lunes, 23 de febrero de 2026

“COMPARTIENDO EN EL CAMINO”


¡Qué bueno tener compañeros de camino con los que poder compartir lo que vives, lo que el Señor te va mostrando, tus dificultades, tus miedos, tus tentaciones, tus dudas…!.

Me he embarcado esta Cuaresma en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. La verdad es que mi Cuaresma empezó este año antes de tiempo pero estos EE están sumando a toda la experiencia espiritual que estoy teniendo este mes.

Tengo una amiga, compañera y hermana, con la que me meto en todos los charcos. No nos ponemos de acuerdo pero cuando nos damos cuenta ahí andamos. Comenzamos con el curso de espiritualidad carmelitana de dos años con los carmelitas de Centro América al inicio de la pandemia y de ahí no sé ya en cuantas más aventuras nos hemos embarcado. 

Está muy bien compartir con alguien que está viviendo lo mismo que tú porque sientes que hablas el mismo idioma, que te comprende y tú le puedes entender. Anoche platicamos casi una hora porque la meditación del día, providencialmente, nos había dejado a las dos un poco aturdidas. Ayer tocaba el “tanto cuanto”.

Me fascinó cómo presentó el padre el tema. Dios nos da todo por amor (cosas, personas, talentos…) y nuestra tarea es amarle por medio de todo eso. Usar de todo en la medida que nos lleve a amarle más, y dejarlo en la medida que su uso tenga otro fin.

Cuando la cosa, la persona, el talento… se coloca en el centro, no amamos a Dios. 

Cuando nos servimos de eso para nuestro bienestar, para satisfacer nuestras necesidades de reconocimiento, valoración o llenar nuestro vacío afectivo…no amamos a Dios. Cuando nos servimos de eso para hacer daño a otros, para brillar, para posicionarnos por encima de otros, para enriquecernos… no amamos a Dios.

Vamos con algún ejemplo:

Ej. Las redes sociales, el whatsapp, la televisión… ¿los uso para amar a Dios, para crecer en el amor a Él o para entretenerme, exhibir fotos a otros…?. Así podemos ir haciendo un examen del uso que hacemos del resto de cosas que Dios nos regala.

Vamos ahora a enfocarnos en el uso que hacemos  de las personas o de nuestros talentos:

Ej. Puedo buscar y quedar con una persona por amor a Dios pero también porque me siento solo, porque estoy aburrido, porque me apetece salir de casa… en cuyo caso me mueve mi vacío.

Ej. Puedo comprometerme en la parroquia por amor a Dios pero también porque necesito un grupo de referencia, o sentirme realizado o tenido en cuenta, o  reconocimiento o afecto de parte del sacerdote o de los mismos feligreses, o por huir de mi realidad familiar… será muy bueno mi servicio pero se perderá porque no lo hago por amor a Dios.

Ej. Puedo tener un talento pero servirme de él para amar a Dios o para entretenerme o entretener a otros, para ganar dinero, para pasarlo bien…

Rezar un rosario, limpiar la casa, bajar la basura, cumplir los horarios, ceder el puesto, pasar al frente, ceder el asiento en el autobús, participar en un retiro, ir a unos ejercicios espirituales, leer un libro… Es preciso preguntarnos ¿es el amor a Dios lo que me mueve?. No se trata de valorar si es bueno o malo. Se trata de cuestionarnos sobre la intención del uso que hacemos de todo para enderezarla hacia el fin para el que hemos sido creados que es amar a Dios. Luego que cada uno decida pero ya no podrá decirse “es que no sabía”. 

Puedes aplicar esto a tu vida y poner tus propios ejemplos según lo que tengas entre manos y lo que ocupe tu tiempo. Anoche con mi amiga en eso estuvimos casi una hora. Compartimos casos concretos que dudábamos cómo manejarlos y la verdad es que para las dos fue muy iluminador. 

El Señor tiene su camino con cada uno, no hay dos senderos iguales como no hay dos personas iguales. Los destellos que te abren el entendimiento nos llegan de formas inesperadas. Son como indicadores o pistas para seguir adelante. Si se quiere avanzar has de seguirlos y tenerlos en cuenta. 

