domingo, 24 de mayo de 2026
“YO ELIJO”
Ante lo que se nos presenta siempre podemos resistirnos, asumir con
resignación o elegirlo. Pasamos de ser víctimas y esclavos de los otros o de
las circunstancias a ser señores de nuestra voluntad y a vivir en plenitud cada
vez que elegimos por amor todo lo que se nos ofrece.
La clave es que la elección sea por amor a Dios porque si elegimos
buscándonos a nosotros mismos también estamos perdidos.
Cuando elegimos para que los otros no se molesten, o para que no hablen
de nosotros, o por compromiso, o porque creemos que no tenemos otra opción, o
porque solo nosotros sabemos o podemos… somos esclavos de las circunstancias
o/y de los otros. Eso solo genera malestar, enojo, tristeza… La verdadera
libertad y la vida en plenitud radica en elegir TODO por amor a Dios.
Tenemos dos opciones: Elegir o dejar que los otros o las circunstancias
nos elijan.
Elegir es tomar la iniciativa, orientar la voluntad a aceptar y acoger
“eso” que tengo delante. Elegir por amor a Dios: “Esa realidad, esas palabras, esos
gestos, a esas personas, esas noticias, ese
trabajo, esa enfermedad, ese cansancio, ese rechazo, esa angustia, ese miedo,
esa soledad, esa tristeza, esas dudas, ese éxito…”.
Si algo me pesa, me cuesta, es porque se me está imponiendo y no termino
de elegirlo. En ocasiones se trata del orgullo que todo lo quiere tener bajo
control o que se resiste a perder la batalla. Elegir me da autoridad sobre el
mal que puede querer atraparme o el que ya se ha podido colar en mí.
A Jesús nadie le quitó la vida, la dio voluntariamente.
Santa Teresita ante un montón de regalos dijo: “Yo lo escojo todo” y eso lo aplicó a todo lo que se le fue
presentando en su vida.
Quererlo todo por amor, elegirlo todo por amor, pero por amor a Dios. De
esta forma, Jesús y todos los santos pudieron entregar su vida hasta el último
aliento.
¿Acaso algo o alguien puede hacernos daño desde esta actitud o forma de
orientar la vida?. Cuando sientas a algo o a alguien como una amenaza a tu paz
interior, orienta tu voluntad a elegirlo por amor a Dios y verás cómo todo
vuelve a ordenarse.
domingo, 17 de mayo de 2026
“ALZA LA MIRADA”
El
otro día, esperando que el semáforo se pusiera en verde, un sacerdote me
preguntó como estaba y sonriendo le respondí: “Muy bien”. A lo que añadió: “Pero
¿siempre estás bien?”. Es evidente que no siempre estoy bien. No soy un
robot y tampoco de piedra, como humana tengo mis pataletas y mis berrinches. Lo
que sí que es cierto es que trato de ver lo positivo en todo y cuando no estoy
bien lo agradezco muchísimo porque eso me ubica, me lleva a conectar con mi
miseria, mi pobreza, mi pequeñez y a la vez mi necesidad de Dios. Es ahí cuando
reconozco mi verdad: El poder del ego sobre mí revelándome mi soberbia
expresada en la queja, la crítica, el rechazo de lo que acontece, la culpa… Y a
la vez el amor incondicional de todo un Dios que no lleva cuenta de mis
imperfecciones, caídas, defectos o ingratitud, tampoco de mis éxitos u obras, y lo único que desea es que le abra mi corazón y acoja todo el amor que
quiere derramar en mí. Con todo esto, si hay algo que siento y me duele es todo
el amor desperdiciado que no he acogido por encerrarme en el reino de mi ego.
El
himno de la visita del Papa a España es una invitación a alzar la mirada. Los
santos a través de los tiempos también nos han invitado a alzar la mirada y trascender
“todo eso que nos pasa” para no apropiarnos de lo “bueno”, porque no nos
pertenece y es pasajero, y no enredarnos con lo “malo”. Alzar la mirada no tiene que ver con enfocar nuestros ojos en el infinito sino dejarnos abrazar por el amor que Dios nos tiene y ver su acción en todo cuanto acontece. Alzar la mirada para reconocer
en manos de quien estamos y cuánto nos ama.
Todo
es motivo de agradecimiento si lo trascendemos pero puede ser causa de
estancamiento si nos enfocamos en ello.
Ante cansancios, miedos, angustias, preocupaciones…Ante humillaciones, rechazos, críticas o alabanzas, aplausos… Ante envidias, rencores, deseos de venganza… Sólo hay dos opciones:
- Enredarnos o engancharnos a eso por medio del pensamiento o del discurso.
- Alzar la mirada, trascenderlo, enfocarnos en el gran amor que Dios nos tiene.
Me
viene ahora la imagen del avión cuando se eleva. Si el cielo se encuentra
cubierto de nubes y decide seguir su ruta entre ellas, la visibilidad se va a
dificultar. ¿Acaso no es más conveniente, sensato y acertado, atravesar las
nubes y viajar bajo el sol resplandeciente y el cielo azul?.
Poner
la atención en lo que oímos, vemos o vivimos, nos reduce la visibilidad y nos
dificulta el avance, nos encapsula en nosotros y nos cierra al amor de Dios. Es
algo así como viajar dentro de las nubes.
Alcemos
entonces la mirada, atravesemos las nubes y volemos más allá
para que nos dejemos alcanzar por los rayos del amor que nos quieren abrazar.
miércoles, 13 de mayo de 2026
“¡HASTA PRONTO AJAY!”
Ajay es un carmelita de la India que ha estado destinado en Logroño
durante diez años. Hace unos días nos comunicó que Santander sería su próximo
lugar de misión.
Conocí a Ajay una de las veces que vine de vacaciones a casa. Me habían
hablado de él y me habían sugerido conocerle porque me podría ayudar mucho en
mi tarea de acompañar a otros. Recuerdo que era una mañana fría. De camino a la
parroquia me encontré con mi madre y mi sobrina que entonces tendría unos 12
años. Les dije que iba para carmelitas y Lucía me pidió que la llevara. Tras un
rato de estar los tres en un despacho y haberme recomendado unos libros, Lucía
se metió en medio de la conversación. “Yo
a ti te conozco” - le dijo. Yo la quedé viendo pensando: “Lucía te tienes que estar confundiendo”.
Y volvió a repetir: “Yo a ti te conozco. Tú
has estado en mi colegio”. Era cierto. Lucía estudiaba en adoratrices y Ajay
había estado por allá celebrando alguna eucaristía. Tras el encuentro nos dimos
el número de teléfono y no volvimos a vernos hasta las siguientes vacaciones
pero eso sí, cada vez que escribía en el blog, Ajay recibía el escrito y lo subía
a su estado.
Cuando llegó la pandemia, en los más de cinco meses de encierro en un
apartamento y sola, entre otras cosas y por insistencia de varias personas
queridas, edité mi primer intento de libro con ayuda de una aplicación de
internet. Agrupé un montón de escritos por temas y pedí, entre otros a Ajay,
que escribiera unas líneas para el prólogo, no tardaron en llegar. Ahí dejó ya
su huella pero es aún mayor la huella que ha dejado en muchos corazones de esta
ciudad de Logroño así que es justo que tenga su espacio en uno de los escritos
del blog.
