miércoles, 26 de agosto de 2026

“AMAR A LOS OTROS SEGÚN…”

 

Una de las frases que quedó resonando en mí hace unos días fue: “Amar a los otros según su necesidad”. No según lo que me parece que el otro necesita, o según me conviene, o en función de lo que creo que es mejor para la otra persona… En el afán de querer ayudar podemos hacer daño a los otros si los volvemos dependientes de nosotros y no les proporcionamos las herramientas para que se levanten por si solos y sigan caminando, podemos asfixiarlos...

“Amar a los otros según su necesidad”. Para no caer en errores, la manera más segura de acertar sería preguntar: “Y tú ¿qué necesitas de mi?”, “¿En qué te puedo ayudar?”. Quizás nos sorprendamos de lo que escuchemos. Nuestra respuesta también dependerá de nuestra realidad. No a todos podremos responder como necesitan y eso no nos puede hacer caer en la culpa, quizás esa misión la tengan que realizar otros.

Volviendo al tema… Vamos más allá. Si Jesús me pide amar a los otros según su necesidad es porque así me ama Él. Me da lo que necesito en cada momento. Esto puede chirriarle a más de uno si se compara con otros y se mira con menos talentos, o que a los otros les pasan cosas mejores, o son más queridos, o tienen más éxito… Dios es un Padre bueno y como bueno que es, sólo sabe dar cosas buenas a sus hijos. Tú tienes lo que necesitas, yo tengo lo que necesito. Si enfocas tu mirada en el gran amor que Dios te tiene no hay cabida para la envidia, el resentimiento, el odio… El problema es cuando nos descentramos y dejamos de mirar al Amor, ahí es cuando surgen las quejas, las críticas, los desprecios, la tristeza…

En nuestro diario vivir pueden surgir situaciones difíciles, acontecimientos inesperados, pruebas… “¿Por qué a mi?”. ¿Y por qué no?. Las cosas pasan, que Dios me ame y yo le ame no quiere decir que no  puedan suceder desgracias en mi vida. La diferencia es que quien tiene fe y vive confiado en el Señor no duda de que le proveerá de lo necesario para afrontarlo.

El Dios de Jesús que nos ama incondicionalmente está pendiente de nuestras necesidades, conoce qué es lo que nos falta, qué es lo que más nos puede ayudar a crecer en el amor, y responde dándonos a cada uno lo que más nos conviene.

Ante todo esto sólo cabe el agradecimiento y la confianza de sabernos en las mejores manos. Como buen padre y buena madre: Da o quita según convenga, pone límites, soluciona o facilita los medios para que encontremos la salida o la respuesta…Unas veces habla, otras se queda en silencio, pero nunca deja de amar, de estar, de sostener, de dar.

Agradecer y confiar porque aun en las peores situaciones que vivamos, nunca nos faltará su consuelo, su paz, su fortaleza…

A tanto amor recibido según nuestra necesidad, solo podemos responder de la misma manera: “Amando a los otros según su necesidad”. Que así sea.

lunes, 24 de agosto de 2026

“ESCALERA PARA LLEGAR AL CIELO”

 

Hace unos días, en un curso, conocí a un matrimonio padres de ocho hijos y abuelos de 29 nietos y dos en camino. Quiero hablarte de ella, de Inma, mamá y abuela, de su fe, de su ser de Dios en ella. Inma me contó que una de las hijas de 42 años es discapacitada y además sufre esquizofrenia, vive con ellos. Se permitieron escaparse unos días aprovechando que habían dejado a la hija en un campamento de verano. Si conocieses a esta mujer… Yo no reparé en ella hasta el último día que me senté enfrente a cenar.

Miras a esta mujer y no puedes ya mirar a otro lado. Esos ojos azules te atrapan con la paz y el infinito cariño que irradian. Comenzó a contarme su historia y ¡cómo disfrutaba hablando de esta hija “especial”!. Verdaderamente es especial y una bendición para  todos ellos. La definió con mucha alegría como “su escalera para llegar al cielo”. Para Inma y su familia es su regalo, su bendición, su medio de recibir y dar amor, su encuentro continuo con quien se encarna en lo débil, en lo vulnerable, en lo que no cuenta… “su escalera para llegar al cielo” como bien dice ella.


Providencialmente ha pasado estos días por la librería M. un muchacho de 18 años con parálisis cerebral. M. pasa unido a una silla de ruedas a motor que, bendito Dios, maneja muy bien y le permite desplazarse. No tiene hermanos, sólo cuenta con su mamá que le consiente todo lo que puede sobre todo cuando se trata de “caprichos” religiosos. Ya le dije el último día a M.: “Tu casa ha de parecer ya capilla”. No habla pero entiende perfectamente así que se rió ante mi comentario. Todo lo dice con sus gestos, con su mirada, con su sonrisa...

A la mamá de M. le hablé de Inma y de cómo ésta ve a su hija como su escalera para llegar al cielo. Bendito sea Dios que así lo vive élla también.

Ahí está Dios, encarnado en lo débil, en lo que otros verían como una carga, en lo que algunos habrían descartado y otros aniquilado antes de nacer. En ellos también está Dios, ahí también nos habla Dios de amor, ahí también podemos responderle acogiendo su amor y amándole.

Cada uno tiene su escalera al cielo. No desaprovechemos esas bonitas ocasiones que tocan a nuestra puerta para acoger al Amor y amar al Amado.

Gracias Inma por tu testimonio de fe, de entrega y de amor. Gracias por querer seguir creciendo en la fe y el amor a nuestro Señor a través de los santos.

Gracias a todos los que en lo cotidiano de la vida, en lo escondido y de manera silenciosa vivis con amor, por amor y para el Amado.

viernes, 21 de agosto de 2026

“NO SÉ…”

 

No sé qué quieres de mí…

No sé a dondé me llevas…

No sé que suerte correré…

No sé qué pruebas tendré que pasar todavía…

No sé… No sé nada pero realmente ¿Quién sabe que será de su vida mañana? ¿Quién sabe si llegará al final de la semana? ¿Quién sabe…?