En ese recorrido no podemos querer que otros corran más rápido y tampoco que otros vayan a la par nuestra. Hay momentos en los que sientes que hay un montón de gente a tu lado pero a medida que avanzas, el camino se va haciendo estrecho, cada vez más estrecho. ¡Y si solo fuera estrecho!. Además de estrecho se vuelve oscuro, muy oscuro… pero ¡se siente una paz!... la paz que te da el saberte acompañado y el confiar en la lucecita que se vislumbra al final del camino. Lo importante es no regresar a lo de antes, no salirse del camino. La corona de la vida, que se nos ha prometido, nos espera.


viernes, 20 de febrero de 2026

“A TI QUE CARGAS TU CRUZ”

 

Te rompes un brazo y ves un montón de gente por la calle con el brazo escayolado, vas con muletas y lo que te encuentras en tu camino son personas con muletas, vas cargando tu cruz y te percatas de las cruces tan pesadas que andan cargando los otros.

Me ha tocado estos días escuchar testimonios de dolor, de tristeza… No sabemos lo que hay detrás de cada uno hasta que nos abren su corazón.

A nuestro alrededor hay mucho sufrimiento. Toda una oportunidad de transformación, de crecimiento. Todo un camino, todo un proceso de purificación del corazón. Un tiempo de crecimiento espiritual si se realiza de la mano del Señor pero: “Y cuando no te tiene fe ¿cómo se vive todo esto?”. Para el cristiano que quiere seguir a Jesús, no hay otro camino que desear identificarse con él en TODO, pasar por lo que Él pasó, vivir lo que Él vivió, y eso implica agradececer, abrazar y aceptar con amor las cruces de cada día. La cruz no es un trozo de madera, en ella está Jesús, abrazarla es abrazar a Jesús en la cruz. El sufrimiento acogido y ofrecido da mucho fruto, las situaciones adversas encuentran su razón de ser, y la crisis acaba siendo una bendición para quien la vive desde la fe.

El camino que nos invita a recorrer Jesús implica una cruz que abrazar pero también un proceso de muerte. Esa situación que quizás ha podido despertar en ti sentimientos de frustración, impotencia, culpa, tristeza… Esa situación que te ha cambiado la vida, que crees que te desborda, que te hace dudar de si vas a poder seguir adelante… es un medio para morir al amor propio, para reconocer la fragilidad, la pequeñez, la miseria y sobre todo la necesidad y la dependencia de la pobre criatura que no es nada sin su Creador. Es una oportunidad para vaciar el corazón de todo lo que no es Él y hacerlo capacidad para dejar que se llene del único Amor que da vida y salva.

Es un buen momento para parar, ver dónde estás, cómo estás, a quién sigues, evaluar tu hacer, tu forma de ser, estar y relacionarte con los otros… Y desde ahí plantearte hacia dónde quieres ir y qué medios te permitirán llegar a tu destino.

Acomoda la vivencia de esta cuaresma a la realidad concreta en la que te encuentras, con tus fortalezas y miserias, con tus oportunidades y limitaciones. Y lo más importante, recuerda que el destino es la unión con Dios. El sufrimiento y la muerte no tienen la última palabra. Quien cree sabe que este camino no lo recorre solo y le conduce a una vida plena.

martes, 17 de febrero de 2026

“MISERICORDIA QUIERO…”

 

Vamos a iniciar la cuaresma. Ya muchos han hecho propósitos para estos días. Algunos relacionados con el esfuerzo, otros con el desprendimiento, otros…

En Jesús hay un deseo y una invitación que quiere que se haga vida en nosotros: “Misericordia quiero y no sacrificios”. Si lo ponemos en una balanza resulta más fácil hacer, comprometerse, ponerse metas… y más aún si en ello puedes llegar a ser reconocido, valorado, aplaudido… o te crees más por lo realizado o conseguido. Lo de acoger y aceptar al otro tal y como es, tal y como está, desgraciadamente pasa a segundo plano o incluso lo omitimos por enfocar toda nuestra atención en las obras.

¿De qué sirve todo lo que hacemos si no es con alegría, con paz, con amor?. ¿De qué sirve si vamos con el rostro avinagrado, damos una mala contestación, levantamos el tono, nos quejamos, criticamos al que no actúa o responde como nosotros, miramos al otro con aires de superioridad…?. No es la cantidad lo que tiene valor, ni el sacrificio, ni aquello a lo que renunciamos, ni el tiempo invertido… Solo el amor y la misericordia dan vida y valor a las obras. Por eso mismo: Ceder el lugar, dar la oportunidad a los otros, permitir que brillen y permanecer atrás… son obras de amor y misericordia de más valor que hacerlo uno mismo, porque nadie se da cuenta, porque no recibes recompensa. Y no hablemos de callar ante un comentario hiriente o desacertado, no entrar en el juego de quien critica a alguien, perdonar una ofensa, pedir perdón o acercarte a alguien que sabes que no te tiene mucha estima.

