jueves, 15 de octubre de 2026

“PERO YO ESTOY DESPIERTA…”

 

Al día siguiente de publicar “Dejamos dormir a Jesús” me dice una religiosa: “Sí Gloria, dejemos dormir a Jesús, pero yo estoy despierta y lo necesito”. Nos reímos juntas. Ahí está la clave, ese es el camino: “Estar despiertos, saber y sentir nuestra necesidad y dependencia de Él. Reconocer nuestra pequeñez e impotencia y a la vez su grandeza”.

Todos necesitamos a Dios. Unos y otros, consciente o inconscientemente, acertada o desacertadamente, lo necesitamos y buscamos.

Necesitamos a Dios para todo, para respirar, pensar, sentir, movernos…

Lo que creemos necesitar, lo que tanto anhelamos y que es objeto de muchas peticiones, no es tal. Lo que real, lo que verdaderamente necesitamos y tanto buscamos ya lo tenemos. Está aquí y ahora, de no ser así no podría estar escribiendo y tú leyendo. Él es quien hace posible este momento. Él es quien inspira, quien toca el corazón, quien da movimiento a mis manos, quien mantiene abiertos tus ojos y te ha dotado de voluntad y libertad para leer estas líneas.

Por supuesto que lo necesitamos, tú y yo, de otra forma no existiríamos. Él es quien nos sostiene, nos da la vida y nos mantiene despiertos.

lunes, 12 de octubre de 2026

“DEJEMOS DORMIR A JESÚS”

 

Hay quien no sabe qué hacer en su tiempo de oración, hay quien habla y habla y habla, hay quien llena su rato con oraciones hechas o leyendo o cantando, hay quien pide y pide… Nos decía un carmelita en un curso: “Dejemos dormir a Jesús”.

Todo es ruido, todo es movimiento, incluso en nuestros tiempos de oración. Nos cuesta hacer silencio, en algunos casos aterra el silencio, en otros no sabemos qué hacer en él, y la mayor parte de las veces huimos de él justificándolo con más actividad.

La tormenta se agita y no sabemos qué hacer, ¿Cómo detener el viento?, ¿Cómo mantener la barca en equilibrio para que no se hunda?. Sobreviene la incomodidad, la angustia, el miedo, necesitamos despertar a Jesús para que todo vuelva a la calma.

Vamos a la oración con nuestra realidad, con nuestras cosas, centramos nuestra atención en lo externo, en lo que nos ahoga, y nos convertimos en el eje sobre el que todo gira queriendo que el Señor responda a todos nuestros quereres.

Hoy la invitación es a acompañar a Jesús en la oración. Jesús entiende todo eso que te pasa, sabe lo que sientes y vives… Está pendiente de tus necesidades y responde en cada momento según lo que más te conviene porque te AMA. Ahora te toca a ti, acompaña a Jesús: En su soledad, en su sentirse incomprendido, rechazado, abandonado, humillado, solo…

No busques tanto su consuelo, su compañía, sino consolarle, acompañarle.

No busques tanto tus intereses o la solución a tus problemas sino el acoger su voluntad.

No busques tanto el sentir sino el estar.

No busques tanto que todo cambie sino el dejar que te vaya transformando.

No busques tanto que haga por ti sino el preguntarle: “Y tú ¿qué quieres de mí? ¿cómo te puedo ayudar?.”

Que Jesús encuentre muchos corazones en los que se pueda apoyar y descansar. “Dejemos dormir a Jesús”.

jueves, 1 de octubre de 2026

“¿QUÉ HE HECHO YO…?”

 

Al volver del trabajo el otro día me encontré con una señora conocida, hacía días que no la veía y me paré a saludarla. Me contó “todo lo que está pasando con su marido”. Se preguntaba por qué le ocurriría a ella todo eso cuando nunca había hecho mal a otros. Incluso las amigas le refuerzan la idea cuestionándole “por qué Dios le paga así con lo buena que ha sido siempre con todos”.

Me da mucha tristeza que todavía muchos creyentes tengamos una imagen de Dios distorsionada, un “dios” que castiga o premia según las obras o la conducta. ¿Murió su Hijo en una cruz por ser “malo”?.

Lo bueno o lo malo que nos sucede lo valoramos normalmente desde nuestros criterios humanos, desde nuestro corto entendimiento y nuestro no saber. Lo que creemos bueno puede, desde la fe, no ser tan bueno y al revés. La percepción de todo cambia en función de nuestra mirada. Donde unos ven una desgracia, otros ven una oportunidad. Donde unos ven carencia, otros ven riqueza.

Como humanos que somos, y quizás por inseguridad, tendemos a apegarnos a las cosas, a las personas, a nuestros talentos, al éxito, a los títulos, a la salud... Nos cuesta vivir desprendidos de todo ello. Se nos invita a la libertad y preferimos encadenarnos. Y si perdemos algo buscamos culpables. Lamentablemente, en muchos casos, al primero que señalamos como responsable de todos nuestros “males” es a Dios.

