sábado, 31 de enero de 2026

“CAMBIO DE PLANES”

 

Muchas veces pienso en aquello de que un día te levantas, y de repente sucede algo que no estaba planificado, y se te cambian los planes e incluso la vida: “Una noticia inesperada, el fallecimiento de un ser querido, un accidente, el diagnóstico de una enfermedad…”.

Ayer mientras caminaba en la mañana le decía a Dios: “Cuántos frentes tengo abiertos en este momento, o paro o me vas a parar”. Mi fin de semana comenzaba el viernes a mediodía, y no me iba a ajustar el tiempo para todo lo que tenía planificado.

Iba a iniciarlo ayer por la tarde yendo al hospital a visitar a dos personas y sí que acabé allá pero en un box, sin ropa, conectada a un aparato que me medía cada cinco minutos la tensión y pendiente de enfermeras y médico.

A las 12 del mediodía resbalé en el almacén de la librería. Caí de espaldas y sentí un dolor fuerte en la columna, lo primero que pensé fue que me la había partido. No podía levantarme y estaba entre gritar o ponerme a llorar pero hice el intento de ir incorporándome poco a poco y caminar. No lo dudé, me marché a urgencias y no me hicieron esperar. Me sentaron en una silla de ruedas y me llevaron a radiología para hacerme radiografías y ver cómo estaban mis huesitos. La misma auxiliar que me llevó, me dejó en la sala de espera y quedó en estar pendiente para venir a buscarme y llevarme a la consulta del médico cuando fuese mi turno. Mi hermana llegó antes de que me llamaran. No tenía ni diez minutos de estar conmigo cuando sentí que me desconectaba del mundo, escuché ya casi inconsciente a Cristina decir mi nombre tres veces y ya no supe más hasta que sentí que me estaban quitando toda la ropa mientras me gritaban una y otra vez: “Gloria despierta”. Cuando volví en sí ya estaba en la camilla y mientras por la izquierda me sacaban sangre, por la derecha me hacían un electro pensando que se trataba de un infarto.

Es curioso pero hasta que perdí el conocimiento sentía por dentro una sensación muy extraña, fea, me incomodaba, y no era pensando en el resultado (algo roto, alguna vértebra aplastada, una posible operación… me decía más bien que podía ser algo muscular). Dí gracias a Dios ni se las veces, lo repetía una y otra vez, “sea lo que sea te doy gracias”. Recordaba algo que había leído el día anterior y que llevaba escrito en el móvil: “Abandonarse en las manos de Dios es tener la certeza de que cualquier contrariedad que podamos sufrir ha sido prevista por nuestro Padre Dios. La consecuencia del abandono es la paz y la alegría en todas las circunstancias porque, aunque en ocasiones no lo entendamos, Dios siempre quiere lo mejor para nosotros”. A esto me agarré.

Cuando ya estuve en la camilla me di cuenta de que la sensación fea que tenía se había desvanecido dando lugar a una gran paz, en ese momento sentí que ya me había abandonado verdaderamente en sus manos. Quizás el sentirme tan débil, tan frágil, tan vulnerable, tan dependiente, el tocar fondo… Tocaba esperar y sabía que Él estaba ahí. Fue entonces cuando pude llorar pero eran lágrimas no de miedo ni de tristeza sino de saberme en sus manos.

Pensé en cómo todos mis planes para el fin de semana se desvanecían. Y ahí me convencí de que todo lo demás también está en sus manos. Yo no soy Dios y no puedo tratar de resolver todo, ni dar respuesta a todo. Y ahí la invitación a hacer sólo lo posible confiando todo al amor y a la misericordia de Dios.

De todo se aprende y a veces son necesarios estos “toques” para aprender algo, ubicarnos, crecer y seguir caminando. Y en ese proceso vamos muriendo a nosotros para dejar a Dios ser Dios.

Fue un milagro que no me rompiera nada y me dieran el alta, no lo puedo ver de otra manera. Tengo todo el cuerpo dolorido del impacto y me cuesta hacer ciertos movimientos pero sigo dando gracias a Dios por su amor, por hacerme sentir su presencia, y por lo que me ha enseñado. “Dios siempre quiere lo mejor para nosotros”

sábado, 24 de enero de 2026

“¿A DÓNDE VAS CON ESTE FRÍO?”

 

Lo primero que he escuchado en este día es esta pregunta: “¿A dónde vas con este frío?”. Los termómetros marcaban tres grados pero seguro que la sensación térmica era de algún grado menos. Llegaba en ese momento a la iglesia y faltaban unos diez minutos para comenzar la eucaristía. Quise contestar: “A lo mismo que tú” pero, me he sorprendido respondiendo: “A encontrarme con el Señor”.

He entrado a la capilla sonriendo y diciéndome: “Claro que sí, a esto vengo, por eso me levanto temprano, y no me lo pienso, y no me lo cuestiono”. ¿Y quién dijo frío cuando se trata de amor?. ¿Acaso tú y yo no hemos hecho cosas más locas por amor?. A quien me preguntaba no le quedaba otro remedio que llegar porque “le tocaba”, era el que iba a presidir, pero yo podía haber elegido quedarme un rato más durmiendo, tomar un café bien calentito antes de ir a trabajar...

