domingo, 7 de junio de 2026

“PALABRAS O FRASES QUE RESUENAN EN EL CORAZÓN”

 

Haciendo los Ejercicios Espirituales de mes de San Ignacio de Loyola, en Guatemala en el año 2007, se nos invitó a encontrar nuestra consigna (aquella palabra venida de Dios que nos serviría toda la vida para vencer al mal). Siempre la recuerdo y la rescato en los momentos de dificultad, me ayuda a ubicarme, a centrarme y a seguir adelante.

Lo cierto es que, en el día a día, pueden surgir otras palabras o frases que son de mucha utilidad en el momento concreto que se está viviendo. Pueden llegar en el silencio, a través de otros, por medio de una canción, la lectura de un libro…

La semana pasada llegaron dos frases a mí que resonaron de manera especial y me siguen acompañando: Una a través de una carta y otra por medio de un sacerdote. De ésta última quiero hablar. El domingo confesándome, el sacerdote me habló de un montón de cosas. El lunes en la mañana, en mi oración estaba bien enredada (Había dormido fatal, una hermanita franciscana me dijo después de la eucaristía: “¡Qué mala cara tienes!”). El mal espíritu ni descansa ni deja descansar.  En medio de la oración, una de esas frases, que había pasado desapercibida en la plática con el sacerdote, cayó en mi corazón y me volvió ubicar de tal manera que, sigue resonando en mi corazón con fuerza.

Pero en todo esto hay que estar  muy despiertos porque si bien es cierto que el Espíritu inspira palabras o frases por medio de otros, también el mal espíritu utiliza la misma artimaña y puede confundirnos sirviéndose del evangelio y generando una falsa paz o una falsa alegría, y en el peor de los casos provocar sentimientos de culpa. Se hace necesario por esto el autoconocimiento, el silencio, la oración.

Lo que es de Dios da paz profunda, consuela, aumenta la confianza y la esperanza, anima y fortalece.

Estemos despiertos porque no todo lo que parece bueno es de Dios.

Estemos despiertos para escuchar lo que Él tiene que decirnos.

Estemos despiertos porque nos habla a través de todo y todo nos lleva a Él.

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