Hay
un canto que comienza así: “Esperaba, esperaba, la niña de Nazaret. Esperaba,
esperaba y no conocía qué”…. pero termina diciendo que esperaba con fe. Y tú ¿qué esperas?
Tener
expectativas puede llevarnos a defraudarnos o decepcionarnos por no recibir lo
que deseábamos o porque no se correspondía con lo que habíamos pensado. Así les
pasó hace dos mil años a muchos y por eso no acogieron e incluso rechazaron a Jesús.
La realidad es que hoy nos sigue pasando.
El
hacernos una idea de Dios nos limita, nos impide abrirnos a la sorpresa, posibilita
que nos pase desapercibida su Presencia e incluso podemos cometer el error de
rechazarlo creyendo que estamos en lo correcto
Y tú
¿qué esperas?
Nuestras ideas nos limitan y nos impiden descubrirle y acogerle, eso hace que muchas veces respondamos a nuestra voluntad creyendo que es la suya y otras que deseemos que su voluntad sea la nuestra
Él
es siempre más…
No
lo podemos encasillar o encerrar en nuestras ideas porque nos pasará
desapercibido y no recibiremos el don que se nos quiere regalar
No
podemos describirlo con palabras porque nos quedaríamos cortos y no responderían
a lo que realmente es
Todo
lo que tenga que ver con el ir despacio, con el saber equilibrar trabajo y
descanso, con el contemplar, con el estar en el presente, con escuchar, con
dejarse llevar, con la auto aceptación, con la compasión tierna por uno mismo,
con el agradecimiento, con la confianza en Dios, con el no tener expectativas ni
ideas preconcebidas respecto a Él, con el soltar, con el romper esquemas sobre
lo que es o tiene que ser… nos abre a la sorpresa, al Misterio, al don que se
nos quiere dar por AMOR. Preparémonos para recibirlo
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