sábado, 20 de diciembre de 2025

“EL AMOR BUSCA POSADA”

 

RETIRO ADVIENTO 2025

PARROQUIA “NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN” - LOGROÑO

“EL AMOR BUSCA POSADA”


 

PRIMER MOMENTO: “Preparar nuestra posada (corazón)”

0.      Símbolo. Corazón

1.      Del Evangelio según San Lucas (Lucas 2, 1-7)

Por aquellos días, Augusto César ordenó que se hiciera un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Cirino gobernaba Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen. José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada. Mientras se encontraban allí le llegó el tiempo de dar a luz y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.

 2.      Meditación.

María y José se ponen en camino y a María le llega el tiempo de dar a luz. Necesitan un lugar donde hospedarse. Tocan una y otra puerta y no les dan posada. ¿Qué excusas pondrían los habitantes de aquel lugar?.

-         “Somos muchos, aquí no hay espacio”.

-         “No os conocemos”.

-         “No tenemos recursos para ayudaros”.

-         “No nos molestéis, dejadnos tranquilos”.

Hoy María y José se acercan a nosotros. Necesitan posada, necesitan que demos cabida en nuestro corazón al AMOR.

 1.- Comenzamos preguntándonos: “¿Quiero dar espacio en mi corazón al AMOR?”.

Símbolo: Jesús sacramentado.

No estamos hablando de cosas abstractas. Mira a Jesús vivo. Él quiere habitar en ti. Todo un Dios se hace pequeño, frágil, pobre y se abaja para estar y caminar contigo.

Todo un Dios se oculta en la hostia sagrada para entrar en lo más profundo de tu vida y hacerte comprender que ahí quiere permanecer por puro amor a ti.

Hay quien se conforma con una relación superficial y de lejitos con Él, y no le da cabida. Pueden ser personas muy comprometidas en la iglesia y de muchos rezos pero no son conscientes de estar habitadas y no dejan ser al AMOR porque lo tienen arrinconado o escondido en algún lugar.

Es muy cómoda una relación superficial con Él y así impido que se involucre en mi vida. Evito renuncias que hacer o pasos que dar, ceder o asumir nuevas responsabilidades.

Hay quien por el contrario tiene una relación profunda e íntima con Él. A estos se les nota en la forma de ser, de estar, de relacionarse con los otros. No ponen tanto su acento en el hacer sino en el AMOR que es el origen y el fin de todo lo que viven y hacen. Saben cuándo apartarse y cuando pasar al frente. Saben cuándo callar y cuando hablar. Acogen y abrazan su miseria y su pobreza. Reconocen sus debilidades y fortalezas…. Piden ayuda cuando la necesitan. Asiduamente dan una vuelta por la posada poniendo orden, limpiando lo que se ha ensuciado, permitiendo que la luz ilumine todo. Son los que permiten que el AMOR tenga el lugar que le corresponde en su posada.

Me pregunto de nuevo: “¿Quiero dar espacio en mi corazón al AMOR para que sea en mí?”.

El deseo es el que mueve la voluntad. Si realmente deseas hacerle espacio en tu corazón y en tu vida, mírale y díselo.

2.- Vamos ahora a ver cómo está mi posada”.

Símbolo: Una escoba y un trapo para limpiar.

En el Adviento se nos repite una y otra vez aquello de: “Preparad el camino al Señor”.

Preparar el camino para que Dios nazca en las personas, en el mundo, en mí.

 ¿Cómo está mi posada?. Quizás mi posada esté sucia, o llena de cosas, o desordenada, o con poca luz. En algún momento tengo que tomar la determinación de asear, purificar, poner orden, abrir ventanas y puertas… te invitamos a intentarlo.

Desprenderse no implica vender o sacar todo sino tener el corazón libre frente a todo… hay cosas que simplemente habrá que ordenar, agradecerlas, si están: fenomenal pero si un día me faltan… no pasa nada.

Necesitamos ser libres incluso de nosotros mismos porque solo así podremos estar disponibles a que la voluntad de Dios sea en nosotros.

¿Qué es lo que me quita la libertad interior?

¿Me siento libre para responder en cada momento a lo que Dios me pide?

Meditación.

Acumulamos tantas cosas en nuestro corazón, tenemos tantos apegos, que quizás es una realidad que no hay lugar para quien se nos quiere regalar.

Tal vez no sea precisamente un cúmulo de cosas lo que hay en ella pero puedo, a estas alturas de la vida: Depender de los comentarios de los otros, moverme en función de las expectativas de los otros, defender a capa y espada mi imagen, culpar a los demás y no responsabilizarme de lo que me toca… puede que revisando en mi interior descubra enojos, rencores enquistados, miedos que me paralizan, resistencias que me impiden dar un paso adelante, envidias… quizás haya heridas que no he sanado todavía y que no me he permitido sanar.