Yo no sé nada del futuro pero me da paz recordar a Edith Stein en ese tren camino del campo de concentración de Auschwitz “No sé a dónde voy pero sé con quién voy”. Me quedo con sus palabras.

Sé que no voy sola, sé que no me vas a dejar porque me has sostenido y acompañado desde que me creaste, y eso que en ocasiones me he caído o me he perdido. ¿De qué tengo que preocuparme entonces?.

Habrá momentos difíciles, muy difíciles, pruebas duras, tentaciones… Cuando sienta que mi barca se agita fuertemente por la tormenta, seguiré el consejo de Santa Teresita a su hermana Celina, no despertaré a Jesús. Mi corazón será la almohada en la que Él pueda descansar y eso será mi consuelo y mi paz.


Con todo esto solo me queda abandonarme y decirte: “Lo que Tú quieras Señor”. Que mi vida sea una ofrenda de amor a Tu AMOR, a tanto AMOR entregado por mi y para mi y siempre para mayor gloria tuya.

domingo, 9 de agosto de 2026

“DIOS ES PRESENTE”

 

Dios es presente, se nos está dando en este momento. A mí mientras estoy escribiendo, a ti mientras estás leyendo.

Al Amor solo se le puede responder amando y es ahora cuando puedo responder.

A veces vivimos anotando tantos para un día recibir la recompensa, para que un día Dios se nos de. Es como si no hubiésemos comprendido la gratuidad de Dios (da sin esperar). Nos regala su amor ahí donde estamos y tal y como estamos.

Para regalarnos su Amor, el Dios de Jesús, no espera sacrificios, no exige méritos o penitencias. Su Amor se está derramando continuamente, tan solo espera encontrar tierra buena, corazones dispuestos, receptivos, vacíos de sí y de todo apego humano y material.

¡Si conocieras el don de Dios!.

¡Si conocieras lo que Él ahora te está regalando!.

Aquello a lo que no estoy dispuesto a renunciar, endurece y bloquea mi corazón al amor de Dios. Si no me desprendo de “eso”, estoy cerrando al puerta al AMOR. Todo no cabe, hay que decidir de qué quiero que esté repleto mi corazón: De mí (mi razón, mi forma, mis gustos, mi control, mis recuerdos, mis expectativas, mi culpa, lo que creo… mis cosas… personas… aficiones…) o del Amor de Dios.

¿Necesito “eso” en mi vida para ser feliz (murmurar, quejarme, pertenecer a ese grupo, tener ese compromiso, recibir ese aplauso, pasar al frente a la vista de todos, tener éxito, el afecto de alguien o que esté a mi lado, la admiración o el aplauso de esa persona que para mi es importante, hablar de lo que hago, de lo que me quieren, de lo que me extrañan…)?. Nada de todo “eso” necesitamos, realmente no necesitamos nada salvo a Dios, como dicen San Juan de la Cruz, o Santa Teresa o tantos otros santos. Tan complicado y tan sencillo a la vez como decir a “eso” que nos esclaviza: “No te necesito”, porque si le seguimos dando espacio en nuestro corazón, el Amor de Dios no encontrará donde derramarse.

Dice también San Juan de la Cruz: “Tan solo un hilillo es suficiente para no ser libre, por muy finito que sea”. Y si no soy libre, la tierra no estará dispuesta para acoger la semilla. Y si no soy libre, el corazón no estará abierto para acoger y abrazar el AMOR que se le regala.

¿Soy capaz de decir: “Esto no lo necesito”?. ¿Me atrevo a intentarlo?.

¿Soy capaz de renunciar a “eso” por Él?.

¿Acaso necesito algo que no sea Él, su AMOR?.

¿Qué es “eso” que me endurece, que me oprime, que me impide vivir desde mi centro, que no me permite amar?

Jesús ha venido para que tengamos vida hoy. Su Amor es presente. Se nos da y se nos regala hoy, ahora. Todo un Dios se nos está dando, y no encuentra corazones que se hagan capacidad porque están llenos de sí. Entretenidos en hacer, en cumplir, en quedar bien, en ganar puntos, en buscar ser reconocidos, en conquistar su corazón… se nos olvida que lo que buscamos lo tenemos de gratis y al alcance, aquí y ahora. 

¿Y cómo respondemos a ese AMOR?. No se trata de hacer planes ni quebrarse la cabeza. Si el AMOR se me da ahora, es ahora cuando tengo que responderle, en la realidad presente que me toca vivir y con los dones y recursos con los que cuento. No hay que inventar nada. Ahora, en este momento, Dios se me está dando y es el momento de regresarle todo lo mejor de mi.

domingo, 2 de agosto de 2026

“QUE ESTE NUEVO CURSO SEA DIFERENTE”

Pronto comenzará un nuevo curso y es bueno detenernos un poco y revisar nuestra vida y nuestro hacer porque los años pasan y caemos en la tentación de repetir siempre lo mismo y estancarnos en nuestro crecimiento humano y espiritual.

Muchas veces se oyen quejas del estilo “siempre lo mismo”. Efectivamente, siempre es lo mismo cuando nos dejamos llevar por la vida y no por Dios. Cuando ocupamos nuestro tiempo con actividades y ruido para no pensar, en lugar de hacer silencio para dar sentido a lo que vivimos. “Siempre lo mismo” es la queja de quien se acomoda, de quien no se implica, de quien pone la seguridad en lo conocido, de quien no se responsabiliza de su propio cambio porque le asusta.

¿Por qué no ponemos de nuestra parte para que este curso “no sea lo mismo”?. Quedan todavía días de vacaciones para hacer ese alto en el camino, ver dónde estoy, hacia dónde voy, qué sueña Dios de mí para este momento y mis circunstancias… No es lo otro lo que hay que cambiar, ni tampoco a los otros… soy yo y mi manera de ver lo otro y a los otros, mi manera de responder a la realidad que se me presenta, mi actitud ante la vida y el sentido que le quiero dar.

