domingo, 12 de julio de 2026

“ENTREGARLO TODO”

 

Comentando con una amiga algo que me tenía un poco turbada me preguntó: “¿Todos estos días has cargado con esto?”. Lo curioso es que al día siguiente, al hablarlo con un sacerdote, también me cuestionó: “¿Por qué no lo entregas?”.

Ahí está la clave: “ENTREGARLO… ENTREGARLO TODO”. ¡Y qué paz se siente!. No es un desentenderse, ni un evadir la responsabilidad, sino un “poner en el centro a quien debe estar en el centro”.


Aquello que nos inquieta, que nos quita la paz, que nos da miedo perder, que nos enoja, que nos entristece… tiene su origen en habernos apropiado de ello. Nos quejamos, culpamos a otros, pataleamos, lloramos... Nos colocamos en el centro desempeñando el rol de víctima de los otros o de las circunstancias. “Eso” que nos enreda se convierte en una gran piedra en la mochila que nos resistimos a soltar. En vez de vaciarnos añadimos más peso a nuestras vidas. Perdemos el tiempo contemplando eso, hablando de eso, pensando en eso, y perdemos la oportunidad de estar en el presente, de vivir el momento, de abrirnos a nuevas oportunidades, de agradecer lo que acontece.

¿Por qué apropiarnos de algo cuando nada nos pertenece?.

¡Tan sencillo y tan complicado que lo hacemos!. Nada nos pertenece: Salud, cualidades, éxito, admiración, familia, casa, trabajo, amigos, responsabilidades, grupos… ni siquiera la vida. Entregarlo… entregárselo todo… ésta es la tarea… ésta es la invitación.

Tan complicado y tan sencillo que podemos hacerlo al unísono con San Ignacio de Loyola “Vos me lo diste, a vos Señor lo torno, todo es vuestro…”.

Entreguemos al Señor TODO…

* Lo que nos afecta para volver a ponerle a Él en el centro y no usurpar el lugar que sólo a Él le corresponde.

* Lo que nos alegra, estimula nuestra fe y enriquece nuestra vida, para recordar de quien dependemos y a quien le debemos lo que tenemos ahora.

Todo lo que no consideramos tan bueno es invitación a salir de nosotros y a abrirnos a los otros, es oportunidad para poner nuestros ojos en Aquel que nos ha creado, de quien dependemos y que nos atrae con su amor.

Todo lo bueno es don, todo es regalo de Dios. Démosle gracias por lo que hay en nuestro haber en este momento sin apropiarnos de ello, mañana no estará…

Entreguemos también nuestra historia, nuestro futuro.

Entreguemos… ¿Qué es aquello que te resistes a entregar?

Nada nos pertenece… Todo es suyo. Sólo así se puede caminar ligero de equipaje.

lunes, 29 de junio de 2026

“¿POR QUÉ TE HAS TARDADO TANTO?”

 

Hoy te invito a hacer un ejercicio de imaginación. Algo así como lo que recomienda San Ignacio de meterte en la escena pero esta vez vas a ocupar el lugar de la persona que llega al lugar que te voy a indicar.

Supón que te levantas y piensas en ir a confesarte. Llegas a la iglesia y te encaminas a donde sabes que puedes encontrarte con el sacerdote. Entras, sin mediar palabra le das un abrazo y mientras te tiene en sus brazos y sientes su cariño, le escuchas un reclamo lleno de amor desde lo más profundo de su corazón: “¿Por qué te has tardado tanto?”. ¿Qué haces: Lloras, sonríes, le das un beso, te apartas…?. ¿Qué dices: te justificas, reclamas, te callas…?.

Y ahora vamos a dar un paso más. Imagínate que es Jesús quien al acercarte es el que, también con mucho amor, te pregunta: “¿Por qué te has tardado tanto?”. ¿Cómo reaccionas?. Quizás lo más fácil es lo de siempre: Buscar justificaciones  para no asumir la propia responsabilidad (es que pensaba… es que tenía que… es que no sabía que…). O puedes optar por culpar a los otros, a las circunstancias o a Él mismo. O quizás decidas permanecer en silencio. O… No te doy más ideas porque quiero que seas tú quien reaccione y responda a Jesús pero ¡Cuidado con caer en la culpa, en la tristeza, en el lamento… por el tiempo perdido, por no haberlo sabido hacer mejor, por…!.  Todavía no es tarde, es hoy y ahora que te hace la pregunta para que seas consciente de su amor paciente, un amor que siempre ha respetado tu libertad y no se ha cansado de esperar. ¿Qué tienes tú que decirle?.

jueves, 25 de junio de 2026

“NO TE AGOBIES”

 

El pasado sábado el sacerdote nos compartía una anécdota de cuando era seminarista a cuenta del evangelio que se proclamaba ese día. Mateo 6, 24-34 “Mirad los pájaros del cielo: no siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta ¿No valéis vosotros más que ellos? (…) ¿Por qué os agobíais…? (…) No andéis agobiados…”

Eran jóvenes, tenían unos cuantos exámenes, y el rector les dijo de ir a unas charlas que había organizado el obispo. Todos protestaron porque “estaban agobiados” y veían más razonable dedicar ese tiempo a estudiar. Entonces el rector les reclamó diciendo: “Podéis estar cansados pero nunca agobiados. Quien se agobia es porque pone la confianza y la seguridad en sí mismo (capacidad, cualidades, dones, manera de cómo tienen que ser las cosas…), en los otros o en las cosas”.

Sencilla la enseñanza de Jesús. Tras recordarnos que donde está nuestro tesoro está nuestro corazón e invitarnos a poner a Dios en el centro de nuestra vida, subraya la importancia de poner toda nuestra seguridad y confianza solo en Dios.

Cuando las cosas, los otros o yo, somos el centro… Cuando en algo de todo esto está puesta nuestra seguridad o confianza… todo se tambalea surgiendo en algún momento la  inquietud, el miedo, el enojo, la frustración… Perdemos la paz del corazón.

Solo Dios permanece, solo Él es el único apoyo firme, la roca, el cimiento que permite mantener o recobrar la calma cuando se pierde.

“Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta”. ¡Qué descanso cuando haciendo todo lo que está en las propias manos se deja todo en las suyas!. ¡Qué humildad reconocer que hasta lo que ponemos de nuestra parte es obra suya!. Todo depende de Él. Él sabe y lo dispone todo según nos conviene, de nosotros está el aceptarlo, acogerlo y abrazarlo. De ello depende la paz interior o la turbación de nuestra alma.

Si hay algo en este momento que turba tu alma, detente, revisa quién o qué es el centro y resitúate para colocar a Dios en el centro. En esa realidad que estás viviendo Dios te habla, Dios te ama y quiere que acojas su voluntad y respondas al Amor con amor.

Quien se siente en las manos de Dios no se agobia porque se confía a su divina providencia y acepta su voluntad.

domingo, 7 de junio de 2026

“FALTA DE AMOR”

 

Las continuas quejas y miedos, el malestar porque me señalaron una falta o no me alabaron una hazaña, el esfuerzo por defender mi territorio o mi imagen, el afán por hacer, servir o ayudar, la ansiedad, la tristeza, la preocupación, el rencor… hablan de mi falta de amor, de la necesidad de amor. La falta de amor es falta de Dios. La necesidad de amor es necesidad de Dios.

Quizás creemos en Dios, celebramos la Eucaristía, rezamos, tenemos algún compromiso en la iglesia… pero nos encerramos en nuestro pequeño mundo, con nuestras cosas, ideas sobre cómo tiene que ser todo, normas, esclavitudes… y no le damos cabida al amor. Por llenarnos de todo eso, nuestro corazón se siente vacío porque lo único que lo puede colmar no tiene espacio. Nuestra alma desea descansar en él, calmar su hambre de Dios, de amor, y cada vez se encuentra más lejos y más vacía.

La falta de amor es resultado de existir desde la imagen ideal que queremos conquistar o dar a los demás. Por no vivir desde la mirada amorosa del Padre acabamos haciendo muchas cosas que dan respuesta a los deseos y expectativas de los otros o de nosotros mismos, nos volvemos esclavos de ellos o de nuestro ego.

Ese Padre nos ama tal y como somos, tal y como estamos. Comprender y experimentar esta verdad nos permite ser libres y responder únicamente a su voluntad. De otra forma podemos hacer muchas cosas y muy buenas pero ¿A quién respondemos: A un ego insatisfecho, herido y necesitado, o a una imagen idealizada e inalcanzable?. ¿Cuánto tiempo vamos a seguir así?. ¿Qué necesitamos para ubicarnos bajo la única mirada y el único amor que puede saciar la sed de nuestra alma?.

“TARDE CON MOISÉS”

 

Hace unas semanas estuve en Olza con un grupito de la parroquia de “Nuestra Señora del Carmen” de Logroño. Olza es un pueblo a unos pocos kilómetros de Pamplona. Allá las Carmelitas Descalzas organizan, una vez cada dos meses, una tarde de oración.

El texto con el que oramos y meditamos fue el del Éxodo 14, 5-14, la huida del pueblo de Israel de la esclavitud de los egipcios. Un texto para cuestionarnos sobre nuestras esclavitudes (qué nos ata, qué nos impide avanzar, qué pseudoganancias encontramos para mantenernos en esas situaciones que sabemos que nos paralizan y no engendran vida).

Mantenerse esclavo o ser libre es una decisión personal. Implica tomar decisiones y emprender un camino desconocido. Desgraciadamente muchas veces preferimos optar por lo conocido, por lo que creemos que nos da seguridad, por aquello que controlamos… y eso nos estanca impidiendo nuestro crecimiento. Podemos asumir durante años un mismo cargo o responsabilidad, realizar las mismas cosas… y nos encadenamos. El miedo a soltar, a escapar de la esclavitud del faraón y adentrarnos en un territorio desconocido nos impide emprender el camino de la verdadera libertad. Justificaciones nunca faltan y es que al menos donde uno está y conoce, uno se siente seguro y si además eso aporta reconocimiento, éxito,,. ¿Dónde agarrarse si falta todo eso?. “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Así dice el refrán pero si los santos hubiesen seguido este consejo no habrían llegado a santos.

Dar un paso adelante implica arriesgarse, ser valiente, dejar atrás, renunciar, confiar, abrirse a nuevos escenarios, abandono, esperanza. Desconocemos qué hay al otro lado, qué podemos encontrarnos conforme avanzamos, pero quien tiene fe sabe quien le sostiene, sabe que no camina solo.

En ocasiones son las circunstancias las que nos empujan a salir de la zona de confort adentrándonos en otros paisajes desconocidos e incluso no queridos. Áridos desiertos y oscuras noches en las que no se ve por donde avanzar, en los que surgen miedos, dudas, en los que no se encuentran apoyos. La adversidad, contemplada con ojos de fe, se convierte en una oportunidad para dejar atrás, para romper con aquello que nos tenía paralizados y esclavos.

Hemos sido creados para ser libres pero la realidad es que nos llegamos a convertir, si no estamos muy atentos, en esclavos de los otros, de las circunstancias, de las cosas o lo que es peor, de nosotros mismos.

Hemos sido creados para ser libres y eso implica un acto de fe que nos lleva a confiar en la intemperie, que nos conduce al desapego total y al abandono.

“PALABRAS O FRASES QUE RESUENAN EN EL CORAZÓN”

 

Haciendo los Ejercicios Espirituales de mes de San Ignacio de Loyola, en Guatemala en el año 2007, se nos invitó a encontrar nuestra consigna (aquella palabra venida de Dios que nos serviría toda la vida para vencer al mal). Siempre la recuerdo y la rescato en los momentos de dificultad, me ayuda a ubicarme, a centrarme y a seguir adelante.