Todo es regalo de Dios pero no para poseerlo apegándonos a ello. Nada ni nadie nos pertenece, ni siquiera nuestra propia vida. Todo pasa. Si ponemos nuestra seguridad en lo pasajero, todo se tambalea cuando nos amenaza con irse o nos falta. Nuestra seguridad y confianza ha de estar cimentada en Dios, en su Amor y en su Misericordia. Ser consciente de esto y vivirlo nos hace personas agradecidas, desprendidas, libres. Caer en la cuenta de esto, nos permite estar continuamente con los brazos abiertos. Los brazos abiertos no acaparan, no aprisionan, dejan ir, y a la vez están preparados para recibir lo que llega en cada momento. Los brazos abiertos no se apegan, no se encadenan.

Todo, absolutamente todo lo que tenemos o creemos tener, es pasajero. ¿Qué tan libres somos para acoger lo que llega a nuestra vida?, ¿y para soltar?.

domingo, 27 de septiembre de 2026

“REZA POR NOSOTRAS”

 

El otro día dos religiosas mayores me pedían que rezara por ellas cuando se murieran. Estaban muy afectadas por el fallecimiento de otras dos religiosas en pocos días. En ese compartir de cómo estaban surgió el hacerme una pregunta: “Gloria, ¿Qué pasará después de morir?, ¿Cómo será?, ¿Cuánto tiempo habrá que esperar para el encuentro definitivo con el Señor”. Me dio mucha ternura escucharlas y me sentí muy chiquita, pero a la vez también como una mamá delante de dos niñitas esperando una palabra de consuelo, una respuesta a sus interrogantes.

No lo pensé y, ante la mirada expectante de las dos, les dije: “No tengo respuesta, es un misterio, pero en medio de todo y por pura fe creo en dos cosas:

  1. Una que no hay que tener miedo. En la Biblia se nos dice por activa y por pasiva que no temamos.  Si se nos insiste en no tener miedo mientras somos peregrinos, si Jesús nos prometió que estaría con nosotros hasta el final ¿por qué tener miedo a lo que haya o suceda después?.
  2. Y dos… si Dios nos ama gratuitamente, incondicionalmente… si Dios no se cansa de bajar a nuestra miseria, de perdonarnos, de abrazarnos tal y como somos y estamos, de regalarnos su amor… ¿por qué después de esta vida va a tratarnos de forma distinta, como el Amor podría volvernos la espalda?”. Y continué diciéndoles: “A nosotras solo nos queda abandonarnos en sus manos con total confianza en su infinito amor y en su infinita misericordia”.

Ocupémonos en amar hoy en todo lo que hagamos, en todo lo que vivamos. Cada día tiene su afán, ahí es donde se nos da todo lo que necesitamos y donde podemos responder con lo que somos y tenemos.

Nadie sabe el día o la hora a la que partirá a la casa del Padre pero no vivamos angustiados por el mañana, o por el más allá. Que nuestra fortaleza sea el sabernos amados, y nuestra única preocupación sea amar. Solo por hoy…

viernes, 18 de septiembre de 2026

“NOS FALTA EL VINO”

 

El fin de semana pasado celebramos, en nuestra diócesis, la fiesta de nuestra patrona la Virgen de Valvanera. Tanto el sábado en la mañana como en las eucaristías del domingo escuchamos otras lecturas. La lectura del evangelio fue la de las bodas de Caná.

El lunes desperté a eso de las 3am y surgió lo que a continuación te voy a compartir.

Veo a mi alrededor cómo muchos han perdido la alegría, la esperanza… viven en noches oscuras esperando un rayito de luz en medio de la espesura. Y miro a María y me uno a ella suplicando a Jesús porque a muchos ya no les queda vino. Las situaciones de la vida les abruman hasta asfixiarles, otros están al límite… Aparecen la tristeza, la impotencia, la frustración, el miedo al futuro, el dolor, la ansiedad… Y no siempre se tienen recursos para salir, para volverse a poner en pie y seguir caminando.

Definitivamente necesitamos el vino para que la fiesta continúe, el vino que hace nuevas todas las cosas, el vino que devuelve la ilusión, el vino que anima a seguir celebrando y agradeciendo la vida.

Van a comenzar las fiestas de la vendimia en nuestra comunidad. Las calles y plazas se llenarán de gente buscando el vino, pero no el vino que hace crecer la fe, la esperanza y la caridad. No es el vino de la uva el que necesitamos, tampoco el vino que nos ofrece la sociedad y nos embriaga para no ver, para no pensar, para actuar en función del bienestar y el placer personal.

El alma busca a Dios y en su desesperación y confusión emprende caminos cortos, equivocados, agarra atajos, que terminan llevándonos a callejones sin salida, que nos hacen huir de la realidad que no queremos ver y que no queremos enfrentar pero con la que nos encontramos cara a cara una vez que regresamos a casa.

El vino se termina, a algunos ya se les acabó…

¿Qué vino es el que realmente necesito?.

¿Qué vino es el que realmente puede transformar y saciar mi vida?.

Tengo mi cuota de responsabilidad en disponer de ese vino que tanto desea mi alma. ¿Dónde lo busco?, ¿Qué medios pongo?.

domingo, 13 de septiembre de 2026

“NADA PUEDE SEPARARME DE SU AMOR”

 

Ni mi egoísmo, ni la envidia, ni mis apegos, ni mis defectos, ni mis cosas, ni mis caídas, ni mis errores, ni… pueden separarme del amor de Dios.

Nada es obstáculo o impedimento para que su amor se desborde en mí, para que todo un Dios se me entregue.