En todo esto convendría también preguntarse: “¿Qué tan misericordios@ soy conmigo?”. A veces nuestra propia miseria, vulnerabilidad, limitaciones, dependencia de los otros… nos impide acogernos tal y como somos y estamos. A lo mejor nos enfrascamos en mil y una actividades y llenamos nuestra vida de ruido para evitar mirar lo que nos habita. Quizás no tengamos el valor de enfrentarnos cara a cara con nuestra verdad. La realidad es que conviene comenzar por aceptar y abrazar todo lo que hay en nuestro haber, y ser misericordiosos con nosotros, contemplándonos bajo la mirada de un Padre que no entiende de otra cosa. Si no es así no podremos responder a la invitación de Jesús. Seguiremos haciendo muchas cosas, invirtiendo nuestro tiempo y esfuerzo, pero ¿de qué servirá?. ¿Jesús le dijo a la samaritana que tenía sed de obras o sed de amor?.

¡Qué distintas serían nuestras vidas, nuestras relaciones, nuestras comunidades… si la misericordia y el amor fueran lo primero!. Ahí queda el reto.

sábado, 14 de febrero de 2026

“HÁGASE TU VOLUNTAD”

 

Así rezamos en el Padre Nuestro: “Hágase tu voluntad”. La realidad es que muchas veces entendemos el “hacer su voluntad” como el realizar algo y creyendo “hacer su voluntad” hacemos la nuestra.

“Hacer su voluntad” implica un movimiento de mí hacia Él. Estos días que he experimentado el abandonarme, he entendido esto de otra manera totalmente diferente. He comprendido el “hágase tu voluntad” como el acoger y el abrazar todo lo que se nos va presentando: situaciones, personas, invitaciones, desprecios, alabanzas, humillaciones, éxitos, fracasos… Acoger y aceptar lo que sucede (buenas o malas noticias, triunfos o éxitos, encuentros, sorpresas, situaciones adversas) y a los otros (así como son, respetando su ritmo y sus procesos, sin ni siquiera tratar de entender el por qué de sus palabras, actos o reacciones) con paz, con alegría, algo que solo es posible si nuestra mirada y nuestro corazón están fijos en Él.

Hacer su voluntad implica que yo tomo la iniciativa y me puedo estar equivocando. Pensando que es su voluntad me puedo estar buscando e incluso hacer cosas muy santas creyendo que le agrado con ello cuando en realidad no es lo que espera de mi.

En el dejarse hacer, en el acoger y abrazar su voluntad, no somos nosotros quienes tomamos la iniciativa. Nuestra actitud es activa en cuanto nos abrimos a recibir lo que se nos da. Ahí no nos perdemos, así podemos estar seguros de que realmente se cumple en nosotros lo que espera y desea. Ahí es donde se da la unión con Él porque en la medida que acoges la realidad y a los otros, tal y como son y están, amas. ¿Y qué nos une a Él si no es el amor?.

Y en ese acoger la realidad tal y como se presenta, y a los otros tal y como son, morimos a nosotros mismos porque ni las circunstancias responden muchas veces a nuestros quereres o deseos, ni las personas en ocasiones son o responden como nos gustaría. ¿Puede haber mayor y mejor prueba de ser ese el camino?.

 

jueves, 12 de febrero de 2026

“NOS PASÓ LA DEL BURRO”

 

¿Conoces la historia del burro, el anciano y el niño?. Cuando el anciano iba sobre el burro, la gente criticaba al niño. Cuando era el niño quien iba sobre el burro, criticaban al anciano. Y cuando los dos se sentaron sobre el burro los criticaron a los dos porque ¡pobre burro!.

El otro día fui con mi mami al supermercado, ella llevó y trajo el carrito de la compra. Al regresar le dije: “Nos va a pasar como la historia del burro, más de alguno pensará: ¡Qué hija más ingrata, su madre tirando del carro y ella tan fresca!”.

