Hace unos días, en un
curso, conocí a un matrimonio padres de ocho hijos y abuelos de 29 nietos y dos
en camino. Quiero hablarte de ella, de Inma, mamá y abuela, de su fe, de su ser
de Dios en ella. Inma me contó que una de las hijas de 42 años es discapacitada
y además sufre esquizofrenia, vive con ellos. Se permitieron escaparse unos
días aprovechando que habían dejado a la hija en un campamento de verano. Si
conocieses a esta mujer… Yo no reparé en ella hasta el último día que me senté
enfrente a cenar.
Miras a esta mujer y no
puedes ya mirar a otro lado. Esos ojos azules te atrapan con la paz y el
infinito cariño que irradian. Comenzó a contarme su historia y ¡cómo disfrutaba
hablando de esta hija “especial”!. Verdaderamente es especial y una bendición
para todos ellos. La definió con mucha
alegría como “su escalera para llegar al
cielo”. Para Inma y su familia es su regalo, su bendición, su medio de
recibir y dar amor, su encuentro continuo con quien se encarna en lo débil, en
lo vulnerable, en lo que no cuenta… “su escalera
para llegar al cielo” como bien dice ella.
Providencialmente ha pasado estos días por la librería M. un muchacho de 18 años con parálisis cerebral. M. pasa unido a una silla de ruedas a motor que, bendito Dios, maneja muy bien y le permite desplazarse. No tiene hermanos, sólo cuenta con su mamá que le consiente todo lo que puede sobre todo cuando se trata de “caprichos” religiosos. Ya le dije el último día a M.: “Tu casa ha de parecer ya capilla”. No habla pero entiende perfectamente así que se rió ante mi comentario. Todo lo dice con sus gestos, con su mirada, con su sonrisa...
A la mamá de M. le hablé
de Inma y de cómo ésta ve a su hija como su escalera para llegar al cielo.
Bendito sea Dios que así lo vive élla también.
Ahí está Dios, encarnado
en lo débil, en lo que otros verían como una carga, en lo que algunos habrían
descartado y otros aniquilado antes de nacer. En ellos también está Dios, ahí
también nos habla Dios de amor, ahí también podemos responderle acogiendo su
amor y amándole.
Cada uno tiene su
escalera al cielo. No desaprovechemos esas bonitas ocasiones que tocan a
nuestra puerta para acoger al Amor y amar al Amado.
Gracias Inma por tu
testimonio de fe, de entrega y de amor. Gracias por querer seguir creciendo en
la fe y el amor a nuestro Señor a través de los santos.
Gracias a todos los que
en lo cotidiano de la vida, en lo escondido y de manera silenciosa vivis con
amor, por amor y para el Amado.
Realmente me encoges el corazón cada vez que te leo. Me doy cuenta lo egoísta y ciega que estoy tantas veces que me quejo y no veo ni escaleras ni bendiciones. Gracias Gloria es una suerte leerte
ResponderEliminarGracias Gloria
ResponderEliminarEs lamentable que tengamos que tener situaciones límite para darnos cuenta que son una escalera al cielo
Cuántas quejas injustificadas debe escucharnos el Señor !
Gracias, Gloria. TKM.
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