domingo, 24 de mayo de 2026

“YO ELIJO”

 

Ante lo que se nos presenta siempre podemos resistirnos, asumir con resignación o elegirlo. Pasamos de ser víctimas y esclavos de los otros o de las circunstancias a ser señores de nuestra voluntad y a vivir en plenitud cada vez que elegimos por amor todo lo que se nos ofrece.

La clave es que la elección sea por amor a Dios porque si elegimos buscándonos a nosotros mismos también estamos perdidos.  

Cuando elegimos para que los otros no se molesten, o para que no hablen de nosotros, o por compromiso, o porque creemos que no tenemos otra opción, o porque solo nosotros sabemos o podemos… somos esclavos de las circunstancias o/y de los otros. Eso solo genera malestar, enojo, tristeza… La verdadera libertad y la vida en plenitud radica en elegir TODO por amor a Dios.

Tenemos dos opciones: Elegir o dejar que los otros o las circunstancias nos elijan.

Elegir es tomar la iniciativa, orientar la voluntad a aceptar y acoger “eso” que tengo delante. Elegir por amor a Dios: “Esa realidad, esas palabras, esos gestos,  a esas personas, esas noticias, ese trabajo, esa enfermedad, ese cansancio, ese rechazo, esa angustia, ese miedo, esa soledad, esa tristeza, esas dudas, ese éxito…”.

Si algo me pesa, me cuesta, es porque se me está imponiendo y no termino de elegirlo. En ocasiones se trata del orgullo que todo lo quiere tener bajo control o que se resiste a perder la batalla. Elegir me da autoridad sobre el mal que puede querer atraparme o el que ya se ha podido colar en mí.

A Jesús nadie le quitó la vida, la dio voluntariamente.

Santa Teresita ante un montón de regalos dijo: “Yo lo escojo todo” y eso lo aplicó a todo lo que se le fue presentando en su vida.

Quererlo todo por amor, elegirlo todo por amor, pero por amor a Dios. De esta forma, Jesús y todos los santos pudieron entregar su vida hasta el último aliento.

¿Acaso algo o alguien puede hacernos daño desde esta actitud o forma de orientar la vida?. Cuando sientas a algo o a alguien como una amenaza a tu paz interior, orienta tu voluntad a elegirlo por amor a Dios y verás cómo todo vuelve a ordenarse.

domingo, 17 de mayo de 2026

“ALZA LA MIRADA”

 

El otro día, esperando que el semáforo se pusiera en verde, un sacerdote me preguntó como estaba y sonriendo le respondí: “Muy bien”. A lo que añadió: “Pero ¿siempre estás bien?”. Es evidente que no siempre estoy bien. No soy un robot y tampoco de piedra, como humana tengo mis pataletas y mis berrinches. Lo que sí que es cierto es que trato de ver lo positivo en todo y cuando no estoy bien lo agradezco muchísimo porque eso me ubica, me lleva a conectar con mi miseria, mi pobreza, mi pequeñez y a la vez mi necesidad de Dios. Es ahí cuando reconozco mi verdad: El poder del ego sobre mí revelándome mi soberbia expresada en la queja, la crítica, el rechazo de lo que acontece, la culpa… Y a la vez el amor incondicional de todo un Dios que no lleva cuenta de mis imperfecciones, caídas, defectos o ingratitud, tampoco de mis éxitos u obras, y lo único que desea es que le abra mi corazón y acoja todo el amor que quiere derramar en mí. Con todo esto, si hay algo que siento y me duele es todo el amor desperdiciado que no he acogido por encerrarme en el reino de mi ego.

El himno de la visita del Papa a España es una invitación a alzar la mirada. Los santos a través de los tiempos también nos han invitado a alzar la mirada y trascender “todo eso que nos pasa” para no apropiarnos de lo “bueno”, porque no nos pertenece y es pasajero, y no enredarnos con lo “malo”. Alzar la mirada no tiene que ver con enfocar nuestros ojos en el infinito sino dejarnos abrazar por el amor que Dios nos tiene y ver su acción en todo cuanto acontece. Alzar la mirada para reconocer en manos de quien estamos y cuánto nos ama. 

Todo es motivo de agradecimiento si lo trascendemos pero puede ser causa de estancamiento si nos enfocamos en ello.

Ante cansancios, miedos, angustias, preocupaciones…Ante humillaciones, rechazos, críticas o alabanzas, aplausos… Ante envidias, rencores, deseos de venganza… Sólo hay dos opciones:

  • Enredarnos o engancharnos a eso por medio del pensamiento o del discurso.
  • Alzar la mirada, trascenderlo, enfocarnos en el gran amor que Dios nos tiene.

Me viene ahora la imagen del avión cuando se eleva. Si el cielo se encuentra cubierto de nubes y decide seguir su ruta entre ellas, la visibilidad se va a dificultar. ¿Acaso no es más conveniente, sensato y acertado, atravesar las nubes y viajar bajo el sol resplandeciente y el cielo azul?.