Anoche también me llevó la guitarra a la adoración y escuché, en tono irónico, el siguiente comentario: “¡Vaya, ya encontró quien le lleve la guitarra!”. No respondí. Cuando terminó la adoración, la misma persona me preguntó por la guitarra y le señalé a mi amiga Nieves que ya se la había colocado en la espalda. Se rio y me hizo un gesto como diciendo: “¡Qué bárbara!”.

En fin… Nos pasa a todos. Padecemos de mucha facilidad para juzgar las situaciones y a las personas sin saber lo que hay detrás.

En una ocasión, en un taller de crecimiento personal, nos invitaron a contemplar a una persona en silencio desde un punto fijo. Cada uno, desde donde estaba colocado, veía tan solo una parte. Naturalmente es escasa la información que recibimos desde una posición concreta, no vemos a la persona en su totalidad. Así nos pasa en la vida real con los otros. Tendemos con mucha facilidad a juzgar a las personas por lo poquito que nuestros sentidos perciben. Captamos reacciones desproporcionadas, palabras desacertadas, comportamientos que no se ajustan a lo que entendemos como “normales”, emociones… pero: ¿Qué ha pasado en la historia de los otros para que actúen así?, ¿Cómo es su realidad presente?, ¿Qué cruces andan cargando?. ¿Cuáles son sus heridas?. ¿Cuál es el origen de determinados comportamientos?... Todo un mundo se oculta a nuestros ojos y a nuestro entendimiento. ¿Necesitamos saberlo todo para no juzgar a los otros?.

No digo que haya que justificar o pasar por alto todo pero cómo cambiaría nuestra mirada si recordáramos que sencillamente, ellos como nosotros, son hijos de Dios heridos, dependientes, vulnerables y necesitados.

sábado, 7 de febrero de 2026

“¿DÓNDE ESTABA DIOS CUANDO…?”

 


Una amiga me comentaba que le preguntaron, respecto al accidente de los trenes en Andalucía, dónde estaba Dios cuando ocurrió la tragedia. Es curioso, yo escuché el otro día: “¿Dónde estaba Dios cuando te caíste?”. Ni lo pensé. Mi respuesta fue: “Conmigo”. Y no me quedé ahí, continué diciendo: “Ahora pregúntame dónde estaba mientras estuve en el hospital, conmigo también”.

Y es que ¿Hay algún rincón en el que no se encuentre Dios?. ¿Hay algún momento en nuestra vida en el que no se halle Dios?.

Es como si en medio de las adversidades o en ciertos lugares o instantes de nuestra vida nos resistiéramos a ver a Dios o dudáramos de su existencia.

Buscar determinados lugares para encontrarnos con Dios es tener una idea muy limitada de un Misterio que desborda nuestro entendimiento. Está en todo. Quizás unos espacios ayuden más pero cualquier rincón es idóneo si enfocamos nuestra mirada hacia el interior. ¿Acaso no somos templo, o custodia, o sagrario donde habita Él?.

Pensar que en eso que denominamos “suerte” está Dios es correcto pero también en los momentos de prueba, en los fracasos, en las dificultades o cuando sentimos impotencia, limitación, frustración, miedo o tristeza.

¿Y qué hay de los otros, de nosotros?. Hay alguna persona en la que no habite Dios. Quizás muchos no sean conscientes pero si no estuviera en ellos, dejarían de existir porque ¿Quién da el ser sino Dios?.

Mira tu historia y pregúntate ¿Dónde estaba Dios cuando…?. No lo dudes, estaba ahí contigo, en ti. Y sigue estando: Cuando descansas, cuando oras, cuando paseas, cuando cocinas, cantas, escribes, pintas, lavas, planchas… En el trabajo, en el templo, en las calles, en tu casa, en tu cuarto…

En cualquier momento puedes parar, ser consciente de su Presencia contigo y en ti, y unirte a Él por el amor en eso que estás haciendo, en eso que estás pensando, en eso que estás diciendo, en eso que está aconteciendo en tu vida y en esas personas con las que te encuentras.

lunes, 2 de febrero de 2026

“YO SÍ SÉ QUIÉN ERES TÚ”

 

Hace unos días fui a la residencia en la que estuvo mi abuela. Al hacerse la hora de comer y tener que salir, vi sentada a una mujer que todas las tardes me esperaba o buscaba para darme el parte de mi abuela: “Que si había comido poco”, “Que si había comido mejor”, “Que si estaba un poco acatarrada”, “Que si habían ido a tal o cual actividad”… Es una mujer muy amorosa. No podía irme sin acercarme a saludarla. Ya no me recordaba. Trataba de hacer memoria preguntándome pero nada… Me sonreía a la vez que me decía una y otra vez: “Pues que no me acuerdo”. Y yo le repetía: “No importa, yo sí que me acuerdo”. Me fui para casa rememorando la escena. ¿Y cómo se llamaba esta señora?. Hasta dos días después me vino el nombre. El día que vuelva, me acercaré a ella otra vez a saludarla, no importa que no me conozca, yo sí que sé quién es ella.