Quiero compartir las palabras que le hemos dedicado, los habituales de la
eucaristía de las 8 de la mañana, el día de hoy. Seguro que nos hemos quedado
cortos pero lo cierto es van cargadas de mucho cariño:
“Hace dos años
en la iglesia de San Bartolomé, en la
vigilia de oración por las vocaciones, diste tu testimonio. En él nos
compartiste que tu estar aquí entre nosotros era tu respuesta agradecida a
tantos misioneros españoles que en su día fueron hasta la India a dar a conocer
a Cristo.
Esta pequeña
comunidad que a diario nos reunimos en la eucaristía de las 8 de la mañana, no
queremos dejarte ir sin antes darte las gracias por el tiempo compartido, pero
sobre todo GRACIAS por tu Sí al Señor, por tu entrega generosa y sin reserva,
por dejarlo todo, y por dejar que Él haga su obra en ti trayéndote hasta
nosotros para que, conociendo más a Jesús, le amemos más y le sigamos.
El viernes, Jesús nos decía en el evangelio: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Lo tuyo tiene mucho mérito porque ni siquiera éramos tus amigos y entregaste tu vida por nosotros. Te lanzaste al vacío y has tocado muchos corazones con tu sencillez, con tu suavidad, con tu saber estar y tu disponibilidad, con tu escucha atenta siempre dispuesto a ayudar, con tu dar nuevas oportunidades, con la confianza puesta en nosotros…
Y no queremos
terminar sin dar las gracias a Dios por el regalo de cada sacerdote en nuestras
vidas. Más allá de cómo viste, cómo o cuánto habla… más allá de su
nacionalidad, de su edad, de su carácter… es un hombre elegido por el Señor.
Sigamos orando por todos ellos, y para que quienes son llamados: Escuchen su
voz y le sigan.
Ajay desde la
distancia te tendremos presente en nuestras oraciones y en nuestro corazón para
que nuestro amado Padre termine de hacer en ti su obra y sea de mucha bendición
para todos.
Gracias Ajay.
Te queremos”.
jueves, 7 de mayo de 2026
“EL TIEMPO DE DIOS ES PERFECTO”
El otro día mi amiga Mónica vio que mi comadre Jensy tenía, en una de sus
redes, la frase: “El tiempo de Dios es
perfecto”, y me preguntó qué quería decir eso. No recuerdo que le respondí,
lo primero que se me ocurrió, pero me siguen persiguiendo esas palabras. Providencialmente
ayer viendo en un email las nueva tazas que nos ofrece un proveedor, una llevaba
escrita esa misma frase.
Estos días leyendo a San Francisco, mientras el fisioterapeuta me enchufa
los electrodos o me tiene conectada a la máquina de calor, también me encontré
con esto: “El tiempo de Dios es
perfecto”.
“Hay un tiempo para todos los
seres. Pero ese tiempo no es el mismo para todos. El tiempo de las cosas no es
el de los animales. Y el de los animales no es el de los seres humanos. Y por
encima de todo y distinto de todo, está el tiempo de Dios, que encierra a todos
los otros y los espera. El corazón de Dios no late al mismo ritmo que el
nuestro. Tiene su propio movimiento. (...). Nos resulta muy difícil entrar en
este tiempo divino. Y, sin embargo , solo en él podemos encontrar la paz”. (“Sabiduría de un pobre”. Éloi Leclerc).
Francisco cae en la cuenta, en medio de su noche oscura, que todavía no
vive en el tiempo de Dios y por eso su turbación, su impaciencia. Y en su
reflexión va más lejos al constatar que aprender a vivir en el tiempo de Dios es el secreto de la sabiduría.
El tiempo de Dios es perfecto, ahora es el tiempo perfecto, este momento
en que yo estoy escribiendo, este momento en que tú estás leyendo. Aquí está
Dios, está amándote, está amándome, así como somos, así como estamos.
Todo momento es perfecto porque en todo momento Dios está presente y nos
está amando por medio de todo lo que hay y acontece. También la noche es parte
del tiempo de Dios y también ese tiempo es perfecto. En la noche es incluso más
intenso el amor de Dios. La noche también se vuelve ocasión de agradecimiento.
Dejamos de vivir el tiempo de Dios cuando vivimos desde la cabeza, desde
los pensamientos. El problema surge cuando añoramos el pasado, cuando nos
preocupamos o angustiamos por el futuro, o cuando nos resistimos a vivir el
momento presente deseando que llegue el momento después. El problema surge
cuando no aceptamos la realidad, con todo lo que en ella hay, y añoramos
escenarios en los que nos imaginamos felices. El problema es cuando nos
empeñamos en que todo sea como deseamos e impedimos que Dios haga su obra.
El tiempo de Dios es perfecto. Es el secreto de la sabiduría como dice
Francisco. Es la fuente de una grandísima paz como dice Clara. Y Jesús nos lo
repite estos días una y otra vez: “Que no
se turbe tu corazón”… “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”… “Permanece en
mí”. Y todo esto va unido al abandono, a soltar el control y las
expectativas, a reconocer nuestra verdad, a confiar en quien nos sostiene y nos
da en cada momento lo que más nos conviene.
El tiempo de Dios es perfecto por eso todo tiempo es una oportunidad para
acoger y agradecer su amor expresado de mil y una maneras, y responder con amor
a tanto AMOR.
viernes, 1 de mayo de 2026
“DESDE ABAJO”
El otro día compartí en el trabajo cómo había sido
el retiro del sábado. En un momento me puse de rodillas para explicar que Jonás
nos había dado los “puntos” en esa posición y utilizando diferentes objetos. De
repente me escuché diciendo: “Él estuvo
todo el tiempo ahí abajo y nosotros alrededor sentados en sillas”. Y en ese momento caí en la cuenta de algo.
Qué diferente se transmiten las cosas según dónde te coloques (no me estoy
refiriendo ahora a un lugar físico).
Todo un Dios se abajó y se encarnó en una criatura
débil, frágil, pequeña, pobre. Podía haber buscado otra manera de enseñarnos,
de hacer escuchar su voz, pero escogió el hacerse chiquito. Y se supo pequeño y
uno de tantos por eso, por medio de Jesús, pudo alzar la mirada y dar gracias
por revelar los grandes secretos, no a los sabios y entendidos, sino a la gente
sencilla.
Y porque vivió pequeño, como uno del montón: “Tuvieron
autoridad sus palabras y gestos, la gente lo escuchaba, creía en Él, lo seguía”.
Y se mantuvo pequeño hasta el final. ¡Cuantas veces
se “vino abajo” para hablar, para compartir una comida, para perdonar, para
sanar, para orar, para lavar los pies a sus discípulos, para levantar a otros…!.
Y sigue teniendo autoridad. Y para que así sea se
nos sigue mostrando accesible en los otros, en la eucaristía.
Entre nosotros ¿Quién tiene autoridad?. No tiene
mayor autoridad quien ostenta un poder o un cargo, tampoco quien grita más fuerte,
quien sabe más, quien habla mejor, quien tiene más dinero…
La autoridad la da el amor que se ofrece, la posición
en la que uno se coloca en relación a otros, la coherencia de vida. Desde
arriba uno solo se ama a sí mismo y no se abre al amor. Solo desde abajo se
puede amar y ser amado.
