Se lamentaba el otro día
una persona porque no iba a poder acompañarnos los miércoles a la adoración por
tema de trabajo. Le dije: “La adoración
está muy bien pero no deja de ser un encuentro con el Señor en un lugar
concreto y en un momento de la semana. Nuestra misión como cristianos es adorar
al Señor en espíritu y en verdad, en todo momento y lugar, allá donde nos
encontremos e independientemente de la actividad que realicemos”.
A veces confundimos a
Dios con los medios, o hacemos de los medios el fin. El fin es Dios, todo lo
demás (adoración, rosario, retiro, novena, curso, personas, grupos,
compromisos, responsabilidades…) son medios que nos pueden acercar a Dios o
alejarnos cuando los anteponemos a su voluntad, al amor.
Tenemos que ser libres
frente a los medios. Nos damos cuenta de si somos esclavos por lo que nos
cuesta desprendernos o renunciar a ellos cuando la voluntad de Dios se impone.
Los medios nos pueden
ayudar y facilitar el crecimiento y el
encuentro y para eso están pero no hay que convertirlos en fines porque eso
supone apego, dependencia de ellos, estancamiento y obstáculo a la acción de
Dios y al encuentro con Él. Tenemos que tener en cuenta también que…
No todo medio es válido para todos. Todos tenemos una meta,
pero el camino de cada uno es distinto. Quien ha de escalar una montaña
necesitará unos medios distintos que quien ha de avanzar por un terreno con
nieve o quien ha de avanzar a nado. De ahí que cada uno se provea de los medios
que mejor se ajusten al camino que quiere el Señor que se recorra.
Si un día faltan, o tengo que renunciar a ellos porque el Señor quiere
otra cosa de mí… porque la travesía ha cambiado… no pasa nada, no cabe el enojo, la culpa, la tristeza... Se
deja lo que ya no sirve (sin mirar atrás, sin lamentos, sin miedo…) y se asume
lo que se va encontrando y más va ayudando a acercarse a la meta.
No hay que responder a los medios sino a Dios. Los medios son solo
medios y hay que servirse de ellos para avanzar, no permitamos que ellos se
sirvan de nosotros. Agradezcámoslos y vivámoslos con desprendimiento.
No perdamos de vista hacia dónde vamos y sigamos caminando sin mirar atrás, soltando lo que ya no nos toca, dejando ir lo que no nos ayude a avanzar, asumiendo y abrazando los nuevos retos... libres de todo... cueste lo que cueste. Y la mirada siempre fija en Aquel que está al final del camino.

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