sábado, 11 de abril de 2026

“LA IMPORTANCIA DE LOS PEQUEÑOS SÍES”

 

Hoy me regalaron un libro… Solo las primeras páginas leí pero suficiente para quedarme resonando el responder con nuestro “Sí” a las invitaciones que el Señor nos hace a lo largo del día a través de los otros, de los acontecimientos, de su Palabra…

Ese “SÍ” en mayúsculas es la suma de esa innumerable cantidad de “síes” pequeñitos. Quien dice “SÍ” pero no responde a las pequeñas insinuaciones de cada día se engaña a sí mismo.


Para dar esos “síes” hay que abajarse, hacerse chiquito, ser humilde… Esto nos hace crecer en amor y ganar libertad. Cada “sí” es una batalla ganada contra nuestro ego permitiendo que Cristo reine en nuestro corazón.

El otro día sucedió algo. Me encontré entre dos personas, una gritando a otra. Pensé en cómo me bloqueó la situación y me transportó al cole. Durante tres años me dio clase una religiosa que siempre gritaba en el aula. Me quitó muchos días el sueño y cinco minutos antes de que sonara el timbre anunciando su clase yo ya estaba atacada de los nervios. La perdoné hace tiempo pero es cierto que he tenido oportunidades de visitarla en la residencia donde ahora se encuentra y no lo he hecho nunca porque no quería verla. Hoy fui a la residencia y, a diferencia de otras veces, iba con idea de encontrarme con ella. No quería reclamarle nada, tampoco esperaba algo, quizás solo necesitaba terminar de cerrar ese episodio que tanto ha marcado mi vida. Subimos a la segunda planta de la residencia, estaba sentada en un sillón, no hizo el menor gesto de levantarse, ni siquiera se si se acordaba de mí pero eso no era importante. La tarea era mía. Me acerqué, le di dos besos, le pregunté cómo se encontraba, me contestó como si hablara a una extraña. Sentí que mi visita no le dio ni frío ni calor. Saludé a las demás religiosas y antes de irme me volví a acercar y me despedí de ella con otros dos besos. No sentí ni consolación, ni liberación, nada… pero tengo paz en mi corazón y se que el Señor ha hecho su parte. ¡Qué bueno que poco después a mi querida hermana María Jesús de 95 años le tocaba turno de adoración en la capilla!. Ahí aproveché para pedir a Dios que perdonara a la profe en nombre de tantas niñas que, como yo, la sufrieron. 

En la tarde compartí la anécdota con mi amiga Lupita, mientras nos tomábamos un rico café, y me decía: “Ya te sacaste la espinita, ahora el Señor terminará de sanar tu herida”.

Y volviendo a los “síes”, esto es uno de los “síes” de hoy. Y como todo “sí” requiere el deseo, el abajarse y el dar el paso. Por supuesto que cuesta pero el Señor da la gracia, sólo tenemos que poner de nuestra parte.

Te invito a estar atent@ a todas esas invitaciones que el Señor te hace a lo largo del día. Seguir a Jesús es decir “sí” desde lo más sencillito, desde lo menos vistoso y escondido, desde lo más silencioso. Ánimo… si nos pide algo es porque nos va a dar lo necesario para responder. Ese “sí” es con Él.

jueves, 9 de abril de 2026

“NOSOTROS SOMOS TU CRUZ”

 

El otro día me encontré un Cristo sin cruz y junto a Él un letrero que decía: “Nosotros somos tu cruz”. Me quedé impactada por la frase hasta el punto de que sigo dándole vueltas una y otra vez.

Pienso en la persona que tomó la decisión de escribirla y plasmarla en ese lugar. No sé si será hombre o mujer, adulta o joven, pero seguramente ha pasado tiempo contemplando la pasión hasta el punto de vivirse como cruz. Y me preguntaba: ¿Qué le habrá sucedido o que estará padeciendo?. ¿Cuál será el mensaje que desea transmitir?. De cualquier forma, estoy segura de que sabía que a más de alguno le iba a cuestionar.

Habrá quien llegue al lugar y ni repare en la frase, otros simplemente la leerán (estamos tan bombardeados de estímulos visuales y auditivos que no somos capaces de absorber y procesar, o gustar como decía San Ignacio, todo lo que nuestros sentidos son capaces de percibir). Y seguramente unos pocos se quedarán atrapados con esas cuatro palabras preguntándose: “¿Y a mí que me está queriendo decir?”. Antes de que sigas leyendo, te invito a que hagas tu propia reflexión. ¿Qué te dice a ti?.

Contemplando la Pasión muchas veces me he sentido invitada a ser consciente de mis cruces, a mirar la cruz, acogerla, aceptarla, abrazarla. También a mirar a Jesús en la cruz.

Revisando mi pecado, mis caídas, mis idas y venidas… he sentido clavar a Jesús en la cruz pero ¿vivirme como la propia cruz, identificarme con élla?. No había reparado hasta ahora en ello.