Su amor sigue tocando mi puerta, se abaja una y otra vez hasta mi miseria, hasta mi pobreza…

Está en mí la respuesta, la apertura de la puerta, la acogida del don, el dejar que se encarne en mí, el permitirle abrazarme.

Y se abaja no para hacerme sentir culpable, no para reclamarme, no por lástima, no por mis obras, no por… sino por puro amor.

Y se abaja porque es en las almas que tocan y reconocen su nada donde puede morar, y ser, y obrar maravillas con su gracia.

Sólo un alma que se siente pobre es consciente de su verdad y de la grandeza de su Dios.

Sólo un alma que se siente pobre puede comprender a quienes se sienten y saben pobres.

Sólo un alma que se siente pobre puede ser utilizada por todo un Dios como instrumento de amor para otros.

Reconocer la nada.

Acoger la pobreza.

Confiar en el amor de Dios y esperarlo todo de Él.

Abrir la puerta al amor y acogerlo.

Amar al Amor amando a los otros, para que otros le conozcan, le amen y contagien a otros.

domingo, 6 de septiembre de 2026

“BENDITA PEQUEÑEZ”

 

Reconocer y acoger mi pequeñez, mis emociones, mis defectos, mis limitaciones y mis imperfecciones, generan la oportunidad para que la gracia de Dios opere en mí.

Negar mi propia verdad, convenciéndome de que estoy en lo correcto, o de que los demás se equivocan, o queriéndome justificar, o creyéndome lo que no soy, o culpando a los otros de lo que me pasa o de lo que siento, habla de mi soberbia y crea una armadura en torno a mi que impide que la gracia de Dios haga su obra.

Bendito sea Dios por esos “toques” o “caricias” que nos regala a través de los otros, o de las circunstancias, y que nos ayudan a volver a situarnos en nuestro verdadero lugar.

Bendito sea Dios por esos “toques” o “caricias” que duelen porque golpean la imagen que hemos fabricado de nosotros. Bendito sea Dios porque si sabemos acogerlos nos hacen sentirnos chiquititos y a la vez dependientes y necesitados de Él.

No nos cansemos de dar gracias a Dios por todas esas oportunidades que nos brinda y que nos hacen recordar nuestra pequeñez.



Alegrémonos y demos gracias porque cuanto más pequeñitos menos pesamos, cuanto menos pesamos más fácilmente puede atraernos hacia Él. ¿Acaso no es el deseo de toda alma el de unirse a su Dios?.

martes, 1 de septiembre de 2026

“CUANDO LAS COSAS NO SUCEDEN COMO HABÍAS DESEADO”

 

Seguro que alguna vez has hecho planes y no han resultado como habías deseado. ¿Qué sientes?. Yo no sé tú, yo rápidamente trato de darle vuelta y decirme que lo que sobreviene es lo que más conviene, que esa es la voluntad de Dios pero mentiría si dijera que no me cabrea y que no siento fastidio. Por esto vuelvo atrás y comienzo el proceso hasta llegar a lo que quiero alcanzar de primeras.

Para mí lo más honesto es comenzar siendo consciente de mis sentimientos: enojo, rabia, tristeza… Si cuento con alguien cerca con quien poder hablarlo mucho mejor porque eso me permite sacar ese malestar. Escucharme también me ayuda a bajar la intensidad de las emociones que me enredan.

  • Una vez que reconozco qué siento tengo dos opciones:
  • Seguir dando vueltas sobre ello o sobre mi

Acogerme así como estoy y mirar hacia adelante con optimismo. Esto último supone: “Confiar en que definitivamente será lo mejor y lo que más necesitaba aunque en ese momento no lo vea” y “Agradecer porque este Dios que me ama incondicionalmente ha considerado que esto era lo que más me convenía”. ¿Para qué resistirme entonces? ¿Por qué enredarme en mis emociones o abrazar mi rol de víctima de las circunstancias o de los otros?.

El mejor remedio contra todos los “males”: Fijar los ojos en el gran amor que Dios me tiene, que me regala lo que más necesito en cada momento aunque algunas veces me resulte amargo, y agradecer, agradecer, agradecer, por tanto y por todo, por lo que me beneficia, por lo que me da alegría, por lo que… pero también por lo que me duele, por lo que no entiendo, por lo que…

La mejor forma de responder al Amor es amando.

La única forma de hacer su voluntad es acogiéndola… sea lo que sea, y así como venga.

miércoles, 26 de agosto de 2026

“AMAR A LOS OTROS SEGÚN…”

 

Una de las frases que quedó resonando en mí hace unos días fue: “Amar a los otros según su necesidad”. No según lo que me parece que el otro necesita, o según me conviene, o en función de lo que creo que es mejor para la otra persona… En el afán de querer ayudar podemos hacer daño a los otros si los volvemos dependientes de nosotros y no les proporcionamos las herramientas para que se levanten por si solos y sigan caminando, podemos asfixiarlos...

“Amar a los otros según su necesidad”. Para no caer en errores, la manera más segura de acertar sería preguntar: “Y tú ¿qué necesitas de mi?”, “¿En qué te puedo ayudar?”. Quizás nos sorprendamos de lo que escuchemos. Nuestra respuesta también dependerá de nuestra realidad. No a todos podremos responder como necesitan y eso no nos puede hacer caer en la culpa, quizás esa misión la tengan que realizar otros.

