domingo, 31 de agosto de 2025

"PONER CADA COSA EN SU LUGAR"


Es importante, para la buena convivencia, poner cada cosa en su lugar pero también por uno mismo porque el orden externo nos ayuda a vivir en equilibrio y con armonía.

Cada uno también tenemos un lugar que ocupar. A veces asumimos compromisos o responsabilidades que no nos tocan porque no tenemos las competencias para realizarlos o porque ya se cumplió el tiempo y es momento de asumir otros proyectos y ocupar otro espacio.

Si cada uno se responsabilizase de ocupar su lugar, no habría espacio para la competencia, la rivalidad...

Si cada uno se centrase en ser la pieza del puzzle que Dios ha pensado para él o élla, no habría motivos para la ira, la envidia, el enfrentamiento, el rencor...

Ni ocupar el espacio que no me toca ni dejar de hacer lo que me corresponde.

El corazón, como la vida, también anda muchas veces en otros lugares, distraido con otras cosas, anhelando otros tesoros. La única manera de que ocupe su lugar es tenerlo presente en lo que está aconteciendo. Lamentar lo que ya pasó, lo que no se tiene en ese momento o desear lo que está lejos, lo que ya no es posible, lo que no toca, es vivir con el corazón desconectado de la realidad presente.

Que en cada momento y situación nuestro corazón esté presente, abierto a acoger lo que venga, dispuesto a dejarse sorprender y a darse. No hay otra forma de llegar a la santidad que vivir presente en el presente y colmarlo todo de amor.


miércoles, 27 de agosto de 2025

“UN ÁNGEL DE NOMBRE MARINA”

 

Se hizo la hora de decir adiós para regresar a España. Me sentía con fuerza, feliz, y con el corazón más grande de tanto amor recibido. Me extrañaba no estar en llanto tras la despedida, y mientras llegaba el momento de subir al avión.

Una vez sentados todos, el avión comenzó a deslizarse sobre la pista para ocupar su lugar. Estaba sentada en la tercera fila detrás de la salida de emergencia. Veía a la azafata desde mi asiento. La miré seria, con los ojos fijos en el aeropuerto y pensativa. En mi oración pedí por toda la tripulación pero especialmente por ella, así lo sentí. (Necesito hacer este paréntesis. En este momento que estoy escribiendo  llevamos ya siete horas de vuelo, siento una mano que me toca, es élla, la azafata, no me lo puedo creer. Agachada junto a mí me sonríe y pregunta si estoy bien. Asiento con mi cabeza. Le cuento que tengo un blog y que justo en este momento estoy escribiendo sobre ella. Se sonríe de nuevo. El angelito sigue pendiente de mí. Me pregunta si quiero tomar algo y le pido un vaso de agua. Le pregunto su nombre: “Marina”. Regresa tres minutos después y en lugar de un vasito con agua me trae un bric de agua, je, je, seguro que es de los que dan en primera clase pero el Señor también me quiere “chinear” a mí en este viaje).

Sigo con la historia. Cuando el avión comienza a tomar velocidad empiezo a llorar sin poder parar. En ese momento también pienso en todos mis compañeros de viaje, casi el cien por cien hondureños, ellos dejan papás, hijos… Yo al fin y al cabo voy al reencuentro con mi familia, amigos… pero también tengo en Honduras una gran familia y tengo derecho a llorar y me doy el permiso.

En medio de mis pensamientos y lágrimas volteo a ver de nuevo a la azafata, tiene ahora sus ojos fijos en mí, y en su mirada y en su sonrirsa percibo una gran ternura.

Mi compañera de asiento también se percata de mi tristeza. Cuando giro la cabeza la miro también con los ojos aguados y una lágrima comienza a rodar por su mejilla. Le agarro fuerte su mano y no se la suelto hasta que ya el avión ha agarrado altura. Pasados unos diez minutos y ya un poco más calmada, la azafata se agacha junto a mí y me agarra el brazo. La abrazo, le doy un beso y las gracias. Se ofrece a ayudarme en lo que necesite. Le vuelvo a agradecer y al ratito viene con un vaso de agua.

Dos horas después llega la comida y con élla mi angelito que vuelve a preguntarme como sigo.

Termina el viaje. Abren la puerta delantera y la de atrás para poder salir. Avanzo más rápido si salgo por atrás pero quiero despedirme de Marina. Me acerco hasta ella y con mi abrazo y mi agradecimiento le entrego una tarjetita que le he escrito.

Marina, si lees estas líneas, espero que sea un bonito homenaje a tu entrega silenciosa y dulce. Gracias a ti y a todas las personas que como tú humanizáis el trabajo que realizáis.

Y gracias a Dios por las veces que se sirve de ángeles disfrazados de niños, jóvenes, adultos o ancianos, para mostrarnos su amor y experimentarlo, para recordarnos que está ahí, que nos acompaña y nos sostiene.

jueves, 21 de agosto de 2025

"¿POR QUÉ VAS A HONDURAS?"


Dos días antes de venir escuché esta pregunta. No recuerdo que respuestas di, todas válidas por supuesto pero no me quedé conforme con lo que dije. Al día siguiente la pregunta seguía resonando en mi interior. Sabía que tenía que llegar a algo que todavía desconocía. Y caí en la cuenta.

Volvemos a aquellos lugares que hemos sentido como nuestro hogar y en los que nos hemos encontrado como en casa Es bonito escuchar que te digan: "Ésta es su casa", o encontrarte en un lugar y sentirte como en casa porque todo sigue igual, porque pareciera que no ha pasado el tiempo, que ese es tu día a día, y que todo lo vivido con anterioridad, pareciera formar parte de un sueño.


Podemos extrapolar esta experiencia a cualquier realidad, incluso a nuestras parroquias. Todos aquellos que un día estuvieron y ya no llegan, volverán si en sus comunidades se sintieron un día como en casa, lo que no quiere decir que nos quedemos de brazos cruzados esperando a que ese momento llegue.

Tenemos el compromiso, los que estamos dentro, de contribuir en la acogida de los que regresan y más aún, de crear espacios que sean verdaderos "hogares". Hogares donde la persona se sienta querida, acompañada, tenida en cuenta... ¿Puede haber algo más atractivo que un grupo de personas que sean testimonio vivo de fraternidad, solidaridad, compasión, alegría...?.

Vayamos más allá. En esta vida somos peregrinos. Cualquier hogar en esta tierra es temporal. Salimos un día de casa para habitar en este planeta y a casa regresaremos. ¿Por qué habría que tener miedo de ir a la morada definitiva cuando allá vamos a encontrarnos con todo lo que nuestra alma anhela?.

Mientras tanto disfrutemos y agradezcamos a Dios por todos esos brazos que se abren para acogernos y recibirnos en sus casas, por todos esos hogares que ha dispuesto para hacernos más fácil el camino, por todas las "Betanias" en las que uno puede descansar, reponerse del "viaje" y ser como es.

Y que nosotros también dispongamos nuestro ser y nuestro corazón para hacer de nuestras vidas hogares de acogida para otros.