Poner la atención en lo que oímos, vemos o vivimos, nos reduce la visibilidad y nos dificulta el avance, nos encapsula en nosotros y nos cierra al amor de Dios. Es algo así como viajar dentro de las nubes.

Alcemos entonces la mirada, atravesemos las nubes y volemos más allá para que nos dejemos alcanzar por los rayos del amor que nos quieren abrazar. 

miércoles, 13 de mayo de 2026

“¡HASTA PRONTO AJAY!”

 

Ajay es un carmelita de la India que ha estado destinado en Logroño durante diez años. Hace unos días nos comunicó que Santander sería su próximo lugar de misión.

Conocí a Ajay una de las veces que vine de vacaciones a casa. Me habían hablado de él y me habían sugerido conocerle porque me podría ayudar mucho en mi tarea de acompañar a otros. Recuerdo que era una mañana fría. De camino a la parroquia me encontré con mi madre y mi sobrina que entonces tendría unos 12 años. Les dije que iba para carmelitas y Lucía me pidió que la llevara. Tras un rato de estar los tres en un despacho y haberme recomendado unos libros, Lucía se metió en medio de la conversación. “Yo a ti te conozco” - le dijo. Yo la quedé viendo pensando: “Lucía te tienes que estar confundiendo”. Y volvió a repetir: “Yo a ti te conozco. Tú has estado en mi colegio”. Era cierto. Lucía estudiaba en adoratrices y Ajay había estado por allá celebrando alguna eucaristía. Tras el encuentro nos dimos el número de teléfono y no volvimos a vernos hasta las siguientes vacaciones pero eso sí, cada vez que escribía en el blog, Ajay recibía el escrito y lo subía a su estado.

Cuando llegó la pandemia, en los más de cinco meses de encierro en un apartamento y sola, entre otras cosas y por insistencia de varias personas queridas, edité mi primer intento de libro con ayuda de una aplicación de internet. Agrupé un montón de escritos por temas y pedí, entre otros a Ajay, que escribiera unas líneas para el prólogo, no tardaron en llegar. Ahí dejó ya su huella pero es aún mayor la huella que ha dejado en muchos corazones de esta ciudad de Logroño así que es justo que tenga su espacio en uno de los escritos del blog.

Quiero compartir las palabras que le hemos dedicado, los habituales de la eucaristía de las 8 de la mañana, el día de hoy. Seguro que nos hemos quedado cortos pero lo cierto es van cargadas de mucho cariño:

“Hace dos años en la iglesia de San  Bartolomé, en la vigilia de oración por las vocaciones, diste tu testimonio. En él nos compartiste que tu estar aquí entre nosotros era tu respuesta agradecida a tantos misioneros españoles que en su día fueron hasta la India a dar a conocer a Cristo.

Esta pequeña comunidad que a diario nos reunimos en la eucaristía de las 8 de la mañana, no queremos dejarte ir sin antes darte las gracias por el tiempo compartido, pero sobre todo GRACIAS por tu Sí al Señor, por tu entrega generosa y sin reserva, por dejarlo todo, y por dejar que Él haga su obra en ti trayéndote hasta nosotros para que, conociendo más a Jesús, le amemos más y le sigamos.


El viernes, Jesús nos decía en el evangelio: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Lo tuyo tiene mucho mérito porque ni siquiera éramos tus amigos y entregaste tu vida por nosotros. Te lanzaste al vacío y has tocado muchos corazones con tu sencillez, con tu suavidad, con tu saber estar y tu disponibilidad, con tu escucha atenta siempre dispuesto a ayudar, con tu dar nuevas oportunidades, con la confianza puesta en nosotros…

Y no queremos terminar sin dar las gracias a Dios por el regalo de cada sacerdote en nuestras vidas. Más allá de cómo viste, cómo o cuánto habla… más allá de su nacionalidad, de su edad, de su carácter… es un hombre elegido por el Señor. Sigamos orando por todos ellos, y para que quienes son llamados: Escuchen su voz y le sigan.

Ajay desde la distancia te tendremos presente en nuestras oraciones y en nuestro corazón para que nuestro amado Padre termine de hacer en ti su obra y sea de mucha bendición para todos.

Gracias Ajay. Te queremos”.

jueves, 7 de mayo de 2026

“EL TIEMPO DE DIOS ES PERFECTO”


El otro día mi amiga Mónica vio que mi comadre Jensy tenía, en una de sus redes, la frase: “El tiempo de Dios es perfecto”, y me preguntó qué quería decir eso. No recuerdo que le respondí, lo primero que se me ocurrió, pero me siguen persiguiendo esas palabras. Providencialmente ayer viendo en un email las nueva tazas que nos ofrece un proveedor, una llevaba escrita esa misma frase.

Estos días leyendo a San Francisco, mientras el fisioterapeuta me enchufa los electrodos o me tiene conectada a la máquina de calor, también me encontré con esto: “El tiempo de Dios es perfecto”.