Volviendo al tema… Vamos más allá. Si Jesús me pide amar a los otros según su necesidad es porque así me ama Él. Me da lo que necesito en cada momento. Esto puede chirriarle a más de uno si se compara con otros y se mira con menos talentos, o que a los otros les pasan cosas mejores, o son más queridos, o tienen más éxito… Dios es un Padre bueno y como bueno que es, sólo sabe dar cosas buenas a sus hijos. Tú tienes lo que necesitas, yo tengo lo que necesito. Si enfocas tu mirada en el gran amor que Dios te tiene no hay cabida para la envidia, el resentimiento, el odio… El problema es cuando nos descentramos y dejamos de mirar al Amor, ahí es cuando surgen las quejas, las críticas, los desprecios, la tristeza…

En nuestro diario vivir pueden surgir situaciones difíciles, acontecimientos inesperados, pruebas… “¿Por qué a mi?”. ¿Y por qué no?. Las cosas pasan, que Dios me ame y yo le ame no quiere decir que no  puedan suceder desgracias en mi vida. La diferencia es que quien tiene fe y vive confiado en el Señor no duda de que le proveerá de lo necesario para afrontarlo.

El Dios de Jesús que nos ama incondicionalmente está pendiente de nuestras necesidades, conoce qué es lo que nos falta, qué es lo que más nos puede ayudar a crecer en el amor, y responde dándonos a cada uno lo que más nos conviene.

Ante todo esto sólo cabe el agradecimiento y la confianza de sabernos en las mejores manos. Como buen padre y buena madre: Da o quita según convenga, pone límites, soluciona o facilita los medios para que encontremos la salida o la respuesta…Unas veces habla, otras se queda en silencio, pero nunca deja de amar, de estar, de sostener, de dar.

Agradecer y confiar porque aun en las peores situaciones que vivamos, nunca nos faltará su consuelo, su paz, su fortaleza…

A tanto amor recibido según nuestra necesidad, solo podemos responder de la misma manera: “Amando a los otros según su necesidad”. Que así sea.

lunes, 24 de agosto de 2026

“ESCALERA PARA LLEGAR AL CIELO”

 

Hace unos días, en un curso, conocí a un matrimonio padres de ocho hijos y abuelos de 29 nietos y dos en camino. Quiero hablarte de ella, de Inma, mamá y abuela, de su fe, de su ser de Dios en ella. Inma me contó que una de las hijas de 42 años es discapacitada y además sufre esquizofrenia, vive con ellos. Se permitieron escaparse unos días aprovechando que habían dejado a la hija en un campamento de verano. Si conocieses a esta mujer… Yo no reparé en ella hasta el último día que me senté enfrente a cenar.

Miras a esta mujer y no puedes ya mirar a otro lado. Esos ojos azules te atrapan con la paz y el infinito cariño que irradian. Comenzó a contarme su historia y ¡cómo disfrutaba hablando de esta hija “especial”!. Verdaderamente es especial y una bendición para  todos ellos. La definió con mucha alegría como “su escalera para llegar al cielo”. Para Inma y su familia es su regalo, su bendición, su medio de recibir y dar amor, su encuentro continuo con quien se encarna en lo débil, en lo vulnerable, en lo que no cuenta… “su escalera para llegar al cielo” como bien dice ella.


Providencialmente ha pasado estos días por la librería M. un muchacho de 18 años con parálisis cerebral. M. pasa unido a una silla de ruedas a motor que, bendito Dios, maneja muy bien y le permite desplazarse. No tiene hermanos, sólo cuenta con su mamá que le consiente todo lo que puede sobre todo cuando se trata de “caprichos” religiosos. Ya le dije el último día a M.: “Tu casa ha de parecer ya capilla”. No habla pero entiende perfectamente así que se rió ante mi comentario. Todo lo dice con sus gestos, con su mirada, con su sonrisa...

A la mamá de M. le hablé de Inma y de cómo ésta ve a su hija como su escalera para llegar al cielo. Bendito sea Dios que así lo vive élla también.

Ahí está Dios, encarnado en lo débil, en lo que otros verían como una carga, en lo que algunos habrían descartado y otros aniquilado antes de nacer. En ellos también está Dios, ahí también nos habla Dios de amor, ahí también podemos responderle acogiendo su amor y amándole.

Cada uno tiene su escalera al cielo. No desaprovechemos esas bonitas ocasiones que tocan a nuestra puerta para acoger al Amor y amar al Amado.

Gracias Inma por tu testimonio de fe, de entrega y de amor. Gracias por querer seguir creciendo en la fe y el amor a nuestro Señor a través de los santos.

Gracias a todos los que en lo cotidiano de la vida, en lo escondido y de manera silenciosa vivis con amor, por amor y para el Amado.

viernes, 21 de agosto de 2026

“NO SÉ…”

 

No sé qué quieres de mí…

No sé a dondé me llevas…

No sé que suerte correré…

No sé qué pruebas tendré que pasar todavía…

No sé… No sé nada pero realmente ¿Quién sabe que será de su vida mañana? ¿Quién sabe si llegará al final de la semana? ¿Quién sabe…?

Yo no sé nada del futuro pero me da paz recordar a Edith Stein en ese tren camino del campo de concentración de Auschwitz “No sé a dónde voy pero sé con quién voy”. Me quedo con sus palabras.

