viernes, 28 de noviembre de 2025

“¿QUIÉN BUSCA A QUIÉN?”

 

Nos creemos los protagonistas de la historia cuando el protagonista es Él. Él nos busca sin descanso, está interesadísimo en que se de el encuentro. Nos busca ahí donde estamos, así como estamos. Y nos habla lo mismo en la soledad que en medio de la multitud, lo mismo en el descanso que en la actividad, lo mismo en la rutina que en la novedad. Y así en medio de todo, si se lo permitimos, se va apropiando de nuestra alma y corazón a la vez que va obrando en favor nuestro una transformación interior que en la mayoría de los casos es lenta pero realizada sin ruído, con mucho respeto, delicadeza y amor.

No es tanto el buscarle sino el disponerse a dejarse encontrar… Él es el quien sale a nuestro encuentro y en nosotros pone el deseo de ir a Él. El problema es que en ese ir a Él elegimos los medios que creemos que son los más adecuados y pueden ser muy santos pero si se convierten en el fin nos perdemos el encuentro (los libros, el conocimiento, los títulos, el trabajo, un grupo o movimiento, un compromiso en la iglesia, unos rezos…).


El cuarto rey mago anheló toda su vida encontrarse con el Mesías y lo buscó sin cesar. Aquel no se cansó de salir a su encuentro pero el bueno del rey mago no se enteraba porque tenía su propia idea de lo que tenía que ver, dónde y cómo tenía que ser ese momento. Fue al final de la vida de Jesús cuando se dio el acontecimiento tan esperado.

Unas veces no se da el encuentro porque andamos despistados, otras porque nuestras ideas sobre Él nos impiden descubrirlo, y en ocasiones porque nos enfocamos en lo que depende de nosotros.

El Dios de Jesús sale a nuestro encuentro en todo momento. Quizás es más fácil descubrirlo en lo que no estaba programado, en las sorpresas del día, en las situaciones adversas, cuando no pensamos, cuando no controlamos… Como no se cansa de buscarnos no se cansa de cruzarse en nuestra vida.

En el silencio está, en el descanso y en la actividad está, en la casa, en la calle y en el trabajo está. En esas personas agradables y amorosas, y también en las amargaditas, molestas y quejosas está.

Se vale de cualquier medio así que… no te agobies si no puedes hacer aquello que crees que es más de Dios o te puede acercar más a Él, por no poder colaborar en ese servicio, o realizar esa actividad, que piensas que te acerca más a Dios.

En la realidad que ahora toca te vivir está, en esa realidad te busca y quiere encontrarse contigo.

Salir a su encuentro es:

·        Estar dispuesto a encontrarse con Él.

·        Abrirse a la sorpresa, a lo nuevo de cada día, a lo inesperado.

·        No forzar, vivir con intensidad cada momento en Su Presencia.

·        Estar atentos a lo que acontece en el exterior pero también en nuestra realidad interior.

·        Acoger y abrazar lo que llega como don suyo colmado de amor

·        Dejarse abrazar por lo que se nos regala y agradecerlo.

domingo, 23 de noviembre de 2025

“¿ME GUSTA O NO ME GUSTA?”


De pequeños nos movemos mucho en función del “¿Me gusta o no me gusta?” y más cuando vemos que funciona y los demás consienten todos nuestros caprichos. Lo triste es llegar a adultos y seguir viviendo dependiendo de nuestros gustos y quereres.

“Esto me gusta y por tanto lo acojo. Esto no me gusta así que lo rechazo”.

“Se que eso es lo mejor para mí pero prefiero esto otro porque ya me he acostumbrado, porque siempre lo he hecho así…”

Cuando giramos en torno nuestro, todas nuestras decisiones se orientan a darnos gusto en todo lo que vivimos y a responder a nuestros quereres. Buscamos el sentirnos bien, lo que creemos que es mejor y nos va a hacer más felices. Esto nos lleva a una existencia muy superficial recorriendo un camino llano y cómodo por el que nos vamos entreteniendo y parando a recoger aquellas florecillas que más se ajustan a nuestros intereses.