Haciendo alusión a mi buen querido San Ignacio, que acabamos de celebrar, me remito a su Principio y Fundamento para iluminar un poco más la reflexión:

"Hemos sido creados para conocer, alabar y servir a Dios, y así lograr la vida eterna, salvar nuestra alma.

El resto de lo creado es una ayuda para que alcancemos ese fin".

Todo nuestro ser orientado a conocer y amar a Dios, ayudar a otros a conocerlo y amarlo. No se trata de hacer cosas, se nos pide amar (devolver amor por Amor): Amor a Dios, al prójimo, a uno mismo.

* La vida eterna, el Reino, es un eterno presente. Se nos está dando ya el amor gratuito de Dios. ¿Cuál es mi respuesta a ese amor?.

-      No se trata de compromiso

-      No se trata de esfuerzo

-      No se trata de evitar culpabilidades enfrascándome en un hacer continuo.

-      No se trata de ganar puntos ante los hombres y mucho menos ante Dios.

-     

Se trata de vivir en un continuo amar.

La vida eterna, el Reino, no es algo que se haya de alcanzar porque se nos da aquí y ahora, en cada persona, en cada situación que se nos presenta, en cada acción que realizamos, en el ruido y en el silencio, en la actividad y en la oración… Constantemente se nos está ofreciendo gratuitamente. ¿Cómo respondo a este amor que se me regala, que se me da, aquí y ahora?.

* No hay que inventar nada, a cada uno se nos ha dado unos talentos. Importante el autoconocimiento para ver dónde encaja cada uno en este bello puzzle que entre todos tenemos que armar.

    • No hacer más de lo que me toca porque “no hay nadie” porque eso me puede llevar a dejar otras cosas o personas que requieren mi atención y me tensará y alejará de la voluntad de Dios.
    • No hacer lo que no me corresponde porque perderé energía y restaré amor a hacer lo que sí se me ha encomendado

    -  Reconocer que no puedo hacer todo (dar oportunidad a otros para     que sean portadores y transmisores de luz y así la comunidad vaya       creciendo).

    - Reconocer que no valgo para todo (ahí se juega mi honestidad, mi         sinceridad, mi humildad…”esto no es para mí”, “esto ya no me toca”,     “no soy bueno para esto”...)

    Ej. No puedo asumir la responsabilidad de guiar a un grupo si no me     ha dado Dios el don de liderar (“Es que como nadie se ofrece…”.        Que no… ni lo intentes “Un ciego no puede guiar a otro ciego”).

    Ej. No puedo cuidar las flores si solo mirándolas se marchitan (“Es que     no hay nadie”… tranquilo, la persona indicada llegará, eso a ti no te     toca, deja que Dios ponga a quien ha pensado)

    Ej. No puedo participar en el coro si soy desentonado o tocar un         instrumento si no tengo oído. (“Uy ya pero a mí me encanta cantar y     tocar las castañuelas”. Sí, sí… pero si eso va a distraer a la gente en         lugar de llevarla a estar centrada en Dios, mejor ni lo intentes).

    Ej. No puedo proclamar la Palabra en el ambón si me trabo y no leo     bien. (“Es que como nadie sale”, “Sé que no lo hago bien pero me         gusta salir al frente”… Quédate mejor en tu sitio que ya verás cómo     alguien se levanta, de lo contrario estarán todos más pendientes de las     veces que te confundes que de lo que el Señor está queriendo             comunicar).

Y así podríamos seguir poniendo multitud de ejemplos…

Eso que llamamos buena voluntad lo confundimos muchas veces con hacer lo que no nos toca o aquello para lo que no hemos sido creados impidiendo que asuma la responsabilidad quien Dios ha dotado de esas cualidades. Buena voluntad es buscar y querer lo que Dios quiere de mí y para mí y responder. No me pide más ni menos. Quiere que la semilla dé el fruto que le corresponde.

* Otro aspecto a considerar y quizás lo más importante: “El hilo conductor de mi vida, de mis decisiones, de mis compromisos ha de ser el amor”.

Si aquello que realizo, me crea enojo, me cansa, me lleva a juzgar a otros, me tensa… será momento de hacer un discernimiento, quizás es hora de rectificar. Tengo dos opciones:

- Dejarlo.

- Cambiar de actitud. No es compatible el servicio con las quejas, los enojos y las envidias Si decido continuar que sea con santa paz y alegría. De lo contrario tengo que revisarme.

* Y siguiendo con el bueno de San Ignacio de Loyola: “Todo lo creado es una ayuda para que alcancemos el fin para el que hemos sido creados: Amar y servir” . El problema es cuando convertimos los medios en fines y nos apegamos a ellos (un cargo, un compromiso, una responsabilidad, un don…). ¿Qué tan libre soy para dejarlo si se me pidiera entregarlo en este momento?. ¿Qué sentimientos surgirían en mí?. En la sinceridad de la respuesta se verá mi esclavitud-apego o mi libertad frente a ello.

Para ir terminando… Importante: Hacer lectura creyente de mi presente con todo lo que me rodea, lo que acontece y en lo que estoy involucrado,  para ver dónde el Señor me quiere y haciendo qué. Escuchar lo que Dios sueña para mí. Y en este discernimiento tener en cuenta:

-      Mis dones y talentos

-      Mi realidad personal, mi realidad familiar, mi realidad laboral

Importante también; No perder de vista el buscar en todo la voluntad de Dios y no la mía. No optar en función de la simpatía o antipatía que siento por los otros, no optar en función de los propios gustos, de lo que esperan los otros de mí, no optar en función de mis necesidades insatisfechas de acogida, de reconocimiento, de afecto… no optar desde mi querer quedar bien ante Dios…

Tenemos todo el mes de agosto por delante… Que el Espíritu Santo inspire en cada corazón por dónde seguir caminando y qué cambios habría que hacer hacia fuera y, mucho más importante… en el propio corazón. “Que este nuevo curso sea diferente”. 

domingo, 19 de julio de 2026

“QUÉ DISTINTO SERÍA TODO…”


Esto del fútbol y el mundial me da mucho qué pensar: La inversión en camisetas, cenas compartidas, entradas, viajes… No digo que el deporte sea algo negativo, todo lo contrario. Lo que no es bueno es la dependencia, el hacer de eso el centro de nuestra vida o lo primero.