Sé que no voy sola, sé que no me vas a dejar porque me has sostenido y acompañado desde que me creaste, y eso que en ocasiones me he caído o me he perdido. ¿De qué tengo que preocuparme entonces?.

Habrá momentos difíciles, muy difíciles, pruebas duras, tentaciones… Cuando sienta que mi barca se agita fuertemente por la tormenta, seguiré el consejo de Santa Teresita a su hermana Celina, no despertaré a Jesús. Mi corazón será la almohada en la que Él pueda descansar y eso será mi consuelo y mi paz.


Con todo esto solo me queda abandonarme y decirte: “Lo que Tú quieras Señor”. Que mi vida sea una ofrenda de amor a Tu AMOR, a tanto AMOR entregado por mi y para mi y siempre para mayor gloria tuya.

domingo, 9 de agosto de 2026

“DIOS ES PRESENTE”

 

Dios es presente, se nos está dando en este momento. A mí mientras estoy escribiendo, a ti mientras estás leyendo.

Al Amor solo se le puede responder amando y es ahora cuando puedo responder.

A veces vivimos anotando tantos para un día recibir la recompensa, para que un día Dios se nos de. Es como si no hubiésemos comprendido la gratuidad de Dios (da sin esperar). Nos regala su amor ahí donde estamos y tal y como estamos.

Para regalarnos su Amor, el Dios de Jesús, no espera sacrificios, no exige méritos o penitencias. Su Amor se está derramando continuamente, tan solo espera encontrar tierra buena, corazones dispuestos, receptivos, vacíos de sí y de todo apego humano y material.

¡Si conocieras el don de Dios!.

¡Si conocieras lo que Él ahora te está regalando!.

Aquello a lo que no estoy dispuesto a renunciar, endurece y bloquea mi corazón al amor de Dios. Si no me desprendo de “eso”, estoy cerrando al puerta al AMOR. Todo no cabe, hay que decidir de qué quiero que esté repleto mi corazón: De mí (mi razón, mi forma, mis gustos, mi control, mis recuerdos, mis expectativas, mi culpa, lo que creo… mis cosas… personas… aficiones…) o del Amor de Dios.

¿Necesito “eso” en mi vida para ser feliz (murmurar, quejarme, pertenecer a ese grupo, tener ese compromiso, recibir ese aplauso, pasar al frente a la vista de todos, tener éxito, el afecto de alguien o que esté a mi lado, la admiración o el aplauso de esa persona que para mi es importante, hablar de lo que hago, de lo que me quieren, de lo que me extrañan…)?. Nada de todo “eso” necesitamos, realmente no necesitamos nada salvo a Dios, como dicen San Juan de la Cruz, o Santa Teresa o tantos otros santos. Tan complicado y tan sencillo a la vez como decir a “eso” que nos esclaviza: “No te necesito”, porque si le seguimos dando espacio en nuestro corazón, el Amor de Dios no encontrará donde derramarse.

Dice también San Juan de la Cruz: “Tan solo un hilillo es suficiente para no ser libre, por muy finito que sea”. Y si no soy libre, la tierra no estará dispuesta para acoger la semilla. Y si no soy libre, el corazón no estará abierto para acoger y abrazar el AMOR que se le regala.

¿Soy capaz de decir: “Esto no lo necesito”?. ¿Me atrevo a intentarlo?.

¿Soy capaz de renunciar a “eso” por Él?.

¿Acaso necesito algo que no sea Él, su AMOR?.

¿Qué es “eso” que me endurece, que me oprime, que me impide vivir desde mi centro, que no me permite amar?

Jesús ha venido para que tengamos vida hoy. Su Amor es presente. Se nos da y se nos regala hoy, ahora. Todo un Dios se nos está dando, y no encuentra corazones que se hagan capacidad porque están llenos de sí. Entretenidos en hacer, en cumplir, en quedar bien, en ganar puntos, en buscar ser reconocidos, en conquistar su corazón… se nos olvida que lo que buscamos lo tenemos de gratis y al alcance, aquí y ahora. 

¿Y cómo respondemos a ese AMOR?. No se trata de hacer planes ni quebrarse la cabeza. Si el AMOR se me da ahora, es ahora cuando tengo que responderle, en la realidad presente que me toca vivir y con los dones y recursos con los que cuento. No hay que inventar nada. Ahora, en este momento, Dios se me está dando y es el momento de regresarle todo lo mejor de mi.

domingo, 2 de agosto de 2026

“QUE ESTE NUEVO CURSO SEA DIFERENTE”

Pronto comenzará un nuevo curso y es bueno detenernos un poco y revisar nuestra vida y nuestro hacer porque los años pasan y caemos en la tentación de repetir siempre lo mismo y estancarnos en nuestro crecimiento humano y espiritual.

Muchas veces se oyen quejas del estilo “siempre lo mismo”. Efectivamente, siempre es lo mismo cuando nos dejamos llevar por la vida y no por Dios. Cuando ocupamos nuestro tiempo con actividades y ruido para no pensar, en lugar de hacer silencio para dar sentido a lo que vivimos. “Siempre lo mismo” es la queja de quien se acomoda, de quien no se implica, de quien pone la seguridad en lo conocido, de quien no se responsabiliza de su propio cambio porque le asusta.