Me quedó resonando la escena y me conectaba con lo que escribí ayer. ¿Cuáles son nuestras motivaciones?. ¿Por qué hacemos lo que hacemos?. ¿Miedo, compromiso, cumplimiento, huir de realidades que no queremos afrontar, que nos vean, que nos aplaudan, aplastar a otros…?.

Sería bueno revisar todo eso que ahora tenemos entre manos y cuestionarnos por qué hacemos lo que hacemos. Habrá realidades que tendremos que dejar, otras que habrá que asumir o rechazar, en otras convendrá cambiar la actitud o purificar la intención. Si queremos crecer no queda otra que pararse a revisar dónde estamos y hacia dónde vamos, cuáles son nuestros deseos más profundos, qué nos mueve… de lo contrario corremos el riesgo o en la tentación de caer en la rutina, estancarnos en lo de siempre, asumir realidades que ya no nos tocan, cerrarnos a la novedad, dejarnos llevar por lo que se nos va ofreciendo…

Hoy a Jesús hasta sus parientes creen que ha perdido el juicio, que está fuera de sí, así que… “ÁNIMO”. Si quieres responder a su amor no hay otro camino: “Niégate a ti mismo, carga con tu cruz y síguele”. ¿Hay mayor locura que ésta?.

viernes, 23 de enero de 2026

“¿CÓMO TE PUEDO AMAR MÁS?”

 

Esta pregunta me anda rondando desde que me levanté ayer. En mi desvelo de la pasada noche pensaba en cómo ha ido cambiando mi idea de Dios a lo largo de mi historia.

Revisando mi vida descubría cómo al inicio respondía más por obediencia, a un “te elijo y eso supone…”, “te quiero conmigo pero tienes que…”. Claro que creía en Dios pero ¿en qué Dios?. Traté siempre de responder más desde el cumplimiento, desde el compromiso, desde el deber. Ahora entiendo por qué muchas veces renegué de su invitación y le decía que se buscara a otra. Un Dios que estaba contento conmigo en la medida que “hacía” lo que creía que Él quería y claro… eso suponía a veces mucho esfuerzo, otras encontrarme con situaciones que despertaban en mí todo tipo de sentimientos encontrados, y en ocasiones me convertí en juez de los otros o me creí mejor que otros.

Será por todo lo anterior que me chirría tanto, y surge en mí una sensación fea en mi interior, cuando me insisten en el hacer. Me recuerda a  ese “dios” de antes que me exigía, me pedía, esperaba de mí e incluso podía llegar a castigarme o condenarme si no “cumplía” con mi deber.

Solo se puede amar aquello que se conoce, por eso la importancia de conocer al Dios de Jesús por medio de su Hijo. A mayor conocimiento de Él, mayor amor, mejor respuesta pero respuesta de amor, por amor y para el Amor.

Cuando las obras están basadas en el hacer, en el servicio… se corre el riesgo de buscarse uno mismo (valoración, satisfacción personal por el trabajo realizado, reconocimiento, afecto…), aparecen los apegos y las esclavitudes a cargos, actuaciones concretas, e incluso la avaricia porque no harto con lo que tienes y en lo que estás, quieres más y más. Lo peor es que “eso” que se tiene entre manos acaba convirtiéndose en el fin y una cadena que amarra y quita libertad, surge el miedo a perderlo y se ve a los otros como amenazas.


Cuando las obras son fruto del amor porque solo se busca amar a Dios: Lo mismo da hablar que callar, pasar al frente que ocupar el último banco, hacer algo a la vista de todos o una tarea escondida, ocupar un puesto o cederlo… Lo mismo da brillar que compartir la luz para que sean otros quienes brillen. El fin es amar a Dios, lo demás son medios que se escogen o rechazan en función de lo que más nos lleve a amarle.

Cuando en las obras solo se busca amar a Dios: Eres indiferente a los aplausos y a las críticas porque tu corazón y tus ojos están fijos en el Amado, en el gran amor que te tiene.

Cuando en las obras solo se busca amar a Dios: Siempre se siente una gran paz y una alegría profunda que nada tiene que ver con la que se siente cuando las cosas te van bien, cuando te pasa algo bonito, cuando te aplauden, te admiran o te muestran afecto...

Vamos ahora más allá. Para buscar solo amar a Dios has tenido que ser conquistado por el Amor. Ahí lo dejo caer para que sigas reflexionando en esto.

Y en el caso de que ya te haya conquistado: ¡Atención!. Pobre criatura, no te creas con más gracia o fuerte como para hacer frente a todo. Queriendo amar a Dios y solo buscar eso, has de tener siempre presente que caerás a lo largo del día una y otra vez. Pedro estaba dispuesto a dar la vida por el Amigo y a la hora de la hora, le negó tres veces. Sería ilusorio pensar en no caer, en no fallar, en no negar o traicionar a Dios porque todo es posible incluso aunque se ame, así de poquita cosa somos. En medio de todo siempre nos queda la esperanza de alzar la vista y encontrarnos con la mirada amorosa y misericordiosa de quien siempre nos abrirá los brazos y nos dará otra oportunidad. De nosotros depende determinarnos, alimentar el deseo y seguir poniendo los medios para responder con amor a tanto AMOR.

viernes, 2 de enero de 2026

“HOY ME ENCONTRÉ CON EL REY BALTASAR”

 

La primera persona a la que he visto hoy ha sido a nuestro rey Baltasar. ¡Qué alegría!. Desde antes del verano no nos habíamos encontrado.