Pienso en nosotros creyentes. Si siguiésemos a Cristo con la misma pasión que a nuestra selección ¡Qué distinto sería todo!. Si saliéramos a las calles a anunciar y celebrar que Cristo vive con la misma euforia que a celebrar un triunfo del equipo… ¡Qué distinto sería todo!. Si portáramos un crucifijo o una medalla de la Virgen en nuestro cuello con el mismo orgullo que la camiseta…¡Qué distinto sería todo!.

Si tuviésemos el valor de colgar en las redes frases o imágenes que hablen de nuestra fe así como publicamos las de “nuestros otros amores”… ¡Qué distinto sería todo!.

Si fuésemos capaces de renunciar a “nuestros pequeños quereres” por amor a Cristo… ¡Qué distinto sería todo!.

Si hiciésemos silencio y escuchásemos el querer de Dios… ¡Qué distinto sería todo!.

Si nos moviésemos desde lo que Dios espera de nosotros y no desde lo que la sociedad nos ofrece… ¡Qué distinto sería todo!.

Si tuviésemos el valor de dar un paso al frente pese a lo que los otros pudieran pensar en vez de hacer lo que la mayoría… ¡Qué distinto sería todo!.

Estamos en tiempo de vacaciones, momento para hacer un alto en medio del trajín de cada día, de la rutina. Podemos llenarlo de actividades y de ruido para seguir en lo mismo de siempre o detenernos para ver dónde estamos, hacia dónde vamos, a quién seguimos, qué debemos dejar ya atrás, qué necesitamos, cómo vamos a distribuir nuestro tiempo, a qué queremos dar prioridad en nuestra vida…

Si tan solo dejara algo, si tan solo asumiera algo, si tan solo cambiara algo en mí, si tan solo hiciera más silencio, si tan solo parara un momento, si tan solo pidiera perdón, si tan solo orara por quien no me quiere, si tan solo escuchara un poco más, si tan solo pensara menos en mí… ¡Qué distinto sería todo!.

Una sola decisión puede cambiar el rumbo de mi vida y la de quienes me rodean y… ¡Qué distinto sería todo si esa decisión está orientada al amor a Dios, a los hermanos y a mi mismo.


domingo, 12 de julio de 2026

“ENTREGARLO TODO”

 

Comentando con una amiga algo que me tenía un poco turbada me preguntó: “¿Todos estos días has cargado con esto?”. Lo curioso es que al día siguiente, al hablarlo con un sacerdote, también me cuestionó: “¿Por qué no lo entregas?”.

Ahí está la clave: “ENTREGARLO… ENTREGARLO TODO”. ¡Y qué paz se siente!. No es un desentenderse, ni un evadir la responsabilidad, sino un “poner en el centro a quien debe estar en el centro”.


Aquello que nos inquieta, que nos quita la paz, que nos da miedo perder, que nos enoja, que nos entristece… tiene su origen en habernos apropiado de ello. Nos quejamos, culpamos a otros, pataleamos, lloramos... Nos colocamos en el centro desempeñando el rol de víctima de los otros o de las circunstancias. “Eso” que nos enreda se convierte en una gran piedra en la mochila que nos resistimos a soltar. En vez de vaciarnos añadimos más peso a nuestras vidas. Perdemos el tiempo contemplando eso, hablando de eso, pensando en eso, y perdemos la oportunidad de estar en el presente, de vivir el momento, de abrirnos a nuevas oportunidades, de agradecer lo que acontece.

¿Por qué apropiarnos de algo cuando nada nos pertenece?.

¡Tan sencillo y tan complicado que lo hacemos!. Nada nos pertenece: Salud, cualidades, éxito, admiración, familia, casa, trabajo, amigos, responsabilidades, grupos… ni siquiera la vida. Entregarlo… entregárselo todo… ésta es la tarea… ésta es la invitación.

Tan complicado y tan sencillo que podemos hacerlo al unísono con San Ignacio de Loyola “Vos me lo diste, a vos Señor lo torno, todo es vuestro…”.

Entreguemos al Señor TODO…

* Lo que nos afecta para volver a ponerle a Él en el centro y no usurpar el lugar que sólo a Él le corresponde.

* Lo que nos alegra, estimula nuestra fe y enriquece nuestra vida, para recordar de quien dependemos y a quien le debemos lo que tenemos ahora.

Todo lo que no consideramos tan bueno es invitación a salir de nosotros y a abrirnos a los otros, es oportunidad para poner nuestros ojos en Aquel que nos ha creado, de quien dependemos y que nos atrae con su amor.

Todo lo bueno es don, todo es regalo de Dios. Démosle gracias por lo que hay en nuestro haber en este momento sin apropiarnos de ello, mañana no estará…

Entreguemos también nuestra historia, nuestro futuro.

Entreguemos… ¿Qué es aquello que te resistes a entregar?

Nada nos pertenece… Todo es suyo. Sólo así se puede caminar ligero de equipaje.

lunes, 29 de junio de 2026

“¿POR QUÉ TE HAS TARDADO TANTO?”

 

Hoy te invito a hacer un ejercicio de imaginación. Algo así como lo que recomienda San Ignacio de meterte en la escena pero esta vez vas a ocupar el lugar de la persona que llega al lugar que te voy a indicar.

Supón que te levantas y piensas en ir a confesarte. Llegas a la iglesia y te encaminas a donde sabes que puedes encontrarte con el sacerdote. Entras, sin mediar palabra le das un abrazo y mientras te tiene en sus brazos y sientes su cariño, le escuchas un reclamo lleno de amor desde lo más profundo de su corazón: “¿Por qué te has tardado tanto?”. ¿Qué haces: Lloras, sonríes, le das un beso, te apartas…?. ¿Qué dices: te justificas, reclamas, te callas…?.