¿Por qué no ponemos de nuestra parte para que este curso “no sea lo mismo”?. Quedan todavía días de vacaciones para hacer ese alto en el camino, ver dónde estoy, hacia dónde voy, qué sueña Dios de mí para este momento y mis circunstancias… No es lo otro lo que hay que cambiar, ni tampoco a los otros… soy yo y mi manera de ver lo otro y a los otros, mi manera de responder a la realidad que se me presenta, mi actitud ante la vida y el sentido que le quiero dar.

Haciendo alusión a mi buen querido San Ignacio, que acabamos de celebrar, me remito a su Principio y Fundamento para iluminar un poco más la reflexión:

"Hemos sido creados para conocer, alabar y servir a Dios, y así lograr la vida eterna, salvar nuestra alma.

El resto de lo creado es una ayuda para que alcancemos ese fin".

* Todo nuestro ser orientado a conocer y amar a Dios, ayudar a otros a conocerlo y amarlo. No se trata de hacer cosas, se nos pide amar (devolver amor por Amor): Amor a Dios, al prójimo, a uno mismo.

* La vida eterna, el Reino, es un eterno presente. Se nos está dando ya el amor gratuito de Dios. ¿Cuál es mi respuesta a ese amor?.

-      No se trata de compromiso

-      No se trata de esfuerzo

-      No se trata de evitar culpabilidades enfrascándome en un hacer continuo.

-      No se trata de ganar puntos ante los hombres y mucho menos ante Dios.

-      …

Se trata de vivir en un continuo amar.

La vida eterna, el Reino, no es algo que se haya de alcanzar porque se nos da aquí y ahora, en cada persona, en cada situación que se nos presenta, en cada acción que realizamos, en el ruido y en el silencio, en la actividad y en la oración… Constantemente se nos está ofreciendo gratuitamente. ¿Cómo respondo a este amor que se me regala, que se me da, aquí y ahora?.

* No hay que inventar nada, a cada uno se nos ha dado unos talentos. Importante el autoconocimiento para ver dónde encaja cada uno en este bello puzzle que entre todos tenemos que armar.

    • No hacer más de lo que me toca porque “no hay nadie” porque eso me puede llevar a dejar otras cosas o personas que requieren mi atención y me tensará y alejará de la voluntad de Dios.
    • No hacer lo que no me corresponde porque perderé energía y restaré amor a hacer lo que sí se me ha encomendado

    -  Reconocer que no puedo hacer todo (dar oportunidad a otros para     que sean portadores y transmisores de luz y así la comunidad vaya       creciendo).

    - Reconocer que no valgo para todo (ahí se juega mi honestidad, mi         sinceridad, mi humildad…”esto no es para mí”, “esto ya no me toca”,     “no soy bueno para esto”...)

    Ej. No puedo asumir la responsabilidad de guiar a un grupo si no me     ha dado Dios el don de liderar (“Es que como nadie se ofrece…”.        Que no… ni lo intentes “Un ciego no puede guiar a otro ciego”).

    Ej. No puedo cuidar las flores si solo mirándolas se marchitan (“Es que     no hay nadie”… tranquilo, la persona indicada llegará, eso a ti no te     toca, deja que Dios ponga a quien ha pensado)

    Ej. No puedo participar en el coro si soy desentonado o tocar un         instrumento si no tengo oído. (“Uy ya pero a mí me encanta cantar y     tocar las castañuelas”. Sí, sí… pero si eso va a distraer a la gente en         lugar de llevarla a estar centrada en Dios, mejor ni lo intentes).

    Ej. No puedo proclamar la Palabra en el ambón si me trabo y no leo     bien. (“Es que como nadie sale”, “Sé que no lo hago bien pero me         gusta salir al frente”… Quédate mejor en tu sitio que ya verás cómo     alguien se levanta, de lo contrario estarán todos más pendientes de las     veces que te confundes que de lo que el Señor está queriendo             comunicar).

Y así podríamos seguir poniendo multitud de ejemplos…

Eso que llamamos buena voluntad lo confundimos muchas veces con hacer lo que no nos toca o aquello para lo que no hemos sido creados impidiendo que asuma la responsabilidad quien Dios ha dotado de esas cualidades. Buena voluntad es buscar y querer lo que Dios quiere de mí y para mí y responder. No me pide más ni menos. Quiere que la semilla dé el fruto que le corresponde.

* Otro aspecto a considerar y quizás lo más importante: “El hilo conductor de mi vida, de mis decisiones, de mis compromisos ha de ser el amor”.

Si aquello que realizo, me crea enojo, me cansa, me lleva a juzgar a otros, me tensa… será momento de hacer un discernimiento, quizás es hora de rectificar. Tengo dos opciones:

- Dejarlo.

- Cambiar de actitud. No es compatible el servicio con las quejas, los enojos y las envidias Si decido continuar que sea con santa paz y alegría. De lo contrario tengo que revisarme.

* Y siguiendo con el bueno de San Ignacio de Loyola: “Todo lo creado es una ayuda para que alcancemos el fin para el que hemos sido creados: Amar y servir” . El problema es cuando convertimos los medios en fines y nos apegamos a ellos (un cargo, un compromiso, una responsabilidad, un don…). ¿Qué tan libre soy para dejarlo si se me pidiera entregarlo en este momento?. ¿Qué sentimientos surgirían en mí?. En la sinceridad de la respuesta se verá mi esclavitud-apego o mi libertad frente a ello.

