viernes, 23 de enero de 2026
“¿CÓMO TE PUEDO AMAR MÁS?”
Esta
pregunta me anda rondando desde que me levanté ayer. En mi desvelo de la pasada
noche pensaba en cómo ha ido cambiando mi idea de Dios a lo largo de mi
historia.
Revisando
mi vida descubría cómo al inicio respondía más por obediencia, a un “te elijo y
eso supone…”, “te quiero conmigo pero tienes que…”. Claro que creía en Dios
pero ¿en qué Dios?. Traté siempre de responder más desde el cumplimiento, desde
el compromiso, desde el deber. Ahora entiendo por qué muchas veces renegué de
su invitación y le decía que se buscara a otra. Un Dios que estaba contento
conmigo en la medida que “hacía” lo que creía que Él quería y claro… eso
suponía a veces mucho esfuerzo, otras encontrarme con situaciones que
despertaban en mí todo tipo de sentimientos encontrados, y en ocasiones me
convertí en juez de los otros o me creí mejor que otros.
Será por
todo lo anterior que me chirría tanto, y surge en mí una sensación fea en mi
interior, cuando me insisten en el hacer. Me recuerda a ese
“dios” de antes que me exigía, me pedía, esperaba de mí e incluso podía llegar
a castigarme o condenarme si no “cumplía” con mi deber.
Solo se
puede amar aquello que se conoce, por eso la importancia de conocer al Dios de
Jesús por medio de su Hijo. A mayor conocimiento de Él, mayor amor, mejor respuesta
pero respuesta de amor, por amor y para el Amor.
Cuando las
obras están basadas en el hacer, en el servicio… se corre el riesgo de buscarse
uno mismo (valoración, satisfacción personal por el trabajo realizado,
reconocimiento, afecto…), aparecen los apegos y las esclavitudes a cargos,
actuaciones concretas, e incluso la avaricia porque no harto con lo que tienes
y en lo que estás, quieres más y más. Lo peor es que “eso” que se tiene entre
manos acaba convirtiéndose en el fin y una cadena que amarra y quita libertad,
surge el miedo a perderlo y se ve a los otros como amenazas.
Cuando en
las obras solo se busca amar a Dios: Eres indiferente a los aplausos y a las
críticas porque tu corazón y tus ojos están fijos en el Amado, en el gran amor
que te tiene.
Cuando en
las obras solo se busca amar a Dios: Siempre se siente una gran paz y una
alegría profunda que nada tiene que ver con la que se siente cuando las cosas
te van bien, cuando te pasa algo bonito, cuando te aplauden, te admiran o te
muestran afecto...
Vamos
ahora más allá. Para buscar solo amar a Dios has tenido que ser conquistado por
el Amor. Ahí lo dejo caer para que sigas reflexionando en esto.
Y en el
caso de que ya te haya conquistado: ¡Atención!. Pobre criatura, no te creas con
más gracia o fuerte como para hacer frente a todo. Queriendo amar a Dios y solo
buscar eso, has de tener siempre presente que caerás a lo largo del día una y
otra vez. Pedro estaba dispuesto a dar la vida por el Amigo y a la hora de la
hora, le negó tres veces. Sería ilusorio pensar en no caer, en no fallar, en no
negar o traicionar a Dios porque todo es posible incluso aunque se ame, así de
poquita cosa somos. En medio de todo siempre nos queda la esperanza de alzar la
vista y encontrarnos con la mirada amorosa y misericordiosa de quien siempre
nos abrirá los brazos y nos dará otra oportunidad. De nosotros depende
determinarnos, alimentar el deseo y seguir poniendo los medios para responder
con amor a tanto AMOR.
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