Y ahora vamos a dar un paso más. Imagínate que es Jesús quien al acercarte es el que, también con mucho amor, te pregunta: “¿Por qué te has tardado tanto?”. ¿Cómo reaccionas?. Quizás lo más fácil es lo de siempre: Buscar justificaciones  para no asumir la propia responsabilidad (es que pensaba… es que tenía que… es que no sabía que…). O puedes optar por culpar a los otros, a las circunstancias o a Él mismo. O quizás decidas permanecer en silencio. O… No te doy más ideas porque quiero que seas tú quien reaccione y responda a Jesús pero ¡Cuidado con caer en la culpa, en la tristeza, en el lamento… por el tiempo perdido, por no haberlo sabido hacer mejor, por…!.  Todavía no es tarde, es hoy y ahora que te hace la pregunta para que seas consciente de su amor paciente, un amor que siempre ha respetado tu libertad y no se ha cansado de esperar. ¿Qué tienes tú que decirle?.

jueves, 25 de junio de 2026

“NO TE AGOBIES”

 

El pasado sábado el sacerdote nos compartía una anécdota de cuando era seminarista a cuenta del evangelio que se proclamaba ese día. Mateo 6, 24-34 “Mirad los pájaros del cielo: no siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta ¿No valéis vosotros más que ellos? (…) ¿Por qué os agobíais…? (…) No andéis agobiados…”

Eran jóvenes, tenían unos cuantos exámenes, y el rector les dijo de ir a unas charlas que había organizado el obispo. Todos protestaron porque “estaban agobiados” y veían más razonable dedicar ese tiempo a estudiar. Entonces el rector les reclamó diciendo: “Podéis estar cansados pero nunca agobiados. Quien se agobia es porque pone la confianza y la seguridad en sí mismo (capacidad, cualidades, dones, manera de cómo tienen que ser las cosas…), en los otros o en las cosas”.

Sencilla la enseñanza de Jesús. Tras recordarnos que donde está nuestro tesoro está nuestro corazón e invitarnos a poner a Dios en el centro de nuestra vida, subraya la importancia de poner toda nuestra seguridad y confianza solo en Dios.

Cuando las cosas, los otros o yo, somos el centro… Cuando en algo de todo esto está puesta nuestra seguridad o confianza… todo se tambalea surgiendo en algún momento la  inquietud, el miedo, el enojo, la frustración… Perdemos la paz del corazón.

Solo Dios permanece, solo Él es el único apoyo firme, la roca, el cimiento que permite mantener o recobrar la calma cuando se pierde.

“Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta”. ¡Qué descanso cuando haciendo todo lo que está en las propias manos se deja todo en las suyas!. ¡Qué humildad reconocer que hasta lo que ponemos de nuestra parte es obra suya!. Todo depende de Él. Él sabe y lo dispone todo según nos conviene, de nosotros está el aceptarlo, acogerlo y abrazarlo. De ello depende la paz interior o la turbación de nuestra alma.

Si hay algo en este momento que turba tu alma, detente, revisa quién o qué es el centro y resitúate para colocar a Dios en el centro. En esa realidad que estás viviendo Dios te habla, Dios te ama y quiere que acojas su voluntad y respondas al Amor con amor.

Quien se siente en las manos de Dios no se agobia porque se confía a su divina providencia y acepta su voluntad.

domingo, 7 de junio de 2026

“FALTA DE AMOR”

 

Las continuas quejas y miedos, el malestar porque me señalaron una falta o no me alabaron una hazaña, el esfuerzo por defender mi territorio o mi imagen, el afán por hacer, servir o ayudar, la ansiedad, la tristeza, la preocupación, el rencor… hablan de mi falta de amor, de la necesidad de amor. La falta de amor es falta de Dios. La necesidad de amor es necesidad de Dios.

Quizás creemos en Dios, celebramos la Eucaristía, rezamos, tenemos algún compromiso en la iglesia… pero nos encerramos en nuestro pequeño mundo, con nuestras cosas, ideas sobre cómo tiene que ser todo, normas, esclavitudes… y no le damos cabida al amor. Por llenarnos de todo eso, nuestro corazón se siente vacío porque lo único que lo puede colmar no tiene espacio. Nuestra alma desea descansar en él, calmar su hambre de Dios, de amor, y cada vez se encuentra más lejos y más vacía.

La falta de amor es resultado de existir desde la imagen ideal que queremos conquistar o dar a los demás. Por no vivir desde la mirada amorosa del Padre acabamos haciendo muchas cosas que dan respuesta a los deseos y expectativas de los otros o de nosotros mismos, nos volvemos esclavos de ellos o de nuestro ego.

Ese Padre nos ama tal y como somos, tal y como estamos. Comprender y experimentar esta verdad nos permite ser libres y responder únicamente a su voluntad. De otra forma podemos hacer muchas cosas y muy buenas pero ¿A quién respondemos: A un ego insatisfecho, herido y necesitado, o a una imagen idealizada e inalcanzable?. ¿Cuánto tiempo vamos a seguir así?. ¿Qué necesitamos para ubicarnos bajo la única mirada y el único amor que puede saciar la sed de nuestra alma?.

“TARDE CON MOISÉS”

 

Hace unas semanas estuve en Olza con un grupito de la parroquia de “Nuestra Señora del Carmen” de Logroño. Olza es un pueblo a unos pocos kilómetros de Pamplona. Allá las Carmelitas Descalzas organizan, una vez cada dos meses, una tarde de oración.

El texto con el que oramos y meditamos fue el del Éxodo 14, 5-14, la huida del pueblo de Israel de la esclavitud de los egipcios. Un texto para cuestionarnos sobre nuestras esclavitudes (qué nos ata, qué nos impide avanzar, qué pseudoganancias encontramos para mantenernos en esas situaciones que sabemos que nos paralizan y no engendran vida).