Veo la cruz como instrumento de dolor y de muerte porque ahí expiró Jesús. Esta cara de la cruz no me atrae así que opto por escoger la parte “amable” de la cruz. Jesús estaba “pegado” a la cruz, “sostenido” a la cruz. Ahí sí que me apunto a ser la cruz de Jesús, porque puedo permanecer unida a Él en su dolor, en su sufrimiento, en su soledad, en su impotencia. Son muchas las realidades de fragilidad, de limitación, de soledad, de… por medio de las cuales podemos sostener a Jesús y colaborar en su plan de redención. ¡Cuánto bien le hacemos a Jesús con permitirle apoyarse en nosotros y participar con Él en su misión!.

La cruz no está sola, Jesús está unido a ella.

Lo dejo aquí para que termines de hacer tu propia reflexión y la apliques a tu vida.

sábado, 4 de abril de 2026

“¿SILENCIO?”

 

Eran las 3.30h., me levanté y comenzó mi oración. En un momento pensé en el día que teníamos por delante y me dije: “Día de silencio”. Y escribí: “¡Todo está en silencio pero… qué complicado hacerme a la idea de que no estás cuando mi mente y mi corazón me hacen saber que estás conmigo, que me habitas!”.


Y pensé: “¡Qué difícil ese silencio, esa noche de la fe, cuando aparecen las dudas, la desesperanza, el sin sentido, la sensación de haber perdido el tiempo, la soledad profunda…!”. Tiene que ser tan horroroso que, si no se sufre confiando en Dios y no se buscan “Cirineos” que ayuden a llevar la cruz, no es de extrañar que haya quien opte hasta por quitarse la vida.

Recordé a la hermana Yuris (Carmelita de San José) cuando un día dando un paseo por la montaña me preguntó si había pasado por la noche oscura del espíritu. Le contesté que no. Y me dije y seguí escribiendo: “Debe de ser que no estoy preparada para una experiencia tan fuerte y por eso no me haces experimentarlo”. Él sabe de qué arcilla estamos cada uno hecho y quién puede resistir cada prueba en función de las gracias que le da.

Hoy lo que tengo es el gozo de sentirle presente en mi vida y por eso le doy gracias. Por eso esta noche podré gritar con mis herman@s “Verdaderamente ha resucitado”.

Si llega el día en que se haga el silencio, y la noche quiera devorarme, espero contar con su gracia para, con paciencia, soportar la prueba y heredar la corona de gloria que tiene preparada a los que le aman. Ese es mi deseo también para ti.

miércoles, 1 de abril de 2026

“CUENTA CONTIGO Y CONFÍA EN TI”

 

Judas le traicionó, también Pedro con sus negaciones, los otros con esconderse… Los más cercanos, aquellos a los que llamaba amigos, los que tanto habían aprendido, recorrido y vivido con Él, aquello en los que confiaba, los que decían que iban a seguirle hasta el final, los que un día lo dejaron todo… le dieron la espalda.

Es iluso, inconsciente y atrevido asegurar no caer, confiar en las propias fuerzas. Nos pasa y nos puede pasar: Tarde o temprano le traicionamos.

En el día a día encontramos un montón de infidelidades a Jesús, traiciones a su amor. La Buena Noticia es que siempre podemos, como Pedro, reconocer nuestra pequeñez, fragilidad, error… pedir perdón y volvernos a poner en pie para intentarlo de nuevo.

Jesús necesita amigos que le acompañen, que entreguen su vida como Él y no se reserven nada para sí, que carguen con Él la cruz con generosidad y por amor, que mueran a sí mismos y busquen en todo la voluntad del Padre.

Jesús necesita testigos de su amor y de su misericordia, no busca corazones perfectos sino corazones dispuestos a abrirse a su amor y dejarle ser y hacer.

Sabe de tu humanidad, fragilidad, limitaciones, y a pesar de eso o por eso te elige, te llama y cuenta contigo:

  • ¿Qué respondes a quien te lo da todo?
  • ¿Cómo puedes amarle en tu realidad presente?
  • ¿Qué necesitas restaurar en tu relación con los otros?
  • ¿Qué tienes que dejar?
  • ¿Qué es aquello que todavía no has aceptado, acogido y abrazado?
  • ¿A qué has de morir?

A pesar de tus traiciones pasadas y presentes: “Jesús cuenta contigo y confía en ti, créelo”. La respuesta depende de ti.

martes, 31 de marzo de 2026

“TODAVÍA ESTAMOS A TIEMPO”

 

Ya estamos en Semana Santa. Revivimos en estos días cómo Jesús entregó voluntariamente su vida hasta el final. Como cristianos se nos invita a identificarnos con Él haciendo en todo momento la voluntad del Padre, siguiendo sus pasos. ¿Somos conscientes de ello?.

Corremos el riesgo de acudir a las celebraciones o a las procesiones como meros espectadores de un suceso que ocurrió hace dos mil años, y evitar así que nos toque, interpele o transforme nuestras vidas. Quizás nos mueve la costumbre, o el querer, o el gusto… El olor del incienso, el ruido de los tambores o las representaciones puede que distraigan nuestra atención de lo verdaderamente importante.