Lo tenemos bastante delicado de salud y espera que el Señor le de la fortaleza para este año llevar ilusión a grandes y pequeños. El día 5 de enero es su día preferido, dice que se le llena el corazón. Me ha comentado que en estos veinte años lo que más le sigue costando es la visita a los niños en el hospital. Recuerda a un niño al que una vez le preguntó que quería que le trajesen los reyes y le contestó: “Salir de aquí”. Me habló de su impotencia, de su frustración al no poder hacerle realidad el sueño al niño. Se le aguaron los ojos y a mi me empezaron a caer las lágrimas. Ahí estábamos los dos en el portal tocando nuestra fragilidad. ¡Cuántas veces sentimos nuestra limitación e incapacidad para solucionar los problemas de los otros!. Es en estos momentos donde se prueba nuestra fe y nuestro abandono en Dios porque de nuestra parte está el poner todo pero cuando ya no se puede hacer más, no queda otra que entregárselo al Señor y que Él disponga según sea su voluntad.

Continuamos hablando y en tal momento me dijo: “Me estoy muriendo”. El otro día se cayó en casa y despertó en el hospital, está a la espera de una operación en Madrid… Aún así me lanzó mensajes de ánimo y esperanza. Otros con nada se están quejando todo el día o solo ven el lado negativo de las cosas. Él ha estado de cara a la muerte en los dos últimos años un montón de veces y encuentra la motivación suficiente para seguir dándose. Me ha confesado no tener miedo a morir, me ha dicho estar preparado.

Nos despedimos con un abrazo, no me soltaba y me repetía una y otra vez: “Sé tu misma…”.

Al alejarme caminando por la calle me gritó: “Ven a buscarme” (entendí que se refería a llegar hasta él el día de la cabalgata). Me giré y sonriendo le dije: “Lo haré”.

Terminé el año llorando y lo he comenzado igual pero benditas lágrimas que me llevan a dar gracias a Dios por tanta gente bonita que pone en mi camino y me recuerda lo bello que es vivir y darse a los otros con lo que se tiene, con lo que se es.

jueves, 1 de enero de 2026

“EL AMOR ES DE IDA Y VUELTA”

 

Comienza un nuevo año. Ya muchos habrán hecho su lista de propósitos y deseos. En mi corazón resuenan varias invitaciones personales que ya escribí en mi cuaderno y que quiero tener presentes a lo largo de estos meses.

Estos tres últimos días del 2025 me han llegado mensajes confirmando todo lo anterior: Un amigo que pasó por la librería comprando un libro para una carmelita, una religiosa que también se cruzó por ahí para darme un abrazo, una señora de la que no sé su nombre y que se acercó a mi al terminar la misa del 31 para decirme algo que guardo en mi corazón, la visita ayer por la tarde, en una residencia de ancianos, a una amiga de mis tíos y padres a la que hace poco le ha dado un ICTUS…

Quiero ahorita hacer un paréntesis y hablar de ella. No me pudo decir nada pero desde que me vio se dibujó en su rostro una sonrisa y sus ojos comenzaron a brillar. Esto, junto con la paz que tenía, haciendo eco de su nombre, y el cariño y la ternura que expresaba, me desarmó.  Y como soy tan flojita me caía una lágrima tras otra, y con su carita, su mirada y su agarrarme fuerte la mano… me habló tanto…

El último día escribía sobre nuestra misión: “Ser reflejo del amor y de la misericordia de Dios”. Accesible a cualquier persona, independientemente de su edad, su salud, sus circunstancias… ¿Qué más confirmación de que mientras tenemos vida podemos dar vida?.


Hoy quiero ir un poco más allá porque el amor es de ida y vuelta y recibimos mucho más de lo que podemos llegar a dar. ¿Eres consciente del amor y de la misericordia que tiene Dios contigo y que te manifiesta en lo cotidiano de la vida y en aquellos que te acompañan o se cruzan en tu camino?. El amor de Dios se percibe en la ternura con la que te miran, en quien te agarra la mano para acompañarte, sostenerte o darte fuerza, en un abrazo, en la sonrisa dibujada en la cara de quien te ve llegar o se acerca a ti, en quien te visita, en quien te agradece algo que has hecho o dicho, en quien te pide un favor... Todo sencillas expresiones de este buen Dios que desde fuera nos hace saber que está con nosotros y nos quiere pero hay que saber mirar más allá, trascender y no quedarnos con el gesto o el hecho externo.

Recordemos nuestra misión y démoslo todo pero estemos también atentos a tanto amor que se nos regala gratuitamente, incondicionalmente, y abramos nuestros brazos para acoger todo lo que se nos da.