¿Te has parado a pensar a quien escuchas?. Escuchamos
a quien se abaja hasta nosotros, nos conoce, nos acepta tal y como somos, camina
a nuestro lado. Escuchamos a quien sabemos que nos ama y quiere nuestro bien. La
transformación, la conversión, solo es posible desde el amor sentido,
experimentado.
Ahora démosle la vuelta: “¿Sabes quién te escucha?”.
Solo quien se siente aceptado y amado por ti y para eso hay que abajarse.
sábado, 25 de abril de 2026
“SE ACERCÓ TANTO…”
Esta mañana estuvimos en un retiro. En la segunda
parte se nos narró la historia de Abraham utilizando arena, muñequitos,
piedras… Será difícil que olvidemos este retiro los que asistimos y puedo
asegurar que todos nos llevamos algo.
Abraham en su peregrinación por el desierto, se
adentró él solo en varias ocasiones y se
acercó tanto a Dios que supo lo que Él quería. Y
Dios se acercó tanto a Abrahám que éste supo lo que Él le decía.
Me quedó resonando la palabra “tanto”. No se nos dijo: “Se
acercó a Dios” y tampoco una sóla vez, se nos repitió en varias ocasiones
haciendo énfasis (o así lo sentí yo) en el “tanto” y es que te puedes acercar pero “no tanto”.
Hay veces en las que esquivamos el encuentro y
preferimos seguir por donde nos parece o creemos mejor, por donde nos conviene,
por donde nos gusta, por donde no nos compromete, por donde nos reporta
gratificaciones… O quizás sí nos adentramos, buscamos el encuentro, nos
acercamos pero, “no tanto”, algo así como a la defensiva, poniendo límites, con
resistencias, con prudencia. Es la misma historia de aquel que quería ir tras
Jesús y dijo: “Sí, quiero seguirte pero…”.
¿Te suena?.
Acercarse tanto implica deseo, querer y voluntad enfocados solo en Él.
Acercarse tanto supone decir “no” a las expectativas de otros, a posibles ofertas
incluso buenas y santas que no responden a Su querer.
Acercarse tanto conlleva perder compañeros de camino, ser incomprendido, juzgado.
Para acercarse tanto hay que parar, tomar distancia de
todo y de todos, ponerse solo bajo su mirada, hacer silencio, escuchar.
Para acercarse tanto hay que tener valor, porque si te acercas tanto te pasa como a Abraham,
que sabes lo que Él quiere, y después toca responder.
Seguramente a Abraham le dijeron que estaba loco, no
faltaría quien le animara a desistir o a regresar o a tomar otros caminos, pero
él una y otra vez: “Tomó distancia, se apartó adentrándose en el silencio del
desierto y se acercó tanto a Dios que supo lo que Él quería… y respondió… y así
pudo llegar a su destino que fue el destino querido por Dios”.
Dios habla a través de todo y de todos pero ¡qué
necesario es ese tiempo todos los días para tomar distancia, adentrarnos en lo
profundo, ponernos solo bajo su mirada, revisar la vida, hacer silencio y poder
escuchar qué es lo que desea decirnos!.
¿Te animas a acercarte tanto a Dios?.
lunes, 20 de abril de 2026
“POBRE PERO MUY AMADA”
Encuentro mi verdad cuando estoy a solas con Él, cuando acallo los
ruidos, cuando me contemplo bajo su mirada.
Todo un Dios fija la mirada en su pobre y pequeña criatura, en su frágil
y limitada criatura.
Todo un Dios se abaja hasta su pobre criatura.
Todo un Dios no quiere que se pierda su pobre criatura.
Todo un Dios protege, cuida y sostiene a su pobre criatura.
Todo un Dios ama con ternura a su pobre criatura.
Y la pobre, pequeña, frágil y limitada criatura, encuentra la paz y el
amor que tanto ansía y busca ahí afuera sin lograr encontrarlos.
Y la pobre, pequeña, frágil y limitada criatura, se siente segura,
confiada, protegida.
Cuando la pobre criatura se contempla bajo la mirada de su creador nada
hay que pueda perturbarla. Las preocupaciones, los miedos, las pruebas… pasan a
ser ruidos que logran acallarse.
Cuando la pobre criatura se contempla bajo la mirada de su creador: Nada
le falta, nada teme, nada desea… porque todo lo tiene.
Y es entonces cuando ya no hay nada que hacer, nada por conquistar… Dos
amores se han encontrado y descansan el uno en el otro. Y en ese lugar, en ese
momento, en ese silencio habitado, se experimenta la paz y solo queda: “ESTAR”
domingo, 19 de abril de 2026
“TODOS SOMOS PEREGRINOS”
Todos
somos peregrinos en esta tierra y sin embargo vivimos como si fuésemos a ser eternos.
Abortamos palabras o acciones por el qué dirán o por comodidad. Otras veces
esperando el momento ideal, o a encontrarnos bien, o a estar preparados para
tomar determinadas decisiones.
Evitar
las oportunidades de crecer en el amor nos encierra en nosotros mismos e impide
que se despliegue todo ese potencial que llevamos dentro.
No
sabemos qué puerta se puede abrir o qué puede suceder si damos ese paso que se
nos pide, o si nos lanzamos a proclamar aquello en lo que creemos, o si dejamos
aquello de lo que somos esclavos, o si vivimos esa experiencia, o si ponemos límites,
o si… Lo cierto es que si no nos arriesgamos: “Nunca lo sabremos”.
Como peregrinos debemos seguir las indicaciones para llegar a la meta: la
unión con Dios. Y todas las flechas apuntan, mientras estamos en esta tierra, a
crecer en el amor así que… si hablas o callas, si haces o no haces, si
respondes o no, recuerda que el criterio de discernimiento no puede ser: “Lo
que más me gusta”, “Lo que más me apetece”, “Lo que quiero”… sino “lo que más me
lleve a amar” que en definitiva es la voluntad de Dios en nuestras vidas.
En estos días se nos recuerda que Jesús ha resucitado, que está entre
nosotros y con nosotros pero seguimos sin reconocerle por estar enredados,
entretenidos, afanados. Lo buscamos en lo extraordinario, en lo novedoso, en lo
que nos gusta… incluso en lo espiritual podemos andar detrás de ese abanico de
ofertas que nos resulten placenteras y gratificantes, escogiendo o desechando
en función de lo que nos puedan aportar.
La realidad es que Jesús resucitado se sigue cruzando con nosotros en el
camino. Nos expresa su amor a través de todo lo que nos regala. Nos hace
continuas invitaciones a crecer en el amor para estar más unidos a Él. Se hace
presente en lo cotidiano, en las tareas de todos los días, en las calles por
las que transitamos ordinariamente, en el trabajo... No esperemos un
acontecimiento espectacular con luces de colores. Nuestras ideas de dónde, en
qué momento y cómo tiene que ser el encuentro, nos impiden reconocerlo en lo
ordinario, verlo o escuchar su voz, es por esto que los de Emaús no le
reconocieron: “Nosotros esperábamos…”.
