domingo, 19 de julio de 2026

“QUÉ DISTINTO SERÍA TODO…”


Esto del fútbol y el mundial me da mucho qué pensar: La inversión en camisetas, cenas compartidas, entradas, viajes… No digo que el deporte sea algo negativo, todo lo contrario. Lo que no es bueno es la dependencia, el hacer de eso el centro de nuestra vida o lo primero.

Pienso en nosotros creyentes. Si siguiésemos a Cristo con la misma pasión que a nuestra selección ¡Qué distinto sería todo!. Si saliéramos a las calles a anunciar y celebrar que Cristo vive con la misma euforia que a celebrar un triunfo del equipo… ¡Qué distinto sería todo!. Si portáramos un crucifijo o una medalla de la Virgen en nuestro cuello con el mismo orgullo que la camiseta…¡Qué distinto sería todo!.

Si tuviésemos el valor de colgar en las redes frases o imágenes que hablen de nuestra fe así como publicamos las de “nuestros otros amores”… ¡Qué distinto sería todo!.

Si fuésemos capaces de renunciar a “nuestros pequeños quereres” por amor a Cristo… ¡Qué distinto sería todo!.

Si hiciésemos silencio y escuchásemos el querer de Dios… ¡Qué distinto sería todo!.

Si nos moviésemos desde lo que Dios espera de nosotros y no desde lo que la sociedad nos ofrece… ¡Qué distinto sería todo!.

Si tuviésemos el valor de dar un paso al frente pese a lo que los otros pudieran pensar en vez de hacer lo que la mayoría… ¡Qué distinto sería todo!.

Estamos en tiempo de vacaciones, momento para hacer un alto en medio del trajín de cada día, de la rutina. Podemos llenarlo de actividades y de ruido para seguir en lo mismo de siempre o detenernos para ver dónde estamos, hacia dónde vamos, a quién seguimos, qué debemos dejar ya atrás, qué necesitamos, cómo vamos a distribuir nuestro tiempo, a qué queremos dar prioridad en nuestra vida…

Si tan solo dejara algo, si tan solo asumiera algo, si tan solo cambiara algo en mí, si tan solo hiciera más silencio, si tan solo parara un momento, si tan solo pidiera perdón, si tan solo orara por quien no me quiere, si tan solo escuchara un poco más, si tan solo pensara menos en mí… ¡Qué distinto sería todo!.

Una sola decisión puede cambiar el rumbo de mi vida y la de quienes me rodean y… ¡Qué distinto sería todo si esa decisión está orientada al amor a Dios, a los hermanos y a mi mismo.


domingo, 12 de julio de 2026

“ENTREGARLO TODO”

 

Comentando con una amiga algo que me tenía un poco turbada me preguntó: “¿Todos estos días has cargado con esto?”. Lo curioso es que al día siguiente, al hablarlo con un sacerdote, también me cuestionó: “¿Por qué no lo entregas?”.

Ahí está la clave: “ENTREGARLO… ENTREGARLO TODO”. ¡Y qué paz se siente!. No es un desentenderse, ni un evadir la responsabilidad, sino un “poner en el centro a quien debe estar en el centro”.


Aquello que nos inquieta, que nos quita la paz, que nos da miedo perder, que nos enoja, que nos entristece… tiene su origen en habernos apropiado de ello. Nos quejamos, culpamos a otros, pataleamos, lloramos... Nos colocamos en el centro desempeñando el rol de víctima de los otros o de las circunstancias. “Eso” que nos enreda se convierte en una gran piedra en la mochila que nos resistimos a soltar. En vez de vaciarnos añadimos más peso a nuestras vidas. Perdemos el tiempo contemplando eso, hablando de eso, pensando en eso, y perdemos la oportunidad de estar en el presente, de vivir el momento, de abrirnos a nuevas oportunidades, de agradecer lo que acontece.

¿Por qué apropiarnos de algo cuando nada nos pertenece?.

¡Tan sencillo y tan complicado que lo hacemos!. Nada nos pertenece: Salud, cualidades, éxito, admiración, familia, casa, trabajo, amigos, responsabilidades, grupos… ni siquiera la vida. Entregarlo… entregárselo todo… ésta es la tarea… ésta es la invitación.

Tan complicado y tan sencillo que podemos hacerlo al unísono con San Ignacio de Loyola “Vos me lo diste, a vos Señor lo torno, todo es vuestro…”.

Entreguemos al Señor TODO…

* Lo que nos afecta para volver a ponerle a Él en el centro y no usurpar el lugar que sólo a Él le corresponde.

* Lo que nos alegra, estimula nuestra fe y enriquece nuestra vida, para recordar de quien dependemos y a quien le debemos lo que tenemos ahora.

Todo lo que no consideramos tan bueno es invitación a salir de nosotros y a abrirnos a los otros, es oportunidad para poner nuestros ojos en Aquel que nos ha creado, de quien dependemos y que nos atrae con su amor.

Todo lo bueno es don, todo es regalo de Dios. Démosle gracias por lo que hay en nuestro haber en este momento sin apropiarnos de ello, mañana no estará…

Entreguemos también nuestra historia, nuestro futuro.

Entreguemos… ¿Qué es aquello que te resistes a entregar?

Nada nos pertenece… Todo es suyo. Sólo así se puede caminar ligero de equipaje.