viernes, 20 de febrero de 2026

“A TI QUE CARGAS TU CRUZ”

 

Te rompes un brazo y ves un montón de gente por la calle con el brazo escayolado, vas con muletas y lo que te encuentras en tu camino son personas con muletas, vas cargando tu cruz y te percatas de las cruces tan pesadas que andan cargando los otros.

Me ha tocado estos días escuchar testimonios de dolor, de tristeza… No sabemos lo que hay detrás de cada uno hasta que nos abren su corazón.

A nuestro alrededor hay mucho sufrimiento. Toda una oportunidad de transformación, de crecimiento. Todo un camino, todo un proceso de purificación del corazón. Un tiempo de crecimiento espiritual si se realiza de la mano del Señor pero: “Y cuando no te tiene fe ¿cómo se vive todo esto?”. Para el cristiano que quiere seguir a Jesús, no hay otro camino que desear identificarse con él en TODO, pasar por lo que Él pasó, vivir lo que Él vivió, y eso implica agradececer, abrazar y aceptar con amor las cruces de cada día. La cruz no es un trozo de madera, en ella está Jesús, abrazarla es abrazar a Jesús en la cruz. El sufrimiento acogido y ofrecido da mucho fruto, las situaciones adversas encuentran su razón de ser, y la crisis acaba siendo una bendición para quien la vive desde la fe.

El camino que nos invita a recorrer Jesús implica una cruz que abrazar pero también un proceso de muerte. Esa situación que quizás ha podido despertar en ti sentimientos de frustración, impotencia, culpa, tristeza… Esa situación que te ha cambiado la vida, que crees que te desborda, que te hace dudar de si vas a poder seguir adelante… es un medio para morir al amor propio, para reconocer la fragilidad, la pequeñez, la miseria y sobre todo la necesidad y la dependencia de la pobre criatura que no es nada sin su Creador. Es una oportunidad para vaciar el corazón de todo lo que no es Él y hacerlo capacidad para dejar que se llene del único Amor que da vida y salva.

Es un buen momento para parar, ver dónde estás, cómo estás, a quién sigues, evaluar tu hacer, tu forma de ser, estar y relacionarte con los otros… Y desde ahí plantearte hacia dónde quieres ir y qué medios te permitirán llegar a tu destino.

Acomoda la vivencia de esta cuaresma a la realidad concreta en la que te encuentras, con tus fortalezas y miserias, con tus oportunidades y limitaciones. Y lo más importante, recuerda que el destino es la unión con Dios. El sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra. Quien cree sabe que este camino no lo recorre solo y le conduce a una vida plena.

1 comentario:

  1. Gracias Gloria por esta reflexión para Cuaresma
    Leyéndola parece fácil pero espero aprender en el momento que vivo que abrazar la Cruz y confiar en el Señor,es una buena oportunidad de Confiar

    ResponderEliminar