Afortunadamente tenemos un Dios que, como Buen Pastor, no se cansa de buscarnos
y lo intenta de mil y una maneras. Ojalá no lleguemos a la vejez, como Simeón o
Ana, para poder descubrirle. Abramos los ojos y el corazón para reconocerle en
los otros, en la Palabra, en los Sacramentos, en los acontecimientos, en lo de
todos los días... Y lo más importante: “Respondamos al AMOR con amor”.
sábado, 11 de abril de 2026
“LA IMPORTANCIA DE LOS PEQUEÑOS SÍES”
Hoy
me regalaron un libro… Solo las primeras páginas leí pero suficiente para
quedarme resonando el responder con nuestro “Sí” a las invitaciones que el
Señor nos hace a lo largo del día a través de los otros, de los
acontecimientos, de su Palabra…
Ese
“SÍ” en mayúsculas es la suma de esa innumerable cantidad de “síes” pequeñitos.
Quien dice “SÍ” pero no responde a las pequeñas insinuaciones de cada día se
engaña a sí mismo.
Para dar esos “síes” hay que abajarse, hacerse chiquito, ser humilde… Esto nos hace crecer en amor y ganar libertad. Cada “sí” es una batalla ganada contra nuestro ego permitiendo que Cristo reine en nuestro corazón.
El
otro día sucedió algo. Me encontré entre dos personas, una gritando a otra. Pensé
en cómo me bloqueó la situación y me transportó al cole. Durante tres años me
dio clase una religiosa que siempre gritaba en el aula. Me quitó muchos días el
sueño y cinco minutos antes de que sonara el timbre anunciando su clase yo ya
estaba atacada de los nervios. La perdoné hace tiempo pero es cierto que he
tenido oportunidades de visitarla en la residencia donde ahora se encuentra y
no lo he hecho nunca porque no quería verla. Hoy fui a la residencia y, a
diferencia de otras veces, iba con idea de encontrarme con ella. No quería
reclamarle nada, tampoco esperaba algo, quizás solo necesitaba terminar de
cerrar ese episodio que tanto ha marcado mi vida. Subimos a la segunda planta
de la residencia, estaba sentada en un sillón, no hizo el menor gesto de
levantarse, ni siquiera se si se acordaba de mí pero eso no era importante. La
tarea era mía. Me acerqué, le di dos besos, le pregunté cómo se encontraba, me
contestó como si hablara a una extraña. Sentí que mi visita no le dio ni frío
ni calor. Saludé a las demás religiosas y antes de irme me volví a acercar y me
despedí de ella con otros dos besos. No sentí ni consolación, ni liberación,
nada… pero tengo paz en mi corazón y se que el Señor ha hecho su parte. ¡Qué
bueno que poco después a mi querida hermana María Jesús de 95 años le tocaba
turno de adoración en la capilla!. Ahí aproveché para pedir a Dios que perdonara
a la profe en nombre de tantas niñas que, como yo, la sufrieron.
En
la tarde compartí la anécdota con mi amiga Lupita, mientras nos tomábamos un
rico café, y me decía: “Ya te sacaste la
espinita, ahora el Señor terminará de sanar tu herida”.
Y
volviendo a los “síes”, esto es uno de los “síes” de hoy. Y como todo “sí”
requiere el deseo, el abajarse y el dar el paso. Por supuesto que cuesta pero el
Señor da la gracia, sólo tenemos que poner de nuestra parte.
Te
invito a estar atent@ a todas esas invitaciones que el Señor te hace a lo largo
del día. Seguir a Jesús es decir “sí” desde lo más sencillito, desde lo menos
vistoso y escondido, desde lo más silencioso. Ánimo… si nos pide algo es porque
nos va a dar lo necesario para responder. Ese “sí” es con Él.
jueves, 9 de abril de 2026
“NOSOTROS SOMOS TU CRUZ”
El otro día me encontré un Cristo sin cruz y junto a Él
un letrero que decía: “Nosotros somos tu
cruz”. Me quedé impactada por la frase hasta el punto de que sigo dándole
vueltas una y otra vez.
Pienso en la persona que tomó la decisión de
escribirla y plasmarla en ese lugar. No sé si será hombre o mujer, adulta o
joven, pero seguramente ha pasado tiempo contemplando la pasión hasta el punto
de vivirse como cruz. Y me preguntaba: ¿Qué
le habrá sucedido o que estará padeciendo?. ¿Cuál será el mensaje que desea
transmitir?. De cualquier forma, estoy segura de que sabía que a más de
alguno le iba a cuestionar.
Habrá quien llegue al lugar y ni repare en la frase,
otros simplemente la leerán (estamos tan bombardeados de estímulos visuales y
auditivos que no somos capaces de absorber y procesar, o gustar como decía San
Ignacio, todo lo que nuestros sentidos son capaces de percibir). Y seguramente
unos pocos se quedarán atrapados con esas cuatro palabras preguntándose: “¿Y a mí que me está queriendo decir?”.
Antes de que sigas leyendo, te invito a que hagas tu propia reflexión. ¿Qué te
dice a ti?.
Contemplando la Pasión muchas veces me he sentido
invitada a ser consciente de mis cruces, a mirar la cruz, acogerla, aceptarla,
abrazarla. También a mirar a Jesús en la cruz.
Revisando mi pecado, mis caídas, mis idas y venidas…
he sentido clavar a Jesús en la cruz pero ¿vivirme como la propia cruz, identificarme
con élla?. No había reparado hasta ahora en ello.
Veo la cruz como instrumento de dolor y de muerte
porque ahí expiró Jesús. Esta cara de la cruz no me atrae así que opto por
escoger la parte “amable” de la cruz. Jesús estaba “pegado” a la cruz,
“sostenido” a la cruz. Ahí sí que me apunto a ser la cruz de Jesús, porque
puedo permanecer unida a Él en su dolor, en su sufrimiento, en su soledad, en
su impotencia. Son muchas las realidades de fragilidad, de limitación,
de soledad, de… por medio de las cuales podemos sostener a Jesús y colaborar en
su plan de redención. ¡Cuánto bien le hacemos a Jesús con permitirle apoyarse
en nosotros y participar con Él en su misión!.
La cruz no está sola, Jesús está unido a ella.
Lo dejo aquí para que termines de hacer tu propia reflexión
y la apliques a tu vida.
sábado, 4 de abril de 2026
“¿SILENCIO?”
Eran las 3.30h., me levanté y comenzó mi oración. En un momento pensé en
el día que teníamos por delante y me dije: “Día
de silencio”. Y escribí: “¡Todo está
en silencio pero… qué complicado hacerme a la idea de que no estás cuando mi
mente y mi corazón me hacen saber que estás conmigo, que me habitas!”.
Y pensé: “¡Qué difícil ese
silencio, esa noche de la fe, cuando aparecen las dudas, la desesperanza, el
sin sentido, la sensación de haber perdido el tiempo, la soledad profunda…!”.
Tiene que ser tan horroroso que, si no se sufre confiando en Dios y no se
buscan “Cirineos” que ayuden a llevar la cruz, no es de extrañar que haya quien
opte hasta por quitarse la vida.
