domingo, 6 de septiembre de 2026

“BENDITA PEQUEÑEZ”

 

Reconocer y acoger mi pequeñez, mis emociones, mis defectos, mis limitaciones y mis imperfecciones, generan la oportunidad para que la gracia de Dios opere en mí.

Negar mi propia verdad, convenciéndome de que estoy en lo correcto, o de que los demás se equivocan, o queriéndome justificar, o creyéndome lo que no soy, o culpando a los otros de lo que me pasa o de lo que siento, habla de mi soberbia y crea una armadura en torno a mi que impide que la gracia de Dios haga su obra.

Bendito sea Dios por esos “toques” o “caricias” que nos regala a través de los otros, o de las circunstancias, y que nos ayudan a volver a situarnos en nuestro verdadero lugar.

Bendito sea Dios por esos “toques” o “caricias” que duelen porque golpean la imagen que hemos fabricado de nosotros. Bendito sea Dios porque si sabemos acogerlos nos hacen sentirnos chiquititos y a la vez dependientes y necesitados de Él.

No nos cansemos de dar gracias a Dios por todas esas oportunidades que nos brinda y que nos hacen recordar nuestra pequeñez.



Alegrémonos y demos gracias porque cuanto más pequeñitos menos pesamos, cuanto menos pesamos más fácilmente puede atraernos hacia Él. ¿Acaso no es el deseo de toda alma el de unirse a su Dios?.

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