 80, 70 y menos años, piden o buscan la muerte porque se sienten “inútiles”, dependientes de otros, una “carga”… o sencillamente porque no encuentran sentido a su vida por la edad, por su incapacidad, por la falta de oportunidades, por la carencia de recursos, por enfermedad, por soledad, por no sentirse queridos…

Y por otro lado hay quienes, viendo esta realidad, caen en la tentación de decir o al menos pensar: “Para lo que hace o como está mejor que se lo lleve Dios”, “No tiene sentido que siga viviendo”, “Morirse sería lo mejor que le podría pasar”, “Una persona así ¿Qué hace ya aquí?”…

Toda vida es valiosa, sin distinción, con independencia de todo. El problema es cuando nos valoramos en función de la productividad y de los frutos.

Si te identificas con el primer grupo de personas… Recuerda que “Tú sí que vales” y que tu vida es importante y necesaria para quienes te rodean porque algo tienen que aprender con tenerte cerca… el Señor sabe sacar mucho bien incluso de donde parece que “todo está perdido” o que a los ojos del mundo “no sirve”

Si te identificas con el segundo grupo de personas tal vez la pregunta no sería: “¿Por qué o para qué seguirá viviendo?” sino “¿Qué me está diciendo el Señor?”, “¿Qué puedo hacer por él o por ella?”

Si no te identificas con unos ni con otros, bendito sea Dios y feliz tú porque eres capaz de valorarte y valorar a los otros no en términos de rendimiento sino de dignidad, no desde el hacer sino desde el ser.

Toda vida por improductiva, insignificante, silenciosa o escondida que sea… es importante.

martes, 16 de noviembre de 2021

“¿QUÉ HACEMOS MIENTRAS EL REY LLEGA?”

Érase una vez un hombre noble que se marchó a un país lejano para conseguir su título de rey. Antes de partir entregó entre “su gente” unas onzas de oro para que las pusieran a producir mientras regresaba. Llegó el día en que el buen hombre regresó convertido en rey y aquellos, a quienes había entregado sus bienes, dieron cuenta de lo que habían hecho con ellos. Ahí comprobó la generosidad y confianza de unos pero también descubrió el miedo, las dudas, la comodidad y el egoísmo de otros.

Esta es nuestra propia historia. Un Rey que quiere reinar para que este mundo sea más humano y nos vivamos y tratemos como hermanos, y hombres y mujeres a los que ese Rey ha regalado un montón de dones, cualidades, virtudes… ¿Qué hacemos con todo eso que nos ha confiado mientras Él regresa? No se trata de producir o no por el esperado premio o el temido castigo. Es más bien la decisión de dar el máximo rendimiento a lo que tenemos respondiendo al deseo de que el Rey reine: Que sea conocido y amado

Hay quien se pone a producir con lo poco que tiene.

Algunos conocen a este Rey de oídas o por tradición y hacen “algunas cositas buenas”

A otros no les interesa que reine, van por otros rumbos, se buscan otros reyes, hacen lo posible por aniquilarlo de mil y una maneras… esconden aquello que se les ha regalado, “pasan”

Los hay que por miedo al qué dirán prefieren, bajo “falsa humildad”, decir que no tienen, que no saben, que no pueden, que otros están mejor preparados… y también entierran lo que se les ha dado

Algunos esperan el momento de producir, que se den las condiciones óptimas según sus parámetros, se quedan de brazos cruzados y no ponen de su parte para que el Rey reine: Ahora es imposible pero: cuando me jubile… cuando  mis hijos sean mayores… cuando terminen las clases… cuando acabe este proyecto… cuando me llamen… cuando pase esta mala racha… cuando me necesiten… Y así pasan los días, los meses, los años… y no se ponen los medios

Afortunadamente hay quienes no esperan a mañana, lo que pueden hacer hoy lo hacen, responden con lo poco o mucho que tienen en su haber… porque aman a ese Rey, porque quieren que todos le conozcan, le amen, le sigan…que se encuentren con Él, que tengan experiencia de su amor y misericordia. Ponen a producir todo lo que se les ha dado, invierten incluso su vida.