Revisemos qué es lo que nos motiva a la hora de participar de los distintos actos, o al escoger entre varias opciones. ¿Responden nuestras elecciones al querer de Dios o al propio gusto, apetencia, costumbre…?

En la vida espiritual no podemos ser eternamente niños caprichosos. Llega un momento en el que hay que dejar lo que gusta, lo que apetece, lo que atrae, lo que hace sentir bien… No se puede estar eternamente en el Tabor. Ahí abajo hay una realidad que nos espera, que requiere nuestra respuesta y es donde Jesús nos invita a ir. Es allá abajo donde se hace la voluntad del Padre, no haciendo tres chozas para permanecer entre experiencias gratificantes o buscando eternamente lo que gusta, lo que da paz, lo que hace sentir bien o lo que se quiere.

¿Qué es lo que la vida y pasión de Cristo dice a mi vida en este momento?. ¿Estoy entregando mi vida por amor a Él?. ¿Busco en todo su gloria o complacer mis apetitos, satisfacer mis necesidades y responder a mis quereres?. ¿Opto por su voluntad a la hora de tomar una decisión?. ¿Me refugio en las celebraciones y procesiones para huir de mi realidad y no enfrentar?. ¿Evito el silencio y parar para no cuestionarme dónde estoy y hacia dónde debo ir?. ¿Dónde y en qué me quiere el Señor realmente?. ¿Es eso que elijo lo que realmente quiere de mí?.

Esta Semana Santa puede rozarme la piel o tocar y transformar mi corazón. Todo dependerá de si permito o no que interpele mi vida, de si me abro o no al Amor, de si respondo a su voluntad o a mi querer. Todavía estamos a tiempo.

miércoles, 25 de marzo de 2026

“BRILLAR O LUCIRSE”

 

Todos tenemos luz propia pero, desconociendo esta verdad, podemos buscar, consciente o inconscientemente, lucirnos.

Quien reconoce la luz que le habita, tiene su centro en Dios. Allá donde esté, haga lo que haga o incluso sin hacer… brilla. Aunque quiera pasar desapercibido, todos se percatan de su presencia. Tampoco se da cuenta del efecto que esa luz tiene en los otros, y cuando se lo hacen ver, no se vanagoria ni se engrandece por ello, porque sabe que la luz no es suya, no le pertenece.


Quien desconoce la existencia de esa luz en sí, envidia  la luz que otros irradian, y se afana por imitarlos “luciéndose”. Se convierte así en protagonista de una luz artificial por medio de acciones o con su forma de ser o estar. Para ello necesita sobresalir, pasar al frente, escalar, estar a la vista de todos. A veces se sirve de las cosas más santas para tratar de lucir. Lo peor es que el efecto que se quiere conseguir no se obtiene. Los otros solo ven a la persona, así que ésta se acaba decepcionando, tirando la toalla y buscando otros espacios donde sea tenida en cuenta y pueda “lucirse”.

No perdamos el tiempo en lucirnos ante los ojos de los hombres. Si así lo hacemos, nos estancaremos, bloquearemos la verdadera luz.

Hoy recordamos el “Sí” de María, un “Sí” que da a Dios el papel protagonista sobre su propia vida, dejando que Él haga en ella. Siempre estuvo detrás de Jesús. Pasando desapercibida por muchos, brilló en lo escondido porque supo aceptar, acoger y abrazar la voluntad de Dios aun cuando dolió.

Amar a Dios no es lucirse haciendo cosas, es dejarle ser y hacer en nuestras vidas, permitir que su luz brille. Quien así lo hace es fiel a la verdad, es coherente con su vida, sabe quién es el rey de su corazón, no busca reconocimiento, no necesita que le vean.

Todos contamos con esa luz. Dejemos a Dios ser Dios, a la Luz ser Luz, permitirle ser el centro y el protagonista de nuestra vida y no usurparle el puesto.

Tenemos luz propia. No necesitamos lucirnos para poder brillar.

viernes, 20 de marzo de 2026

“¿QUÉ CLASE DE TIERRA ERES?”

 

El otro día pensaba en cuanta gente hay que hace cosas buenas, que está comprometida, que reza, que presta sus servicios y sus talentos en la iglesia… pero también en qué pocas almas encuentra el Señor dispuestas para poder realizar su obra. En el afán por hacer no le dejamos hacer a Él.

Jesús nos decía el otro día: “Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo”. Se sirve muchas veces de los acontecimientos para actuar porque en su afán por respetar nuestra libertad, impedimos que haga su obra a través nuestro.

Todo un Dios se sigue abajando deseoso de hallar tierra que se abra a su acción, tierra dispuesta a ser removida, purificada… tierra que acoja su semilla para un día cosechar frutos para su propia gloria.