Mantenerse esclavo o ser libre es una decisión personal. Implica tomar decisiones y emprender un camino desconocido. Desgraciadamente muchas veces preferimos optar por lo conocido, por lo que creemos que nos da seguridad, por aquello que controlamos… y eso nos estanca impidiendo nuestro crecimiento. Podemos asumir durante años un mismo cargo o responsabilidad, realizar las mismas cosas… y nos encadenamos. El miedo a soltar, a escapar de la esclavitud del faraón y adentrarnos en un territorio desconocido nos impide emprender el camino de la verdadera libertad. Justificaciones nunca faltan y es que al menos donde uno está y conoce, uno se siente seguro y si además eso aporta reconocimiento, éxito,,. ¿Dónde agarrarse si falta todo eso?. “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. Así dice el refrán pero si los santos hubiesen seguido este consejo no habrían llegado a santos.

Dar un paso adelante implica arriesgarse, ser valiente, dejar atrás, renunciar, confiar, abrirse a nuevos escenarios, abandono, esperanza. Desconocemos qué hay al otro lado, qué podemos encontrarnos conforme avanzamos, pero quien tiene fe sabe quien le sostiene, sabe que no camina solo.

En ocasiones son las circunstancias las que nos empujan a salir de la zona de confort adentrándonos en otros paisajes desconocidos e incluso no queridos. Áridos desiertos y oscuras noches en las que no se ve por donde avanzar, en los que surgen miedos, dudas, en los que no se encuentran apoyos. La adversidad, contemplada con ojos de fe, se convierte en una oportunidad para dejar atrás, para romper con aquello que nos tenía paralizados y esclavos.

Hemos sido creados para ser libres pero la realidad es que nos llegamos a convertir, si no estamos muy atentos, en esclavos de los otros, de las circunstancias, de las cosas o lo que es peor, de nosotros mismos.

Hemos sido creados para ser libres y eso implica un acto de fe que nos lleva a confiar en la intemperie, que nos conduce al desapego total y al abandono.

“PALABRAS O FRASES QUE RESUENAN EN EL CORAZÓN”

 

Haciendo los Ejercicios Espirituales de mes de San Ignacio de Loyola, en Guatemala en el año 2007, se nos invitó a encontrar nuestra consigna (aquella palabra venida de Dios que nos serviría toda la vida para vencer al mal). Siempre la recuerdo y la rescato en los momentos de dificultad, me ayuda a ubicarme, a centrarme y a seguir adelante.

Lo cierto es que, en el día a día, pueden surgir otras palabras o frases que son de mucha utilidad en el momento concreto que se está viviendo. Pueden llegar en el silencio, a través de otros, por medio de una canción, la lectura de un libro…

La semana pasada llegaron dos frases a mí que resonaron de manera especial y me siguen acompañando: Una a través de una carta y otra por medio de un sacerdote. De ésta última quiero hablar. El domingo confesándome, el sacerdote me habló de un montón de cosas. El lunes en la mañana, en mi oración estaba bien enredada (Había dormido fatal, una hermanita franciscana me dijo después de la eucaristía: “¡Qué mala cara tienes!”). El mal espíritu ni descansa ni deja descansar.  En medio de la oración, una de esas frases, que había pasado desapercibida en la plática con el sacerdote, cayó en mi corazón y me volvió ubicar de tal manera que, sigue resonando en mi corazón con fuerza.

Pero en todo esto hay que estar  muy despiertos porque si bien es cierto que el Espíritu inspira palabras o frases por medio de otros, también el mal espíritu utiliza la misma artimaña y puede confundirnos sirviéndose del evangelio y generando una falsa paz o una falsa alegría, y en el peor de los casos provocar sentimientos de culpa. Se hace necesario por esto el autoconocimiento, el silencio, la oración.

Lo que es de Dios da paz profunda, consuela, aumenta la confianza y la esperanza, anima y fortalece.

Estemos despiertos porque no todo lo que parece bueno es de Dios.

Estemos despiertos para escuchar lo que Él tiene que decirnos.

Estemos despiertos porque nos habla a través de todo y todo nos lleva a Él.

jueves, 4 de junio de 2026

“EL JARDÍN”

 

Hace unas semanas, antes de comenzar la oración del domingo, Nieves expresó la importancia de ser cada uno lo que es sin tratar de imitar a los otros. Y me decía: “Yo no puedo ser como tú ni hacer lo que tu haces”. Y yo añadí: “Ni tienes que intentarlo”.

Somos como las flores de un jardín. A cada uno se nos ha dado unos colores para embellecerlo y armar juntos un bonito paisaje. Nadie tiene que esforzarse en tratar de ser lo que no está llamado a ser.

Las comparaciones con los otros, el querer ser como los otros o hacer lo que ellos hacen, el sentirse menos… provocan sentimientos de impotencia, frustración, rabia, celos, incluso odio y deseo de venganza, llegando a tener actitudes que nos dañan y pueden perjudicar a otros.

Cuando miremos a los otros que sea para alabar la obra de Dios, la belleza que generan alrededor con su forma de ser, de estar, con su presencia. Y demos gracias a Dios por la diversidad, por la complementariedad, y por lo afortunados que somos al gozar de todo lo que Él nos regala a través de los dones y virtudes de los otros. Y alegrémonos de los beneficios que los otros reciben y ponen al servicio de la comunidad para gloria suya.

Nuestra misión no es ser como… ni hacer lo que hace… porque nos perderemos nuestra vida. Cada uno tiene que descubrir su propia belleza, lo que está llamado a ser, y para eso es necesario estar atentos a las insinuaciones del Espíritu, ese Espíritu que ya se nos ha dado y habita en cada uno. Ese Espíritu al que se puede escuchar cuando se acallan los ruidos externos y los que generamos con nuestros pensamientos. Ese Espíritu que habla en nuestro corazón pero también en la rutina, en los encuentros, en los acontecimientos.

No tienes que ser la flor más hermosa del jardín, simplemente lo que estás llamado a ser y así serás una hermosa flor. La clave: Ser ser uno mismo siguiendo las insinuaciones del Espíritu, y respondiendo a la voluntad de Dios en todo momento en la realidad concreta que te toca vivir. 

 


domingo, 24 de mayo de 2026

“YO ELIJO”

 

Ante lo que se nos presenta siempre podemos resistirnos, asumir con resignación o elegirlo. Pasamos de ser víctimas y esclavos de los otros o de las circunstancias a ser señores de nuestra voluntad y a vivir en plenitud cada vez que elegimos por amor todo lo que se nos ofrece.