¿Quieres que este Rey reine? Si tu respuesta es sí: Pregúntale qué puedes hacer con lo que te ha dado. “Señor, ¿qué quieres que haga?”


lunes, 15 de noviembre de 2021

“CREO EN UN DIOS DÉBIL”

 

Creo en un Dios todopoderoso en un amor y en una misericordia que exceden la razón y la lógica humana pero creo también que este Dios es tan débil y frágil que se encarna en Jesús, un ser: necesitado, dependiente, pequeño, pobre y sufre la humillación, el desprecio, los golpes, las injurias, el maltrato, la traición, el abandono…


La debilidad y fragilidad, de los otros y también la propia, es otro de los lugares de encuentro con Dios. La realidad es que surgen las resistencias ante el ver, oír o tocar todo lo que tenga que ver con la pequeñez… aparecen los miedos y después la lucha… Y como consecuencia: el pasar de largo, las distracciones para no pensar en ello, la búsqueda desesperada por paliarla…

¿Cuántas veces, ante la debilidad propia o ajena, se eleva una plegaria al cielo para que Dios la elimine? ¿Por qué mejor no pedir que en la experiencia del encuentro con la debilidad podamos descubrirle, conocerle más, sentir su Presencia, experimentar su amor…?

Hay quienes no reconocieron a Jesús teniéndole delante. Sus ideas, sus esperanzas, sus creencias sobre las características del Mesías, el cumplimiento de las leyes y las normas, las tradiciones… les cerraban y cegaban a poderlo descubrir. Tristemente después de más de dos mil años seguimos con esquemas cuadriculados, ideas preconcebidas, formación obsoleta… sobre Jesús, su buena noticia, dónde encontrarlo… Y es que ¡cómo cuesta creer en un Dios pequeño, débil, frágil! Es más cómodo buscarle en lo establecido, en lo conocido, en lo que da seguridad… Es más fácil creer en un Dios al que hay que cumplir, al que puedo pedir… un Dios que me va a solucionar los problemas o que me va a compensar mis esfuerzos y sacrificios

Simeón y Ana se encontraron con Dios en la debilidad al reconocerlo en un bebé en brazos de sus padres, María y Juan acompañaron a Dios en la debilidad (sin fuerzas, herido, cansado… crucificado)

Mi debilidad, la debilidad de los otros, es oportunidad, medio de encuentro con el Dios de Jesús.

Acoger, abrazar mi debilidad. ¿Por qué no abrirme desde ella a la sorpresa, al encuentro? Dejarme tocar por la debilidad. Acompañar a Dios débil encarnado en quienes sufren. ¿Por qué rehuirla, por qué luchar contra ella, por qué tener miedo…?

jueves, 11 de noviembre de 2021

“CAMINAR CON LOS PIES EN LA TIERRA PARA PODER VOLAR ALTO”

 

Se puede seguir a Jesús desde el ideal de lo que se quiere ser, de lo que los otros esperan, de lo que se cree que Dios quiere o desde la realidad que se es.

Seguirle desde “un ideal” acaba frustrando, cansando e incluso se termina abandonando… se es infeliz

Seguirle desde la realidad que se es: Permite vivir el presente sin afanarse por el mañana, evita muchas complicaciones, ayuda a escuchar mejor Su voluntad, descubrirle y responderle… da una gran paz.


Se le puede encontrar donde se cree que está o abrirse a la novedad y dejarse sorprender rompiendo todos los esquemas aprendidos e ideas preconcebidas.

Y es que puede que….

Creyendo conocerle y haberle alcanzado, podamos desconocerle y habernos alejado

Creyendo seguirle y estar respondiendo a su voluntad, podamos estar buscándonos y respondiendo a un ideal

El “nacer de nuevo” del que Jesús hablaba a Nicodemo. Poner los pies en la tierra, ser consciente de lo que se es y de lo que se tiene, dejarse hacer, abandonar viejas creencias, abrirse a lo que está por llegar… No es fácil… supone ruptura, renuncias… implica lanzarse al vacío… se necesita fortaleza, determinación, valor para hacer oídos sordos a quienes no aplaudan el camino, confianza de saberse en buenas manos, de ser sostenido, acompañado, amado…

Soñar con volar alto y poner los medios no nos garantiza conseguirlo. Caminar con los pies en la tierra sabiendo quien nos lleva, lo que somos y tenemos… dejándonos hacer… será lo que nos permitirá poder volar hasta donde ni alcancemos a llegar con nuestro pensamiento