Hoy celebramos la fiesta de Cristo Rey. Una invitación a cuestionarnos sobre quién es el verdadero rey de nuestra vida y de nuestro corazón. Se cae muy bien en la cuenta cuando te encuentras en la encrucijada del camino y tienes que tomar una decisión. ¿Escojo el camino de la derecha, el de la izquierda o sigo recto?. Todo no puedo. Hay que seguir caminando pero se me pide elegir. ¿Qué es lo que me mueve?. ¿Cuáles son mis prioridades?. ¿Cuál es mi criterio de discernimiento?. ¿Busco los gustos de Dios o a Dios?.

Si la meta soy yo: “Iré al sol que más calienta, o a lo que más me convenga según el día y las circunstancias, o todo dependerá de cómo me haya levantado ese día de la cama. Puedo incluso elegir caminos muy santos y muy comprometidos que, lejos de acercarme a Cristo, me conducen a crecerme más y más en lo que hago o por donde camino.

Si soy cristiano, si quiero seguir a Cristo, a veces el camino a elegir no será el más gustoso, otras implicará renunciar a mis quereres o a lo que creo que es bueno para mí, ceder, abajarme, callar… no repetir lo de siempre, salir de la rutina, romper con la zona de confort que me da seguridad… pero si mi centro y mi rey es Cristo, todo lo puedo en Él y con Él.

Que Cristo sea el Rey de mi alma y de mi corazón supone entrar por la puerta estrecha, seguir sus huellas, acoger la cruz, abrazarla, cargarla y dar la vida y morir para que otros puedan vivir.

Que Cristo sea el Rey de mi alma y de mi corazón implica que todas mis acciones y mis decisiones tengan como fin dar gloria a Dios y  no buscar mi propia gloria por medio de todo lo que se ha regalado.

Que Cristo sea el Rey de mi alma y de mi corazón supone responder a su querer, a su deseo aunque no coincida con mi querer y mi deseo.

Que Cristo sea el Rey de mi alma y de mi corazón conlleva el buscar siempre y en todo su voluntad sobre mi vida y esto siempre redunda en el bien de los otros.

 


jueves, 20 de noviembre de 2025

“HAY ESPACIO PARA TODOS”

El otro día, al salir de la eucaristía y de camino al trabajo, vi a unos niños en la marquesina del bus. Cuatro estaban cómodamente sentados y llegó otro más. Como si se hubieran puesto de acuerdo no le dejaban sentarse. Ni por un lado, ni por el otro. El quinto niño, por último, intentó hacerse un hueco en medio de ellos pero los dos de la derecha empujaban con toda su fuerza para el centro y los de la izquierda igual. Me hizo sonreir la escena. Cuando un poquito más adelante me giré para ver cómo seguía la situación, los vi a los cinco sentados y para mi asombro todavía quedaba sitio. Algún otro día los he vuelto a ver y me encanta verlos a todos tranquilamente sentaditos esperando el  bus para ir al colegio.

Tan real como la vida misma. Esto nos lo encontramos en cualquier realidad. Ocupamos nuestro espacio pero que no venga alguien más, y si viene… hagamos lo posible para que no entre, para no darle cabida. Para esto es necesario forzar y así ocupando más espacio, impedimos que otros entren. ¿Qué necesidad de desgastarnos innecesariamente, de meter más presión a nuestras vidas o de abarcar más espacio que el que nos toca?. ¿Acaso eso nos da paz, nos satisface más?. ¿Qué conseguimos con todo esto?.

¡Qué bonitos se miraban los cinco sentados en la banca!. ¡Qué bonitos nos miraríamos si diéramos cabida a otros en nuestra vida y en nuestro corazón, si ofreciéramos oportunidades de crecimiento y realización humana y espiritual, si nos apartáramos un poco para dejar espacio a otros, si aprendiéramos que sólo tenemos que preocuparnos de sentarnos en nuestro lugar y dejar a los otros ser, hacer, estar…!.

Hay espacio para todos en la misma banca. Aportemos cada uno desde nuestro lugar lo que sabemos y tenemos y podremos enriquecernos mutuamente.


lunes, 17 de noviembre de 2025

“ALGO SOBRE AMAR A LOS OTROS”

 


Es cierto que Jesús nos dijo que amemos a los otros. No nos nos pide nada que no nos haya regalado. El amor es un don que libremente escogemos recibir o rechazar. Una vez aceptado, no podemos compartirlo con los otros de igual forma porque cada uno tiene su historia, sus heridas, sus resistencias, sus miedos...