Si realmente quiero hacer espacio al AMOR tendré que comenzar a hacer una buena limpieza, quitar los obstáculos de la entrada, ordenar la vida. Sólo aquello que se conoce puede trabajarse pero eso sí… en este proceso es necesaria la humildad: para reconocer lo que hay y para acogerlo. Que todo eso no me domine y sea lo que rija mi vida. Que sea consciente de mi verdadera esencia y pase de ser esclav@ de todo ello a ser dueñ@ y señor/a de todo ello.

Gesto. Pongo nombre a todo lo que hay en mí que está impidiendo que el AMOR more iluminándolo todo.

2.1.- A lo mejor en este revisar me he podido encontrar con cosas que no me gustan y he sentido resistencias porque no sé qué puede pasar si hago cambios. Este intruso  aparentemente inofensivo puede hacer tambalear mis cimientos y sacudir mis seguridades. “¡Con lo bien que estaba!”. “No tengo ninguna gana de complicarme la vida!”.

Me pregunto si me asusta el poner orden y qué temo perder.

Hablo con Él de mis miedos a esa entrega total que me pide.

Hago silencio y escucho que tiene Él que decirme a todo eso que va surgiendo en mí.

Que el mirar nuestra miseria y pobreza no nos enrede porque si es así caemos en la soberbia. Tengamos la humildad de reconocer nuestra verdad, acogerla, reconciliarnos con Dios y con nosotros mismos y volver a poner la mirada y el corazón en Jesús.

“El que no se niegue a sí mismo no puede ser discípulo mío”… eso implica también no enredarme en la culpa, no flagelarme por los errores cometidos, tener compasión conmigo ante caídas y defectos.

Santa Teresita nos recuerda: “Lo que agrada a Dios en mi pequeña alma es que ame mi pequeñez y mi pobreza”. Abandónate y confía en Dios, y cuando te sientas pequeñita, incapaz, pobre, frágil… vuelve tus ojos a Él, al amor que te quiere regalar.

 

SEGUNDO MOMENTO. “Acoger el AMOR que se nos quiere regalar”

1.      Introducción.

Ya hemos observado cómo está nuestra posada, nuestro corazón. Quizás todavía haya zonas que limpiar, cosas que eliminar, cerrojos que romper. Poner nombre a todo eso ya es parte del proceso de preparar el lugar.

Cuando alguien llega a casa disponemos todo para que se sienta bien recibido y sobre todo bien acogido y querido. Con nuestro corazón pasa igual. Conviene hacer de vez en cuando ese chequeo para que teniendo el diagnóstico, comencemos con el tratamiento y dispongamos así nuestro corazón para que vuelva a latir en sintonía con el plan de Dios.

El AMOR se nos ofrece para dársenos, para llenar nuestro corazón. Deja a un lado tus miedos, tus resistencias… no viene a aguarte la vida sino a darte vida.

Y en todo esto es importante la humildad. Aceptar la propia humanidad, la propia verdad. María en medio de todo confió. La confianza prepara el corazón para acoger a Dios y sus promesas.

Abre tu corazón a este misterio.

 2.- Invitados a acoger el AMOR que se nos quiere regalar.

Símbolo: Cartel “Déjate querer”

El mismo Dios encarnado en un niño llega cargado de amor y quiere que lo acojas en tu corazón y en tu vida.

Abre tu corazón y déjate  transformar por Dios.

Él quiere cambiar tus preocupaciones por la paz.

Él quiere cambiar el rencor por el perdón y la comunión.

Él quiere que lo dificultoso lo vivas con alegría y esperanza.

Él quiere cambiar tu tristeza en consolación.

Hemos escuchado muchas veces aquello de: “No se puede amar a Dios si no se ama al hermano”. Con esto sucede igual: “No puedes acoger el AMOR que Dios te quiere regalar si no acoges el AMOR que los otros te quieren ofrecer”. Y… ¡cómo cuesta!. Esa asignatura de “dejarse querer” sigue pendiente en muchos buenos cristianos.

El amor requiere proximidad. No se puede amar a distancia. El amor implica cercanía, gestos, detalles y muestras de afecto. El amor implica tiempo de estar, de compartir, de hablar pero también de hacer silencio.

Vamos a disfrutar de un tiempo de estar, de estar en silencio, cerca de los otros, cerca de Él presente en la eucaristía y también en nuestro interior. Si te resulta más fácil cierra los ojos y se consciente de esa presencia de Dios y de los otros.

