jueves, 12 de febrero de 2026
“NOS PASÓ LA DEL BURRO”
¿Conoces
la historia del burro, el anciano y el niño?. Cuando el anciano iba sobre el
burro, la gente criticaba al niño. Cuando era el niño quien iba sobre el burro,
criticaban al anciano. Y cuando los dos se sentaron sobre el burro los
criticaron a los dos porque ¡pobre burro!.
El otro
día fui con mi mami al supermercado, ella llevó y trajo el carrito de la
compra. Al regresar le dije: “Nos va a
pasar como la historia del burro, más de alguno pensará: ¡Qué hija más ingrata,
su madre tirando del carro y ella tan fresca!”.
Anoche también
me llevó la guitarra a la adoración y escuché, en tono irónico, el siguiente
comentario: “¡Vaya, ya encontró quien le
lleve la guitarra!”. No respondí. Cuando terminó la adoración, la misma
persona me preguntó por la guitarra y le señalé a mi amiga Nieves que ya se la
había colocado en la espalda. Se rio y me hizo un gesto como diciendo: “¡Qué bárbara!”.
En fin…
Nos pasa a todos. Padecemos de mucha facilidad para juzgar las situaciones y a
las personas sin saber lo que hay detrás.
En una
ocasión, en un taller de crecimiento personal, nos invitaron a contemplar a una
persona en silencio desde un punto fijo. Cada uno, desde donde estaba colocado,
veía tan solo una parte. Naturalmente es escasa la información que recibimos
desde una posición concreta, no vemos a la persona en su totalidad. Así nos
pasa en la vida real con los otros. Tendemos con mucha facilidad a juzgar a las
personas por lo poquito que nuestros sentidos perciben. Captamos reacciones
desproporcionadas, palabras desacertadas, comportamientos que no se ajustan a
lo que entendemos como “normales”, emociones… pero: ¿Qué ha pasado en la
historia de los otros para que actúen así?, ¿Cómo es su realidad presente?, ¿Qué
cruces andan cargando?. ¿Cuáles son sus heridas?. ¿Cuál es el origen de
determinados comportamientos?... Todo un mundo se oculta a nuestros ojos y a
nuestro entendimiento. ¿Necesitamos saberlo todo para no juzgar a los otros?.
No digo
que haya que justificar o pasar por alto todo pero cómo cambiaría nuestra mirada
si recordáramos que sencillamente, ellos como nosotros, son hijos de Dios
heridos, dependientes, vulnerables y necesitados.
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Gracias Gloria por compartirlo.
ResponderEliminarQué cierto, cuántas veces “nos pasa la del burro”... y cuántas veces también somos nosotros quienes juzgamos sin saber.
Me quedo especialmente con esa última parte. Muchas de las reacciones que vemos en los demás —y en nosotros mismos— no nacen del presente, sino de ese niño interior que fue marcado por experiencias, heridas, miedos o carencias. A veces no habla el adulto consciente, sino el niño que aprendió a defenderse como pudo.
Ese comentario irónico, esa crítica rápida, esa reacción desproporcionada… puede ser el eco de algo no sanado. Y lo mismo ocurre cuando nosotros nos sentimos heridos por lo que dicen: quizá también responde nuestro propio niño.
No se trata de justificarlo todo, pero sí de mirar con más compasión. Si recordáramos que todos cargamos historias invisibles, tal vez elegiríamos más el silencio que el juicio, más la comprensión que la etiqueta.
Al final, todos somos frágiles. Todos estamos aprendiendo. Y todos necesitamos un poco más de misericordia… empezando por nosotros mismos.
Gracias, Gloria, por tu mensaje tan evangélico, y que tantas veces caigo en juzgar a los demás.
ResponderEliminarMe ha venido muy bien para tenerlo en cuenta.
Cómo está tu espada, hoy ha ido mi hermana a verte y claro no estabas, te cogido cariño.
Un abrazo y mi agradecimiento.