Recordé a la hermana Yuris (Carmelita de San José) cuando un día dando un
paseo por la montaña me preguntó si había pasado por la noche oscura del
espíritu. Le contesté que no. Y me dije y seguí escribiendo: “Debe de ser que no estoy preparada para una
experiencia tan fuerte y por eso no me haces experimentarlo”. Él sabe de qué
arcilla estamos cada uno hecho y quién puede resistir cada prueba en función de
las gracias que le da.
Hoy lo que tengo es el gozo de sentirle presente en mi vida y por eso le
doy gracias. Por eso esta noche podré gritar con mis herman@s “Verdaderamente
ha resucitado”.
Si llega el día en que se haga el silencio, y la noche quiera devorarme,
espero contar con su gracia para, con paciencia, soportar la prueba y heredar
la corona de gloria que tiene preparada a los que le aman. Ese es mi deseo
también para ti.
miércoles, 1 de abril de 2026
“CUENTA CONTIGO Y CONFÍA EN TI”
Judas
le traicionó, también Pedro con sus negaciones, los otros con esconderse…
Los más cercanos, aquellos a los que llamaba amigos, los que tanto habían
aprendido, recorrido y vivido con Él, aquello en los que confiaba, los que
decían que iban a seguirle hasta el final, los que un día lo dejaron todo… le
dieron la espalda.
Es
iluso, inconsciente y atrevido asegurar no caer, confiar en las propias
fuerzas. Nos pasa y nos puede pasar: Tarde o temprano le traicionamos.
En
el día a día encontramos un montón de infidelidades a Jesús, traiciones a su
amor. La Buena Noticia es que siempre podemos, como Pedro, reconocer nuestra
pequeñez, fragilidad, error… pedir perdón y volvernos a poner en pie para
intentarlo de nuevo.
Jesús
necesita amigos que le acompañen, que entreguen su vida como Él y no se
reserven nada para sí, que carguen con Él la cruz con generosidad y por amor,
que mueran a sí mismos y busquen en todo la voluntad del Padre.
Jesús
necesita testigos de su amor y de su misericordia, no busca corazones perfectos
sino corazones dispuestos a abrirse a su amor y dejarle ser y hacer.
Sabe de tu humanidad, fragilidad, limitaciones, y a pesar de eso o por eso te elige, te llama y cuenta contigo:
- ¿Qué respondes a quien te lo da todo?
- ¿Cómo puedes amarle en tu realidad presente?
- ¿Qué necesitas restaurar en tu relación con los otros?
- ¿Qué tienes que dejar?
- ¿Qué es aquello que todavía no has aceptado, acogido y abrazado?
- ¿A qué has de morir?
A
pesar de tus traiciones pasadas y presentes: “Jesús cuenta contigo y confía en
ti, créelo”. La respuesta depende de ti.
martes, 31 de marzo de 2026
“TODAVÍA ESTAMOS A TIEMPO”
Ya estamos en Semana Santa. Revivimos en estos días cómo Jesús entregó
voluntariamente su vida hasta el final. Como cristianos se nos invita a
identificarnos con Él haciendo en todo momento la voluntad del Padre, siguiendo
sus pasos. ¿Somos conscientes de ello?.
Corremos el riesgo de acudir a las celebraciones o a las procesiones como
meros espectadores de un suceso que ocurrió hace dos mil años, y evitar así que
nos toque, interpele o transforme nuestras vidas. Quizás nos mueve la
costumbre, o el querer, o el gusto… El olor del incienso, el ruido de los
tambores o las representaciones puede que distraigan nuestra atención de lo
verdaderamente importante.
Revisemos qué es lo que nos motiva a la hora de participar de los
distintos actos, o al escoger entre varias opciones. ¿Responden nuestras
elecciones al querer de Dios o al propio gusto, apetencia, costumbre…?
En la vida espiritual no podemos ser eternamente niños caprichosos. Llega
un momento en el que hay que dejar lo que gusta, lo que apetece, lo que atrae,
lo que hace sentir bien… No se puede estar eternamente en el Tabor. Ahí abajo
hay una realidad que nos espera, que requiere nuestra respuesta y es donde Jesús
nos invita a ir. Es allá abajo donde se hace la voluntad del Padre, no haciendo
tres chozas para permanecer entre experiencias gratificantes o buscando eternamente
lo que gusta, lo que da paz, lo que hace sentir bien o lo que se quiere.
¿Qué es lo que la vida y pasión de Cristo dice a mi vida en este momento?.
¿Estoy entregando mi vida por amor a Él?. ¿Busco en todo su gloria o complacer
mis apetitos, satisfacer mis necesidades y responder a mis quereres?. ¿Opto por
su voluntad a la hora de tomar una decisión?. ¿Me refugio en las celebraciones
y procesiones para huir de mi realidad y no enfrentar?. ¿Evito el silencio y
parar para no cuestionarme dónde estoy y hacia dónde debo ir?. ¿Dónde y en qué
me quiere el Señor realmente?. ¿Es eso que elijo lo que realmente quiere de mí?.
Esta Semana Santa puede rozarme la piel o tocar y transformar mi corazón.
Todo dependerá de si permito o no que interpele mi vida, de si me abro o no al Amor,
de si respondo a su voluntad o a mi querer. Todavía estamos a tiempo.
miércoles, 25 de marzo de 2026
“BRILLAR O LUCIRSE”
Todos tenemos luz propia pero, desconociendo esta verdad, podemos buscar,
consciente o inconscientemente, lucirnos.
Quien reconoce la luz que le habita, tiene su centro en Dios. Allá donde
esté, haga lo que haga o incluso sin hacer… brilla. Aunque quiera pasar
desapercibido, todos se percatan de su presencia. Tampoco se da cuenta del
efecto que esa luz tiene en los otros, y cuando se lo hacen ver, no se
vanagoria ni se engrandece por ello, porque sabe que la luz no es suya, no le
pertenece.
Quien desconoce la existencia de esa luz en sí, envidia la luz que otros irradian, y se afana por
imitarlos “luciéndose”. Se convierte así en protagonista de una luz artificial
por medio de acciones o con su forma de ser o estar. Para ello necesita
sobresalir, pasar al frente, escalar, estar a la vista de todos. A veces se
sirve de las cosas más santas para tratar de lucir. Lo peor es que el efecto
que se quiere conseguir no se obtiene. Los otros solo ven a la persona, así que
ésta se acaba decepcionando, tirando la toalla y buscando otros espacios donde
sea tenida en cuenta y pueda “lucirse”.
No perdamos el tiempo en lucirnos ante los ojos de los hombres. Si así lo
hacemos, nos estancaremos, bloquearemos la verdadera luz.
Hoy recordamos el “Sí” de María, un “Sí” que da a Dios el papel
protagonista sobre su propia vida, dejando que Él haga en ella. Siempre estuvo
detrás de Jesús. Pasando desapercibida por muchos, brilló en lo escondido
porque supo aceptar, acoger y abrazar la voluntad de Dios aun cuando dolió.
Amar a Dios no es lucirse haciendo cosas, es dejarle ser y hacer en
nuestras vidas, permitir que su luz brille. Quien así lo hace es fiel a la
verdad, es coherente con su vida, sabe quién es el rey de su corazón, no busca
reconocimiento, no necesita que le vean.
Todos contamos con esa luz. Dejemos a Dios ser Dios, a la Luz ser Luz,
permitirle ser el centro y el protagonista de nuestra vida y no usurparle el
puesto.