A la tierra le toca disponerse, acoger y abrazar la semilla, aceptar el agua y el abono, sufrir las inclemencias del tiempo (unas veces la sequedad, otras el exceso de agua…).

No somos la semilla ni el agua, ni el abono, ni el fruto… no podemos hacer porque crezca la semilla… Tan solo somos tierra, quizá llena de piedras y abrojos, a lo mejor tierra reseca y dura… pero tierra amada, capaz de dar fruto si dejamos actuar al sembrador y no le ponemos obstáculos ni resistencias.

¿Qué clase de tierra eres?. ¿Qué clase de tierra quieres ser?. No es sencilla la respuesta. Es más fácil hacer que dejarse hacer. Aparentemente da más seguridad llevar el control que abandonarse. Es más gratificante ser protagonista por las compensaciones que te reporta que ceder el lugar a otro.

¿Qué clase de tierra eres?. ¿Qué clase de tierra quieres ser?. Sé consciente de lo que respondes porque Dios todo lo escucha y te va a tomar la palabra.

La madre de Santiago y Juan deseaba los primeros puestos para sus hijos, que estuvieran sentados a la derecha del Padre… Sí , sí, claro, casi nada pero “¿estáis dispuestos a beber el cáliz que yo he de beber?”. De esto se trata el ser tierra disponible y dejarse trabajar por Dios: “Estar preparados para vivir lo mismo que su Hijo, con la seguridad y la confianza de que estará con nosotros hasta el final, tal y como lo prometió”.

sábado, 14 de marzo de 2026

"SE ENTREGÓ POR MÍ"

 

    RETIRO DE CUARESMA

PARROQUIA “NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN”

“SE ENTREGÓ POR MÍ”

(Sábado 14 de marzo de 2026) 

MOMENTO INTRODUCTORIO

Buenos días. Bienvenidos a este retiro de Cuaresma. En esta mañana haremos un recorrido con Jesús desde Jerusalén hasta la cruz. Te ayudará a ubicar en qué momento estás en tu camino espiritual y qué pasos puedes dar para seguir avanzando.

Que sea una mañana de encuentro con quien lo sigue dando todo por ti, con quien te ama, y no se cansa de buscarte y de atraerte hacia Él de mil y una maneras.

Ábrete y acoge el Amor que en este retiro quiere derramar en tu corazón. Sé valiente, déjate hacer y tu vida cambiará. Con este deseo comenzamos este retiro.

                                  EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO



 Mientras se expone el Santísimo cantamos:

¯ Canción: Yo canto a mi Señor

Yo canto a mi Señor con todo mi ser

y proclamaré su misericordia, alabaré su nombre

Yo canto a mi Señor con todo mi ser

con un gozo inmenso le alabaré, aleluya.

PRIMER MOMENTO: 

“Entrada a Jerusalén” – Encuentro y fiesta

1.- Del Evangelio según San Mateo (Mt. 21, 8-11)

“Había muchísima gente; extendían sus mantos en el camino, o bien cortaban ramas de árboles, con las que cubrían el suelo. Y el gentío que iba delante de Jesús, así como los que le seguían, empezaron a gritar: “Hosanna al hijo de David, bendito sea el que viene en el nombre del Señor!.¡Hosanna en lo más alto de los cielos!.

Cuando Jesús entró en Jerusalén toda la ciudad se alborotó y preguntaban: ¿Quién es éste?”. Y la muchedumbre respondía: “¡Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea!”

2.- Meditación. “Los que te alaban”

Entraste en Jerusalén entre vítores, aclamaciones, aplausos. Muchos de ellos habían tenido un encuentro contigo, habían sido sanados por ti y no podían dejar de alabarte, de agradecerte.

Esto es lo que pasa en muchos procesos de conversión. El encuentro contigo transforma y cambia la vida. En esa euforia uno se quiere comer el mundo, se siente dispuesto a todo, dice que sí a todo, todo le parece poco para responder a tanto amor.

Unos días después de tu entrada triunfal en Jerusalén, los que te aclamaban con palmas te dieron la espalda. De la noche a la mañana pasaste a ser poco más que un criminal, alguien peligroso para sus vidas, lo más sensato era acabar contigo y volver todos a lo de antes.

La euforia sentida en los primeros momentos o en los procesos de conversión estridentes, se acaba pasando. Es como la botella de champange que cuando la abres tiene montón de burbujitas pero cuando lleva una semana abierta ya no encuentras ni una burbuja. Se pasó el efecto de las burbujas. Quien se sentía atraído por ti porque en ti hallaba gustos, consuelos, satisfacción, euforia, paz… comienza a desanimarse o incluso a alejarse porque ya no encuentra todo eso. Llega la aridez, la sequedad… se hace la noche del sentido… Comienzan las dudas: “Esto no tiene sentido”, “Me ha abandonado”, “No merece la pena continuar”, “¿Por qué me pasa esto?”, “¿Por qué no vuelve a ser todo como antes?”… Quizás lo hayas vivido ya, o estés en este momento o tal vez estés a punto de experimentarlo.

