domingo, 23 de noviembre de 2025
“¿ME GUSTA O NO ME GUSTA?”
De
pequeños nos movemos mucho en función del “¿Me gusta o no me gusta?” y más cuando
vemos que funciona y los demás consienten todos nuestros caprichos. Lo triste
es llegar a adultos y seguir viviendo dependiendo de nuestros gustos y
quereres.
“Esto me gusta y por tanto lo acojo. Esto no me
gusta así que lo rechazo”.
“Se que eso es lo mejor para mí pero prefiero
esto otro porque ya me he acostumbrado, porque siempre lo he hecho así…”
Cuando
giramos en torno nuestro, todas nuestras decisiones se orientan a darnos gusto
en todo lo que vivimos y a responder a nuestros quereres. Buscamos el sentirnos
bien, lo que creemos que es mejor y nos va a hacer más felices. Esto nos lleva
a una existencia muy superficial recorriendo un camino llano y cómodo por el
que nos vamos entreteniendo y parando a recoger aquellas florecillas que más se
ajustan a nuestros intereses.
Hoy
celebramos la fiesta de Cristo Rey. Una invitación a cuestionarnos sobre quién
es el verdadero rey de nuestra vida y de nuestro corazón. Se cae muy bien en la
cuenta cuando te encuentras en la encrucijada del camino y tienes que tomar una
decisión. ¿Escojo el camino de la derecha, el de la izquierda o sigo recto?.
Todo no puedo. Hay que seguir caminando pero se me pide elegir. ¿Qué es lo que
me mueve?. ¿Cuáles son mis prioridades?. ¿Cuál es mi criterio de
discernimiento?. ¿Busco los gustos de Dios o a Dios?.
Si la meta
soy yo: “Iré al sol que más calienta, o a lo que más me convenga según el día y
las circunstancias, o todo dependerá de cómo me haya levantado ese día de la
cama. Puedo incluso elegir caminos muy santos y muy comprometidos que, lejos de
acercarme a Cristo, me conducen a crecerme más y más en lo que hago o por donde
camino.
Si soy
cristiano, si quiero seguir a Cristo, a veces el camino a elegir no será el más
gustoso, otras implicará renunciar a mis quereres o a lo que creo que es bueno
para mí, ceder, abajarme, callar… no repetir lo de siempre, salir de la rutina,
romper con la zona de confort que me da seguridad… pero si mi centro y mi rey es
Cristo, todo lo puedo en Él y con Él.
Que Cristo
sea el Rey de mi alma y de mi corazón supone entrar por la puerta estrecha,
seguir sus huellas, acoger la cruz, abrazarla, cargarla y dar la vida y morir para
que otros puedan vivir.
Que Cristo
sea el Rey de mi alma y de mi corazón implica que todas mis acciones y mis
decisiones tengan como fin dar gloria a Dios y
no buscar mi propia gloria por medio de todo lo que se ha regalado.
Que Cristo
sea el Rey de mi alma y de mi corazón supone responder a su querer, a su deseo
aunque no coincida con mi querer y mi deseo.
Que Cristo
sea el Rey de mi alma y de mi corazón conlleva el buscar siempre y en todo su
voluntad sobre mi vida y esto siempre redunda en el bien de los otros.
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Que bien, gracias Gloria, que Cristo Rey siga siendo tu Rey. TKM
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