domingo, 7 de junio de 2026
“TARDE CON MOISÉS”
Hace unas semanas estuve en Olza con un grupito de la parroquia de “Nuestra
Señora del Carmen” de Logroño. Olza es un pueblo a unos pocos kilómetros de
Pamplona. Allá las Carmelitas Descalzas organizan, una vez cada dos meses, una
tarde de oración.
El texto con el que oramos y meditamos fue el del Éxodo 14, 5-14, la huida
del pueblo de Israel de la esclavitud de los egipcios. Un texto para
cuestionarnos sobre nuestras esclavitudes (qué nos ata, qué nos impide avanzar,
qué pseudoganancias encontramos para mantenernos en esas situaciones que
sabemos que nos paralizan y no engendran vida).
Mantenerse esclavo o ser libre es una decisión personal. Implica tomar
decisiones y emprender un camino desconocido. Desgraciadamente muchas veces
preferimos optar por lo conocido, por lo que creemos que nos da seguridad, por
aquello que controlamos… y eso nos estanca impidiendo nuestro crecimiento.
Podemos asumir durante años un mismo cargo o responsabilidad, realizar las
mismas cosas… y nos encadenamos. El miedo a soltar, a escapar de la esclavitud
del faraón y adentrarnos en un territorio desconocido nos impide emprender el
camino de la verdadera libertad. Justificaciones nunca faltan y es que al menos
donde uno está, uno conoce, uno se siente seguro y si además eso aporta
reconocimiento, éxito,,. ¿Dónde agarrarse si falta todo eso?. “Más vale malo
conocido que bueno por conocer” dice el refrán pero si los santos hubiesen
seguido este consejo no estarían ahora en los altares.
Dar un paso adelante implica arriesgarse, ser valiente, dejar atrás,
renunciar, confiar, abrirse a nuevos escenarios, abandono, esperanza.
Desconocemos qué hay al otro lado, qué podemos encontrarnos conforme avanzamos,
pero quien tiene fe sabe quien le sostiene, sabe que no camina solo.
En ocasiones son las circunstancias las que nos empujan a salir de la
zona de confort adentrándonos en otros paisajes desconocidos e incluso no
queridos. Áridos desiertos y oscuras noches en las que no se ve por donde
avanzar, en los que surgen miedos, dudas, en los que no se encuentran apoyos.
La adversidad, contemplada con ojos de fe, se convierte en una oportunidad para
dejar atrás, para romper con aquello que nos tenía paralizados y esclavos.
Hemos sido creados para ser libres pero la realidad es que nos llegamos a
convertir, si no estamos muy atentos, en esclavos de los otros, de las
circunstancias, de las cosas o lo que es peor, de nosotros mismos.
Hemos sido creados para ser libres y eso implica un acto de fe que nos
lleva a confiar en la intemperie, al desapego total y al abandono.
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