Lo cierto es que, en el día a día, pueden surgir otras palabras o frases que son de mucha utilidad en el momento concreto que se está viviendo. Pueden llegar en el silencio, a través de otros, por medio de una canción, la lectura de un libro…

La semana pasada llegaron dos frases a mí que resonaron de manera especial y me siguen acompañando: Una a través de una carta y otra por medio de un sacerdote. De ésta última quiero hablar. El domingo confesándome, el sacerdote me habló de un montón de cosas. El lunes en la mañana, en mi oración estaba bien enredada (Había dormido fatal, una hermanita franciscana me dijo después de la eucaristía: “¡Qué mala cara tienes!”). El mal espíritu ni descansa ni deja descansar.  En medio de la oración, una de esas frases, que había pasado desapercibida en la plática con el sacerdote, cayó en mi corazón y me volvió ubicar de tal manera que, sigue resonando en mi corazón con fuerza.

Pero en todo esto hay que estar  muy despiertos porque si bien es cierto que el Espíritu inspira palabras o frases por medio de otros, también el mal espíritu utiliza la misma artimaña y puede confundirnos sirviéndose del evangelio y generando una falsa paz o una falsa alegría, y en el peor de los casos provocar sentimientos de culpa. Se hace necesario por esto el autoconocimiento, el silencio, la oración.

Lo que es de Dios da paz profunda, consuela, aumenta la confianza y la esperanza, anima y fortalece.

Estemos despiertos porque no todo lo que parece bueno es de Dios.

Estemos despiertos para escuchar lo que Él tiene que decirnos.

Estemos despiertos porque nos habla a través de todo y todo nos lleva a Él.

jueves, 4 de junio de 2026

“EL JARDÍN”

 

Hace unas semanas, antes de comenzar la oración del domingo, Nieves expresó la importancia de ser cada uno lo que es sin tratar de imitar a los otros. Y me decía: “Yo no puedo ser como tú ni hacer lo que tu haces”. Y yo añadí: “Ni tienes que intentarlo”.

Somos como las flores de un jardín. A cada uno se nos ha dado unos colores para embellecerlo y armar juntos un bonito paisaje. Nadie tiene que esforzarse en tratar de ser lo que no está llamado a ser.

Las comparaciones con los otros, el querer ser como los otros o hacer lo que ellos hacen, el sentirse menos… provocan sentimientos de impotencia, frustración, rabia, celos, incluso odio y deseo de venganza, llegando a tener actitudes que nos dañan y pueden perjudicar a otros.

Cuando miremos a los otros que sea para alabar la obra de Dios, la belleza que generan alrededor con su forma de ser, de estar, con su presencia. Y demos gracias a Dios por la diversidad, por la complementariedad, y por lo afortunados que somos al gozar de todo lo que Él nos regala a través de los dones y virtudes de los otros. Y alegrémonos de los beneficios que los otros reciben y ponen al servicio de la comunidad para gloria suya.

Nuestra misión no es ser como… ni hacer lo que hace… porque nos perderemos nuestra vida. Cada uno tiene que descubrir su propia belleza, lo que está llamado a ser, y para eso es necesario estar atentos a las insinuaciones del Espíritu, ese Espíritu que ya se nos ha dado y habita en cada uno. Ese Espíritu al que se puede escuchar cuando se acallan los ruidos externos y los que generamos con nuestros pensamientos. Ese Espíritu que habla en nuestro corazón pero también en la rutina, en los encuentros, en los acontecimientos.

No tienes que ser la flor más hermosa del jardín, simplemente lo que estás llamado a ser y así serás una hermosa flor. La clave: Ser ser uno mismo siguiendo las insinuaciones del Espíritu, y respondiendo a la voluntad de Dios en todo momento en la realidad concreta que te toca vivir. 

 


domingo, 24 de mayo de 2026

“YO ELIJO”

 

Ante lo que se nos presenta siempre podemos resistirnos, asumir con resignación o elegirlo. Pasamos de ser víctimas y esclavos de los otros o de las circunstancias a ser señores de nuestra voluntad y a vivir en plenitud cada vez que elegimos por amor todo lo que se nos ofrece.

La clave es que la elección sea por amor a Dios porque si elegimos buscándonos a nosotros mismos también estamos perdidos.  

Cuando elegimos para que los otros no se molesten, o para que no hablen de nosotros, o por compromiso, o porque creemos que no tenemos otra opción, o porque solo nosotros sabemos o podemos… somos esclavos de las circunstancias o/y de los otros. Eso solo genera malestar, enojo, tristeza… La verdadera libertad y la vida en plenitud radica en elegir TODO por amor a Dios.

Tenemos dos opciones: Elegir o dejar que los otros o las circunstancias nos elijan.

Elegir es tomar la iniciativa, orientar la voluntad a aceptar y acoger “eso” que tengo delante. Elegir por amor a Dios: “Esa realidad, esas palabras, esos gestos,  a esas personas, esas noticias, ese trabajo, esa enfermedad, ese cansancio, ese rechazo, esa angustia, ese miedo, esa soledad, esa tristeza, esas dudas, ese éxito…”.

Si algo me pesa, me cuesta, es porque se me está imponiendo y no termino de elegirlo. En ocasiones se trata del orgullo que todo lo quiere tener bajo control o que se resiste a perder la batalla. Elegir me da autoridad sobre el mal que puede querer atraparme o el que ya se ha podido colar en mí.

A Jesús nadie le quitó la vida, la dio voluntariamente.

Santa Teresita ante un montón de regalos dijo: “Yo lo escojo todo” y eso lo aplicó a todo lo que se le fue presentando en su vida.

Quererlo todo por amor, elegirlo todo por amor, pero por amor a Dios. De esta forma, Jesús y todos los santos pudieron entregar su vida hasta el último aliento.