Hoy me sucedió algo parecido. Hace un par de semanas estuve en una fotocopistería que hay cerca de casa. Eran más de las 19.30h y entré. Me estaba la muchacha atendiendo cuando le pregunté a qué hora cerraba. Me contestó que a las 19h y me quedé bien apenada. “Lo siento, te estoy atrasando” – le dije. No sé las veces que le agradecí pero no me quedé conforme, tenía que volver. Se dio la oportunidad esta tarde. Al ir a pagar le comenté: “Hace unos días me atendiste fuera de hora, no se si recuerdas”. Se puso un poco nerviosa, no me reconocía y creo que pensó que era algo malo lo que le iba a decir. Metí mi mano en el bolsillo y le di dos bombones a la vez que le volvía a agradecer. ¿Te puedes imaginar su cara?. Ella no se acordaba de mí pero yo sí de ella.

Así es nuestro Dios. Podemos olvidarnos de Él, apartarnos del camino, no querer saber de Él, escondernos... pero Él sigue acordándose de nosotros, Él sabe quienes somos, Él nos conoce, nos busca, se acerca para recordarnos que nos quiere y lo manifiesta por medio de las circunstancias, de las personas.

No se olvida de nosotros. Todo lo que se nos da y acontece, se nos ofrece por puro amor, porque busca unirse íntimamente a nosotros. Todo es todo, también las situaciones adversas. Las resistencias nos impiden descubrir la gracia y la presencia de Dios en todo ello pero si aflojamos y nos abandonamos en sus brazos descubrimos que ahí está, esperando que nos abramos a su amor y lo acojamos.

sábado, 31 de enero de 2026

“CAMBIO DE PLANES”

 

Muchas veces pienso en aquello de que un día te levantas, y de repente sucede algo que no estaba planificado, y se te cambian los planes e incluso la vida: “Una noticia inesperada, el fallecimiento de un ser querido, un accidente, el diagnóstico de una enfermedad…”.

Ayer mientras caminaba en la mañana le decía a Dios: “Cuántos frentes tengo abiertos en este momento, o paro o me vas a parar”. Mi fin de semana comenzaba el viernes a mediodía, y no me iba a ajustar el tiempo para todo lo que tenía planificado.

Iba a iniciarlo ayer por la tarde yendo al hospital a visitar a dos personas y sí que acabé allá pero en un box, sin ropa, conectada a un aparato que me medía cada cinco minutos la tensión y pendiente de enfermeras y médico.

A las 12 del mediodía resbalé en el almacén de la librería. Caí de espaldas y sentí un dolor fuerte en la columna, lo primero que pensé fue que me la había partido. No podía levantarme y estaba entre gritar o ponerme a llorar pero hice el intento de ir incorporándome poco a poco y caminar. No lo dudé, me marché a urgencias y no me hicieron esperar. Me sentaron en una silla de ruedas y me llevaron a radiología para hacerme radiografías y ver cómo estaban mis huesitos. La misma auxiliar que me llevó, me dejó en la sala de espera y quedó en estar pendiente para venir a buscarme y llevarme a la consulta del médico cuando fuese mi turno. Mi hermana llegó antes de que me llamaran. No tenía ni diez minutos de estar conmigo cuando sentí que me desconectaba del mundo, escuché ya casi inconsciente a Cristina decir mi nombre tres veces y ya no supe más hasta que sentí que me estaban quitando toda la ropa mientras me gritaban una y otra vez: “Gloria despierta”. Cuando volví en sí ya estaba en la camilla y mientras por la izquierda me sacaban sangre, por la derecha me hacían un electro pensando que se trataba de un infarto.