La realidad es que nos quitas todos los consuelos y gustos para que nos centremos más en Ti por lo que eres, y no por los “dulces” que nos ofreces.

No crecemos si nos servimos de ti para estar mejor y si te buscamos como salvavidas de nuestros problemas.

Esperas que te amemos por ti mismo, quieres que te amemos gratuitamente más allá de los consuelos que puedas darnos, quieres que nos acerquemos a ti solo por pura fe.

Hago silencio y me pregunto: ¿Qué busco cuando te busco?

3.- Meditación. El camino: “La identificación con Cristo”.

Seamos realistas, amar a Jesús implica avanzar en el camino, un camino empinado que termina en una cruz que da paso a una vida en plenitud. Amar a Jesús supone acompañarlo en todas las etapas de ese camino. Si queremos avanzar tendremos que asumir la realidad de Jesús, experimentar lo que Él sintió y sufrió… No es un camino de rosas, ni de alabanzas, ni de “subidones”… pero si apostamos por él sabemos que no lo recorreremos solos, Él va a nuestro lado y nos dará en cada momento lo necesario para realizarlo y llegar a la cima, a la cumbre. Por supuesto que este camino no tiene nada que ver con los caminos que nos ofrece el mundo donde se nos invita a lo fácil, a lo divertido, a lo cómodo, a lo bonito, a lo que da consuelo…

Hago silencio y me pregunto: ¿Qué camino es el que quiero seguir?

Canción: “He decidido seguir a Cristo”

Si te decides por seguir a Cristo, adelante, no vuelvas atrás.

Si ya no sientes los consuelos de los primeros momentos, no te detengas, adelante.

Si ves que otros se retiran y abandonan, tú sigue adelante.

Mantén tu mirada y tu corazón fijos en Jesús y decídete por Él, síguele a Él. 

SEGUNDO MOMENTO. “Monte de los olivos” – Abandonado por todos. Abandono en los brazos del Padre.

1.  Introducción.

Hemos cantado, porque así lo deseamos, que queremos seguir a Cristo. Vamos a situarnos en este segundo momento en el monte de los olivos. Y vamos a dividir este momento en dos utilizando la misma palabra: Abandono.

-         Jesús abandonado por todos, Jesús con su soledad.

-         Jesús que se abandona en los brazos de su Padre acogiendo su voluntad. 

2.- “Quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos”

Mateo 26, 36-39. “Llegó Jesús con ellos a un lugar llamado Getsemaní y dijo a sus discípulos: “Siéntense aquí, mientras yo voy más allá a orar”. Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo y comenzó a sentir tristeza y angustia. Y les dijo: “Siento una tristeza de muerte. Quédense aquí conmigo y permanezcan despiertos”.

Fue un poco más adelante y, postrándose hasta tocar la tierra con su cara oró así: “Padre, si es posible que esta copa se aleje de mí.”

 

Meditación.

Aquellos a los que elegiste, que decían quererte, aquellos que te seguían, aquellos que aprendieron tanto de ti, en los que confiabas, aquellos que estaban dispuestos a todo por ti… se quedaron dormidos cuando más los necesitabas.

Seguro que alguna vez has experimentado como Jesús el rechazo, la incomprensión, la burla, la crítica, el abandono, el miedo, la tristeza, la enfermedad, el dolor, la soledad… Quizás estás viviendo en este momento algo de esto. Tengo una buena noticia: No estás sol@, Jesús lo está sufriendo contigo. Es ahí, en el dolor, donde Jesús está más cerca, donde te llama, donde te tiende la mano para unirse más a ti. Él te conoce, sabe lo que te sucede, conoce tus luchas, no es ajeno a tus preocupaciones, te acompaña en tu proceso, entiende tus miedos, tus dudas, tu frustración, tu impotencia…

Silencio. Te invito a cerrar los ojos. Toma conciencia de la presencia de Jesús a tu lado y en ti. Permite que te acompañe en eso que estás viviendo y te hace sufrir tanto, y déjate alcanzar por su mirada de amor.

Canción. “Sólo en Dios descansa mi alma”

“Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”  decía San Agustín. Descansemos nuestro corazón y nuestra alma sólo en Dios.

Sólo en Dios descansa mi alma porque de Él viene mi salvación,

sólo Él es mi roca y mi alcázar, junto a Él no vacilaré

Meditación. Ya le has dejado a Jesús acompañarte, sabes que siempre puedes contar con Él, pero Él también necesita que le acompañes. En esa soledad en el huerto de los olivos requiere tu presencia. Se siente incapaz de hacer frente a lo que se le viene encima, hasta el punto de clamar al Padre: “Padre, si es posible que esta copa se aleje de mí”.

Silencio. Te invito de nuevo a cerrar los ojos y en el silencio de tu corazón acompaña a Jesús, abandonado por los otros, en su soledad en el huerto de los olivos.

3.- “Que no se haga lo que yo quiero sino lo que Tú quieres”. Jesús se abandona en los brazos del Padre acogiendo su voluntad.