¿Acaso algo o alguien puede hacernos daño desde esta actitud o forma de orientar la vida?. Cuando sientas a algo o a alguien como una amenaza a tu paz interior, orienta tu voluntad a elegirlo por amor a Dios y verás cómo todo vuelve a ordenarse.

domingo, 17 de mayo de 2026

“ALZA LA MIRADA”

 

El otro día, esperando que el semáforo se pusiera en verde, un sacerdote me preguntó como estaba y sonriendo le respondí: “Muy bien”. A lo que añadió: “Pero ¿siempre estás bien?”. Es evidente que no siempre estoy bien. No soy un robot y tampoco de piedra, como humana tengo mis pataletas y mis berrinches. Lo que sí que es cierto es que trato de ver lo positivo en todo y cuando no estoy bien lo agradezco muchísimo porque eso me ubica, me lleva a conectar con mi miseria, mi pobreza, mi pequeñez y a la vez mi necesidad de Dios. Es ahí cuando reconozco mi verdad: El poder del ego sobre mí revelándome mi soberbia expresada en la queja, la crítica, el rechazo de lo que acontece, la culpa… Y a la vez el amor incondicional de todo un Dios que no lleva cuenta de mis imperfecciones, caídas, defectos o ingratitud, tampoco de mis éxitos u obras, y lo único que desea es que le abra mi corazón y acoja todo el amor que quiere derramar en mí. Con todo esto, si hay algo que siento y me duele es todo el amor desperdiciado que no he acogido por encerrarme en el reino de mi ego.

El himno de la visita del Papa a España es una invitación a alzar la mirada. Los santos a través de los tiempos también nos han invitado a alzar la mirada y trascender “todo eso que nos pasa” para no apropiarnos de lo “bueno”, porque no nos pertenece y es pasajero, y no enredarnos con lo “malo”. Alzar la mirada no tiene que ver con enfocar nuestros ojos en el infinito sino dejarnos abrazar por el amor que Dios nos tiene y ver su acción en todo cuanto acontece. Alzar la mirada para reconocer en manos de quien estamos y cuánto nos ama. 

Todo es motivo de agradecimiento si lo trascendemos pero puede ser causa de estancamiento si nos enfocamos en ello.

Ante cansancios, miedos, angustias, preocupaciones…Ante humillaciones, rechazos, críticas o alabanzas, aplausos… Ante envidias, rencores, deseos de venganza… Sólo hay dos opciones:

  • Enredarnos o engancharnos a eso por medio del pensamiento o del discurso.
  • Alzar la mirada, trascenderlo, enfocarnos en el gran amor que Dios nos tiene.

Me viene ahora la imagen del avión cuando se eleva. Si el cielo se encuentra cubierto de nubes y decide seguir su ruta entre ellas, la visibilidad se va a dificultar. ¿Acaso no es más conveniente, sensato y acertado, atravesar las nubes y viajar bajo el sol resplandeciente y el cielo azul?.

Poner la atención en lo que oímos, vemos o vivimos, nos reduce la visibilidad y nos dificulta el avance, nos encapsula en nosotros y nos cierra al amor de Dios. Es algo así como viajar dentro de las nubes.

Alcemos entonces la mirada, atravesemos las nubes y volemos más allá para que nos dejemos alcanzar por los rayos del amor que nos quieren abrazar. 

miércoles, 13 de mayo de 2026

“¡HASTA PRONTO AJAY!”

 

Ajay es un carmelita de la India que ha estado destinado en Logroño durante diez años. Hace unos días nos comunicó que Santander sería su próximo lugar de misión.

Conocí a Ajay una de las veces que vine de vacaciones a casa. Me habían hablado de él y me habían sugerido conocerle porque me podría ayudar mucho en mi tarea de acompañar a otros. Recuerdo que era una mañana fría. De camino a la parroquia me encontré con mi madre y mi sobrina que entonces tendría unos 12 años. Les dije que iba para carmelitas y Lucía me pidió que la llevara. Tras un rato de estar los tres en un despacho y haberme recomendado unos libros, Lucía se metió en medio de la conversación. “Yo a ti te conozco” - le dijo. Yo la quedé viendo pensando: “Lucía te tienes que estar confundiendo”. Y volvió a repetir: “Yo a ti te conozco. Tú has estado en mi colegio”. Era cierto. Lucía estudiaba en adoratrices y Ajay había estado por allá celebrando alguna eucaristía. Tras el encuentro nos dimos el número de teléfono y no volvimos a vernos hasta las siguientes vacaciones pero eso sí, cada vez que escribía en el blog, Ajay recibía el escrito y lo subía a su estado.

Cuando llegó la pandemia, en los más de cinco meses de encierro en un apartamento y sola, entre otras cosas y por insistencia de varias personas queridas, edité mi primer intento de libro con ayuda de una aplicación de internet. Agrupé un montón de escritos por temas y pedí, entre otros a Ajay, que escribiera unas líneas para el prólogo, no tardaron en llegar. Ahí dejó ya su huella pero es aún mayor la huella que ha dejado en muchos corazones de esta ciudad de Logroño así que es justo que tenga su espacio en uno de los escritos del blog.

Quiero compartir las palabras que le hemos dedicado, los habituales de la eucaristía de las 8 de la mañana, el día de hoy. Seguro que nos hemos quedado cortos pero lo cierto es van cargadas de mucho cariño:

“Hace dos años en la iglesia de San  Bartolomé, en la vigilia de oración por las vocaciones, diste tu testimonio. En él nos compartiste que tu estar aquí entre nosotros era tu respuesta agradecida a tantos misioneros españoles que en su día fueron hasta la India a dar a conocer a Cristo.

Esta pequeña comunidad que a diario nos reunimos en la eucaristía de las 8 de la mañana, no queremos dejarte ir sin antes darte las gracias por el tiempo compartido, pero sobre todo GRACIAS por tu Sí al Señor, por tu entrega generosa y sin reserva, por dejarlo todo, y por dejar que Él haga su obra en ti trayéndote hasta nosotros para que, conociendo más a Jesús, le amemos más y le sigamos.


El viernes, Jesús nos decía en el evangelio: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Lo tuyo tiene mucho mérito porque ni siquiera éramos tus amigos y entregaste tu vida por nosotros. Te lanzaste al vacío y has tocado muchos corazones con tu sencillez, con tu suavidad, con tu saber estar y tu disponibilidad, con tu escucha atenta siempre dispuesto a ayudar, con tu dar nuevas oportunidades, con la confianza puesta en nosotros…

Y no queremos terminar sin dar las gracias a Dios por el regalo de cada sacerdote en nuestras vidas. Más allá de cómo viste, cómo o cuánto habla… más allá de su nacionalidad, de su edad, de su carácter… es un hombre elegido por el Señor. Sigamos orando por todos ellos, y para que quienes son llamados: Escuchen su voz y le sigan.