Vamos a revisar cómo estamos en esto de “dejarnos querer”. Pregúntate las veces que te sientes incómodo cuando te dan algo o te halagan por algo. Seguramente recurres a frases hechas como: “No es para tanto”. “Yo no que va…”. “¿Para qué te has molestado?”, “Te agradezco pero no hacía falta”…

Otras veces nos cerramos al amor en la medida que devolvemos, quizás con otro regalo, aquello que nos han dado. Es una manera de cerrarnos al amor porque lo que damos es desde el cumplimiento, desde el quedar bien, desde la deuda que sentimos que tenemos con quien nos obsequió.

Recuerda también si en alguna ocasión has rechazado algo, y no hablo de cosas materiales solamente, sino un “gracias”, un “qué bien lo has hecho”, un “cuanto me has ayudado”, un “realmente estás bendecid@ por Dios”, un “qué bien hablas o cuánto sabes”…

Abrirnos a acoger el amor es aceptar lo que nos dan como un don de Dios… Solo cabe el recibirlo y dar las gracias. Dejarse querer también es amar y a veces cerramos esta puerta.

Ábrete a acoger lo que se te regala no porque te lo merezcas, no porque te creas bueno o especial… sino porque todo lo bueno viene de Dios y de parte de Dios todo se te da gratuitamente.

El AMOR de Dios se manifiesta en multitud de ocasiones a lo largo del día y muchas veces le cerramos la puerta. Si nos cuesta dejarnos querer por los otros ¿cómo vamos a dejar que ese Dios more en nuestro corazón y nos ame?.

Trata de recordar cómo reaccionas ante las muestras de afecto de los otros.

TERCER MOMENTO. “El AMOR quiere ser en mí para darse”

 1.- Introducción.

Quien acoge el AMOR es portador de alegría, de esperanza… es consuelo para los otros, es agua fresca para el sediento.

La persona deja de ser protagonista, deja de ser esclava de los otros o de sus pasiones… No deja de tener defectos, fallos… pero vuelve a orientarse una y otra vez a la Fuente para seguir siendo instrumento o canal del AMOR que se le regala.

La persona no espera recompensa, ni agradecimiento, ni valoración… porque sabe que nada es suyo, que nada procede de ella, que todo se le ha regalado y por tanto se limita a hacer lo que le toca hacer.

Quien acoge el AMOR que Dios le regala no anda mendigando afecto al prójimo, exigiendo que otros cubran sus carencias… porque en Dios encuentra todo lo que su alma puede esperar.

A la unión con Dios se llega por medio del AMOR a Dios y al prójimo. No puedo dar lo que no tengo por eso la importancia de ser conscientes de que ese AMOR ya habita en mí y quiere ser.

Estamos invitados a cultivar nuestra interioridad. El Reino de Dios está dentro de nosotros. No es algo de un momento, de un retiro, es una tarea de todos los días y por lo tanto requiere de determinación, perseverancia, paciencia y caridad con uno mismo. ¿Estamos dispuestos?.

Ese Dios se hace pequeño, se abaja para dártelo todo, para ser por medio de ti. Ese Dios vive en ti, reconócelo en ti, acoge todo el amor que te regala y deja que sea el protagonista de tu vida dándole el lugar y el espacio que le corresponde.

2.- Meditación. Nada de lo que vivimos nos deja como antes, sobre todo si tenemos interés en crecer a todos los niveles. Por eso es bueno que revisemos nuestra vida, lo que nos sucede, lo que se mueve en nuestro interior.

Has venido a este retiro, podías haber buscado cien mil excusas para no llegar pero Él te trajo. “Donde Él te lleva, Él te espera”. Aquí estaba, esperándote, y no para que salgas igual que entras. Algo ha pasado, algo ha querido comunicarte, algo ha obrado en ti.

Sería bueno que te preguntaras antes de terminar:

“¿Qué me llevo hoy de este retiro?”

“¿A qué me invita Aquel que quiere morar en mi?”

Terminamos este retiro con una frase de Teresita: “Para amar solo tengo el día de hoy”. Mañana puede que no esté. Solo tengo el día de hoy. Demos todo el espacio de nuestra vida y de  nuestro corazón al AMOR y permitámosle ser a través nuestro amando en todo lo que hagamos. Y recordemos que no es tanto lo que hagamos sino el amor que pongamos en todo lo que vivamos.

Y a la hora de tomar decisiones acordémonos de la gran Santa Teresa de Jesús: “Lo que más te lleve a amar… eso haz”.

(Quien esté interesado en tener este retiro en formato word puede escribirme a vuelaysefeliz@gmail.com)

Y no olvides compartir con otros todo lo que a ti te hace bien y te ayuda en tu crecimiento. 

Todo es don de Dios.

2 comentarios:

  1. Mira lo que me pasó. Dije que me iba a tomar un tiempo de oración y lo planifiqué justo para el cambio de año pues bien ya recibí mi primer retiro de 2026. Te quiero mucho Gloria. Feliz año nuevo.

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