La clave es que la elección sea por amor a Dios porque si elegimos buscándonos a nosotros mismos también estamos perdidos.  

Cuando elegimos para que los otros no se molesten, o para que no hablen de nosotros, o por compromiso, o porque creemos que no tenemos otra opción, o porque solo nosotros sabemos o podemos… somos esclavos de las circunstancias o/y de los otros. Eso solo genera malestar, enojo, tristeza… La verdadera libertad y la vida en plenitud radica en elegir TODO por amor a Dios.

Tenemos dos opciones: Elegir o dejar que los otros o las circunstancias nos elijan.

Elegir es tomar la iniciativa, orientar la voluntad a aceptar y acoger “eso” que tengo delante. Elegir por amor a Dios: “Esa realidad, esas palabras, esos gestos,  a esas personas, esas noticias, ese trabajo, esa enfermedad, ese cansancio, ese rechazo, esa angustia, ese miedo, esa soledad, esa tristeza, esas dudas, ese éxito…”.

Si algo me pesa, me cuesta, es porque se me está imponiendo y no termino de elegirlo. En ocasiones se trata del orgullo que todo lo quiere tener bajo control o que se resiste a perder la batalla. Elegir me da autoridad sobre el mal que puede querer atraparme o el que ya se ha podido colar en mí.

A Jesús nadie le quitó la vida, la dio voluntariamente.

Santa Teresita ante un montón de regalos dijo: “Yo lo escojo todo” y eso lo aplicó a todo lo que se le fue presentando en su vida.

Quererlo todo por amor, elegirlo todo por amor, pero por amor a Dios. De esta forma, Jesús y todos los santos pudieron entregar su vida hasta el último aliento.

¿Acaso algo o alguien puede hacernos daño desde esta actitud o forma de orientar la vida?. Cuando sientas a algo o a alguien como una amenaza a tu paz interior, orienta tu voluntad a elegirlo por amor a Dios y verás cómo todo vuelve a ordenarse.

domingo, 17 de mayo de 2026

“ALZA LA MIRADA”

 

El otro día, esperando que el semáforo se pusiera en verde, un sacerdote me preguntó como estaba y sonriendo le respondí: “Muy bien”. A lo que añadió: “Pero ¿siempre estás bien?”. Es evidente que no siempre estoy bien. No soy un robot y tampoco de piedra, como humana tengo mis pataletas y mis berrinches. Lo que sí que es cierto es que trato de ver lo positivo en todo y cuando no estoy bien lo agradezco muchísimo porque eso me ubica, me lleva a conectar con mi miseria, mi pobreza, mi pequeñez y a la vez mi necesidad de Dios. Es ahí cuando reconozco mi verdad: El poder del ego sobre mí revelándome mi soberbia expresada en la queja, la crítica, el rechazo de lo que acontece, la culpa… Y a la vez el amor incondicional de todo un Dios que no lleva cuenta de mis imperfecciones, caídas, defectos o ingratitud, tampoco de mis éxitos u obras, y lo único que desea es que le abra mi corazón y acoja todo el amor que quiere derramar en mí. Con todo esto, si hay algo que siento y me duele es todo el amor desperdiciado que no he acogido por encerrarme en el reino de mi ego.

El himno de la visita del Papa a España es una invitación a alzar la mirada. Los santos a través de los tiempos también nos han invitado a alzar la mirada y trascender “todo eso que nos pasa” para no apropiarnos de lo “bueno”, porque no nos pertenece y es pasajero, y no enredarnos con lo “malo”. Alzar la mirada no tiene que ver con enfocar nuestros ojos en el infinito sino dejarnos abrazar por el amor que Dios nos tiene y ver su acción en todo cuanto acontece. Alzar la mirada para reconocer en manos de quien estamos y cuánto nos ama. 

Todo es motivo de agradecimiento si lo trascendemos pero puede ser causa de estancamiento si nos enfocamos en ello.

Ante cansancios, miedos, angustias, preocupaciones…Ante humillaciones, rechazos, críticas o alabanzas, aplausos… Ante envidias, rencores, deseos de venganza… Sólo hay dos opciones:

  • Enredarnos o engancharnos a eso por medio del pensamiento o del discurso.
  • Alzar la mirada, trascenderlo, enfocarnos en el gran amor que Dios nos tiene.

Me viene ahora la imagen del avión cuando se eleva. Si el cielo se encuentra cubierto de nubes y decide seguir su ruta entre ellas, la visibilidad se va a dificultar. ¿Acaso no es más conveniente, sensato y acertado, atravesar las nubes y viajar bajo el sol resplandeciente y el cielo azul?.

Poner la atención en lo que oímos, vemos o vivimos, nos reduce la visibilidad y nos dificulta el avance, nos encapsula en nosotros y nos cierra al amor de Dios. Es algo así como viajar dentro de las nubes.

Alcemos entonces la mirada, atravesemos las nubes y volemos más allá para que nos dejemos alcanzar por los rayos del amor que nos quieren abrazar. 

miércoles, 13 de mayo de 2026

“¡HASTA PRONTO AJAY!”

 

Ajay es un carmelita de la India que ha estado destinado en Logroño durante diez años. Hace unos días nos comunicó que Santander sería su próximo lugar de misión.

Conocí a Ajay una de las veces que vine de vacaciones a casa. Me habían hablado de él y me habían sugerido conocerle porque me podría ayudar mucho en mi tarea de acompañar a otros. Recuerdo que era una mañana fría. De camino a la parroquia me encontré con mi madre y mi sobrina que entonces tendría unos 12 años. Les dije que iba para carmelitas y Lucía me pidió que la llevara. Tras un rato de estar los tres en un despacho y haberme recomendado unos libros, Lucía se metió en medio de la conversación. “Yo a ti te conozco” - le dijo. Yo la quedé viendo pensando: “Lucía te tienes que estar confundiendo”. Y volvió a repetir: “Yo a ti te conozco. Tú has estado en mi colegio”. Era cierto. Lucía estudiaba en adoratrices y Ajay había estado por allá celebrando alguna eucaristía. Tras el encuentro nos dimos el número de teléfono y no volvimos a vernos hasta las siguientes vacaciones pero eso sí, cada vez que escribía en el blog, Ajay recibía el escrito y lo subía a su estado.