¡Cómo nos cuesta eso del abandono!. Al rezar el padrenuestro decimos “Hágase tu voluntad” pero la realidad es que no siempre la aceptamos.

Cuando todo se tuerce y aparecen las adversidades podemos llegar a preguntarte: ¿Dónde estás? ¿Por qué a mí? ¿Qué he hecho para merecer esto?.

¡Cuánto nos queda por recorrer y por crecer para llegar a lo que otros vivieron antes que nosotros!.

Recordemos la oración de abandono de Carlos de Foucauld

Padre me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras

¿estamos dispuestos a dejarnos hacer por Dios?

Sea lo que sea te doy gracias

¿le damos gracias siempre y en todo momento y por todo?

Todo es todo… no solo por lo que calificamos como bueno sino también por aquello que no es tan bueno. Si Dios lo permite es porque puede sacar de ello un bien mayor. ¿Lo creemos?

Acción de gracias. Os invito a dar gracias en voz alta al Señor y a unirnos todos a la acción de gracias de cada uno en particular.

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Recordemos también la santa indiferencia a la que nos invita San Ignacio de Loyola.

Que no desee más salud que enfermedad

Riqueza que pobreza

Honor que deshonor

Vida larga que corta

Y así en todo lo demás

Solo desear aquello que más me conduzca al fin para el que he sido creado: La gloria de Dios 

Estamos invitados a ese grado de indiferencia, de abandono, de confianza, de creer que estamos en sus manos y nadie mejor que Él para saber qué es lo que más conviene para que sea conocido, amado, glorificado.

Estamos invitados a no desear más una cosa que otra, a acoger, aceptar, abrazar y agradecer lo que el Señor nos presenta en cada momento (personas, situaciones adversas, oportunidades…)

Silencio. Nos preguntamos: ¿Qué pedimos en nuestras oraciones? ¿Lo que creemos mejor para los otros y para nosotros o realmente nos abandonamos a Dios ofreciendo que tome las riendas de nuestras vidas mientras le decimos: “Haz con mi vida lo que Tú quieras”?

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Nuestra entrega será perfecta y nuestra vida será plena cuando aceptemos todo lo que acontece (consuelos o aflicciones, honores o desprecios, salud o enfermedad, éxitos o fracasos).

Abandonarse en las manos de Dios es tener la certeza de que cualquier contrariedad que podamos sufrir ha sido prevista por nuestro Padre Dios. Si enfocamos nuestra mirada en eso que estamos viviendo (un comentario escuchado, algo que nos han hecho, algo que ha sucedido, un dolor que tenemos, un sufrimiento…) será muy difícil abandonarnos. Tenemos que trascenderlo y esto solo es posible alzando o elevando nuestra mirada y nuestro corazón a Dios. Nuestro amor propio nos enreda y nos impide trascender. Si se nos hace difícil pidamos al Padre que tome posesión de nuestra alma y de nuestro corazón, como hacía Santa Teresita, para que sea Él quien vaya llenándonos de su amor.

Silencio.

La prueba de que nos hemos abandonado es el experimentar la paz y alegría en esa situación que estamos viviendo. Si en esa situación difícil no sientes la paz y la alegría es porque quizás haya resistencias… pide al Señor que te ayude a abandonarte (ábrete y acoge “eso” que te quita la paz y te tiene triste).

Silencio.

Aunque en ocasiones no lo entendamos, “Dios siempre quiere lo mejor para nosotros”. Ahí es donde se prueba nuestra fe, nuestra esperanza, nuestra confianza.

Presentémonos ante el Señor con las manos vacías para acoger todo lo que nos quiera dar y colaborar así en su plan de salvación para toda la humanidad.

Canción. “Manos vacías”.

            Manos vacías eso es lo que espera en mí

            Él me ha mandado dejarlo todo a sus pies

hasta que no tenga nada en mi poder

para que Él pueda llenar mi vida hasta rebosar.

 TERCER MOMENTO. “Monte Calvario" - Se entregó por mí - Morir para vivir.

1.- Evangelio (Mateo 27, 35-38)

“Allí lo crucificaron y después se repartieron entre ellos la ropa de Jesús, echándola a suertes. Luego se sentaron a vigilarlo. Encima de su cabeza habían puesto un letrero con el motivo de su condena, en el que se leía: “Este es Jesús el rey de los judíos”. También crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y el otro a su izquierda”.

2.- Introducción.

Jesús ya lo había anunciado, cuando invita, cuando llama, es a recorrer su mismo camino. “El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”.

A veces no entendemos o no queremos entender eso de negarse a sí mismo. Negarse a sí mismo supone renuncias: Renunciar a nuestros gustos, quereres, apetencias… a buscar reconocimiento, valoración, estima… a la vanagloria, a la vanidad… Son pequeñas muertes que tenemos que ir realizando. A más “yo y mis cosas, intereses y caprichos” menos espacio le dejo a Él. Y cuanto menos amor propio haya en mí, más permitiré a Dios llenar mi corazón. Será la puerta para vivir en plenitud. Para vivir hay que morir.