Ajay desde la distancia te tendremos presente en nuestras oraciones y en nuestro corazón para que nuestro amado Padre termine de hacer en ti su obra y sea de mucha bendición para todos.

Gracias Ajay. Te queremos”.

jueves, 7 de mayo de 2026

“EL TIEMPO DE DIOS ES PERFECTO”


El otro día mi amiga Mónica vio que mi comadre Jensy tenía, en una de sus redes, la frase: “El tiempo de Dios es perfecto”, y me preguntó qué quería decir eso. No recuerdo que le respondí, lo primero que se me ocurrió, pero me siguen persiguiendo esas palabras. Providencialmente ayer viendo en un email las nueva tazas que nos ofrece un proveedor, una llevaba escrita esa misma frase.

Estos días leyendo a San Francisco, mientras el fisioterapeuta me enchufa los electrodos o me tiene conectada a la máquina de calor, también me encontré con esto: “El tiempo de Dios es perfecto”.

“Hay un tiempo para todos los seres. Pero ese tiempo no es el mismo para todos. El tiempo de las cosas no es el de los animales. Y el de los animales no es el de los seres humanos. Y por encima de todo y distinto de todo, está el tiempo de Dios, que encierra a todos los otros y los espera. El corazón de Dios no late al mismo ritmo que el nuestro. Tiene su propio movimiento. (...). Nos resulta muy difícil entrar en este tiempo divino. Y, sin embargo , solo en él podemos encontrar la paz”. (“Sabiduría de un pobre”. Éloi Leclerc).

Francisco cae en la cuenta, en medio de su noche oscura, que todavía no vive en el tiempo de Dios y por eso su turbación, su impaciencia. Y en su reflexión va más lejos al constatar que aprender a vivir en el tiempo de Dios es el secreto de la sabiduría.

El tiempo de Dios es perfecto, ahora es el tiempo perfecto, este momento en que yo estoy escribiendo, este momento en que tú estás leyendo. Aquí está Dios, está amándote, está amándome, así como somos, así como estamos.

Todo momento es perfecto porque en todo momento Dios está presente y nos está amando por medio de todo lo que hay y acontece. También la noche es parte del tiempo de Dios y también ese tiempo es perfecto. En la noche es incluso más intenso el amor de Dios. La noche también se vuelve ocasión de agradecimiento.

Dejamos de vivir el tiempo de Dios cuando vivimos desde la cabeza, desde los pensamientos. El problema surge cuando añoramos el pasado, cuando nos preocupamos o angustiamos por el futuro, o cuando nos resistimos a vivir el momento presente deseando que llegue el momento después. El problema surge cuando no aceptamos la realidad, con todo lo que en ella hay, y añoramos escenarios en los que nos imaginamos felices. El problema es cuando nos empeñamos en que todo sea como deseamos e impedimos que Dios haga su obra.

El tiempo de Dios es perfecto. Es el secreto de la sabiduría como dice Francisco. Es la fuente de una grandísima paz como dice Clara. Y Jesús nos lo repite estos días una y otra vez: “Que no se turbe tu corazón”… “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”… “Permanece en mí”. Y todo esto va unido al abandono, a soltar el control y las expectativas, a reconocer nuestra verdad, a confiar en quien nos sostiene y nos da en cada momento lo que más nos conviene.

El tiempo de Dios es perfecto por eso todo tiempo es una oportunidad para acoger y agradecer su amor expresado de mil y una maneras, y responder con amor a tanto AMOR.

viernes, 1 de mayo de 2026

“DESDE ABAJO”

 

El otro día compartí en el trabajo cómo había sido el retiro del sábado. En un momento me puse de rodillas para explicar que Jonás nos había dado los “puntos” en esa posición y utilizando diferentes objetos. De repente me escuché diciendo: “Él estuvo todo el tiempo ahí abajo y nosotros alrededor sentados en sillas”.  Y en ese momento caí en la cuenta de algo. Qué diferente se transmiten las cosas según dónde te coloques (no me estoy refiriendo ahora a un lugar físico).

Todo un Dios se abajó y se encarnó en una criatura débil, frágil, pequeña, pobre. Podía haber buscado otra manera de enseñarnos, de hacer escuchar su voz, pero escogió el hacerse chiquito. Y se supo pequeño y uno de tantos por eso, por medio de Jesús, pudo alzar la mirada y dar gracias por revelar los grandes secretos, no a los sabios y entendidos, sino a la gente sencilla.

Y porque vivió pequeño, como uno del montón: “Tuvieron autoridad sus palabras y gestos, la gente lo escuchaba, creía en Él, lo seguía”.  

Y se mantuvo pequeño hasta el final. ¡Cuantas veces se “vino abajo” para hablar, para compartir una comida, para perdonar, para sanar, para orar, para lavar los pies a sus discípulos, para levantar a otros…!.

Y sigue teniendo autoridad. Y para que así sea se nos sigue mostrando accesible en los otros, en la eucaristía.

Entre nosotros ¿Quién tiene autoridad?. No tiene mayor autoridad quien ostenta un poder o un cargo, tampoco quien grita más fuerte, quien sabe más, quien habla mejor, quien tiene más dinero…

La autoridad la da el amor que se ofrece, la posición en la que uno se coloca en relación a otros, la coherencia de vida. Desde arriba uno solo se ama a sí mismo y no se abre al amor. Solo desde abajo se puede amar y ser amado.

¿Te has parado a pensar a quien escuchas?. Escuchamos a quien se abaja hasta nosotros, nos conoce, nos acepta tal y como somos, camina a nuestro lado. Escuchamos a quien sabemos que nos ama y quiere nuestro bien. La transformación, la conversión, solo es posible desde el amor sentido, experimentado.

Ahora démosle la vuelta: “¿Sabes quién te escucha?”. Solo quien se siente aceptado y amado por ti y para eso hay que abajarse.

sábado, 25 de abril de 2026

“SE ACERCÓ TANTO…”

 

Esta mañana estuvimos en un retiro. En la segunda parte se nos narró la historia de Abraham utilizando arena, muñequitos, piedras… Será difícil que olvidemos este retiro los que asistimos y puedo asegurar que todos nos llevamos algo.

