El
otro día, esperando que el semáforo se pusiera en verde, un sacerdote me
preguntó como estaba y sonriendo le respondí: “Muy bien”. A lo que añadió: “Pero
¿siempre estás bien?”. Es evidente que no siempre estoy bien. No soy un
robot y tampoco de piedra, como humana tengo mis pataletas y mis berrinches. Lo
que sí que es cierto es que trato de ver lo positivo en todo y cuando no estoy
bien lo agradezco muchísimo porque eso me ubica, me lleva a conectar con mi
miseria, mi pobreza, mi pequeñez y a la vez mi necesidad de Dios. Es ahí cuando
reconozco mi verdad: El poder del ego sobre mí revelándome mi soberbia
expresada en la queja, la crítica, el rechazo de lo que acontece, la culpa… Y a
la vez el amor incondicional de todo un Dios que no lleva cuenta de mis
imperfecciones, caídas, defectos o ingratitud, tampoco de mis éxitos u obras, y lo único que desea es que le abra mi corazón y acoja todo el amor que
quiere derramar en mí. Con todo esto, si hay algo que siento y me duele es todo
el amor desperdiciado que no he acogido por encerrarme en el reino de mi ego.
El
himno de la visita del Papa a España es una invitación a alzar la mirada. Los
santos a través de los tiempos también nos han invitado a alzar la mirada y trascender
“todo eso que nos pasa” para no apropiarnos de lo “bueno”, porque no nos
pertenece y es pasajero, y no enredarnos con lo “malo”. Alzar la mirada no tiene que ver con enfocar nuestros ojos en el infinito sino dejarnos abrazar por el amor que Dios nos tiene y ver su acción en todo cuanto acontece. Alzar la mirada para reconocer
en manos de quien estamos y cuánto nos ama.
Todo
es motivo de agradecimiento si lo trascendemos pero puede ser causa de
estancamiento si nos enfocamos en ello.
Ante cansancios, miedos, angustias, preocupaciones…Ante humillaciones, rechazos, críticas o alabanzas, aplausos… Ante envidias, rencores, deseos de venganza… Sólo hay dos opciones:
- Enredarnos o engancharnos a eso por medio del pensamiento o del discurso.
- Alzar la mirada, trascenderlo, enfocarnos en el gran amor que Dios nos tiene.
Me
viene ahora la imagen del avión cuando se eleva. Si el cielo se encuentra
cubierto de nubes y decide seguir su ruta entre ellas, la visibilidad se va a
dificultar. ¿Acaso no es más conveniente, sensato y acertado, atravesar las
nubes y viajar bajo el sol resplandeciente y el cielo azul?.
Poner
la atención en lo que oímos, vemos o vivimos, nos reduce la visibilidad y nos
dificulta el avance, nos encapsula en nosotros y nos cierra al amor de Dios. Es
algo así como viajar dentro de las nubes.
Alcemos
entonces la mirada, atravesemos las nubes y volemos más allá
para que nos dejemos alcanzar por los rayos del amor que nos quieren abrazar.
Muy bien, Gloria., cuanta falta hace alzar nuestra mira hacia Aquel, que se desvive por Amarnos.tkm.
ResponderEliminarGracias Gloria, por compartir muy bonita reflexión e invitar a Alzar la Mirada y trascender!
ResponderEliminarGracias por tan lindas palabras
ResponderEliminarGracias por compartirlo. Es importante ver el lado positivo y ser agradecidos con el Señor
ResponderEliminarAmen hermana
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