Tenemos luz propia. No necesitamos lucirnos para poder brillar.
viernes, 20 de marzo de 2026
“¿QUÉ CLASE DE TIERRA ERES?”
El otro día pensaba en cuanta gente hay que hace cosas buenas, que está
comprometida, que reza, que presta sus servicios y sus talentos en la iglesia…
pero también en qué pocas almas encuentra el Señor dispuestas para poder
realizar su obra. En el afán por hacer no le dejamos hacer a Él.
Jesús nos decía el otro día: “Mi
Padre sigue actuando, y yo también actúo”. Se sirve muchas veces de los
acontecimientos para actuar porque en su afán por respetar nuestra libertad, impedimos
que haga su obra a través nuestro.
Todo un Dios se sigue abajando deseoso de hallar tierra que se abra a su
acción, tierra dispuesta a ser removida, purificada… tierra que acoja su
semilla para un día cosechar frutos para su propia gloria.
A la tierra le toca disponerse, acoger y abrazar la semilla, aceptar el
agua y el abono, sufrir las inclemencias del tiempo (unas veces la sequedad,
otras el exceso de agua…).
No somos la semilla ni el agua, ni el abono, ni el fruto… no podemos
hacer porque crezca la semilla… Tan solo somos tierra, quizá llena de piedras y
abrojos, a lo mejor tierra reseca y dura… pero tierra amada, capaz de dar fruto
si dejamos actuar al sembrador y no le ponemos obstáculos ni resistencias.
¿Qué clase de tierra eres?. ¿Qué clase de tierra quieres ser?. No es sencilla
la respuesta. Es más fácil hacer que dejarse hacer. Aparentemente da más
seguridad llevar el control que abandonarse. Es más gratificante ser
protagonista por las compensaciones que te reporta que ceder el lugar a otro.
¿Qué clase de tierra eres?. ¿Qué clase de tierra quieres ser?. Sé
consciente de lo que respondes porque Dios todo lo escucha y te va a tomar la
palabra.
La madre de Santiago y Juan deseaba los primeros puestos para sus hijos,
que estuvieran sentados a la derecha del Padre… Sí , sí, claro, casi nada pero “¿estáis
dispuestos a beber el cáliz que yo he de beber?”. De esto se trata el ser
tierra disponible y dejarse trabajar por Dios: “Estar preparados para vivir lo
mismo que su Hijo, con la seguridad y la confianza de que estará con nosotros
hasta el final, tal y como lo prometió”.
sábado, 14 de marzo de 2026
"SE ENTREGÓ POR MÍ"
RETIRO DE CUARESMA
PARROQUIA “NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN”
“SE ENTREGÓ POR MÍ”
(Sábado 14 de marzo de 2026)
MOMENTO INTRODUCTORIO
Buenos días. Bienvenidos a este retiro de Cuaresma. En esta mañana haremos un recorrido con Jesús desde Jerusalén hasta la cruz. Te ayudará a ubicar en qué momento estás en tu camino espiritual y qué pasos puedes dar para seguir avanzando.
Que sea una mañana de
encuentro con quien lo sigue dando todo por ti, con quien te ama, y no se cansa
de buscarte y de atraerte hacia Él de mil y una maneras.
Ábrete y acoge el Amor
que en este retiro quiere derramar en tu corazón. Sé valiente, déjate hacer y
tu vida cambiará. Con este deseo comenzamos este retiro.
¯ Canción: Yo canto a mi Señor
Yo
canto a mi Señor con todo mi ser
y
proclamaré su misericordia, alabaré su nombre
Yo canto
a mi Señor con todo mi ser
con un
gozo inmenso le alabaré, aleluya.
PRIMER MOMENTO:
“Entrada a Jerusalén” – Encuentro y fiesta
1.- Del Evangelio según San Mateo (Mt.
21, 8-11)
“Había muchísima gente; extendían sus mantos
en el camino, o bien cortaban ramas de árboles, con las que cubrían el suelo. Y
el gentío que iba delante de Jesús, así como los que le seguían, empezaron a
gritar: “Hosanna al hijo de David, bendito sea el que viene en el nombre del
Señor!.¡Hosanna en lo más alto de los cielos!.
Cuando Jesús entró en Jerusalén toda la ciudad se alborotó y preguntaban: ¿Quién es éste?”. Y la muchedumbre respondía: “¡Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea!”
2.- Meditación. “Los que te alaban”
Entraste
en Jerusalén entre vítores, aclamaciones, aplausos. Muchos de ellos habían
tenido un encuentro contigo, habían sido sanados por ti y no podían dejar de
alabarte, de agradecerte.
Esto es
lo que pasa en muchos procesos de conversión. El encuentro contigo transforma y
cambia la vida. En esa euforia uno se quiere comer el mundo, se siente
dispuesto a todo, dice que sí a todo, todo le parece poco para responder a
tanto amor.
Unos días después de tu entrada triunfal en Jerusalén, los que te aclamaban con palmas te dieron la espalda. De la noche a la mañana pasaste a ser poco más que un criminal, alguien peligroso para sus vidas, lo más sensato era acabar contigo y volver todos a lo de antes.
La
euforia sentida en los primeros momentos o en los procesos de conversión
estridentes, se acaba pasando. Es como la botella de champange que cuando la
abres tiene montón de burbujitas pero cuando lleva una semana abierta ya no
encuentras ni una burbuja. Se pasó el efecto de las burbujas. Quien se sentía
atraído por ti porque en ti hallaba gustos, consuelos, satisfacción, euforia,
paz… comienza a desanimarse o incluso a alejarse porque ya no encuentra todo
eso. Llega la aridez, la sequedad… se hace la noche del sentido… Comienzan las
dudas: “Esto no tiene sentido”, “Me ha abandonado”, “No merece la pena
continuar”, “¿Por qué me pasa esto?”, “¿Por qué no vuelve a ser todo como
antes?”… Quizás lo hayas vivido ya, o estés en este momento o tal vez estés a
punto de experimentarlo.
La realidad es que nos quitas todos los consuelos y gustos para que nos centremos más en Ti por lo que eres, y no por los “dulces” que nos ofreces.
No
crecemos si nos servimos de ti para estar mejor y si te buscamos como
salvavidas de nuestros problemas.
Esperas
que te amemos por ti mismo, quieres que te amemos gratuitamente más allá de los
consuelos que puedas darnos, quieres que nos acerquemos a ti solo por pura fe.
Hago silencio y me pregunto: ¿Qué busco cuando te busco?
3.- Meditación. El camino: “La identificación con Cristo”.
Seamos realistas, amar a Jesús implica avanzar en el camino, un camino empinado que termina en una cruz que da paso a una vida en plenitud. Amar a Jesús supone acompañarlo en todas las etapas de ese camino. Si queremos avanzar tendremos que asumir la realidad de Jesús, experimentar lo que Él sintió y sufrió… No es un camino de rosas, ni de alabanzas, ni de “subidones”… pero si apostamos por él sabemos que no lo recorreremos solos, Él va a nuestro lado y nos dará en cada momento lo necesario para realizarlo y llegar a la cima, a la cumbre. Por supuesto que este camino no tiene nada que ver con los caminos que nos ofrece el mundo donde se nos invita a lo fácil, a lo divertido, a lo cómodo, a lo bonito, a lo que da consuelo…
Hago silencio y me pregunto: ¿Qué camino es el que quiero seguir?