Para ir terminando… Importante: Hacer lectura creyente de mi presente con todo lo que me rodea, lo que acontece y en lo que estoy involucrado,  para ver dónde el Señor me quiere y haciendo qué. Escuchar lo que Dios sueña para mí. Y en este discernimiento tener en cuenta:

-      Mis dones y talentos

-      Mi realidad personal, mi realidad familiar, mi realidad laboral

Importante también; No perder de vista el buscar en todo la voluntad de Dios y no la mía. No optar en función de la simpatía o antipatía que siento por los otros, no optar en función de los propios gustos, de lo que esperan los otros de mí, no optar en función de mis necesidades insatisfechas de acogida, de reconocimiento, de afecto… no optar desde mi querer quedar bien ante Dios…

Tenemos todo el mes de agosto por delante… Que el Espíritu Santo inspire en cada corazón por dónde seguir caminando y qué cambios habría que hacer hacia fuera y, mucho más importante… en el propio corazón. “Que este nuevo curso sea diferente”. 

domingo, 19 de julio de 2026

“QUÉ DISTINTO SERÍA TODO…”


Esto del fútbol y el mundial me da mucho qué pensar: La inversión en camisetas, cenas compartidas, entradas, viajes… No digo que el deporte sea algo negativo, todo lo contrario. Lo que no es bueno es la dependencia, el hacer de eso el centro de nuestra vida o lo primero.

Pienso en nosotros creyentes. Si siguiésemos a Cristo con la misma pasión que a nuestra selección ¡Qué distinto sería todo!. Si saliéramos a las calles a anunciar y celebrar que Cristo vive con la misma euforia que a celebrar un triunfo del equipo… ¡Qué distinto sería todo!. Si portáramos un crucifijo o una medalla de la Virgen en nuestro cuello con el mismo orgullo que la camiseta…¡Qué distinto sería todo!.

Si tuviésemos el valor de colgar en las redes frases o imágenes que hablen de nuestra fe así como publicamos las de “nuestros otros amores”… ¡Qué distinto sería todo!.

Si fuésemos capaces de renunciar a “nuestros pequeños quereres” por amor a Cristo… ¡Qué distinto sería todo!.

Si hiciésemos silencio y escuchásemos el querer de Dios… ¡Qué distinto sería todo!.

Si nos moviésemos desde lo que Dios espera de nosotros y no desde lo que la sociedad nos ofrece… ¡Qué distinto sería todo!.

Si tuviésemos el valor de dar un paso al frente pese a lo que los otros pudieran pensar en vez de hacer lo que la mayoría… ¡Qué distinto sería todo!.

Estamos en tiempo de vacaciones, momento para hacer un alto en medio del trajín de cada día, de la rutina. Podemos llenarlo de actividades y de ruido para seguir en lo mismo de siempre o detenernos para ver dónde estamos, hacia dónde vamos, a quién seguimos, qué debemos dejar ya atrás, qué necesitamos, cómo vamos a distribuir nuestro tiempo, a qué queremos dar prioridad en nuestra vida…

Si tan solo dejara algo, si tan solo asumiera algo, si tan solo cambiara algo en mí, si tan solo hiciera más silencio, si tan solo parara un momento, si tan solo pidiera perdón, si tan solo orara por quien no me quiere, si tan solo escuchara un poco más, si tan solo pensara menos en mí… ¡Qué distinto sería todo!.

Una sola decisión puede cambiar el rumbo de mi vida y la de quienes me rodean y… ¡Qué distinto sería todo si esa decisión está orientada al amor a Dios, a los hermanos y a mi mismo.


domingo, 12 de julio de 2026

“ENTREGARLO TODO”

 

Comentando con una amiga algo que me tenía un poco turbada me preguntó: “¿Todos estos días has cargado con esto?”. Lo curioso es que al día siguiente, al hablarlo con un sacerdote, también me cuestionó: “¿Por qué no lo entregas?”.

Ahí está la clave: “ENTREGARLO… ENTREGARLO TODO”. ¡Y qué paz se siente!. No es un desentenderse, ni un evadir la responsabilidad, sino un “poner en el centro a quien debe estar en el centro”.


Aquello que nos inquieta, que nos quita la paz, que nos da miedo perder, que nos enoja, que nos entristece… tiene su origen en habernos apropiado de ello. Nos quejamos, culpamos a otros, pataleamos, lloramos... Nos colocamos en el centro desempeñando el rol de víctima de los otros o de las circunstancias. “Eso” que nos enreda se convierte en una gran piedra en la mochila que nos resistimos a soltar. En vez de vaciarnos añadimos más peso a nuestras vidas. Perdemos el tiempo contemplando eso, hablando de eso, pensando en eso, y perdemos la oportunidad de estar en el presente, de vivir el momento, de abrirnos a nuevas oportunidades, de agradecer lo que acontece.

¿Por qué apropiarnos de algo cuando nada nos pertenece?.

¡Tan sencillo y tan complicado que lo hacemos!. Nada nos pertenece: Salud, cualidades, éxito, admiración, familia, casa, trabajo, amigos, responsabilidades, grupos… ni siquiera la vida. Entregarlo… entregárselo todo… ésta es la tarea… ésta es la invitación.