Abraham en su peregrinación por el desierto, se adentró él solo en varias ocasiones y se acercó tanto a Dios que supo lo que Él quería. Y Dios se acercó tanto a Abrahám que éste supo lo que Él le decía.

Me quedó resonando la palabra “tanto”. No se nos dijo: “Se acercó a Dios” y tampoco una sóla vez, se nos repitió en varias ocasiones haciendo énfasis (o así lo sentí yo) en el “tanto” y es que te puedes acercar pero “no tanto”.

Hay veces en las que esquivamos el encuentro y preferimos seguir por donde nos parece o creemos mejor, por donde nos conviene, por donde nos gusta, por donde no nos compromete, por donde nos reporta gratificaciones… O quizás sí nos adentramos, buscamos el encuentro, nos acercamos pero, “no tanto”, algo así como a la defensiva, poniendo límites, con resistencias, con prudencia. Es la misma historia de aquel que quería ir tras Jesús y dijo: “Sí, quiero seguirte pero…”. ¿Te suena?.

Acercarse tanto implica deseo, querer y voluntad enfocados solo en Él.

Acercarse tanto supone decir “no” a las expectativas de otros, a posibles ofertas incluso buenas y santas que no responden a Su querer.

Acercarse tanto conlleva perder compañeros de camino, ser incomprendido, juzgado.

Para acercarse tanto hay  que parar, tomar distancia de todo y de todos, ponerse solo bajo su mirada, hacer silencio, escuchar.

Para acercarse tanto hay que tener valor, porque si te acercas tanto te pasa como a Abraham, que sabes lo que Él quiere, y después toca responder.

Seguramente a Abraham le dijeron que estaba loco, no faltaría quien le animara a desistir o a regresar o a tomar otros caminos, pero él una y otra vez: “Tomó distancia, se apartó adentrándose en el silencio del desierto y se acercó tanto a Dios que supo lo que Él quería… y respondió… y así pudo llegar a su destino que fue el destino querido por Dios”.

Dios habla a través de todo y de todos pero ¡qué necesario es ese tiempo todos los días para tomar distancia, adentrarnos en lo profundo, ponernos solo bajo su mirada, revisar la vida, hacer silencio y poder escuchar qué es lo que desea decirnos!.

¿Te animas a acercarte tanto a Dios?.

lunes, 20 de abril de 2026

“POBRE PERO MUY AMADA”

 

Encuentro mi verdad cuando estoy a solas con Él, cuando acallo los ruidos, cuando me contemplo bajo su mirada.

Todo un Dios fija la mirada en su pobre y pequeña criatura, en su frágil y limitada criatura.

Todo un Dios se abaja hasta su pobre criatura.

Todo un Dios no quiere que se pierda su pobre criatura.

Todo un Dios protege, cuida y sostiene a su pobre criatura.

Todo un Dios ama con ternura a su pobre criatura.

Y la pobre, pequeña, frágil y limitada criatura, encuentra la paz y el amor que tanto ansía y busca ahí afuera sin lograr encontrarlos.

Y la pobre, pequeña, frágil y limitada criatura, se siente segura, confiada, protegida.

Cuando la pobre criatura se contempla bajo la mirada de su creador nada hay que pueda perturbarla. Las preocupaciones, los miedos, las pruebas… pasan a ser ruidos que logran acallarse.

Cuando la pobre criatura se contempla bajo la mirada de su creador: Nada le falta, nada teme, nada desea… porque todo lo tiene.

Y es entonces cuando ya no hay nada que hacer, nada por conquistar… Dos amores se han encontrado y descansan el uno en el otro. Y en ese lugar, en ese momento, en ese silencio habitado, se experimenta la paz y solo queda: “ESTAR”


domingo, 19 de abril de 2026

“TODOS SOMOS PEREGRINOS”

 

Todos somos peregrinos en esta tierra y sin embargo vivimos como si fuésemos a ser eternos. Abortamos palabras o acciones por el qué dirán o por comodidad. Otras veces esperando el momento ideal, o a encontrarnos bien, o a estar preparados para tomar determinadas decisiones.

Evitar las oportunidades de crecer en el amor nos encierra en nosotros mismos e impide que se despliegue todo ese potencial que llevamos dentro.

No sabemos qué puerta se puede abrir o qué puede suceder si damos ese paso que se nos pide, o si nos lanzamos a proclamar aquello en lo que creemos, o si dejamos aquello de lo que somos esclavos, o si vivimos esa experiencia, o si ponemos límites, o si… Lo cierto es que si no nos arriesgamos: “Nunca lo sabremos”.

Como peregrinos debemos seguir las indicaciones para llegar a la meta: la unión con Dios. Y todas las flechas apuntan, mientras estamos en esta tierra, a crecer en el amor así que… si hablas o callas, si haces o no haces, si respondes o no, recuerda que el criterio de discernimiento no puede ser: “Lo que más me gusta”, “Lo que más me apetece”, “Lo que quiero”… sino “lo que más me lleve a amar” que en definitiva es la voluntad de Dios en nuestras vidas.

En estos días se nos recuerda que Jesús ha resucitado, que está entre nosotros y con nosotros pero seguimos sin reconocerle por estar enredados, entretenidos, afanados. Lo buscamos en lo extraordinario, en lo novedoso, en lo que nos gusta… incluso en lo espiritual podemos andar detrás de ese abanico de ofertas que nos resulten placenteras y gratificantes, escogiendo o desechando en función de lo que nos puedan aportar.