Canción: “He decidido seguir a Cristo”
Si te decides por seguir a Cristo, adelante, no vuelvas atrás.
Si ya no sientes los consuelos de los primeros momentos, no te
detengas, adelante.
Si ves que otros se retiran y abandonan, tú sigue adelante.
Mantén tu mirada y tu corazón fijos en Jesús y decídete por Él, síguele a Él.
SEGUNDO MOMENTO. “Monte de los olivos” – Abandonado por todos. Abandono en los brazos del Padre.
1. Introducción.
Hemos cantado, porque así lo deseamos, que queremos seguir a
Cristo. Vamos a situarnos en este segundo momento en el monte de los olivos. Y
vamos a dividir este momento en dos utilizando la misma palabra: Abandono.
-
Jesús abandonado por todos, Jesús
con su soledad.
- Jesús que se abandona en los brazos de su Padre acogiendo su voluntad.
2.- “Quédense aquí conmigo y
permanezcan despiertos”
Mateo 26, 36-39. “Llegó
Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos:
“Siéntense aquí, mientras yo voy más allá a orar”. Tomó consigo a Pedro y a los
dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. Y les dijo:
“Siento una tristeza de muerte. Quédense aquí conmigo y permanezcan
despiertos”.
Fue un poco más adelante y,
postrándose hasta tocar la tierra con su cara oró así: “Padre, si es posible
que esta copa se aleje de mí.”
Meditación.
Aquellos a los que elegiste, que decían quererte, aquellos que te
seguían, aquellos que aprendieron tanto de ti, en los que confiabas, aquellos
que estaban dispuestos a todo por ti… se quedaron dormidos cuando más los
necesitabas.
Seguro que alguna vez has experimentado como Jesús el rechazo, la
incomprensión, la burla, la crítica, el abandono, el miedo, la tristeza, la
enfermedad, el dolor, la soledad… Quizás estás viviendo en este momento algo de
esto. Tengo una buena noticia: No estás sol@, Jesús lo está sufriendo contigo. Es
ahí, en el dolor, donde Jesús está más cerca, donde te llama, donde te tiende
la mano para unirse más a ti. Él te conoce, sabe lo que te sucede, conoce tus
luchas, no es ajeno a tus preocupaciones, te acompaña en tu proceso, entiende
tus miedos, tus dudas, tu frustración, tu impotencia…
Silencio. Te invito a cerrar los ojos. Toma conciencia de la presencia de Jesús a tu lado y en ti. Permite que te acompañe en eso que estás viviendo y te hace sufrir tanto, y déjate alcanzar por su mirada de amor.
Canción.
“Sólo en Dios descansa mi alma”
“Nos
has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en
Ti” decía San Agustín.
Descansemos nuestro corazón y nuestra alma sólo en Dios.
Sólo en
Dios descansa mi alma porque de Él viene mi salvación,
sólo Él
es mi roca y mi alcázar, junto a Él no vacilaré
Meditación. Ya le has dejado a Jesús acompañarte, sabes que siempre puedes contar con Él, pero Él también necesita que le acompañes. En esa soledad en el huerto de los olivos requiere tu presencia. Se siente incapaz de hacer frente a lo que se le viene encima, hasta el punto de clamar al Padre: “Padre, si es posible que esta copa se aleje de mí”.
Silencio. Te
invito de nuevo a cerrar los ojos y en el silencio de tu corazón acompaña a
Jesús, abandonado por los otros, en su soledad en el huerto de los olivos.
3.- “Que no se haga lo que yo quiero sino lo que Tú quieres”. Jesús se abandona en los brazos del Padre acogiendo su voluntad.
¡Cómo nos cuesta eso del abandono!. Al rezar el padrenuestro
decimos “Hágase tu voluntad” pero la
realidad es que no siempre la aceptamos.
Cuando todo se tuerce y aparecen las adversidades podemos llegar a
preguntarte: ¿Dónde estás? ¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho para merecer esto?.
¡Cuánto nos queda por recorrer y por crecer para llegar a lo que
otros vivieron antes que nosotros!.
Recordemos la oración de abandono de Carlos de Foucauld
Padre me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras
¿estamos dispuestos a dejarnos hacer por Dios?
Sea lo que sea te doy gracias
¿le damos gracias siempre y en todo momento y por todo?
Todo es todo… no solo por lo que calificamos como bueno sino
también por aquello que no es tan bueno. Si Dios lo permite es porque puede
sacar de ello un bien mayor. ¿Lo creemos?
Acción de gracias. Os invito a dar gracias en voz alta al Señor y a unirnos todos a la acción de gracias de cada uno en particular.
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Recordemos
también la santa indiferencia a la que nos invita San Ignacio de Loyola.
Que no desee más salud que
enfermedad
Riqueza que pobreza
Honor que deshonor
Vida larga que corta
Y así en todo lo demás
Solo desear aquello que más me
conduzca al fin para el que he sido creado: La gloria de Dios
Estamos invitados a ese grado de indiferencia, de abandono, de
confianza, de creer que estamos en sus manos y nadie mejor que Él para saber
qué es lo que más conviene para que sea conocido, amado, glorificado.
Estamos invitados a no desear más una cosa que otra, a acoger,
aceptar, abrazar y agradecer lo que el Señor nos presenta en cada momento
(personas, situaciones adversas, oportunidades…)
Silencio. Nos preguntamos: ¿Qué pedimos en nuestras oraciones? ¿Lo que
creemos mejor para los otros y para nosotros o realmente nos abandonamos a Dios
ofreciendo que tome las riendas de nuestras vidas mientras le decimos: “Haz con
mi vida lo que Tú quieras”?
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Nuestra entrega será perfecta y nuestra vida será plena cuando
aceptemos todo lo que acontece (consuelos o aflicciones, honores o desprecios,
salud o enfermedad, éxitos o fracasos).
Abandonarse en las manos de Dios es tener la certeza de que cualquier
contrariedad que podamos sufrir ha sido prevista por nuestro Padre Dios. Si
enfocamos nuestra mirada en eso que estamos viviendo (un comentario escuchado,
algo que nos han hecho, algo que ha sucedido, un dolor que tenemos, un
sufrimiento…) será muy difícil abandonarnos. Tenemos que trascenderlo y esto solo
es posible alzando o elevando nuestra mirada y nuestro corazón a Dios. Nuestro
amor propio nos enreda y nos impide trascender. Si se nos hace difícil pidamos
al Padre que tome posesión de nuestra alma y de nuestro corazón, como hacía
Santa Teresita, para que sea Él quien vaya llenándonos de su amor.
Silencio.
La prueba de que nos hemos abandonado es el experimentar la paz y
alegría en esa situación que estamos viviendo. Si en esa situación difícil no
sientes la paz y la alegría es porque quizás haya resistencias… pide al Señor
que te ayude a abandonarte (ábrete y acoge “eso” que te quita la paz y te tiene
triste).
Silencio.
Aunque en ocasiones no lo entendamos, “Dios siempre quiere lo
mejor para nosotros”. Ahí es donde se prueba nuestra fe, nuestra esperanza,
nuestra confianza.
