sábado, 11 de abril de 2026

“LA IMPORTANCIA DE LOS PEQUEÑOS SÍES”

 

Hoy me regalaron un libro… Solo las primeras páginas leí pero suficiente para quedarme resonando el responder con nuestro “Sí” a las invitaciones que el Señor nos hace a lo largo del día a través de los otros, de los acontecimientos, de su Palabra…

Ese “SÍ” en mayúsculas es la suma de esa innumerable cantidad de “síes” pequeñitos. Quien dice “SÍ” pero no responde a las pequeñas insinuaciones de cada día se engaña a sí mismo.


Para dar esos “síes” hay que abajarse, hacerse chiquito, ser humilde… Esto nos hace crecer en amor y ganar libertad. Cada “sí” es una batalla ganada contra nuestro ego permitiendo que Cristo reine en nuestro corazón.

El otro día sucedió algo. Me encontré entre dos personas, una gritando a otra. Pensé en cómo me bloqueó la situación y me transportó al cole. Durante tres años me dio clase una religiosa que siempre gritaba en el aula. Me quitó muchos días el sueño y cinco minutos antes de que sonara el timbre anunciando su clase yo ya estaba atacada de los nervios. La perdoné hace tiempo pero es cierto que he tenido oportunidades de visitarla en la residencia donde ahora se encuentra y no lo he hecho nunca porque no quería verla. Hoy fui a la residencia y, a diferencia de otras veces, iba con idea de encontrarme con ella. No quería reclamarle nada, tampoco esperaba algo, quizás solo necesitaba terminar de cerrar ese episodio que tanto ha marcado mi vida. Subimos a la segunda planta de la residencia, estaba sentada en un sillón, no hizo el menor gesto de levantarse, ni siquiera se si se acordaba de mí pero eso no era importante. La tarea era mía. Me acerqué, le di dos besos, le pregunté cómo se encontraba, me contestó como si hablara a una extraña. Sentí que mi visita no le dio ni frío ni calor. Saludé a las demás religiosas y antes de irme me volví a acercar y me despedí de ella con otros dos besos. No sentí ni consolación, ni liberación, nada… pero tengo paz en mi corazón y se que el Señor ha hecho su parte. ¡Qué bueno que poco después a mi querida hermana María Jesús de 95 años le tocaba turno de adoración en la capilla!. Ahí aproveché para pedir a Dios que perdonara a la profe en nombre de tantas niñas que, como yo, la sufrieron. 

En la tarde compartí la anécdota con mi amiga Lupita, mientras nos tomábamos un rico café, y me decía: “Ya te sacaste la espinita, ahora el Señor terminará de sanar tu herida”.

Y volviendo a los “síes”, esto es uno de los “síes” de hoy. Y como todo “sí” requiere el deseo, el abajarse y el dar el paso. Por supuesto que cuesta pero el Señor da la gracia, sólo tenemos que poner de nuestra parte.

Te invito a estar atent@ a todas esas invitaciones que el Señor te hace a lo largo del día. Seguir a Jesús es decir “sí” desde lo más sencillito, desde lo menos vistoso y escondido, desde lo más silencioso. Ánimo… si nos pide algo es porque nos va a dar lo necesario para responder. Ese “sí” es con Él.

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