La realidad es que Jesús resucitado se sigue cruzando con nosotros en el camino. Nos expresa su amor a través de todo lo que nos regala. Nos hace continuas invitaciones a crecer en el amor para estar más unidos a Él. Se hace presente en lo cotidiano, en las tareas de todos los días, en las calles por las que transitamos ordinariamente, en el trabajo... No esperemos un acontecimiento espectacular con luces de colores. Nuestras ideas de dónde, en qué momento y cómo tiene que ser el encuentro, nos impiden reconocerlo en lo ordinario, verlo o escuchar su voz, es por esto que los de Emaús no le reconocieron: “Nosotros esperábamos…”. Afortunadamente tenemos un Dios que, como Buen Pastor, no se cansa de buscarnos y lo intenta de mil y una maneras. Ojalá no lleguemos a la vejez, como Simeón o Ana, para poder descubrirle. Abramos los ojos y el corazón para reconocerle en los otros, en la Palabra, en los Sacramentos, en los acontecimientos, en lo de todos los días... Y lo más importante: “Respondamos al AMOR con amor”.

sábado, 11 de abril de 2026

“LA IMPORTANCIA DE LOS PEQUEÑOS SÍES”

 

Hoy me regalaron un libro… Solo las primeras páginas leí pero suficiente para quedarme resonando el responder con nuestro “Sí” a las invitaciones que el Señor nos hace a lo largo del día a través de los otros, de los acontecimientos, de su Palabra…

Ese “SÍ” en mayúsculas es la suma de esa innumerable cantidad de “síes” pequeñitos. Quien dice “SÍ” pero no responde a las pequeñas insinuaciones de cada día se engaña a sí mismo.


Para dar esos “síes” hay que abajarse, hacerse chiquito, ser humilde… Esto nos hace crecer en amor y ganar libertad. Cada “sí” es una batalla ganada contra nuestro ego permitiendo que Cristo reine en nuestro corazón.

El otro día sucedió algo. Me encontré entre dos personas, una gritando a otra. Pensé en cómo me bloqueó la situación y me transportó al cole. Durante tres años me dio clase una religiosa que siempre gritaba en el aula. Me quitó muchos días el sueño y cinco minutos antes de que sonara el timbre anunciando su clase yo ya estaba atacada de los nervios. La perdoné hace tiempo pero es cierto que he tenido oportunidades de visitarla en la residencia donde ahora se encuentra y no lo he hecho nunca porque no quería verla. Hoy fui a la residencia y, a diferencia de otras veces, iba con idea de encontrarme con ella. No quería reclamarle nada, tampoco esperaba algo, quizás solo necesitaba terminar de cerrar ese episodio que tanto ha marcado mi vida. Subimos a la segunda planta de la residencia, estaba sentada en un sillón, no hizo el menor gesto de levantarse, ni siquiera se si se acordaba de mí pero eso no era importante. La tarea era mía. Me acerqué, le di dos besos, le pregunté cómo se encontraba, me contestó como si hablara a una extraña. Sentí que mi visita no le dio ni frío ni calor. Saludé a las demás religiosas y antes de irme me volví a acercar y me despedí de ella con otros dos besos. No sentí ni consolación, ni liberación, nada… pero tengo paz en mi corazón y se que el Señor ha hecho su parte. ¡Qué bueno que poco después a mi querida hermana María Jesús de 95 años le tocaba turno de adoración en la capilla!. Ahí aproveché para pedir a Dios que perdonara a la profe en nombre de tantas niñas que, como yo, la sufrieron. 

En la tarde compartí la anécdota con mi amiga Lupita, mientras nos tomábamos un rico café, y me decía: “Ya te sacaste la espinita, ahora el Señor terminará de sanar tu herida”.

Y volviendo a los “síes”, esto es uno de los “síes” de hoy. Y como todo “sí” requiere el deseo, el abajarse y el dar el paso. Por supuesto que cuesta pero el Señor da la gracia, sólo tenemos que poner de nuestra parte.

Te invito a estar atent@ a todas esas invitaciones que el Señor te hace a lo largo del día. Seguir a Jesús es decir “sí” desde lo más sencillito, desde lo menos vistoso y escondido, desde lo más silencioso. Ánimo… si nos pide algo es porque nos va a dar lo necesario para responder. Ese “sí” es con Él.

jueves, 9 de abril de 2026

“NOSOTROS SOMOS TU CRUZ”

 

El otro día me encontré un Cristo sin cruz y junto a Él un letrero que decía: “Nosotros somos tu cruz”. Me quedé impactada por la frase hasta el punto de que sigo dándole vueltas una y otra vez.

Pienso en la persona que tomó la decisión de escribirla y plasmarla en ese lugar. No sé si será hombre o mujer, adulta o joven, pero seguramente ha pasado tiempo contemplando la pasión hasta el punto de vivirse como cruz. Y me preguntaba: ¿Qué le habrá sucedido o que estará padeciendo?. ¿Cuál será el mensaje que desea transmitir?. De cualquier forma, estoy segura de que sabía que a más de alguno le iba a cuestionar.

Habrá quien llegue al lugar y ni repare en la frase, otros simplemente la leerán (estamos tan bombardeados de estímulos visuales y auditivos que no somos capaces de absorber y procesar, o gustar como decía San Ignacio, todo lo que nuestros sentidos son capaces de percibir). Y seguramente unos pocos se quedarán atrapados con esas cuatro palabras preguntándose: “¿Y a mí que me está queriendo decir?”. Antes de que sigas leyendo, te invito a que hagas tu propia reflexión. ¿Qué te dice a ti?.

Contemplando la Pasión muchas veces me he sentido invitada a ser consciente de mis cruces, a mirar la cruz, acogerla, aceptarla, abrazarla. También a mirar a Jesús en la cruz.

Revisando mi pecado, mis caídas, mis idas y venidas… he sentido clavar a Jesús en la cruz pero ¿vivirme como la propia cruz, identificarme con élla?. No había reparado hasta ahora en ello.

Veo la cruz como instrumento de dolor y de muerte porque ahí expiró Jesús. Esta cara de la cruz no me atrae así que opto por escoger la parte “amable” de la cruz. Jesús estaba “pegado” a la cruz, “sostenido” a la cruz. Ahí sí que me apunto a ser la cruz de Jesús, porque puedo permanecer unida a Él en su dolor, en su sufrimiento, en su soledad, en su impotencia. Son muchas las realidades de fragilidad, de limitación, de soledad, de… por medio de las cuales podemos sostener a Jesús y colaborar en su plan de redención. ¡Cuánto bien le hacemos a Jesús con permitirle apoyarse en nosotros y participar con Él en su misión!.