En la vida te encuentras con osos polares a los que da gusto abrazar porque das y a la vez recibes, sintiéndote chiquita y protegida. Hay también ositos panda que te dejan y se dejan abrazar, son muy achuchables. ¡Me encantan los ositos panda!. En el camino también hay erizos, a estos mejor ni me acerco porque siempre hacen daño. No faltan: Los pececitos siempre escurridizos… Los gatos que te maúllan amigablemente y cuando te acercas, como la gata de mi hermana, o te bufan o te dan un zarpazo… Los animalitos heridos en la cuneta pidiéndote atención y afecto… Los pajaritos que revolotean de un lado a otro y lo mismo les da que les da lo mismo, van a su aire y con sus piruetas y su ir y venir van sobrados de afecto de otros. Y también están los camaleones que cambian en función de sus emociones y nunca sabes a qué atenerte, lo mismo te dan un coletazo que te buscan reclamando tu cariño… Y así podríamos seguir.

Cuando Jesús nos invita a amar no quiere decir que con todos manifestemos el amor de la misma manera. A unos podremos acercarnos, a otros tratarlos a distancia y expresarles el afecto de otra forma, con otros no nos quedará otra alternativa que orar por ellos y bendecirlos. Con cada uno hasta donde nos permita llegar porque no todos están preparados, o no quieren, o no entienden, o desconfían, o no saben abrirse y acoger el amor que se les regala.

Si no puedes expresar tu cariño siempre te queda el orar por aquellos que se cierran al amor que Dios les quiere regalar por medio tuyo. Orar por otros y bendecirles, también es amar.

 

domingo, 9 de noviembre de 2025

“HÁBLAME DE…”

 

Es más o menos sencillo hablar de cosas conocidas, si son tangibles, si podemos percibirlas con nuestros sentidos. También es cierto que hay quien tiene mucha capacidad y te puede estar hablando horas de cualquier tema que le propongas.

En medio de todo, ¿Te imaginas que un día alguien se acerca y te pide que le hables de Dios?. ¿Qué le dirías?. Quizás puedas ofrecerle una explicación de conceptos e ideas aprendidas, o utilizar metáforas “es algo así como…”, o repetir lo que otros han dicho…

Ante una pregunta así, yo lo primero me quedo descolocada. Lo segundo es optar por el silencio porque cualquier palabra se quedaría corta o sería insuficiente para poder hablar de algo tan grande. La verdad es que no sé qué decir y me callo porque la realidad es que no sé nada.

En esos primeros meses de la pandemia, en los que compartí tanto tiempo con el Señor, me lancé a recopilar algunos de los escritos en dos volúmenes. El título fue: “Todo nos habla”.

Confieso que no sé qué decir de Dios pero sí puedo decir que todo me habla de Dios, de su presencia y de su amor, también las situaciones adversas porque en ellas también descubro que me busca para darme a conocer algo, para abrazarme y unirse más a mí...

¿Te has planteado al final del día hacer una revisión y cuestionarte en qué momentos has sentido la presencia de Dios, de qué maneras te ha expresado su amor, o tratar de entender qué te ha querido comunicar en lo que ha acontecido?. Inténtalo, seguro que te sorprendes.

No puedo hablar de Dios pero sí de todo lo que me habla de Él y me confirma que está, que me ama, que me sostiene, que me lleva, que me espera, que me sonríe, que me abraza… Conozco a muchas personas que con su forma de ser, de estar, de mirar, de relacionarse con los otros o con las cosas, de enfrentar las situaciones adversas, de hacer con mucho amor las cosas más sencillas, de optar por lo que otros no quieren o por lo menos llamativo, de renunciar a lo que prefieren, de dar oportunidades a otros, de callar para evitar conflictos, de entregar su vida… me hablan de Dios.

No puedo hablar de Dios pero doy gracias a Dios por todo lo que acontece en mi vida y me habla de Él y por todas esas personas que me confirman que vive y sigue amando, alentando en mi la fe y la esperanza e invitándome a seguir caminando.