“Hay un tiempo para todos los seres. Pero ese tiempo no es el mismo para todos. El tiempo de las cosas no es el de los animales. Y el de los animales no es el de los seres humanos. Y por encima de todo y distinto de todo, está el tiempo de Dios, que encierra a todos los otros y los espera. El corazón de Dios no late al mismo ritmo que el nuestro. Tiene su propio movimiento. (...). Nos resulta muy difícil entrar en este tiempo divino. Y, sin embargo , solo en él podemos encontrar la paz”. (“Sabiduría de un pobre”. Éloi Leclerc).

Francisco cae en la cuenta, en medio de su noche oscura, que todavía no vive en el tiempo de Dios y por eso su turbación, su impaciencia. Y en su reflexión va más lejos al constatar que aprender a vivir en el tiempo de Dios es el secreto de la sabiduría.

El tiempo de Dios es perfecto, ahora es el tiempo perfecto, este momento en que yo estoy escribiendo, este momento en que tú estás leyendo. Aquí está Dios, está amándote, está amándome, así como somos, así como estamos.

Todo momento es perfecto porque en todo momento Dios está presente y nos está amando por medio de todo lo que hay y acontece. También la noche es parte del tiempo de Dios y también ese tiempo es perfecto. En la noche es incluso más intenso el amor de Dios. La noche también se vuelve ocasión de agradecimiento.

Dejamos de vivir el tiempo de Dios cuando vivimos desde la cabeza, desde los pensamientos. El problema surge cuando añoramos el pasado, cuando nos preocupamos o angustiamos por el futuro, o cuando nos resistimos a vivir el momento presente deseando que llegue el momento después. El problema surge cuando no aceptamos la realidad, con todo lo que en ella hay, y añoramos escenarios en los que nos imaginamos felices. El problema es cuando nos empeñamos en que todo sea como deseamos e impedimos que Dios haga su obra.

El tiempo de Dios es perfecto. Es el secreto de la sabiduría como dice Francisco. Es la fuente de una grandísima paz como dice Clara. Y Jesús nos lo repite estos días una y otra vez: “Que no se turbe tu corazón”… “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”… “Permanece en mí”. Y todo esto va unido al abandono, a soltar el control y las expectativas, a reconocer nuestra verdad, a confiar en quien nos sostiene y nos da en cada momento lo que más nos conviene.

El tiempo de Dios es perfecto por eso todo tiempo es una oportunidad para acoger y agradecer su amor expresado de mil y una maneras, y responder con amor a tanto AMOR.

viernes, 1 de mayo de 2026

“DESDE ABAJO”

 

El otro día compartí en el trabajo cómo había sido el retiro del sábado. En un momento me puse de rodillas para explicar que Jonás nos había dado los “puntos” en esa posición y utilizando diferentes objetos. De repente me escuché diciendo: “Él estuvo todo el tiempo ahí abajo y nosotros alrededor sentados en sillas”.  Y en ese momento caí en la cuenta de algo. Qué diferente se transmiten las cosas según dónde te coloques (no me estoy refiriendo ahora a un lugar físico).

Todo un Dios se abajó y se encarnó en una criatura débil, frágil, pequeña, pobre. Podía haber buscado otra manera de enseñarnos, de hacer escuchar su voz, pero escogió el hacerse chiquito. Y se supo pequeño y uno de tantos por eso, por medio de Jesús, pudo alzar la mirada y dar gracias por revelar los grandes secretos, no a los sabios y entendidos, sino a la gente sencilla.

Y porque vivió pequeño, como uno del montón: “Tuvieron autoridad sus palabras y gestos, la gente lo escuchaba, creía en Él, lo seguía”.  

Y se mantuvo pequeño hasta el final. ¡Cuantas veces se “vino abajo” para hablar, para compartir una comida, para perdonar, para sanar, para orar, para lavar los pies a sus discípulos, para levantar a otros…!.

Y sigue teniendo autoridad. Y para que así sea se nos sigue mostrando accesible en los otros, en la eucaristía.

Entre nosotros ¿Quién tiene autoridad?. No tiene mayor autoridad quien ostenta un poder o un cargo, tampoco quien grita más fuerte, quien sabe más, quien habla mejor, quien tiene más dinero…

La autoridad la da el amor que se ofrece, la posición en la que uno se coloca en relación a otros, la coherencia de vida. Desde arriba uno solo se ama a sí mismo y no se abre al amor. Solo desde abajo se puede amar y ser amado.

¿Te has parado a pensar a quien escuchas?. Escuchamos a quien se abaja hasta nosotros, nos conoce, nos acepta tal y como somos, camina a nuestro lado. Escuchamos a quien sabemos que nos ama y quiere nuestro bien. La transformación, la conversión, solo es posible desde el amor sentido, experimentado.

Ahora démosle la vuelta: “¿Sabes quién te escucha?”. Solo quien se siente aceptado y amado por ti y para eso hay que abajarse.