Es curioso pero hasta que perdí el conocimiento sentía por dentro una sensación muy extraña, fea, me incomodaba, y no era pensando en el resultado (algo roto, alguna vértebra aplastada, una posible operación… me decía más bien que podía ser algo muscular). Dí gracias a Dios ni se las veces, lo repetía una y otra vez, “sea lo que sea te doy gracias”. Recordaba algo que había leído el día anterior y que llevaba escrito en el móvil: “Abandonarse en las manos de Dios es tener la certeza de que cualquier contrariedad que podamos sufrir ha sido prevista por nuestro Padre Dios. La consecuencia del abandono es la paz y la alegría en todas las circunstancias porque, aunque en ocasiones no lo entendamos, Dios siempre quiere lo mejor para nosotros”. A esto me agarré.

Cuando ya estuve en la camilla me di cuenta de que la sensación fea que tenía se había desvanecido dando lugar a una gran paz, en ese momento sentí que ya me había abandonado verdaderamente en sus manos. Quizás el sentirme tan débil, tan frágil, tan vulnerable, tan dependiente, el tocar fondo… Tocaba esperar y sabía que Él estaba ahí. Fue entonces cuando pude llorar pero eran lágrimas no de miedo ni de tristeza sino de saberme en sus manos.

Pensé en cómo todos mis planes para el fin de semana se desvanecían. Y ahí me convencí de que todo lo demás también está en sus manos. Yo no soy Dios y no puedo tratar de resolver todo, ni dar respuesta a todo. Y ahí la invitación a hacer sólo lo posible confiando todo al amor y a la misericordia de Dios.

De todo se aprende y a veces son necesarios estos “toques” para aprender algo, ubicarnos, crecer y seguir caminando. Y en ese proceso vamos muriendo a nosotros para dejar a Dios ser Dios.

Fue un milagro que no me rompiera nada y me dieran el alta, no lo puedo ver de otra manera. Tengo todo el cuerpo dolorido del impacto y me cuesta hacer ciertos movimientos pero sigo dando gracias a Dios por su amor, por hacerme sentir su presencia, y por lo que me ha enseñado. “Dios siempre quiere lo mejor para nosotros”

sábado, 24 de enero de 2026

“¿A DÓNDE VAS CON ESTE FRÍO?”

 

Lo primero que he escuchado en este día es esta pregunta: “¿A dónde vas con este frío?”. Los termómetros marcaban tres grados pero seguro que la sensación térmica era de algún grado menos. Llegaba en ese momento a la iglesia y faltaban unos diez minutos para comenzar la eucaristía. Quise contestar: “A lo mismo que tú” pero, me he sorprendido respondiendo: “A encontrarme con el Señor”.

He entrado a la capilla sonriendo y diciéndome: “Claro que sí, a esto vengo, por eso me levanto temprano, y no me lo pienso, y no me lo cuestiono”. ¿Y quién dijo frío cuando se trata de amor?. ¿Acaso tú y yo no hemos hecho cosas más locas por amor?. A quien me preguntaba no le quedaba otro remedio que llegar porque “le tocaba”, era el que iba a presidir, pero yo podía haber elegido quedarme un rato más durmiendo, tomar un café bien calentito antes de ir a trabajar...

Me quedó resonando la escena y me conectaba con lo que escribí ayer. ¿Cuáles son nuestras motivaciones?. ¿Por qué hacemos lo que hacemos?. ¿Miedo, compromiso, cumplimiento, huir de realidades que no queremos afrontar, que nos vean, que nos aplaudan, aplastar a otros…?.

Sería bueno revisar todo eso que ahora tenemos entre manos y cuestionarnos por qué hacemos lo que hacemos. Habrá realidades que tendremos que dejar, otras que habrá que asumir o rechazar, en otras convendrá cambiar la actitud o purificar la intención. Si queremos crecer no queda otra que pararse a revisar dónde estamos y hacia dónde vamos, cuáles son nuestros deseos más profundos, qué nos mueve… de lo contrario corremos el riesgo o en la tentación de caer en la rutina, estancarnos en lo de siempre, asumir realidades que ya no nos tocan, cerrarnos a la novedad, dejarnos llevar por lo que se nos va ofreciendo…

Hoy a Jesús hasta sus parientes creen que ha perdido el juicio, que está fuera de sí, así que… “ÁNIMO”. Si quieres responder a su amor no hay otro camino: “Niégate a ti mismo, carga con tu cruz y síguele”. ¿Hay mayor locura que ésta?.

viernes, 23 de enero de 2026

“¿CÓMO TE PUEDO AMAR MÁS?”