Cuando llegó la pandemia, en los más de cinco meses de encierro en un apartamento y sola, entre otras cosas y por insistencia de varias personas queridas, edité mi primer intento de libro con ayuda de una aplicación de internet. Agrupé un montón de escritos por temas y pedí, entre otros a Ajay, que escribiera unas líneas para el prólogo, no tardaron en llegar. Ahí dejó ya su huella pero es aún mayor la huella que ha dejado en muchos corazones de esta ciudad de Logroño así que es justo que tenga su espacio en uno de los escritos del blog.

Quiero compartir las palabras que le hemos dedicado, los habituales de la eucaristía de las 8 de la mañana, el día de hoy. Seguro que nos hemos quedado cortos pero lo cierto es van cargadas de mucho cariño:

“Hace dos años en la iglesia de San  Bartolomé, en la vigilia de oración por las vocaciones, diste tu testimonio. En él nos compartiste que tu estar aquí entre nosotros era tu respuesta agradecida a tantos misioneros españoles que en su día fueron hasta la India a dar a conocer a Cristo.

Esta pequeña comunidad que a diario nos reunimos en la eucaristía de las 8 de la mañana, no queremos dejarte ir sin antes darte las gracias por el tiempo compartido, pero sobre todo GRACIAS por tu Sí al Señor, por tu entrega generosa y sin reserva, por dejarlo todo, y por dejar que Él haga su obra en ti trayéndote hasta nosotros para que, conociendo más a Jesús, le amemos más y le sigamos.


El viernes, Jesús nos decía en el evangelio: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Lo tuyo tiene mucho mérito porque ni siquiera éramos tus amigos y entregaste tu vida por nosotros. Te lanzaste al vacío y has tocado muchos corazones con tu sencillez, con tu suavidad, con tu saber estar y tu disponibilidad, con tu escucha atenta siempre dispuesto a ayudar, con tu dar nuevas oportunidades, con la confianza puesta en nosotros…

Y no queremos terminar sin dar las gracias a Dios por el regalo de cada sacerdote en nuestras vidas. Más allá de cómo viste, cómo o cuánto habla… más allá de su nacionalidad, de su edad, de su carácter… es un hombre elegido por el Señor. Sigamos orando por todos ellos, y para que quienes son llamados: Escuchen su voz y le sigan.

Ajay desde la distancia te tendremos presente en nuestras oraciones y en nuestro corazón para que nuestro amado Padre termine de hacer en ti su obra y sea de mucha bendición para todos.

Gracias Ajay. Te queremos”.

jueves, 7 de mayo de 2026

“EL TIEMPO DE DIOS ES PERFECTO”


El otro día mi amiga Mónica vio que mi comadre Jensy tenía, en una de sus redes, la frase: “El tiempo de Dios es perfecto”, y me preguntó qué quería decir eso. No recuerdo que le respondí, lo primero que se me ocurrió, pero me siguen persiguiendo esas palabras. Providencialmente ayer viendo en un email las nueva tazas que nos ofrece un proveedor, una llevaba escrita esa misma frase.

Estos días leyendo a San Francisco, mientras el fisioterapeuta me enchufa los electrodos o me tiene conectada a la máquina de calor, también me encontré con esto: “El tiempo de Dios es perfecto”.

“Hay un tiempo para todos los seres. Pero ese tiempo no es el mismo para todos. El tiempo de las cosas no es el de los animales. Y el de los animales no es el de los seres humanos. Y por encima de todo y distinto de todo, está el tiempo de Dios, que encierra a todos los otros y los espera. El corazón de Dios no late al mismo ritmo que el nuestro. Tiene su propio movimiento. (...). Nos resulta muy difícil entrar en este tiempo divino. Y, sin embargo , solo en él podemos encontrar la paz”. (“Sabiduría de un pobre”. Éloi Leclerc).

Francisco cae en la cuenta, en medio de su noche oscura, que todavía no vive en el tiempo de Dios y por eso su turbación, su impaciencia. Y en su reflexión va más lejos al constatar que aprender a vivir en el tiempo de Dios es el secreto de la sabiduría.

El tiempo de Dios es perfecto, ahora es el tiempo perfecto, este momento en que yo estoy escribiendo, este momento en que tú estás leyendo. Aquí está Dios, está amándote, está amándome, así como somos, así como estamos.

Todo momento es perfecto porque en todo momento Dios está presente y nos está amando por medio de todo lo que hay y acontece. También la noche es parte del tiempo de Dios y también ese tiempo es perfecto. En la noche es incluso más intenso el amor de Dios. La noche también se vuelve ocasión de agradecimiento.

Dejamos de vivir el tiempo de Dios cuando vivimos desde la cabeza, desde los pensamientos. El problema surge cuando añoramos el pasado, cuando nos preocupamos o angustiamos por el futuro, o cuando nos resistimos a vivir el momento presente deseando que llegue el momento después. El problema surge cuando no aceptamos la realidad, con todo lo que en ella hay, y añoramos escenarios en los que nos imaginamos felices. El problema es cuando nos empeñamos en que todo sea como deseamos e impedimos que Dios haga su obra.

El tiempo de Dios es perfecto. Es el secreto de la sabiduría como dice Francisco. Es la fuente de una grandísima paz como dice Clara. Y Jesús nos lo repite estos días una y otra vez: “Que no se turbe tu corazón”… “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”… “Permanece en mí”. Y todo esto va unido al abandono, a soltar el control y las expectativas, a reconocer nuestra verdad, a confiar en quien nos sostiene y nos da en cada momento lo que más nos conviene.

El tiempo de Dios es perfecto por eso todo tiempo es una oportunidad para acoger y agradecer su amor expresado de mil y una maneras, y responder con amor a tanto AMOR.