La cruz no está sola, Jesús está unido a ella.

Lo dejo aquí para que termines de hacer tu propia reflexión y la apliques a tu vida.

sábado, 4 de abril de 2026

“¿SILENCIO?”

 

Eran las 3.30h., me levanté y comenzó mi oración. En un momento pensé en el día que teníamos por delante y me dije: “Día de silencio”. Y escribí: “¡Todo está en silencio pero… qué complicado hacerme a la idea de que no estás cuando mi mente y mi corazón me hacen saber que estás conmigo, que me habitas!”.


Y pensé: “¡Qué difícil ese silencio, esa noche de la fe, cuando aparecen las dudas, la desesperanza, el sin sentido, la sensación de haber perdido el tiempo, la soledad profunda…!”. Tiene que ser tan horroroso que, si no se sufre confiando en Dios y no se buscan “Cirineos” que ayuden a llevar la cruz, no es de extrañar que haya quien opte hasta por quitarse la vida.

Recordé a la hermana Yuris (Carmelita de San José) cuando un día dando un paseo por la montaña me preguntó si había pasado por la noche oscura del espíritu. Le contesté que no. Y me dije y seguí escribiendo: “Debe de ser que no estoy preparada para una experiencia tan fuerte y por eso no me haces experimentarlo”. Él sabe de qué arcilla estamos cada uno hecho y quién puede resistir cada prueba en función de las gracias que le da.

Hoy lo que tengo es el gozo de sentirle presente en mi vida y por eso le doy gracias. Por eso esta noche podré gritar con mis herman@s “Verdaderamente ha resucitado”.

Si llega el día en que se haga el silencio, y la noche quiera devorarme, espero contar con su gracia para, con paciencia, soportar la prueba y heredar la corona de gloria que tiene preparada a los que le aman. Ese es mi deseo también para ti.

miércoles, 1 de abril de 2026

“CUENTA CONTIGO Y CONFÍA EN TI”

 

Judas le traicionó, también Pedro con sus negaciones, los otros con esconderse… Los más cercanos, aquellos a los que llamaba amigos, los que tanto habían aprendido, recorrido y vivido con Él, aquello en los que confiaba, los que decían que iban a seguirle hasta el final, los que un día lo dejaron todo… le dieron la espalda.

Es iluso, inconsciente y atrevido asegurar no caer, confiar en las propias fuerzas. Nos pasa y nos puede pasar: Tarde o temprano le traicionamos.

En el día a día encontramos un montón de infidelidades a Jesús, traiciones a su amor. La Buena Noticia es que siempre podemos, como Pedro, reconocer nuestra pequeñez, fragilidad, error… pedir perdón y volvernos a poner en pie para intentarlo de nuevo.

Jesús necesita amigos que le acompañen, que entreguen su vida como Él y no se reserven nada para sí, que carguen con Él la cruz con generosidad y por amor, que mueran a sí mismos y busquen en todo la voluntad del Padre.

Jesús necesita testigos de su amor y de su misericordia, no busca corazones perfectos sino corazones dispuestos a abrirse a su amor y dejarle ser y hacer.

Sabe de tu humanidad, fragilidad, limitaciones, y a pesar de eso o por eso te elige, te llama y cuenta contigo:

  • ¿Qué respondes a quien te lo da todo?
  • ¿Cómo puedes amarle en tu realidad presente?
  • ¿Qué necesitas restaurar en tu relación con los otros?
  • ¿Qué tienes que dejar?
  • ¿Qué es aquello que todavía no has aceptado, acogido y abrazado?
  • ¿A qué has de morir?

A pesar de tus traiciones pasadas y presentes: “Jesús cuenta contigo y confía en ti, créelo”. La respuesta depende de ti.

martes, 31 de marzo de 2026

“TODAVÍA ESTAMOS A TIEMPO”

 

Ya estamos en Semana Santa. Revivimos en estos días cómo Jesús entregó voluntariamente su vida hasta el final. Como cristianos se nos invita a identificarnos con Él haciendo en todo momento la voluntad del Padre, siguiendo sus pasos. ¿Somos conscientes de ello?.

Corremos el riesgo de acudir a las celebraciones o a las procesiones como meros espectadores de un suceso que ocurrió hace dos mil años, y evitar así que nos toque, interpele o transforme nuestras vidas. Quizás nos mueve la costumbre, o el querer, o el gusto… El olor del incienso, el ruido de los tambores o las representaciones puede que distraigan nuestra atención de lo verdaderamente importante.

Revisemos qué es lo que nos motiva a la hora de participar de los distintos actos, o al escoger entre varias opciones. ¿Responden nuestras elecciones al querer de Dios o al propio gusto, apetencia, costumbre…?

En la vida espiritual no podemos ser eternamente niños caprichosos. Llega un momento en el que hay que dejar lo que gusta, lo que apetece, lo que atrae, lo que hace sentir bien… No se puede estar eternamente en el Tabor. Ahí abajo hay una realidad que nos espera, que requiere nuestra respuesta y es donde Jesús nos invita a ir. Es allá abajo donde se hace la voluntad del Padre, no haciendo tres chozas para permanecer entre experiencias gratificantes o buscando eternamente lo que gusta, lo que da paz, lo que hace sentir bien o lo que se quiere.

¿Qué es lo que la vida y pasión de Cristo dice a mi vida en este momento?. ¿Estoy entregando mi vida por amor a Él?. ¿Busco en todo su gloria o complacer mis apetitos, satisfacer mis necesidades y responder a mis quereres?. ¿Opto por su voluntad a la hora de tomar una decisión?. ¿Me refugio en las celebraciones y procesiones para huir de mi realidad y no enfrentar?. ¿Evito el silencio y parar para no cuestionarme dónde estoy y hacia dónde debo ir?. ¿Dónde y en qué me quiere el Señor realmente?. ¿Es eso que elijo lo que realmente quiere de mí?.

Esta Semana Santa puede rozarme la piel o tocar y transformar mi corazón. Todo dependerá de si permito o no que interpele mi vida, de si me abro o no al Amor, de si respondo a su voluntad o a mi querer. Todavía estamos a tiempo.