 

Esta pregunta me anda rondando desde que me levanté ayer. En mi desvelo de la pasada noche pensaba en cómo ha ido cambiando mi idea de Dios a lo largo de mi historia.

Revisando mi vida descubría cómo al inicio respondía más por obediencia, a un “te elijo y eso supone…”, “te quiero conmigo pero tienes que…”. Claro que creía en Dios pero ¿en qué Dios?. Traté siempre de responder más desde el cumplimiento, desde el compromiso, desde el deber. Ahora entiendo por qué muchas veces renegué de su invitación y le decía que se buscara a otra. Un Dios que estaba contento conmigo en la medida que “hacía” lo que creía que Él quería y claro… eso suponía a veces mucho esfuerzo, otras encontrarme con situaciones que despertaban en mí todo tipo de sentimientos encontrados, y en ocasiones me convertí en juez de los otros o me creí mejor que otros.

Será por todo lo anterior que me chirría tanto, y surge en mí una sensación fea en mi interior, cuando me insisten en el hacer. Me recuerda a  ese “dios” de antes que me exigía, me pedía, esperaba de mí e incluso podía llegar a castigarme o condenarme si no “cumplía” con mi deber.

Solo se puede amar aquello que se conoce, por eso la importancia de conocer al Dios de Jesús por medio de su Hijo. A mayor conocimiento de Él, mayor amor, mejor respuesta pero respuesta de amor, por amor y para el Amor.

Cuando las obras están basadas en el hacer, en el servicio… se corre el riesgo de buscarse uno mismo (valoración, satisfacción personal por el trabajo realizado, reconocimiento, afecto…), aparecen los apegos y las esclavitudes a cargos, actuaciones concretas, e incluso la avaricia porque no harto con lo que tienes y en lo que estás, quieres más y más. Lo peor es que “eso” que se tiene entre manos acaba convirtiéndose en el fin y una cadena que amarra y quita libertad, surge el miedo a perderlo y se ve a los otros como amenazas.


Cuando las obras son fruto del amor porque solo se busca amar a Dios: Lo mismo da hablar que callar, pasar al frente que ocupar el último banco, hacer algo a la vista de todos o una tarea escondida, ocupar un puesto o cederlo… Lo mismo da brillar que compartir la luz para que sean otros quienes brillen. El fin es amar a Dios, lo demás son medios que se escogen o rechazan en función de lo que más nos lleve a amarle.

Cuando en las obras solo se busca amar a Dios: Eres indiferente a los aplausos y a las críticas porque tu corazón y tus ojos están fijos en el Amado, en el gran amor que te tiene.

Cuando en las obras solo se busca amar a Dios: Siempre se siente una gran paz y una alegría profunda que nada tiene que ver con la que se siente cuando las cosas te van bien, cuando te pasa algo bonito, cuando te aplauden, te admiran o te muestran afecto...

Vamos ahora más allá. Para buscar solo amar a Dios has tenido que ser conquistado por el Amor. Ahí lo dejo caer para que sigas reflexionando en esto.

Y en el caso de que ya te haya conquistado: ¡Atención!. Pobre criatura, no te creas con más gracia o fuerte como para hacer frente a todo. Queriendo amar a Dios y solo buscar eso, has de tener siempre presente que caerás a lo largo del día una y otra vez. Pedro estaba dispuesto a dar la vida por el Amigo y a la hora de la hora, le negó tres veces. Sería ilusorio pensar en no caer, en no fallar, en no negar o traicionar a Dios porque todo es posible incluso aunque se ame, así de poquita cosa somos. En medio de todo siempre nos queda la esperanza de alzar la vista y encontrarnos con la mirada amorosa y misericordiosa de quien siempre nos abrirá los brazos y nos dará otra oportunidad. De nosotros depende determinarnos, alimentar el deseo y seguir poniendo los medios para responder con amor a tanto AMOR.

viernes, 2 de enero de 2026

“HOY ME ENCONTRÉ CON EL REY BALTASAR”

 

La primera persona a la que he visto hoy ha sido a nuestro rey Baltasar. ¡Qué alegría!. Desde antes del verano no nos habíamos encontrado.

