miércoles, 26 de agosto de 2026

“AMAR A LOS OTROS SEGÚN…”

 

Una de las frases que quedó resonando en mí hace unos días fue: “Amar a los otros según su necesidad”. No según lo que me parece que el otro necesita, o según me conviene, o en función de lo que creo que es mejor para la otra persona… En el afán de querer ayudar podemos hacer daño a los otros si los volvemos dependientes de nosotros y no les proporcionamos las herramientas para que se levanten por si solos y sigan caminando, podemos asfixiarlos...

“Amar a los otros según su necesidad”. Para no caer en errores, la manera más segura de acertar sería preguntar: “Y tú ¿qué necesitas de mi?”, “¿En qué te puedo ayudar?”. Quizás nos sorprendamos de lo que escuchemos. Nuestra respuesta también dependerá de nuestra realidad. No a todos podremos responder como necesitan y eso no nos puede hacer caer en la culpa, quizás esa misión la tengan que realizar otros.

Volviendo al tema… Vamos más allá. Si Jesús me pide amar a los otros según su necesidad es porque así me ama Él. Me da lo que necesito en cada momento. Esto puede chirriarle a más de uno si se compara con otros y se mira con menos talentos, o que a los otros les pasan cosas mejores, o son más queridos, o tienen más éxito… Dios es un Padre bueno y como bueno que es, sólo sabe dar cosas buenas a sus hijos. Tú tienes lo que necesitas, yo tengo lo que necesito. Si enfocas tu mirada en el gran amor que Dios te tiene no hay cabida para la envidia, el resentimiento, el odio… El problema es cuando nos descentramos y dejamos de mirar al Amor, ahí es cuando surgen las quejas, las críticas, los desprecios, la tristeza…

En nuestro diario vivir pueden surgir situaciones difíciles, acontecimientos inesperados, pruebas… “¿Por qué a mi?”. ¿Y por qué no?. Las cosas pasan, que Dios me ame y yo le ame no quiere decir que no  puedan suceder desgracias en mi vida. La diferencia es que quien tiene fe y vive confiado en el Señor no duda de que le proveerá de lo necesario para afrontarlo.

El Dios de Jesús que nos ama incondicionalmente está pendiente de nuestras necesidades, conoce qué es lo que nos falta, qué es lo que más nos puede ayudar a crecer en el amor, y responde dándonos a cada uno lo que más nos conviene.

Ante todo esto sólo cabe el agradecimiento y la confianza de sabernos en las mejores manos. Como buen padre y buena madre: Da o quita según convenga, pone límites, soluciona o facilita los medios para que encontremos la salida o la respuesta…Unas veces habla, otras se queda en silencio, pero nunca deja de amar, de estar, de sostener, de dar.

Agradecer y confiar porque aun en las peores situaciones que vivamos, nunca nos faltará su consuelo, su paz, su fortaleza…

A tanto amor recibido según nuestra necesidad, solo podemos responder de la misma manera: “Amando a los otros según su necesidad”. Que así sea.

6 comentarios:

  1. Gracias Gloria
    Es verdad que en el afán de ayudar,a veces hacemos daño,volviendo a las personas dependientes
    Que buena idea sería preguntar: que necesitas de mi ?
    Agradecer y confiar es la mayor virtud y también la más difícil !
    Nos cuesta en ocasiones confiar en que el Señor me da lo que necesito
    Le pediré que sea confiada y agradecida

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  2. Muchas gracias Gloria, es fantástico!. Creo que deberíamos preguntarnos,...qué necesita esa persona de mí? En qué puedo ayudarle? A veces nos excedemos y no es bueno generar esa dependencia y otras veces nos solemos quedar cortos

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  3. ¡Qué gran verdad, Gloria! Qué importante es esto cuando los hijos ya son mayores. A veces, como padres, nos cuesta dar un paso atrás y caemos en el error de querer resolverles la vida o decirles qué hacer, en lugar de simplemente preguntarles qué necesitan de nosotros en esta nueva etapa. Y lo mismo pasa en la pareja; con los años, tendemos a dar por sentado lo que el otro quiere, cuando una simple pregunta cambiaría todo. Gracias por recordarnos que amar bien es amar desde la libertad y la escucha. ¡Un abrazo fuerte!

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  4. La idea de no dar al otro lo que nosotros creemos que necesita, sino preguntarle realmente qué necesita de nosotros, me parece una forma respetuosa y madura de entender el amor.

    Hay, sin embargo, una afirmación que creo que convendría matizar: cuando dices que cada uno tiene lo que necesita y que Dios da o quita según conviene. Hay personas que carecen de cosas absolutamente necesarias, que sufren injustamente o atraviesan situaciones que difícilmente podemos considerar queridas por Dios para su bien. Una cosa es confiar en que Dios puede acompañarnos y sacar bien incluso de situaciones dolorosas, y otra pensar que todo lo que recibimos o perdemos ha sido querido expresamente por Él porque era lo que más nos convenía.

    También es cuestionable relacionar la tristeza, el resentimiento o la queja con haber apartado la mirada del amor de Dios. Se puede vivir profundamente unido a Él y, sin embargo, experimentar tristeza, angustia, miedo o desconcierto. Jesús mismo conoció la tristeza y la angustia.

    Quizá en la vida espiritual conviene ser especialmente prudentes cuando pasamos de contar lo que nosotros hemos experimentado a explicar cómo actúa Dios en los demás. Hay terrenos en los que acompañar, escuchar y dejar abiertas las preguntas puede ser más verdadero que ofrecer una respuesta demasiado segura.

    Por eso me quedo especialmente con la primera intuición del artículo: no creer que sabemos de antemano lo que el otro necesita, sino acercarnos, escuchar y preguntar. Tal vez esa misma humildad ante el misterio del otro sea también necesaria cuando intentamos interpretar lo que Dios está haciendo en su vida.

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