domingo, 9 de noviembre de 2025

“HÁBLAME DE…”

 

Es más o menos sencillo hablar de cosas conocidas, si son tangibles, si podemos percibirlas con nuestros sentidos. También es cierto que hay quien tiene mucha capacidad y te puede estar hablando horas de cualquier tema que le propongas.

En medio de todo, ¿Te imaginas que un día alguien se acerca y te pide que le hables de Dios?. ¿Qué le dirías?. Quizás puedas ofrecerle una explicación de conceptos e ideas aprendidas, o utilizar metáforas “es algo así como…”, o repetir lo que otros han dicho…

Ante una pregunta así, yo lo primero me quedo descolocada. Lo segundo es optar por el silencio porque cualquier palabra se quedaría corta o sería insuficiente para poder hablar de algo tan grande. La verdad es que no sé qué decir y me callo porque la realidad es que no sé nada.

En esos primeros meses de la pandemia, en los que compartí tanto tiempo con el Señor, me lancé a recopilar algunos de los escritos en dos volúmenes. El título fue: “Todo nos habla”.

Confieso que no sé qué decir de Dios pero sí puedo decir que todo me habla de Dios, de su presencia y de su amor, también las situaciones adversas porque en ellas también descubro que me busca para darme a conocer algo, para abrazarme y unirse más a mí...

¿Te has planteado al final del día hacer una revisión y cuestionarte en qué momentos has sentido la presencia de Dios, de qué maneras te ha expresado su amor, o tratar de entender qué te ha querido comunicar en lo que ha acontecido?. Inténtalo, seguro que te sorprendes.

No puedo hablar de Dios pero sí de todo lo que me habla de Él y me confirma que está, que me ama, que me sostiene, que me lleva, que me espera, que me sonríe, que me abraza… Conozco a muchas personas que con su forma de ser, de estar, de mirar, de relacionarse con los otros o con las cosas, de enfrentar las situaciones adversas, de hacer con mucho amor las cosas más sencillas, de optar por lo que otros no quieren o por lo menos llamativo, de renunciar a lo que prefieren, de dar oportunidades a otros, de callar para evitar conflictos, de entregar su vida… me hablan de Dios.

No puedo hablar de Dios pero doy gracias a Dios por todo lo que acontece en mi vida y me habla de Él y por todas esas personas que me confirman que vive y sigue amando, alentando en mi la fe y la esperanza e invitándome a seguir caminando.