Tan complicado y tan sencillo que podemos hacerlo al unísono con San Ignacio de Loyola “Vos me lo diste, a vos Señor lo torno, todo es vuestro…”.

Entreguemos al Señor TODO…

* Lo que nos afecta para volver a ponerle a Él en el centro y no usurpar el lugar que sólo a Él le corresponde.

* Lo que nos alegra, estimula nuestra fe y enriquece nuestra vida, para recordar de quien dependemos y a quien le debemos lo que tenemos ahora.

Todo lo que no consideramos tan bueno es invitación a salir de nosotros y a abrirnos a los otros, es oportunidad para poner nuestros ojos en Aquel que nos ha creado, de quien dependemos y que nos atrae con su amor.

Todo lo bueno es don, todo es regalo de Dios. Démosle gracias por lo que hay en nuestro haber en este momento sin apropiarnos de ello, mañana no estará…

Entreguemos también nuestra historia, nuestro futuro.

Entreguemos… ¿Qué es aquello que te resistes a entregar?

Nada nos pertenece… Todo es suyo. Sólo así se puede caminar ligero de equipaje.

lunes, 29 de junio de 2026

“¿POR QUÉ TE HAS TARDADO TANTO?”

 

Hoy te invito a hacer un ejercicio de imaginación. Algo así como lo que recomienda San Ignacio de meterte en la escena pero esta vez vas a ocupar el lugar de la persona que llega al lugar que te voy a indicar.

Supón que te levantas y piensas en ir a confesarte. Llegas a la iglesia y te encaminas a donde sabes que puedes encontrarte con el sacerdote. Entras, sin mediar palabra le das un abrazo y mientras te tiene en sus brazos y sientes su cariño, le escuchas un reclamo lleno de amor desde lo más profundo de su corazón: “¿Por qué te has tardado tanto?”. ¿Qué haces: Lloras, sonríes, le das un beso, te apartas…?. ¿Qué dices: te justificas, reclamas, te callas…?.

Y ahora vamos a dar un paso más. Imagínate que es Jesús quien al acercarte es el que, también con mucho amor, te pregunta: “¿Por qué te has tardado tanto?”. ¿Cómo reaccionas?. Quizás lo más fácil es lo de siempre: Buscar justificaciones  para no asumir la propia responsabilidad (es que pensaba… es que tenía que… es que no sabía que…). O puedes optar por culpar a los otros, a las circunstancias o a Él mismo. O quizás decidas permanecer en silencio. O… No te doy más ideas porque quiero que seas tú quien reaccione y responda a Jesús pero ¡Cuidado con caer en la culpa, en la tristeza, en el lamento… por el tiempo perdido, por no haberlo sabido hacer mejor, por…!.  Todavía no es tarde, es hoy y ahora que te hace la pregunta para que seas consciente de su amor paciente, un amor que siempre ha respetado tu libertad y no se ha cansado de esperar. ¿Qué tienes tú que decirle?.

jueves, 25 de junio de 2026

“NO TE AGOBIES”

 

El pasado sábado el sacerdote nos compartía una anécdota de cuando era seminarista a cuenta del evangelio que se proclamaba ese día. Mateo 6, 24-34 “Mirad los pájaros del cielo: no siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta ¿No valéis vosotros más que ellos? (…) ¿Por qué os agobíais…? (…) No andéis agobiados…”

Eran jóvenes, tenían unos cuantos exámenes, y el rector les dijo de ir a unas charlas que había organizado el obispo. Todos protestaron porque “estaban agobiados” y veían más razonable dedicar ese tiempo a estudiar. Entonces el rector les reclamó diciendo: “Podéis estar cansados pero nunca agobiados. Quien se agobia es porque pone la confianza y la seguridad en sí mismo (capacidad, cualidades, dones, manera de cómo tienen que ser las cosas…), en los otros o en las cosas”.

Sencilla la enseñanza de Jesús. Tras recordarnos que donde está nuestro tesoro está nuestro corazón e invitarnos a poner a Dios en el centro de nuestra vida, subraya la importancia de poner toda nuestra seguridad y confianza solo en Dios.

Cuando las cosas, los otros o yo, somos el centro… Cuando en algo de todo esto está puesta nuestra seguridad o confianza… todo se tambalea surgiendo en algún momento la  inquietud, el miedo, el enojo, la frustración… Perdemos la paz del corazón.

Solo Dios permanece, solo Él es el único apoyo firme, la roca, el cimiento que permite mantener o recobrar la calma cuando se pierde.

“Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta”. ¡Qué descanso cuando haciendo todo lo que está en las propias manos se deja todo en las suyas!. ¡Qué humildad reconocer que hasta lo que ponemos de nuestra parte es obra suya!. Todo depende de Él. Él sabe y lo dispone todo según nos conviene, de nosotros está el aceptarlo, acogerlo y abrazarlo. De ello depende la paz interior o la turbación de nuestra alma.

Si hay algo en este momento que turba tu alma, detente, revisa quién o qué es el centro y resitúate para colocar a Dios en el centro. En esa realidad que estás viviendo Dios te habla, Dios te ama y quiere que acojas su voluntad y respondas al Amor con amor.

Quien se siente en las manos de Dios no se agobia porque se confía a su divina providencia y acepta su voluntad.