Lo tenemos bastante delicado de salud y espera que el Señor le de la fortaleza para este año llevar ilusión a grandes y pequeños. El día 5 de enero es su día preferido, dice que se le llena el corazón. Me ha comentado que en estos veinte años lo que más le sigue costando es la visita a los niños en el hospital. Recuerda a un niño al que una vez le preguntó que quería que le trajesen los reyes y le contestó: “Salir de aquí”. Me habló de su impotencia, de su frustración al no poder hacerle realidad el sueño al niño. Se le aguaron los ojos y a mi me empezaron a caer las lágrimas. Ahí estábamos los dos en el portal tocando nuestra fragilidad. ¡Cuántas veces sentimos nuestra limitación e incapacidad para solucionar los problemas de los otros!. Es en estos momentos donde se prueba nuestra fe y nuestro abandono en Dios porque de nuestra parte está el poner todo pero cuando ya no se puede hacer más, no queda otra que entregárselo al Señor y que Él disponga según sea su voluntad.

Continuamos hablando y en tal momento me dijo: “Me estoy muriendo”. El otro día se cayó en casa y despertó en el hospital, está a la espera de una operación en Madrid… Aún así me lanzó mensajes de ánimo y esperanza. Otros con nada se están quejando todo el día o solo ven el lado negativo de las cosas. Él ha estado de cara a la muerte en los dos últimos años un montón de veces y encuentra la motivación suficiente para seguir dándose. Me ha confesado no tener miedo a morir, me ha dicho estar preparado.

Nos despedimos con un abrazo, no me soltaba y me repetía una y otra vez: “Sé tu misma…”.

Al alejarme caminando por la calle me gritó: “Ven a buscarme” (entendí que se refería a llegar hasta él el día de la cabalgata). Me giré y sonriendo le dije: “Lo haré”.

Terminé el año llorando y lo he comenzado igual pero benditas lágrimas que me llevan a dar gracias a Dios por tanta gente bonita que pone en mi camino y me recuerda lo bello que es vivir y darse a los otros con lo que se tiene, con lo que se es.

jueves, 1 de enero de 2026

“EL AMOR ES DE IDA Y VUELTA”

 

Comienza un nuevo año. Ya muchos habrán hecho su lista de propósitos y deseos. En mi corazón resuenan varias invitaciones personales que ya escribí en mi cuaderno y que quiero tener presentes a lo largo de estos meses.

Estos tres últimos días del 2025 me han llegado mensajes confirmando todo lo anterior: Un amigo que pasó por la librería comprando un libro para una carmelita, una religiosa que también se cruzó por ahí para darme un abrazo, una señora de la que no sé su nombre y que se acercó a mi al terminar la misa del 31 para decirme algo que guardo en mi corazón, la visita ayer por la tarde, en una residencia de ancianos, a una amiga de mis tíos y padres a la que hace poco le ha dado un ICTUS…

Quiero ahorita hacer un paréntesis y hablar de ella. No me pudo decir nada pero desde que me vio se dibujó en su rostro una sonrisa y sus ojos comenzaron a brillar. Esto, junto con la paz que tenía, haciendo eco de su nombre, y el cariño y la ternura que expresaba, me desarmó.  Y como soy tan flojita me caía una lágrima tras otra, y con su carita, su mirada y su agarrarme fuerte la mano… me habló tanto…

El último día escribía sobre nuestra misión: “Ser reflejo del amor y de la misericordia de Dios”. Accesible a cualquier persona, independientemente de su edad, su salud, sus circunstancias… ¿Qué más confirmación de que mientras tenemos vida podemos dar vida?.


Hoy quiero ir un poco más allá porque el amor es de ida y vuelta y recibimos mucho más de lo que podemos llegar a dar. ¿Eres consciente del amor y de la misericordia que tiene Dios contigo y que te manifiesta en lo cotidiano de la vida y en aquellos que te acompañan o se cruzan en tu camino?. El amor de Dios se percibe en la ternura con la que te miran, en quien te agarra la mano para acompañarte, sostenerte o darte fuerza, en un abrazo, en la sonrisa dibujada en la cara de quien te ve llegar o se acerca a ti, en quien te visita, en quien te agradece algo que has hecho o dicho, en quien te pide un favor... Todo sencillas expresiones de este buen Dios que desde fuera nos hace saber que está con nosotros y nos quiere pero hay que saber mirar más allá, trascender y no quedarnos con el gesto o el hecho externo.

Recordemos nuestra misión y démoslo todo pero estemos también atentos a tanto amor que se nos regala gratuitamente, incondicionalmente, y abramos nuestros brazos para acoger todo lo que se nos da.