San Juan de la Cruz nos invita a imitar a Cristo en todo y para eso es necesario renunciar a los gustos si no es para honra de Dios. Morir a nuestro yo para vivir.

Inclinarnos a lo más dificultoso, a lo más desabrido, a lo que da menos gusto, a lo más trabajoso, a lo que me va a dar desconsuelo, a lo menos, a lo más bajo y despreciado…

·        Hago silencio y me pregunto: Si en lo pequeño no soy capaz de asumir esas pequeñas muertes ¿cómo voy a seguir a Jesús hasta el final?

En el camino de Jesús ni lo mucho es más, ni lo poco es menos. Los criterios evangélicos son contrarios a los del mundo

“Si quieres ser el más grande tienes que ser el más pequeño”; “Si quieres ser el primero, sé el último”; “Para vivir hay que morir”; “Para tenerlo TODO hay que dejarlo todo”; “Si te abofetean en una mejilla, pon la otra”…

No es de extrañar que motive tan poco el camino de Jesús cuando el mundo ofrece: éxito, fama, honores, placer, cosas…

Y sin embargo, la felicidad que ofrece Jesús es profunda. Los medios: deja, confía, sal de ti, entra por la puerta estrecha, muere, sirve, permanece, perdona, ten compasión, entrega tu vida…

La entrega de la vida no consiste en hacer muchas cosas santas, estar horas rezando, tener muchos compromisos en la iglesia… Puedes hacer todo eso y no estar dando ni un ápice de tu vida. No damos gloria a Dios haciendo muchas cosas sino haciendo esas cosas que tenemos entre manos con paz y mucho amor.

El amor es la vocación universal a la que todos estamos llamados, nos lo recuerda nuestra querida Santa Teresita. Jesús es nuestro Maestro en el arte de amar y entregar su vida. Eso es lo que hizo al permitir ser clavado en una cruz y al pedir al Padre que perdonara a los que estaban colaborando en su muerte.

Canción. “Ubi caritas”. Donde hay caridad y amor ahí está el Señor.

·        ¿Te cuesta verlo, escucharlo…? Abre los ojos, abre tus oídos y contempla la realidad que te rodea.

·        ¿Quieres ser reflejo y testimonio de amor?. Ama

Todo un Dios se hace criatura humana para acabar muriendo en una cruz para darnos a conocer su amor. Se entregó por ti y por mí. Lo dio todo y lo sigue dando. Sigue ofreciendo su Amor y su Misericordia a quien abra sus brazos y su corazón para acogerlos.

Y desde la cruz también tiene mucho que decirnos. Podemos encontrarnos con Él en la cruz. La cruz no es un pedazo de madera, en ella está el mismo Jesús. Abrazar la cruz es abrazar a Jesús. Abraza y acepta con amor las cruces cotidianas como instrumentos de gracia que purifican tu corazón, que vacían tu corazón y lo hacen capacidad para que él pueda llenarlo.

Silencio.

Mirar la cruz es mirar a Jesús. Mira y abraza la cruz y ahí encontrarás todo lo que necesitas para seguir caminando y llegar a la meta, ahí puedes hallar esperanza, consuelo, fortaleza, misericordia, amor...

Te invito en este momento a mirar la cruz, a mirar a Jesús en la cruz.

·        Ante el Misterio de la Cruz. ¿Qué se puede pedir?.

·        Ante el Misterio de la Cruz solo cabe abandonarse y confiar.

Ofrécele tu vida y ponla a sus pies con todo lo que en ella hay en este momento, Él conoce tu realidad, tu presente, lo que guardas en tu corazón (tristeza, miseria, pobreza, limitación, fracasos, talentos, alegrías, esperanzas, sueños, deseos…).

Hoy como entonces, todo esto puede ser iluminado, recolocado, transformado...

El corazón herido puede ser sanado, el corazón roto puede ser restaurado, el corazón endurecido puede recuperar su esencia y volver a ser compasivo y misericordioso.

Y ahora te voy a invitar a que mires la cruz, mira a Jesús en la cruz y graba en tu alma la frase que resuene en tu corazón.

Cuando te sientas sin fuerza o creas haber tocado fondo… mira la cruz

Cuando te quejes por tu mala suerte… mírale en la cruz

Cuando te enfermes… mira la cruz

Cuando tengas problemas económicos o laborales… mírale en la cruz

Cuando pierdas a un familiar o una amistad… mira la cruz

Cuando sientas la soledad… mírale en la cruz

Cuando la angustia y le preocupación por el mañana te ahoguen… mira la cruz

Cuando necesites un abrazo… mírale en la cruz

Cuando pierdas la esperanza… mira la cruz

Cuando creas que Dios no te escucha… mírale en la cruz

Cuando todos te abandonen… mira la cruz

Cuando tus heridas te duelan… mírale en la cruz

Cuando tus deseos no se cumplan… mira la cruz

Cuando estés triste… mírale en la cruz

Cuando no te puedas perdonar… mira la cruz

Cuando no puedas perdonar a otros… mírale en la cruz

Mira la cruz… porque la cruz no es el final sino el inicio de algo nuevo

Mírale la cruz porque nadie como Él para comprender lo que estás pasando y abrazarte también en tu desolación

Porque tú eres su hijo/a amado/a

Canción. “En momentos así” solo podemos alabarte y darte gracias por tanto y por todo.