Presentémonos ante el Señor con las manos vacías para acoger todo
lo que nos quiera dar y colaborar así en su plan de salvación para toda la
humanidad.
Canción. “Manos vacías”.
Manos vacías eso es lo que
espera en mí
Él me ha
mandado dejarlo todo a sus pies
hasta que no tenga nada en mi poder
para que Él pueda llenar mi vida hasta rebosar.
1.- Evangelio (Mateo 27, 35-38)
“Allí lo crucificaron y después se
repartieron entre ellos la ropa de Jesús, echándola a suertes. Luego se
sentaron a vigilarlo. Encima de su cabeza habían puesto un letrero con el
motivo de su condena, en el que se leía: “Este es Jesús el rey de los judíos”.
También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su
izquierda”.
2.- Introducción.
Jesús ya lo había anunciado, cuando invita, cuando
llama, es a recorrer su mismo camino. “El
que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me
siga”.
A veces no entendemos o no queremos entender eso de
negarse a sí mismo. Negarse a sí mismo supone renuncias: Renunciar a nuestros
gustos, quereres, apetencias… a buscar reconocimiento, valoración, estima… a la
vanagloria, a la vanidad… Son pequeñas muertes que tenemos que ir realizando. A
más “yo y mis cosas, intereses y caprichos” menos espacio le dejo a Él. Y cuanto
menos amor propio haya en mí, más permitiré a Dios llenar mi corazón. Será la
puerta para vivir en plenitud. Para vivir hay que morir.
San Juan de la Cruz nos invita a imitar a Cristo en todo y para eso es necesario renunciar a los gustos si no es para honra de Dios. Morir a nuestro yo para vivir.
Inclinarnos a lo más dificultoso, a lo más
desabrido, a lo que da menos gusto, a lo más trabajoso, a lo que me va a dar
desconsuelo, a lo menos, a lo más bajo y despreciado…
·
Hago
silencio y me pregunto: Si
en lo pequeño no soy capaz de asumir esas pequeñas muertes ¿cómo voy a seguir a
Jesús hasta el final?
En el camino de Jesús ni lo mucho es más, ni lo poco es menos. Los criterios evangélicos son contrarios a los del mundo
“Si quieres
ser el más grande tienes que ser el más pequeño”; “Si quieres ser el primero,
sé el último”; “Para vivir hay que morir”; “Para tenerlo TODO hay que dejarlo
todo”; “Si te abofetean en una mejilla, pon la otra”…
No es de
extrañar que motive tan poco el camino de Jesús cuando el mundo ofrece: éxito,
fama, honores, placer, cosas…
Y sin embargo, la felicidad que ofrece Jesús es profunda. Los medios: deja, confía, sal de ti, entra por la puerta estrecha, muere, sirve, permanece, perdona, ten compasión, entrega tu vida…
La entrega de la vida no
consiste en hacer muchas cosas santas, estar horas rezando, tener muchos
compromisos en la iglesia… Puedes hacer todo eso y no estar dando ni un ápice
de tu vida. No damos gloria a Dios haciendo muchas cosas
sino haciendo esas cosas que tenemos entre manos con paz y mucho amor.
El amor es la vocación
universal a la que todos estamos llamados, nos lo recuerda nuestra querida
Santa Teresita. Jesús es nuestro Maestro en el arte de amar y entregar su vida.
Eso es lo que hizo al permitir ser clavado en una cruz y al pedir al Padre que
perdonara a los que estaban colaborando en su muerte.
Canción. “Ubi caritas”. Donde hay caridad y amor ahí está el Señor.
·
¿Te cuesta verlo,
escucharlo…? Abre los ojos, abre tus oídos y contempla la realidad que te
rodea.
· ¿Quieres ser reflejo y testimonio de amor?. Ama
Todo un Dios se hace criatura humana para acabar
muriendo en una cruz para darnos a conocer su amor. Se entregó por ti y por mí.
Lo dio todo y lo sigue dando. Sigue ofreciendo su Amor y su Misericordia a
quien abra sus brazos y su corazón para acogerlos.
Y desde la cruz también tiene mucho que decirnos. Podemos
encontrarnos con Él en la cruz. La cruz no es un pedazo de madera, en ella está
el mismo Jesús. Abrazar la cruz es abrazar a Jesús. Abraza y acepta con amor
las cruces cotidianas como instrumentos de gracia que purifican tu corazón, que
vacían tu corazón y lo hacen capacidad para que él pueda llenarlo.
Silencio.
Mirar la cruz es mirar a Jesús. Mira y abraza la
cruz y ahí encontrarás todo lo que necesitas para seguir caminando y llegar a
la meta, ahí puedes hallar esperanza, consuelo, fortaleza, misericordia,
amor...
Te invito en este momento a mirar la cruz, a mirar a Jesús en la cruz.
·
Ante el Misterio de
la Cruz. ¿Qué se puede pedir?.
·
Ante el Misterio de
la Cruz solo cabe abandonarse y confiar.
Ofrécele tu vida y ponla a sus pies con todo lo que en ella hay en este momento, Él conoce tu realidad, tu presente, lo que guardas en tu corazón (tristeza, miseria, pobreza, limitación, fracasos, talentos, alegrías, esperanzas, sueños, deseos…).
Hoy como entonces, todo esto puede ser iluminado,
recolocado, transformado...
El corazón herido puede ser sanado, el corazón roto
puede ser restaurado, el corazón endurecido puede recuperar su esencia y volver
a ser compasivo y misericordioso.
Y ahora te voy a invitar a que mires la cruz, mira a Jesús en la cruz y graba en tu alma la frase que resuene en tu corazón.
Cuando te sientas sin fuerza o creas haber tocado fondo… mira la cruz
Cuando te quejes por tu mala
suerte… mírale en la cruz
Cuando
te enfermes… mira la cruz
Cuando tengas problemas
económicos o laborales… mírale en la cruz
Cuando
pierdas a un familiar o una amistad… mira la cruz
Cuando sientas la soledad…
mírale en la cruz
Cuando
la angustia y le preocupación por el mañana te ahoguen… mira la cruz
Cuando necesites un abrazo…
mírale en la cruz
Cuando
pierdas la esperanza… mira la cruz
Cuando creas que Dios no te
escucha… mírale en la cruz
Cuando
todos te abandonen… mira la cruz
Cuando tus heridas te
duelan… mírale en la cruz
Cuando
tus deseos no se cumplan… mira la cruz
Cuando estés triste… mírale
en la cruz
Cuando
no te puedas perdonar… mira la cruz
Cuando no puedas perdonar a
otros… mírale en la cruz
Mira
la cruz… porque la cruz no es el final sino el inicio de algo nuevo
Mírale la cruz porque nadie como Él para
comprender lo que estás pasando y abrazarte también en tu desolación
Porque
tú eres su hijo/a amado/a
Canción. “En momentos así” solo podemos alabarte y darte gracias por tanto y por todo.
En momentos así levanto mi voz, levanto mi canto a Cristo
En momentos así levantó mi ser, levanto mis manos a Él
Cuánto te amo Dios, cuánto te amo Dios,
cuánto te amo, Dios te amo
¯ Canción final: “NADA NOS SEPARARÁ”