En momentos así levanto mi voz, levanto mi canto a Cristo

En momentos así levantó mi ser, levanto mis manos a Él

Cuánto te amo Dios, cuánto te amo Dios,

cuánto te amo, Dios te amo

 BENDICIÓN CON EL SANTÍSIMO

¯ Canción final: “NADA NOS SEPARARÁ”

martes, 10 de marzo de 2026

“HAY MILAGROS Y MILAGROS”

 

Esta mañana subía para la eucaristía, antes de entrar al trabajo, pensando en todo lo que está haciendo Dios en mi vida desde la experiencia de la caída. Cada día estoy más agradecida con todo esto porque, aunque a nivel físico esté “tocada”, a nivel espiritual me está ayudando a crecer.

Caminando pensaba en los milagros del Señor (Abro paréntesis porque me acabo de acordar de algo que me decía una amiga hondureña: “Gloria ¿por qué no eres una niña normal?” ja, ja, ja, ciertamente no es un tema en el que se repare todos los días). Caía en la cuenta de que hay milagros y milagros. En unos milagros somos instrumentos del Señor, y a veces nos percatamos porque los implicados nos lo dicen. Es bueno agradecer al Señor haberse servido de nuestras vidas pero conviene dejar ir cuanto antes esta clase de milagros. Si nos quedamos en ellos, si nos vanagloriamos con ellos, corremos el peligro de estancarnos y no crecer.

Hoy fui consciente de otro tipo de milagros que el Señor hace. Estos son mis preferidos. Son los milagros que realiza tocando y transformando directamente nuestro corazón, sanándolo y agrandándolo. De repente te sorprendes del perdón concedido a una persona que se te había enquistado, o teniendo un gesto con alguien que no es santo de tu devoción, o de la paz tan profunda sentida a pesar de la adversidad, o…

En cualquier milagro el protagonista es Dios. El problema es que en el primer tipo de milagros podemos caer en la tentación de atribuirnos el mérito. En el segundo tipo de milagros es más complicado asumir el papel principal porque humanamente te das cuenta de que por las propias fuerzas es imposible crecer en el amor o en la misericordia, crecer en humildad o en paciencia, sentir su paz, sentirse consolado…

Ojalá puedas ser consciente del montón de milagros que se suceden a lo largo del día, en la vida de los otros y en la tuya. Y no te canses de dar gracias a Dios por tanto y por todo… porque la obra es suya, porque es Él quien realiza cada milagro. De nuestra parte sólo queda disponer nuestro corazón y dejarle hacer y ser.

lunes, 2 de marzo de 2026

“ME CREO INDIGNO DE…”

 

Me decía esta mañana un amigo que se consideraba indigno al verse ante los ojos de Dios y acogido en sus manos. A lo que le respondí: “Yo tampoco me creo digna de estar donde estoy, de hacer lo que hago, de recibir tantas muestras de cariño, de contar con tantas oportunidades y de habérseme regalado tantos dones… pues reconozco mi pecado. Pero con humildad me enfoco en la mirada misericordiosa de Jesús y sigo adelante tratando de devolver un poco de amor a quien tanto me ama”.

Cada uno se conoce, cada uno sabe lo pérdido que ha estado, lo que ha podido llegar a hacer en su vida. Quien, siendo consciente de lo que hay en su haber, se pone delante de Jesús en la cruz es inevitable que se sienta: Pequeño, muy pequeño… Miserable, muy miserable… Ingrato, muy ingrato. Y a pesar de conocer nuestra naturaleza, ha salido a buscarnos, nos ha rescatado en más de una ocasión, nos ha perdonado y no se cansa de amarnos.

Caemos en la falsa humildad cuando enfocándonos en nuestra miseria nos culpabilizamos llegando a apartarnos o a abandonar definitivamente el camino. Es falsa humildad, si enfocándonos en nuestra pequeñez y miseria: Dejamos la oración o de participar en la eucaristía, dejamos un grupo cristiano o no nos integramos en él, no pasamos al frente o no nos comprometemos…

Humilde es quien reconociéndose pecador, y aún viéndose peor que los demás: Permanece, sigue dando pasos, camina desde la mirada de su Dios que le ama con locura y le anima a seguir adelante.

Tanto perdón inmerecido, tantos gestos de amor, solo pueden ser motivo de agradecimiento. ¿Y cómo responder a quién tanto nos ama sino con amor?. ¿Y cómo manifestarle nuestro amor si no es siendo reflejo de lo que Él es con nosotros?. “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso”.